Hallada la primera iglesia mozárabe de la provincia de Cádiz

26/12/04 .- Diario de Cádiz/Eva Tenorio

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Las excavaciones con motivo de las obras de la Autovía Jerez-Los Barrios descubren la huellas de la prolongada ocupación en la zona del Jautor


La construcción del desdoblamiento de la carretera N-IV no es la única obra viaria reciente que ha deparado hallazgos arqueológicos de importancia en la provincia, aunque bien es verdad que la magnitud y singularidad del descubrimiento de la villa romana entre Puerto Real y Tres Caminos ha eclipsado a otros, algunos de ellos también de destacado interés.

Es el caso de los restos de una iglesia mozárabe localizados en la zona del Jautor, al sur de Alcalá de los Gazules, con motivo de las obras del recién inaugurado Tramo V de la Autovía A-381 Jerez -Los Barrios. Un descubrimiento cuya singularidad bien puede equipararse al de la villa romana de Puerto Real, pero que al ubicarse en una zona situada fuera del trazado de la carretera elimina obstáculos para su posterior excavación en profundidad y puesta en valor. "Esta singularidad radica en que se trata del primer documento arqueológico de la presencia de iglesias mozárabes en la provincia de Cádiz", según indica la delegada de Cultura, Bibiana Aído.

El hallazgo supone asimismo una muestra fehaciente de la prolongada presencia humana en la zona del Jautor desde épocas remotas, ya que en ella también se han localizado con motivo de estas obras los vestigios de un poblado de cabañas correspondiente al Bronce Final Tartésico, datado presumiblemente entre los siglos X y VIII antes de Cristo. Asimismo, bajo las estructuras de la iglesia mozárabe han aparecido restos de una villa rústica romana, mientras que sobre la cimentación de la planta del templo se han excavado unos muros emergentes levantados sobre ella y pertenecientes a una construcción almohade de los siglos XII y XIII de nuestra Era, utilizada presumiblemente como fortaleza.

El arqueólogo de la Delegación de Cultura Angel Muñoz señala al respecto que "la zona de el Jautor constituye desde el punto de vista geográfico una vía natural de comunicación entre el Campo de Gibraltar y el interior de la provincia, además de disponer de suelos fértiles aptos para las actividades agropecuarias, circunstancias que han posibilitado desde muy antiguo esta presencia humana en la zona".

Siguiendo un orden cronológico sobre este sucesivo poblamiento humano reflejado en los vestigios arqueológicos descubiertos con motivo de las excavaciones al hilo de las obras de este Tramo V de la Autovía, el inicio del poblamiento humano en el Jautor corresponde al citado periodo del Bronce Final Tartésico. A este periodo se asocia un poblado estructurado con viviendas del tipo cabañas, de las cuales se ha documentado una en el ámbito de afección de la autovía. Su localización, en un margen de la carretera, ha posibilitado que una vez finalizados los trabajos de documentación, según precisa la Delegación de Cultura, "no haya sido necesario establecer medidas de conservación adicionales a su cubrición y enterramiento para su salvaguarda en el futuro". Según indican los arqueólogos, "la cabaña documentada es de grandes dimensiones, de planta casi rectangular. Está construida con un zócalo de piedra y alzados de tapial". Entre los derrumbes de ese tapial se localizaron materiales cerámicos y líticos, todos ellos depositados sobre la roca que se presenta como su pavimentación recortada y excavada en algunos puntos. Las elaboradas hachas pulimentadas halladas entre esos materiales indican en opinión de los arqueólogos una cultura muy prehistórica de los habitantes de este poblado, mientras que las muy escasas manifestaciones de cerámicas a torno revelan el primer impacto de la colonización fenicia.

Este asentamiento es el poblado más antiguo de todos los conocidos en Jautor y todo el trazado de la Autovía por este corredor geográfico y muestra, según apunta Angel Muñoz, "que al final de la Edad del Bronce este pasillo natural estaba colonizado, e iniciada con ello la relevancia histórica de la vía de comunicación que ocupa. El Jautor -añade- es un enclave geográfico adelantado en este corredor y por ello de gran importancia para esta geografía humana de vía de comunicación".

La presencia humana en esta zona continúa en época romana, como lo demuestran los vestigios de una villa rústica de ese periodo encontrados con motivo de estas excavaciones, eso sí, de menores dimensiones y envergadura que la hallada entre Puerto Real y Tres Caminos. Una parte de estos restos, situada al este de la iglesia mozárabe, estaban muy destruidos por fenómenos lagunares de arrastre. "Pero bajo la iglesia -indica Angel Muñoz- el registro arqueológico romano se presenta en muy buen estado de conservación". Destaca una estructura de muro con medio metro de alzado al que se asocian derrumbes de tapial que constituiría el alzado superior de estos zócalos de mampuesto de piedras y donde los suelos de las habitaciones no están elaborados. En estos derrumbes de tapial se localizan numerosas tégulas pertenecientes a las cubiertas y materiales de uso como cerámicas comunes y gran cantidad de finas monedas, que, en opinión de los arqueólogos , podrían indicar el desarrollo de actividades comerciales en la zona.

Sobre estas estructuras se asientan los vestigios de la iglesia mozárabe, cuya datación se sitúa en el siglo X de nuestra Era. La primera intervención llevada a cabo tras su hallazgo permitió descubrir la totalidad de su planta, que presenta una forma rectangular alargada, con doble ábside, en la cabecera y en los pies.

La segunda intervención ha consistido en la excavación de un sondeo en su sector norte al objeto de comprobar su estado de conservación y estructuración interna. Esta excavación parcial ha permitido constatar sus principales rasgos estructurales: sobre un zócalo de un metro y medio de mampuesto de piedra, asentado en una sólida cimentación de mortero, se levanta un alzado de tapial con algunos elementos de ladrillo, cal y yesos. La gran abundancia de clavos de hierro hallados son evidencia de una estructura de madera que soportaría la cubierta de tejas, asimismo muy presente en el derrumbe de tapial. El medio metro de derrumbes de tapial que colmata la nave de la iglesia presenta en su base un claro nivel de arruinamiento, suelo humificado enterrado por el colapso masivo de tapial de los muros de la iglesia.

Los arqueólogos afirman que "este nivel de arruinamiento hace considerar que la iglesia ya no estaba en uso sino en estado arqueológico cuando se construye la posterior fortaleza almohade. La secuencia estratigráfica muestra con claridad que el suelo de la iglesia no está especialmente elaborado, y a excepción de un espacio muy reducido con disposición horizontal de ladrillos , el suelo de la nave es de tierra apisonada y arcillosa, techo de los derrumbes del tapial romano subyacente".

Mención especial merece el ábside del altar, cuyo suelo aparece elaborado con una delgada capa del mismo hormigón en el que se elabora la cimentación del edificio.

El altar ocupa la mitad occidental del ábside, en una situación que se oculta al espacio de la nave de la iglesia. El altar es una plataforma masiva de piedras y hormigón cuya mesa está escalonada hacia el frente, escalones construidos en ladrillos unidos y recubiertos con yeso.

Aprovechando de cimentación los gruesos muros de sillares de la iglesia mozárabe se erige una construcción con unos muros levantados a base de la superposición de capas de tapial de ochenta centímetros y del tipo tabiya, constituida por arcilla y guijarros de piedra, fragmentos de cerámica triturada y cal. Estos muros presentan actualmente retazos emergentes que alcanzan una altura de alrededor de dos metros. Las medidas de las capas de tapial o tongadas y la separación de los mechinales (agujeros cuadrados), que se rematan arriba con pequeñas lajas de piedra, responden a un esquema constructivo propiamente hispano-musulmán.

El reconocimiento de estos muros emergentes de la superficie del terreno ha permitido recuperar la planta de esta construcción afectada potencialmente por las obras. Se ha podido descubrir una cerca que encierra un espacio rectangular, que hacia el Noreste y hacia las obras de la Autovía presenta dos salas rectangulares, la más externa sobresaliendo al frente a la interna, a modo de baluarte.

El sondeo realizado muestra que el depósito de materiales asociado a esta construcción presenta un primer nivel de derrumbes masivo de bloques de tapial en una matriz de las finas arcillas resultantes del lavado de éstos, al que sigue subyacente un nivel de alta concentración de ladrillos macizos rectangulares y tejas árabes. Son pruebas de que los muros de tapial se rematarían con un cuerpo superior de ladrillos, sobre los que descansaría el entramado orgánico para la disposición del tejado.

Afirman los arqueólogos que "no sólo todo este conjunto de materiales del inmueble responde a la cultura hispano-musulmana, sino que algunos de ellos parecen indicar con claridad que estamos ante una construcción almohade de los siglos XII y XIII de nuestra era. Tanto el sistema constructivo a partir de encofrados de tapial como la utilización de la tabiya viene apareciendo desde época almorávide y se generaliza en la almohade. El uso del ladrillo para el remate superior de los muros de tapial responde en Andalucía a construcciones almohades, como es el cercano caso de la cerca de Jerez".

Añaden que "la cerca, el baluarte y el material de tabiya del muro son testimonios de una función primaria o al menos secundaria de fortaleza". En ese sentido puntualizan que "podemos encontrarnos con uno de los llamados castillos de interior, de estructuras simples y sin torres, pero con un baluarte asociado a un espacio cercado, cuyo uso sería militar o coyunturalmente defensivo. Estos elementos también pueden responder a los dispositivos defensivos de una alquería o aldea almohade, cuyos vestigios materiales se extienden más allá del espacio de obra de la Autovía y permanecen desconocidos".

Los responsables de la Delegación de Cultura indican que "esta construcción hispanomusulmana, sin duda herencia de la relevancia del lugar de Jautor en el pasado romano, tiene la notoriedad correspondiente a un enclave importante en unos tiempos históricos próximos a la conquista cristiana y en un ámbito geográfico de frontera". Por ello, dada la singularidad de estos hallazgos y el estado de conservación de los restos, se completará la excavación de la iglesia y la fortificación y el yacimiento se adecuará para que pueda ser visitado.

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