La Sevilla que se esconde bajo el asfalto

19/10/14 .- http://elcorreoweb.es/

La Sevilla que se esconde bajo el asfalto

Las obras para instalar contenedores soterrados han permitido localizar restos de la primera fábrica de tabacos, de la parte subterránea de los Caños y del muro de la vieja Judería.


Hay hallazgos arqueológicos y hallazgos arqueológicos. La mayoría pensamos siempre en algo aparatoso, en plan tumba de Tutankamón o al menos Tesoro del Carambolo, pero la mayoría de ellos son pequeños y poco vistosos para el profano, sombras de lo que hubo ahí antes que requieren de la interpretación de un experto para saber qué nos están diciendo las piedras que han aflorado. De este tipo son los hallazgos producidos durante las excavaciones para el soterramiento de los contenedores que se van a colocar en el Centro, unos trabajos que hace un par de semanas dejaron sus titulares cuando surgió un lienzo de muro romano con superposición califal en Martín Villa correspondiente a una estructura portuaria, lo que nos hablaba de cuando el Guadalquivir tenía aquí su orilla.

Científicamente, éste ha sido el descubrimiento más importante, porque encontrar restos romanos en esta ciudad no es tan fácil como nos gusta creer. Pero ha habido unos pocos más que, dentro de su modestia, nos hacen una radiografía de Sevilla en el tiempo y nos hablan, por ejemplo, de la primera fábrica de tabacos (que estuvo en lo que hoy es la plaza de San Pedro), el desconocido tramo subterráneo de los Caños de Carmona o el muro que delimitaba la Judería cuando ésta era un gueto con todas sus letras en lo que hoy es San Bartolomé.

Esta Sevilla que se esconde bajo el asfalto que pisamos ha aparecido gracias a los 23 agujeros que se han realizado a lo largo y ancho del casco histórico para ubicar los nuevos contenedores subterráneos. De la tarea se está encargando la empresa Arqueópolis que, con los arqueólogos Álvaro Jiménez y Pablo Oliva al frente, se encuentra en la recta final de unos trabajos a los que les queda el epílogo de una plaza de la Contratación en la que todavía no se ha empezado. En casi todos los pozos se han encontrado restos contemporáneos y modernos, pero por debajo de lo que se ve básicamente surge el mundo medieval musulmán y cristiano.

«Eso de que andamos por la Sevilla romana es una milonga, con suerte lo hacemos por la Sevilla almohade», explica con pragmatismo Pablo Oliva, quien recuerda que el urbanismo del casco antiguo es medieval, no precisamente romano. «En Sevilla es muy difícil llegar a Roma, en la Encarnación por ejemplo hubo que bajar a los seis metros», y en cuanto se profundiza surge el problema del agua. «La verdad es que Sevilla es una ciudad muy desagradecida para los arqueólogos, en otras como en Mérida das una patada y te salen restos romanos». Aquí, junto a lo medieval, han surgido empedrados de los siglos XVIII y XIX, fragmentos de calles del XVI, cimientos y estructuras del XX…

Entre lo más llamativo tenemos restos (muros y cimentaciones) que dan noticias de la primigenia fábrica de tabacos, que estuvo en San Pedro hasta el XVIII (el edificio que hoy acoge el Rectorado se inauguró en 1770 tras más de 40 años de obras). Del origen de esta primera factoría no hay registros fidedignos, aunque se calcula que estuvo en una zona entre las iglesias de San Pedro y la del Buen Suceso, y de ella existe constancia desde antes de 1620. Se cree que en este enclave pudo levantarse antes un corral de comedias, pero lo que es seguro es que no nació como una fábrica en sí, sino que eran casas particulares que funcionaban como talleres artesanales de secado y procesado de las hojas de tabaco. La poca operatividad del complejo y el crecimiento del negocio, que pasó a ser un monopolio de la corona, empujaron a la mudanza, destinándose a uso militar unas instalaciones que, ya en el XIX, se echaron abajo para hacer la actual plaza.

De San Pedro nos vamos a la plaza de Pilatos, donde ha aflorado parte de la conducción bajo tierra de los Caños de Carmona. «El trazado aéreo se conoce mucho, pero el subterráneo muy poco», apostilla Oliva, para quien lo más reseñable es que hablamos de unas conducciones «mucho más grandes» de lo esperado, lo cual tampoco es sorprendente si tenemos en cuenta que se trata del que durante siglos fue el único suministro de agua corriente de la ciudad.

El líquido surge de las entrañas de Alcalá de Guadaíra y viajaba en una estructura aérea, los famosos Caños, hasta la muralla de Sevilla. En la Puerta de Carmona habría un arca de agua, que la acumularía antes de su entrada en Sevilla siguiendo un circuito que recorrería hacia arriba toda la calle Águilas. Los Caños son medievales, pero los restos que se han encontrado aquí son del siglo XVI. En concreto, se han topado con una atarjea (la caja de ladrillo que protege a las tuberías) en cuyo interior iría un atanor (la cañería propiamente dicha) cerámico «muy grande», de 50 centímetros de longitud y más de 30 de boca, que se encontró roto en una zona de relleno. «No se sabía bien cómo era y ha resultado que es mucho más grande que un atanor normal», unos restos que han obligado a desplazar la ubicación inicialmente prevista para los contenedores de basura.

Otro hallazgo llamativo se ha producido en la calle San José, donde se han encontrado niveles de uso medievales (el pavimento terrizo de una calle) y, sobre todo, el trazado del antiguo muro de cierre de la Judería. Los restos («muy machacados por pozos ciegos e instalaciones actuales») hablan de un muro que atraviesa la calle entre el bar La Candelaria y el convento, con evidencias también de un arquillo que sería uno de los pórticos de acceso a ese gueto que se extendía por lo que hoy es San Bartolomé. «El muro tenía partes de tapial y otras de ladrillo, no estaba muy bien hecho» pero ahí estaba para aislar a los judíos del resto de la ciudad.

Todos estos restos confirman las noticias que se tienen de aquella Sevilla y lo que nos queda de ella: la mayoría de los hallazgos suelen ser almohades, la época taifa es poco conocida, la califal menos aún y ya de Roma ni hablamos. «El gran boom de Sevilla es taifa y almohade, cuando se amplía la ciudad y se construye la muralla», lo que da forma al que todavía hoy es el casco histórico más grande de Europa. «En el siglo XII ya era así, es que Sevilla era como Nueva York», una ciudad que había crecido porque las aguas del Guadalquivir habían retrocedido, lo que permitió una urbanización radical. «Porque Sevilla en el siglo VIII no era plana, ni mucho menos», apostilla Pablo Oliva. Pero eso, como suele decirse, es una historia para contarla otro día…

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