Los yacimientos de la tecnología

16/2/08 .- http://www.abc.es

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POR Davinia Delgado
CÓRDOBA. Mientras Córdoba se imbuye cada jornada en su estrés cotidiano, centrada en revivir la monotonía que le marca el calendario, bajo sus pies palpita el corazón de su pasado. Y apenas sospecha de la trascendencia de los vestigios que la hicieron grande y la convirtieron en lo que es: la ciudad de los tesoros escondidos.

Pero los mapas que marca el lugar donde excavar no lo señalan con una enorme equis; lo determinan los contornos desdibujados de esas fortunas enterradas. Y hay múltiples maneras para lograr hacerse con esos planos.
Según el profesor del departamento de Arqueología de la Universidad de Córdoba, Alberto León, uno de los métodos más utilizado para detectar yacimientos -o en el caso de saber de su existencia, conocerlos mejor antes de excavarlos, siempre y cuando se busque en zonas no urbanizadas- es la fotografía aérea en sus dos vertientes: oblicua y vertical.
«Suele ser el sistema que se aplica como primera fase de reconocimiento para saber si hay algún elemento bajo la superficie; la oblicua, que se toma desde un ángulo para proporcionar perspectivas es la idónea para el descubrimiento de restos. La cenital se utiliza, normalmente, para realizar planos de los mismos, y también revela curvas de nivel o accidentes topográficos que señalan la existencia de estructuras. Ésta ha sido, precisamente, la que se ha empleado para el levantamiento planimétrico de Medina Azaraha», afirmó.
Aunque la película pancromática en blanco y negro sigue siendo la más utilizada en la fotografía aérea, igualmente se usa con buenos resultados la película infrarroja, que permite diferenciar con más calidad las estructuras. «También en Medina Azahara, este método ha servido para identificar, entre otras, una mezquita en la zona occidental», cuenta León.
Otros sistemas de prospección para determinar con mayor precisión los restos arqueológicos sin excavar son el georadar y las medidas de resistividad eléctrica. «El primero consiste en la utilización de un transmisor que emite una serie de ondas al subsuelo; éstas son rebotadas a partir de la existencia de estructuras. Con esas alteraciones, se puede extraer una serie de plano directamente sobre el terreno». Sin embargo, este método resulta muy poco fiable en el ámbito urbano, ya que se ve muy afectado por las conducciones eléctricas, incluso por los edificios colindantes. «Por eso, suele utilizarse directamente como mecanismo de evaluación la excavación», afirmó el especialista.
La otra técnica, la de la resistividad, mide variaciones en la resistencia eléctrica del suelo. Se introduce una corriente eléctrica en el terreno por medio de una serie de sondas. La corriente viaja hasta otra serie de sondas que miden la diferencia potencial. La electricidad siempre busca el camino de la menor resistencia, de modo que si encuentra un elemento altamente resistente como puede ser un muro de piedra, le dará la vuelta. A partir de ahí, se pueden elaborar mapas más o menos fiables.
Los exploradores del subsuelo, los arqueólogos, tienen más que catalogados los yacimientos que subyacen bajo la ciudad. Pero todavía no han determinado con exactitud dónde se encuentran esas joyas; o, al menos, no puede asegurar que las detectadas son las que ellos esperan.
Hay, al menos, tres tesoros del pasado sepultados que esperan su momento para salir a la luz y cuya relevancia podría equipararse a la de otros yacimientos de la capital: Medina Al-zahira y las almunias Al-Rusafa y la de Turruñuelos.
A la primera, denominada «Ciudad Resplandeciente», muchos la ubican en la margen derecha del Guadalquivir, entre El Arenal y el río, al otro lado de la autovía , y de ella no quedan restos visibles, sino testimonios escritos de su riqueza y de su carácter de sede administrativa del poderoso político y militar musulmán.
Segunda medina
Las fuentes apuntan que Almanzor abandonó Medina Azahara y se instaló en ella y la convirtió en el segundo centro administrativo y de poder del Califato, hasta que fue saqueada y destruida en abril de 1009.
«Hay diferentes interpretaciones sobre la localización de Al-zahira. Lo que sí parece es que tenía su propia mezquita aljama, pero desconocemos su extensión. Sabemos que enlazaba con los arrabales orientales de la ciudad y la construcción de esta medina permitió la revitalización de este sector oriental», dice León.
El segundo tesoro escondido, Al-Rusafa, está en la zona noroccidental y extramuros de la ciudad. Fue una almunia concebida como zona residencial, con cierto carácter público y con otra parte destinada a actividades productivas. La construyó Abderramán I y probablemente esté sobre una estructura similar de época romana.
Finalmente, está la almunia de Turruñuelos, objeto de pequeños sondeos, pero que no ha llegado a excavarse en profundidad. Fue construida en el siglo VIII por Abderramán I. Algunos expertos consideran que sirvió de cuartel general del Ejército califal. La importancia de este yacimiento ha sido puesta de manifiesto por varios arqueólogos de prestigio, como Basilio Pavón Maldonado Pedro Marfil.
Sin embargo, tanto este tesoro arqueológico como otros tantos son ignorados por las administraciones competentes, encargadas de su puesta en valor.
Y ahí siguen dormidos, a la espera de poder volver a la superficie, como en los años en los que resplandecieron.

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Comentarios

1 Hola... Los tecnologia de yacimientos
Comentario realizado por Astrid Urrecheaga. 13/3/08 13:08h