La Silla del Moro asienta las visitas (Granada)

17/4/11 .- http://www.ideal.es

La Alhambra abre al público este paraje monumental con motivo del Día de los Monumentos

Dice la leyenda que Boabdil, el último rey nazarí, durante las rivalidades y contiendas por el reino frente a Muley Hacén y el Zagal se retiraba a una torre próxima a la Alhambra, más allá del Generalife. A aquel paraje de relax y meditación del nazarí se le denominó con el paso del tiempo la Silla del Moro, una atalaya que recordaba en su perfil la forma de asiento que observa desde su altura la ciudad.
El Patronato de la Alhambra abrió ayer al público este espacio con motivo del Día Internacional de los Monumentos y Sitios. La Silla, también llamada Castillo de Santa Elena, se encuentra remozada y restaurada, una obra realizada por el arquitecto Pedro Salmerón. Más de un centenar de personas se asentaron a mediodía de ayer en este lugar para participar en una visita guiada por el especialista Luis Martínez Vázquez.
El espacio defensivo alhambreño, situado en las inmediaciones de los palacios volados por la ocupación francesa en el Cerro del Sol, esconde entre sus tapiales numerosas incógnitas. Las primeras crónicas que hablan de esta construcción se refieren a ella como unas ruinas. El viajero alemán Jerónimo Münzer viajó a Granada en 1494, dos años después de la toma de la capital del reino nazarí por los Reyes Católicos, «y señala que este lugar estaba abandonado y derruido», según explicó Martínez Vázquez. El dato, uno entre las muchas descripciones del alemán, echaría por tierra la conocida leyenda sobre esta torre y el retiro de Boabdil.
Todas las crónicas existentes detallan que esta construcción defensiva fue abandonada incluso antes de la llegada de los católicos monarcas de Castilla y Aragón, quizá porque dejó de tener sentido como atalaya. Solo un grabado realizado en 1623 por Daniel Meisner desmiente a Münzer al mostrar un castillo completamente en pie. En el siglo XVIII, sin embargo, ya había desaparecido el cuerpo de la torre principal.
Hasta la segunda mitad del siglo XX en que se inició la reconstrucción de la torre principal y de los muros, el conjunto monumental permaneció en un estado de ruina y abandono. Fue a partir de 1929, con el arquitecto conservador de la Alhambra Leopoldo Torres Balbás, cuando se comenzó a prestarle atención, al descubrirse los restos de su escalera de acceso y de la puerta de la gran torre que entonces estaba destruida casi en su totalidad.

Control del agua

Los estudios realizados indicaron que el edificio debió tener un carácter militar, en un sector de fincas que aparecían bastante vulnerables a los posibles ataques enemigos. La perspectiva que se divisa a su alrededor pone de manifiesto el papel estratégico de su localización, como lo confirma en el transcurrir de los siglos, por ejemplo, que también fue utilizado por el ejército francés de ocupación. Los galos recuperaron este enclave como punto defensivo, pero las excavaciones arqueológicas realizadas por el especialista Alberto García Porras revelaron que la función principal de la Silla del Moro era el control de la distribución de agua de la acequia hacia los palacios del Generalife y la Alhambra, y las huertas circundantes. Al parecer, estuvo conectado directamente con el palacio de Dar al-Arusa, que se encuentra situado en las inmediaciones del Cerro del Sol.
La denominación de Santa Elena se debe a su consagración como iglesia, desconociéndose su nomenclatura árabe, pues no aparece en la relación de fincas pertenecientes al sultán granadino. La excavaciones arqueológicas realizadas, según señaló Luis Martínez durante la visita guiada «no hallaron vestigio alguno de la mezquita o iglesia que se menciona», y un detalle de sumo interés es la inexistencia de restos cerámicos.

Tapiales

Los visitantes pudieron seguir con atención las explicaciones del especialista sobre el modo de construcción seguido por los nazaríes para realizar los tapiales, un dato que también revela un primer uso defensivo que se transformó en mero control de las conducciones de agua. Este cambio de uso tiene su reflejo en una original construcción en mampostería que, en registros más recientes, tornó al uso de la tierra.
En el siglo XX, sufrió diversas intervenciones negativas, con la finalidad de realizar sobre su obra, primero un mirador, en 1942, y después un restaurante a mediados de los años sesenta, que llegó a construirse aunque nunca entró en uso. En los años ochenta, la construcción añadida para el restaurante se vino abajo parcialmente, debido a su mala factura, tras lo que el Patronato de la Alhambra y Generalife acordó demoler el resto de añadidos y comenzar su restauración, que finalizó el pasado año.
Algunos de los visitantes se mostraron críticos con esta intervención, debido al uso de materiales autóctonos, pero el arquitecto Pedro Salmerón ha seguido una de las líneas más innovadoras de la conservación, donde solo ha pretendido la recreación, habilitación para la visita y consolidación de los restos del edificio.
Los misterios, como todo lo relacionado con la Alhambra, continúan y bajo el castillo existen diversas galerías y túneles, cuya datación y finalidad se desconocen.

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