Mascarell niega el ‘expolio’ que denuncia Aragón con el románico

1/9/13 .- http://ccaa.elpais.com

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Aragón requiere al MNAC la entrega de murales románicos del siglo XIII

Nuevo capítulo de desencuentro entre el gobierno de Aragón y la Generalitat con el arte como detonante. El gobierno aragonés anunció ayer que requerirá al Museu Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) la entrega de las pinturas murales de la Sala Capitular del Real Monasterio de Sigena (Huesca). Consideran que los bienes “pertenecen clarísimamente” a la congregación de la Orden de San Juan de Jerusalén. Así lo explicó Roberto Bermúdez de Castro, consejero de Presidencia y Justicia y portavoz del Ejecutivo aragonés. Añadió que los murales —unas pinturas del siglo XIII consideradas obras maestras del románico europeo— están en depósito en el museo catalán “sin ningún título jurídico” de propiedad. El gobierno aragonés puntualizó que plantearán la cuestión a los tribunales si es necesario.

El motivo del litigio en esta ocasión son unas pinturas que también han tenido una vida azarosa con el estallido de la Guerra Civil. Un incendio en agosto de 1936 destruyó gran parte del Monasterio de Santa Maria de Sigena y con él buena parte de las joyas del románico que atesoraba: “Se perdieron gran parte de las pinturas murales que decoraban el recinto y se alteraron para siempre los colores de los fragmentos que sobrevivieron”, detalla el libro El Romànic a les col·leccions del MNAC. Lo que quedó fue rescatado en una “operación de salvamento” que organizó Josep Gudiol, historiador del arte y arquitecto y en aquel momento oficial de la república. Acompañado de un equipo de especialistas arrancaron las pinturas de los arcos y llegaron a Barcelona: “las pinturas se trasladaron con mucho cuidado a la casa Amatller donde se había improvisado un taller de restauración”, explica el propio Gudiol en sus memorias que recogen su activa labor de salvamento de patrimonio artístico dañado durante la guerra civil.

Las pinturas fueron restauradas bajo la dirección del propio Gudiol, con fondos que aportó el Ayuntamiento de Barcelona, y los murales quedaron depositados en 1940 en el MNAC. La restauración se pudo llevar a cabo gracias a la existencia de fotografías anteriores al incendio. En 1960, los murales se exhibieron por primera vez en el MNAC. Allí siguen en los arcos de una de sus salas.

Fuentes del museo precisaron que no habían recibido ninguna petición o comunicación del gobierno de Aragón. “Los murales son una de las grandes obras maestras de la colección”, subrayaron. Y quisieron dejar claro que a lo largo de estos años “un tratamiento de máxima prioridad al mismo nivel que las pinturas de Sant Climent de Taüll”.

No quisieron comentar nada a propósito de uno de los argumentos del gobierno de Aragón: que ni el MNAC ni la Generalitat tienen ningún título de propiedad de las pinturas que fueron depositadas. El requerimiento se produce después de que la Orden de San Juan de Jerusalén, propietaria del monasterio de Sigena, cediera al Gobierno de Aragón los derechos para reclamar la devolución de las piezas de arte. Para el gobierno aragonés, su demanda resulta tan justa como la que formuló la Generalitat para recuperar los papeles de Salamanca: “cada uno debe tener los bienes que son suyos”, en expresión del consejero aragonés Bermúdez de Castro.

Ferran Mascarell, consejero de Cultura, dijo desconocer los “términos que plantean” y que tras estudiarlos tendrán respuesta jurídica y política. Sí afirmó que espera que el gobierno aragonés reconozca el “hecho indudable del trabajo de restauración y valorización que han hecho profesionales catalanes desde 1940, cuando los murales estuvieron a punto de desaparecer”.

Mascarell niega el ‘expolio’ que denuncia Aragón con el románico

La demanda del Gobierno de Aragón al MNAC y a la Generalitat para que devuelva las pinturas murales de la sala capitular del monasterio de Sigena sigue subiendo de tono sin que, por ahora, se haya recibido el requerimiento formal. Ayer fue la portavoz del Partido Aragonés (PAR), María Herrero, la que exigió al consejero de Cultura, Ferran Mascarell, que ponga fecha para el retorno de las pinturas.

Los murales románicos de finales del siglo XIII llegaron a Barcelona durante la guerra después de que el monasterio de Sigena (Huesca) sufriera un incendio y las pinturas —las que sobrevivieron a las llamas— fueran rescatadas en una “operación de salvamento” del patrimonio artístico dañado en la guerra que dirigió Josep Gudiol, historiador del arte y oficial de la república. En 1940 fueron depositados en el Museo de Arte de Cataluña —hoy el MNAC—, y desde 1960 se exhiben.

El consejero afirmó ayer que no podrán contestar jurídicamente a la reclamación hasta no conocerla. A la pregunta de si la Generalitat posee algún tipo de documento que acredite el derecho sobre las pinturas, Mascarell declinó contestar con precisión a este periódico: “Son 70 años de historia, desde que las pinturas llegaron a Barcelona. Claro que hay fondo documental, del Ayuntamiento de Barcelona —fue la institución que pagó la restauración de los murales —, del propio museo y muy probablemente en el Archivo Nacional de Cataluña. Se buscará todo lo que hay y se mirará todo”.

Mascarell insiste en que el Gobierno de Aragón debería tener muy en cuenta el trabajo de restauración y mantenimiento que se ha hecho de las pinturas a lo largo de los años: “Es todo lo contrario a una usurpación o a un expolio. Hay que plantear las cosas de otra manera e insisto en que no tenemos ningún interés en plantear batallas”. Sin embargo, el PAR no confía en la voluntad del consejero y en un comunicado señala abiertamente que no se fía de sus “verdaderas intenciones”. El Gobierno aragonés insiste en que las pinturas solo estaban en depósito y que ahora están legitimados para reclamarlas.

El conjunto está considerado como una de las joyas del románico europeo. Una corriente surgida a finales del siglo XII de un estilo internacional “que cuajó en el entonces emergente arte de las cortes europeas, desde el Mediterráneo hasta el Atlántico y que las caracterizaba por una fuerte huella del arte bizantino”, según una publicación del MNAC.

Las pinturas que se rescataron entre los escombros del monasterio de Sigena se sitúan a finales del 1200 y correspondería a esa corriente. El mural representaba escenas del Antiguo y el Nuevo Testamento y originariamente había hasta 70 retratos, 14 por arco. Es parte de ese conjunto lo que reviste los arcos de una de las salas del MNAC.

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