La historia oculta bajo un capitel califal

30/4/13 .- http://www.eldiadecordoba.es

José Escudero descubre en 'La pieza del mes' cómo una pieza arqueológica también es un documento histórico

Las piedras pueden guardar grandes secretos. Pueden ser documentos que desvelen historias, describan personajes y lleven inscritas crónicas o leyendas de una época. Ese es el caso de los capiteles califales, testigos del máximo periodo de esplendor de Córdoba y cuyos motivos epigráficos revelan datos de sus creadores, tal y como demostró ayer José Escudero, director del conjunto arqueológico Medina Azahara, en la conferencia La pieza del mes, organizada por el Museo Arqueológico.

En esta ocasión esta actividad estuvo centrada en un capitel califal compuesto datado en el siglo X, sobre el año 964. La pieza que describió Escudero es absolutamente canónica y cuenta con un cesto que se cubre de ocho hojas de acanto muy espinosas, lo que muestra que se hizo en un periodo en el que el arte califal había evolucionado. "Aquí no hay nada que recuerde a la naturaleza viva, ni siquiera el acanto tiene contornos definidos, por lo que cuesta definir donde acaba una hoja y empieza otra", explicó el conferenciante, que resaltó la decoración "absolutamente fantasiosa" del equino y los esquemas simétricos. "No hay dos capiteles que reproduzcan el mismo equino", lo que muestra la "riqueza absolutamente extraordinaria del arte califal".

La pieza que presentó el director de Medina Azahara cuenta con dos rasgos excepcionales en su ábaco. Por un lado tiene una inscripción diferenciada en cúfico geométrico, y por otra una de sus caras tiene grabado "Obra de Safar para el oratorio de nuestro señor". Escudero manifestó que Safar, que en la actualidad conocemos como Yafar, era el oficial que controlaba el taller de tallistas en la casa de los oficios, una persona que sirvió a Abderramán III y más tarde llegó a ser visir del hijo de éste, Alhakén II, ocupando una de las casas del palacio de Medina Azahara.

El nombre de Safar está muy presente en epígrafes de piezas arquitectónicas de Medina Azahara (por ejemplo en arquitos del baño de la Alberca) y además fue director de obras del Salón Rico. La importancia de este personaje se refleja en que también aparece en inscripciones en el zócalo de mármol que corona el mihrab de la Mezquita aljama y en la puerta del sabat, un pasillo que conectaba el Alcázar con la Mezquita para que el califa accediera a la sala de oración sin ser visto por el pueblo.

Precisamente de este espacio, del sabat, pudo formar parte el capitel que presentó Escudero. Según analizó, no pudo pertenecer a la Mezquita aljama (aunque en el tiempo en el que está fechado ésta estaba en obras) porque no coincide en dimensiones ni ornamentación. Según las investigaciones realizadas, debió formar parte del sabat, un espacio que se conocía por los textos y que también está constatado arqueológicamente. En concreto, de un oratorio, de ahí que en su inscripción aparezca "Obra de Safar para el oratorio de nuestro señor".

Por todo esto, Escudero concluyó que "no sólo es una pieza arquitectónica sino un documento que ofrece información histórica muy hermosa".

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