Le Goff, el visionario de la Edad Media (Entrevista)

10/4/14 .- http://www.revistaenie.clarin.com/

Le Goff, el visionario de la Edad Media

Historiador mayor del periodo medieval, murió el lunes a los 90 años. Aquí reproducimos su última y excepcional entrevista en enero, donde derrumba mitos sobre Carlomagno.


Hace mil doscientos años, en Aquisgrán, el 28 de enero de 814 murió Carlomagno, el rey de los francos que la noche de Navidad del año 800, en la Basílica de San Pedro, en Roma, había sido coronado por el papa León III emperador del Sacro Imperio Romano. Quien derrotó a los sajones y los ávaros y en 774 se convirtió también en rey de los lombardos, fue uno de los máximos protagonistas de la Alta Edad Media, en cuya acción con frecuencia se ha querido ver a uno de los padres de Europa. Como escribió el historiador Lucien Febvre: “El imperio de Carlomagno dio por primera vez forma a lo que llamamos Europa”. Un juicio con el que no acuerda, sin embargo, Jacques Le Goff, para quien el rey de los francos “unificó ciertamente a nivel militar y administrativo una gran parte de nuestro continente”, pero en realidad, “no tenía ninguna conciencia de Europa”. El erudito francés habla sobre esto en su casa parisina repleta de libros, tratando de distinguir la leyenda que rodea al personaje de la realidad concreta de los hechos históricos.

“En el siglo IX, la idea de Europa no existía. Sólo tomaría cuerpo mucho más tarde”, explica Le Goff que, para festejar sus noventa años recién cumplidos, publica un nuevo ensayo Faut-il vraiment découper l’histoire en tranches? (Seuil). “Haciéndose coronar por el Papa, Carlomagno no miraba hacia el futuro sino hacia el pasado. Su modelo era el Imperio Romano. Más que crear una civilización futura, quería hacer renacer la antigua civilización romana, reanimándola gracias al cristianismo. Naturalmente, sigue siendo un personaje histórico grandísimo. Tuvo grandes proyectos que en parte pudo concretar, contribuyendo a unir a los latinos y los germanos, la tradición romana con la bárbara. Desde ese punto de vista, fue sin duda uno de los fundadores de la civilización medieval, pese a ser un guerrero violento y sanguinario como lo prueba el exterminio de los sajones. Fue, pues, un protagonista de la Alta Edad Media, pero no un padre de Europa”.

Y sin embargo, el nacimiento del Sacro Imperio Romano es considerado como un primer esbozo de la Europa actual...

“Repito, Carlomagno no iba en pos de una idea de Europa. Pensaba en el Imperio Romano. El ideal europeo nacerá mucho más tarde. Por ejemplo, en el siglo XV, el papa Pío II escribe en latín el tratado De Europa , en cuyas páginas se impone Europa como una idea presente y un futuro deseable.”


–¿Cuáles son, para usted, los aspectos más significativos de la acción de Carlomagno?
–Personalmente, considero fundamental una cuestión que en general los historiadores relegan a un segundo plano. Antes de ser emperador, en ocasión del Concilio de Nicea, defendió y prácticamente impuso al cristianismo el uso de las imágenes, contraponiéndose a los iconoclastas que en ese período dominaban el imperio bizantino. Al obligar al cristianismo a autorizar la creación y difusión de las imágenes, incluida la de Dios, Carlomagno dio a la cristiandad, vale decir, en esa época, a Europa, un medio de expresión de grandísimo valor. La historia del arte europeo le debe mucho.


–En el plano de la cultura, se habla de renacimiento carolingio. ¿Es correcto?
–Toda la Edad Media europea está acompasada por una serie de renacimientos, que nacen siempre en el recuerdo del imperio romano. Entre éstos, aparece también el renacimiento carolingio, que recurrió a todas las fuerzas culturales presentes en el Sacro Imperio Romano. Carlomagno reunió a su alrededor a muchos grandes intelectuales de la época de las procedencias más diversas: irlandeses, francos, germanos, españoles, etc. En ese ámbito se movió con una perspectiva europea, aun sin tener ni la conciencia ni la voluntad de hacerlo. Justamente, la voluntad de dar impulso a la cultura lo convierte en una de las figuras centrales de la época medieval. De todas maneras, alrededor de ese dato histórico indiscutible después nacieron muchas leyendas.


–¿Por ejemplo?
–Se le atribuyó un rol importante en la promoción de las escuelas y se lo transformó en una especie de Jules Ferry del siglo IX. En realidad, su acción afectó sólo a un grupo social minoritario, dado que se limitó a favorecer la creación de escuelas para los hijos de los nobles. Quería dar impulso a una aristocracia competente destinada a la administración del imperio. Ese compromiso a nivel administrativo es, precisamente, un aspecto muy importante de su obra. En este sentido, se habla con frecuencia de los enviados a las distintas zonas del imperio, los missi dominici , que sin embargo son nada más que un detalle dentro de una acción administrativa mucho más extensa, que se manifestó entre otras cosas, a través de la promulgación de textos importantísimos como las capitulares.


–Generalmente, se destaca el empeño de Carlomagno en difundir la enseñanza de las artes liberales del trivio (gramática, retórica y dialéctica) y del cuadrivio (aritmética, geometría, astronomía y música). ¿Eso también es una leyenda?
–Diría que sí, porque el sistema de las artes liberales, que luego favorecerá el nacimiento de las universidades a fines del siglo XII, en realidad existía mucho antes de su reinado. El trivio y el cuadrivio ya estaban presentes en las escuelas monásticas desde los tiempos de San Benito, en el siglo VI. Por cierto, Carlomagno contribuyó a la difusión de esas enseñanzas, pero nada más. No es, ciertamente, el iniciador. Por el contrario, es importante señalar la herencia que dejó en el ámbito de la escritura gracias a la minúscula carolingia utilizada por los eruditos en todos los estados del Sacro Imperio Romano. En este caso, asimismo, no es una invención suya, pero la adopción y la difusión de esta escritura de cancillería es un elemento significativo de su política intelectual y de su voluntad de unificación.


–¿Su acción fue importante para la consolidación de la cristiandad?
–Estamos nuevamente en el terreno del mito, porque la fuerza y la influencia del cristianismo ya estaban aseguradas antes de su reinado. Si el cristianismo continuó existiendo después de él, no depende ciertamente de su acción. Quizá se pueda interpretar la victoria contra los longobardos como una contribución a la defensa de la cristiandad, pero a mí me parece más bien una reanudación de la política de conquista de la antigüedad romana. Es cierto que en la época de las cruzadas Carlomagno fue considerado un héroe de la cristiandad. En realidad, nunca fue un cruzado, pese a que la Chanson de Roland lo presenta así. Mientras que, en cuanto a las relaciones con el mundo oriental, simplemente trató de afirmar su autoridad a través de algunos intercambios simbólicos con los grandes de esa parte del mundo, es decir la emperatriz Irene en Constantinopla y el califa Harun al Rashid.

–Alrededor de Carlomagno circulan por lo tanto muchas leyendas tenaces, más quizá que con respecto a otros protagonistas de la historia medieval. ¿Cómo se explica ese destino póstumo?
–El personaje, que no era ciertamente banal, fue transformado de inmediato en un personaje excepcional, sobre todo gracias a los poemas épicos que contribuyeron considerablemente al nacimiento de su mito. En épocas más recientes, la elaboración de la leyenda de Carlomagno conoció otro momento importante después de la Segunda Guerra Mundial, cuando, con el Tratado de Roma de 1957, comenzó a formarse la comunidad europea. Los dirigentes de esa Europa que deseaba la unificación –Schuman, Adenauer y De Gasperi– eran democristianos y por lo tanto eligieron como patrono de la Europea naciente justamente a Carlomagno, que para ellos era el símbolo de la defensa de un continente cristiano. Y de esa manera contribuyeron a fortalecer el mito.

© La Repubblica
Traducción: Cristina Sardoy

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