La reconstrucción del castillo de Lobeira (Vigo)

3/6/13 .- http://www.farodevigo.es/

La historia cuenta los vaivenes de la fortaleza arousana



Muchos arousanos saben que en Lobeira hubo una fortaleza sobre la cual se han escrito numerosos artículos, basados generalmente en las obras del padre López Ferreiro y Ángel Rodríguez González. Pero también hubo muchos cuentos y leyendas que han servido para que muchas personas supieran de su existencia. Gracias sobre todo a la monumental historia de la Iglesia de Santiago del padre López Ferreiro se conocen la mayoría de los datos y fechas. Nadie sabe exactamente el año de construcción, pero como la mayoría de los castillos gallegos, se remonta a la Edad Media.

Ya en el año 964 se habla del castillo de Lobeira cuando se hace referencia al reparto de unas salinas en la comarca de O Salnés, señalando que pertenece a la condesa Ildaura. Posteriormente son muchos los documentos que señalan a diversos dueños de la fortaleza, hasta que definitivamente acaba perteneciendo a la Iglesia de Compostela. Dentro de todas las peripecias que como tal castillo sufrió durante ese tormentoso periodo del medievo gallego, lo que más recuerda la gente son las relacionadas con la reina doña Urraca, personaje singular lleno de sentimientos encontrados por los historiadores.

Lo cierto es que en plena actividad de las revueltas populares gallegas contra los señores feudales y las posesiones eclesiásticas, conocidas en Galicia como las de los "Irmandiños", entre 1466 y 1469, gran cantidad de fortalezas pertenecientes a dichos señores feudales fueron destruidas, hasta que finalmente los irmandiños fueron vencidos por los nobles.

En la época de la rebelión irmandiña y la consiguiente destrucción de castillos muchos de ellos pertenecían a la Iglesia de Santiago, por entonces guiada por el muy conocido arzobispo Alonso de Fonseca II, que a la revolución del pueblo tuvo que añadir una guerra soterrada contra determinados noble.

Lo cierto es que en 1509 otro familiar entra en posesión del arzobispado de Santiago, el conocido por Alonso de Fonseca III, y tras éste llega Juan Tabera, en el año 1524, para ocupar la sede compostelana, probablemente por sugerencia del anterior arzobispo Alonso de Fonseca III, ya que tenía cierto parentesco sus familias.

Precisamente por esta unión familiar nadie esperaba que el nuevo arzobispo Juan Tabera -que por cierto, se sentía "más letrado que pastor"- en una reunión que tuvieron ambos prelados le reclamase al anterior arzobispo "que hiciese de nuevo y reedificase algunas fortalezas y casas fuertes y llanas que la Mesa arzobispal tenía en Galicia y en Castilla, puesto que se habían producido daños durante el pontificado del Patriarca de Alejandría y del propio Alonso de Fonseca".

El arzobispo Alonso de Fonseca III se negó alegando que dicha reconstrucción ya se había realizado, curiosamente y quien lo diría, por canteros vascos.

Como no se ponían de acuerdo se decide entablar un pleito para aclarar el asunto, nombrándose jueces árbitros por ambas partes: Fonseca queda representado por el licenciado Simón Rodríguez, y por parte de Tabera, el doctor Bernal, nombrándose a un tercer juez en discordia. Igualmente se nombraron los maestros canteros que, como técnicos de cada parte, elaborarían un estudio detenido de la situación de las fortalezas demandadas.

Finalmente se nombraron los testigos que se consideraron adecuados de cada parte: 96 lo harían a sugerencia de Fonseca, y 87 por indicación de Tabera, y a todos ellos se le harían una serie de preguntas en relación con lo que ellos se acordaban sobre la destrucción y reedificación de los castillos. Como todos ellos eran hombres viejos en el momento del pleito, se entendía que cuando sucedieron los hechos eran todos niños. Gracias a la publicación de las actas del pleito por el notable investigador Ángel Rodríguez González, es posible conocer actualmente todas las vicisitudes del pleito.

Los testigos que hablaron del castillo de Lobeira eran personas que vivían en Lantaño, Godos, Nogueira (donde más hubo) y Cambados, y gracias a ellos se puede tener una idea de cómo era el castillo primitivo y cómo quedó el nuevo tras la reconstrucción.

Prácticamente todos coinciden como testigos en que tras su derrumbe por los irmandiños, el arzobispo Alonso de Fonseca II reconstruyó la fortaleza de Lobeira y que el nuevo castillo era bastante mejor que el antiguo. Por ejemplo, Fernán de Bouza, vecino de Nogueira, dice que "después de pasada la dicha hermandad este testigo bió derrocada la dicha fortaleza de Lobera, según dicho tiene e bió quel dicho señor Patriarca (Fonseca II) siendo arzobispo de Santiago, la fiziera llevantar e adresçar como ahora hestá e que lo fiziera por el labrar Pedrares Daldao, merino que della fue que començó por el a labrar y después Sebastián de Balboa que también fiziera labrar en ella mucho?".

Por su parte el testigo de Cambados, Juan Martínez dice que la primitiva fortaleza tenía "dos o tres casicas arrimadas al ençinto porque esi mismo que tenía una vara de casa que no hera muy alta?.".

Otro testigo comenta que la primitiva fortaleza era de argamasa, la mitad que la reconstruida por Alonso de Fonseca II y menos recia que la reconstruida. Por ejemplo el vecino de Nogueira, Fernan da Bouza, asegura que el primitivo castillo "no tenía sino una cerca de muro seco y una torre que no hera mucho bien hecha?".

Todos coinciden pues en que la fortaleza reconstruida en Lobeira por el arzobispo Fonseca II era mejor que la destruida, y en los testimonios, narra el investigador Ángel Rodríguez frases como las siguientes: "questá mejor de aposentos", "questa que ahora hes es de piedra de grano muy cerrada, que le parece mejor fecha que de antes estaba e más rezia", "e una cerca muy fuerte y muy buena de piedra de grao labrada rezia eno es acordado si tiene almenas e por esto le paresce questá mejor".

También la mayoría señalan que las obras fueron pagadas íntegramente por el arzobispo y que el pueblo no contribuyó con su dinero a la reconstrucción, y esto era precisamente una de las acusaciones que el arzobispo Tabera demandaba de Fonseca II: que no debía haber pagado la sede arzobispal los gastos de reconstrucción de las fortalezas, sino que deberían haber sido los culpables de su destrucción los que los costearan.

A esta acusación, el arzobispo Fonseca respondía antes del juicio que en general los habitantes eran "muy pobres y necesitados y no tienen propios y son de tal manera y calidad que cuanto tienen y trabajan no basta para su sostenimiento y necesidad".

De cualquier modo, no todas las fortalezas debieron ser reconstruidas de la forma en que se hizo con la de Lobeira, ya que tal como anota el muy conocido investigador José García Oro, en el testamento de Alonso de Fonseca III del año 1531, asigna "dos cuentos de maravedíes para reparo los causados por las casas arzobispales".

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