El abandono se adueña de Alobre tras la inversión de 300.000 euros

25/2/12 .- http://www.lavozdegalicia.es

La idea de un museo al aire libre naufraga entre escaleras y paneles rotos

Un gobierno local diferente lanzaba la idea en junio del 2001: el Castro Alobre, el núcleo en torno al cual creció Vilagarcía, podía convertirse en un museo al aire libre que condensase la castigada memoria de la ciudad. La materia prima, el bosque de O Montiño, 20.000 metros cuadrados que la familia Sánchez de Diego cedió al Concello como compensación por un proyecto de urbanización que nunca se desarrolló, al ser rechazado por la Dirección Xeral de Patrimonio. El tesoro arqueológico que encerraba, en silencio desde los pioneros estudios de Fermín Bouza Brey, bien merecía la pena. Diez años después, tras cinco campañas de intervención, varias excavaciones y una inversión del orden de los 300.000 euros, el proyecto se ve abocado a un callejón sin salida.

La capital arousana ha ganado un parque singular, arbolado con carballos, laureles y eucaliptos, con diferentes espacios y magníficas vistas en su terraza inferior sobre el puerto y la ría. Sin embargo, el abandono de todo lo demás es evidente. No solo la vocación museística, sino también ciertas medidas de seguridad básicas para evitar sustos y lesiones al visitante. Bien es verdad que el acceso nunca ha sido gran cosa, como conocen quienes alguna vez han tratado de escalarlo hacia el castro con una silla de niño o padecen dificultades de movilidad. Pero es que ahora hasta la limpieza deja bastante que desear.

Fracaso frente a la desmemoria

Las visitas guiadas puestas en marcha en la anterior etapa de gobierno han desaparecido y nada se sabe de la intención de excavar la capilla medieval de San Cristobo, documentada desde el siglo X. Aunque no es menos cierto que las iniciativas divulgativas emprendidas entonces jamás lograron romper el desconocimiento generalizado que rodea a uno de los espacios más sobresalientes de Vilagarcía. Se han recuperado 18.000 piezas, descubierto un horno de tejas de época romana y una estructura circular que permite situar el origen del castro en el siglo II a. C. Nada ha servido para borrar el amargo sabor del fracaso frente a la desmemoria.

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