Castillos del Baix Gaià: 1.000 años de leyenda (Tarragona)

20/2/12 .- http://www.elmundo.es/

Los castillos medievales, levantados sobre esa irresistible mezcla entre verdad histórica y leyenda, integran un patrimonio de lo más evocador con sus estirpes caballerescas y varios siglos de tradición oral sobre gloriosas batallas, espadas míticas, lúgubres mazmorras y princesas de sangre azul. La visita a una docena de fortificaciones del Baix Gaià -río que discurre en la última etapa hacia su desembocadura a unos 15 kilómetros al norte de Tarragona ciudad-, a riesgo de restar carga poética a su memoria, abre una puerta al pasado y ayuda a desentrañar los secretos de estas construcciones que datan de los tiempos en que el Condado de Barcelona se defendía de las razias de las huestes de al-Ándalus.

La primera parada de la ruta, quizá la más interesante para comprender la función de estas murallas que han sobrevivido mil años, está en El Catllar. Allí se ubica el Centro de Interpretación de los Castillos del Baix Gaià. Inaugurado en agosto de 2010 tras una profunda restauración, es un moderno espacio donde sumergirse a través de paneles, maquetas, pantallas interactivas y vestigios de las excavaciones de un antiguo asentamiento ibérico. Un audiovisual sirve de inmersión antes de recorrer sus imponentes torreones y espacios tan singulares como la gran cúpula que servía para conservar el hielo.

"El Catllar nos sirve de punto de encuentro y recomendamos hacer la visita guiada para entender bien el resto del recorrido", explica Ariadna Tous desde el Patronato de Turismo de Torredembarra, que también participa muy activamente en la promoción de un maravilloso viaje en el tiempo que invita a pasear por senderos naturales de esencia mediterránea, callejear por cascos históricos llenos de encanto o incluso tomar el sol en la playa a los pies del espectacular castillo de Tamarit. Desde el 16 de septiembre hasta el 14 de junio, el Centro de Interpretación sólo es visitable los fines de semana (sábado mañana y tarde; domingo sólo por la mañana), aunque lo abren expresamente en visitas concertadas para grupos numerosos. En temporada alta, abre a todos los días.

Otros dos castillos de propiedad pública han adaptado sus usos a los nuevos tiempos. En Torredembarra, la sede central del Ayuntamiento se ubica en la única residencia-fortaleza de nueva planta (1565) que se conserva en Cataluña del Renacimiento catalán. Se puede visitar a diario gratuitamente y tiene elementos tan llamativos como una sala de exposiciones en las antiguas mazmorras. El castillo de La Nou de Gaià, de paredes encaladas y cubiertas piramidales sobre las almenas, tampoco obedece al aspecto del clásico castillo medieval y parece más una gran mansión. Lo fue hasta finales del XIX y hoy acoge la Casa de Cultura y el Ayuntamiento.

En Altafulla, Creixell y Ferran se alzan tres castillos de gran relevancia histórica, aunque por distintas circunstancias están en manos privadas y no non visitables. Los dos primeros están enclavados en el corazón del centro histórico, por lo que merece la pena llegar hasta sus muros y perderse sin rumbo entre estrechas callejuelas llenas de sorpresas y rincones curiosos. En las noches de primavera y verano la iluminación los transforma en lugares mágicos. Respecto a Ferran, una minúscula pedanía del término municipal de Tarragona, la imagen de su castillo -históricamente ligado a la casa de Tamarit desde el siglo XI- se ha hecho famosa por las gárgolas.

Otros cinco asentamientos son absolutamente recomendables para los aficionados a caminos y senderos. El Mas del Castell de Montornés (La Pobla), el 'castellot' de Santa Margarida (Riera de Gaià), Renán, Clarà o Vespella de Gaià sólo ofrecen vestigios ruinosos de su pasado, pero sus alrededores, de gran riqueza paisajística, se han conservado muy vírgenes. "Todos los visitantes -comenta Ariadna Tous- destacan el encanto particular de Vespella, situado en la cima de una colina y con unas vistas preciosas".

La guinda del pastel debe buscarse sin duda en Tamarit, donde el castillo se levanta sobre los acantilados. En manos privadas, se abre sólo para eventos especiales (bodas, congresos, recepciones...), pero nadie debería perderse un paseo por el entorno rocoso o un chapuzón bajo las murallas. La vista desde el mar es de una belleza asombrosa.

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