Tesoros a orillas del Duero: aceñas medievales

3/1/11 .- http://www.laopiniondezamora.es

Un estudio revela que en la zona se conservan las aceñas de la Peral, el Vado y Granja Florencia

Aunque en otras épocas fueron uno de los motores de la economía local, su paulatino deterioro ha convertido a las aceñas que se conservan en Toro en simples testigos del discurrir del cauce del Duero. Un estudio promovido dentro del proyecto «Tierras de Frontera y Valle del Duero», cofinanciado por el Programa Operativo de Cooperación Transfronteriza España-Portugal y la consejería de Cultura y Turismo, y elaborado por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura y el Laboratorio de Fotogrametría de la Universidad de Valladolid, desvela como en el término municipal de Toro se conservan tres aceñas. Este estudio de Jesús San José y Juan José Fernández, también ha servido para crear una exposición itinerante sobre las aceñas de Toro, Zamora y Tordesillas.


Uno de los arquitectos que ha colaborado en este proyecto, David Marcos, reconoció que las tres aceñas que se conservan en Toro, la Peral, el Vado y la de Granja Florencia, presentan «un estado bastante bueno», aunque sería necesario mejorar los accesos para que un mayor número de personas pudieran contemplar de cerca estas construcciones. Sin duda, la más atractiva es la aceña del Vado que ha sido recuperada por Dionisio Oliveros y que «se puede visitar ya que el propietario la enseña sin problemas». Destacó este experto que, aunque el resto de molinos están abandonados, «se mantienen en pie» y, a pesar de haber perdido parte de las cubiertas, «su estructura de muros se conserva bastante bien». El primero de los mollinos incluidos en este estudio es la aceña la Peral que se encuentra en las proximidades de Toro, en la orilla izquierda del Duero a unos 700 metros aguas abajo del recodo que hace el río. Estas aceñas, según este estudio, fueron utilizadas por los mayordomos y religiosos de la ciudad de Toro, hasta que la construcción y montaje de molinos en el núcleo urbano, hicieron que dejaran de funcionar y fueran abandonadas.


Por otra parte, la aceña del Vado se localiza en la orilla derecha del río, a más de un kilómetro aguas abajo, del puente de hierro. Su primera construcción data de los siglos XI y XII, pero los primeros testimonios tienen su origen en el pleito que mantuvieron Toro y Zamora en el año 1505 acerca de las piedras de los molinos. Se mantuvieron en funcionamiento hasta 1961 cuando la rotura del azud llevó a su abandono. En el año 2004 se llevó a cabo la restauración del último de los cubos con recursos del Fondo Europeo de Orientación y Garantía Agrícola. El cuerpo mejor conservado, según este estudio, es propiedad de Dionisio Oliveros y su familia. Consta de dos plantas, la baja donde aún se encuentran las muelas de piedra que molían el cereal y la planta primera, con un forjado de hormigón que sustituyó al original de madera, donde se almacenaban parte de las harinas y utensilios. También se mantiene en el último de los cuerpos el eje de la rueda de paletas, las ruedas dentadas dentadas del cárcavo e incluso la maquinaria del molino, seguramente de la época en que se realizaron los muros de ladrillo de la caja del molino.


A más de diez kilómetros de Toro, aguas abajo del río, se conserva la tercera de las aceñas que se mantienen en pie en el término municipal, la de Granja Florencia. Se trata de una edificación de cuatro cuerpos, dos de doble altura y dos bajos. El estado actual de esta aceña, aunque deteriorado muestra lo que fueron unas construcciones importantes, con los robustos basamentos que rematan los tajamares y espaldones, realizados en piedra de sillería y con muros de carga cerrando los ámbitos destinados a la molienda.

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