La tecnología al servicio del Románico

20/9/12 .- elnortedecastilla.es

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Un matrimonio madrileño,ataviado con riñonera y cámara de fotos, se acerca a la entrada de la iglesia palentina de Santa María de Mave. La pareja alberga pocas esperanzas de poder contemplar el interior de esta obra del s. XIII, ya que el templo está cerrado al culto y no sabe quién custodia la llave. Aunque, en realidad, no hay llave. Una tarjeta magnética –que espera pacientemente a los turistas en la recepción del Monasterio– abre las puertas del edificio y activa las luces de las naves como recibimiento a los visitantes.

Lo que ni se imaginan es que su presencia en el interior de la iglesia ya está recogida en el nodo central de la Fundación Santa María la Real, a la vez que los cambios en la humedad de las piedras de esta construcción románica.

Todo comenzó hace más de diez años cuando se restauró San Juan de Villanueva de la Nía. Estaba prácticamente derruida y hubo que pagar a un estudio de ingeniería para que la estudiara y la tomara datos. «¿Por qué monitorizar solo las iglesias que están rotas?» cuestiona Juan Carlos Prieto, director de la Fundación. Esta pregunta fue el origen del proyecto MHS (Monitoring Heritage System | Sistema de Monitorización del Patrimonio), que registra, evalúa y controla los parámetros para la conservación de los edificios. ¿Cómo? A través de una red de sensores que se distribuyen por el inmueble y que sirven para medir las variables, dependiendo de la necesidad de cada construcción.

Desde la temperatura o la humedad pasando por las vibraciones o las fisuras, sin olvidarse de la seguridad. Todos los datos llegan a tiempo real a Santa María la Real, donde son comparados «para poder transformarse en conocimiento», explica Prieto. Cada iglesia tiene unos parámetros determinados, dependiendo de las connotaciones climatológicas, constructivas o incluso geológicas. En el momento en el que se superan esos números se activa una alarma –que consiste en un mensaje de texto al móvil– con la información necesaria para operar: qué está ocurriendo y dónde. «Si la humedad de una iglesia supera sus niveles normales, estos se pueden recuperar abriendo una ventana» comenta orgulloso Prieto. No hay que trasladarse hasta el lugar para conseguir la ventilación a través de un vano, ya que desde el sistema de la Fundación se devuelven los datos con unas directrices a seguir para recuperar los números correctos.

«Sabemos hasta cuándo se están terminando las pilas de los sensores» muestra Prieto frente a la pantalla del ordenador. También tienen conocimiento de la repercusión del paso del tren: «Con el MHS estudiamos las décimas de vibración del edificio». Ante la pregunta de quién ideó este sistema de sensores, Prieto esboza una media sonrisa y da un nombre: «Marian Chiriac». Este doctor ingeniero y responsable del MHS entendió la esencia del proyecto y consiguió adecuar sensores inalámbricos en el arte románico. A los pocos meses ya llegaba al nodo central datos de la humedad y de la temperatura. Actualmente crea él mismo los detectores inalámbricos, intentando disminuir el tamaño y así minimizar el impacto tecnológico en el arte.



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Más de 1.700 kilómetros cuadrados integran este territorio que abarca las provincias castellano y leonesas de Palencia y Burgos, además de la vertiente sur de la Cordillera Cantábrica. El Plan de Intervención del Románico Norte, proyecto promovido por la Junta de Castilla y León y que ejecuta la Fundación Santa María la Real, escogió esta división geográfica medieval para la restauración y el mantenimiento, por medio de la tecnología del MHS, de las iglesias románicas. Como en todos los proyectos aquí también hay un conejillo de indias, donde se van probando todos los cambios: la iglesia de Santa María de Mave. Es el centro neurálgico, resultado de la suma de la tradición artística de la Edad Media y de la innovación tecnológica. Jesús Castillo, director del Departamento de Conservación del Patrimonio de la Fundación, sujeta un ‘smartphone’ ante la puerta de entrada del templo de Mave. No quiere inmortalizar la iglesia con su móvil sino leer un código QR para poder escuchar la audioguía. Una amable y somnolienta voz femenina surge a través del altavoz de su teléfono: «No me había percatado de que estaba acompañada. Por suerte no pueden verme...». Así comienza la explicación de la historia de la iglesia de Mave.

La pareja madrileña observa, con los ojos como platos y la boca completamente abierta, cómo las formas y los colores se van asentando en el desnudo ábside de la iglesia de Mave, evocando las pinturas murales originales de la construcción del s. XIII. Esta recreación virtual es posible gracias a un proyector, que escondido sobre la puerta principal, consigue policromar las rosáceas piedras y retroceder siglos en el tiempo.

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