La Catedral recupera su cara almohade (Sevilla)

12/1/15 .- http://www.diariodesevilla.es/

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La Catedral recupera su cara almohade (Sevilla)

El Cabildo culmina la restauración de la fachada norte, a la que ha devuelto el color blanquecino original.


Blanca. Así era el aspecto exterior de la mezquita mayor que mandó a construir el califa Abu Yaqub Yusuf en el siglo XII. De aquel templo, diseñado por el arquitecto Ahmad Ben Basso, quedan hoy su primitivo minarete -la Giralda coronada por el campanario renacentista-, el Patio de los Naranjos y la fachada norte de la Catedral, la de la calle Alemanes, cuya restauración ha permitido recuperar la cara almohade de uno de los mayores templos de la cristiandad.

La intervención la ha dirigido el maestro mayor de la Catedral, Alfonso Jiménez, y en ella han participado Rosa Domínguez Caballero y Juan Luis Barón Cano, profesores del Departamento de Construcciones Arquitectónicas de la Universidad de Sevilla. El Cabildo ha financiado íntegramente los trabajos.

Quienes paseen estos días por la calle Alemanes podrán contemplar el estado en el que ha quedado esta fachada. Su color blanquecino -sólo roto por el almagre de hornacinas, puertas y ventanas- no pasa desapercibido para nadie. Para algunos, resulta demasiado "clara", para otros supone la vuelta al origen de la cara más antigua de la Catedral. No en vano, constituye uno de los pocos restos que se mantienen en pie de la mezquita almohade. Y ello, pese a que en 1557 el maestro mayor de la Catedral, Hernán Ruiz (a quien se debe el campanario cristiano de la Giralda), intentó derribarla.

La blancura que domina la fachada es idéntica a la cal empleada en los tres merlones (almenas) originales del siglo XII que se han datado durante esta intervención. Estos elementos se han protegido con una lámina plegada de aluminio. El arquitecto barcelonés Félix Hernández ya atestiguó, durante la restauración que dirigió en la fachada de la calle Placentines, que el color blanquecino era el que predominaba en el antiguo templo musulmán.

La Puerta del Perdón constituye el referente más visible de la cara norte de la Catedral. Se trata de una de las entradas que mejor se conservan del antiguo patio de abluciones, aunque con añadidos de épocas posteriores, como el relieve de la expulsión de los mercaderes del templo, obra de Maestre Miguel en el siglo XVI. Otro de los motivos que le otorga importancia son las dos hojas de bronce datadas en las primeras décadas del siglo XIII.

La restauración, llevada a cabo por la empresa Ártyco, ha descubierto que en su origen estaban policromadas. En esta labor se emplearon, principalmente, los tonos rojos en los huecos de las placas donde aparecen dibujos e inscripciones en árabe. También se han restituido más de 150 clavos con distintos motivos ornamentales en sus cabezas, muchos de ellos arrancados por visitantes al estar al alcance de la mano. Conviene recordar en este punto que los actuales aldabones -que han servido de inspiración para piezas de joyería- son una réplica de los originales, que se encuentran en la sala del tesoro catedralicio. Las hojas de esta puerta, de más de siete metros de altura, mantienen la cota con la que fueron colocadas hace ocho siglos.

Uno de los elementos de esta fachada que por su altura pasa desapercibido para muchos paseantes es la pintura mural colocada encima de la puerta de acceso a la biblioteca colombina. Se trata de la obra Cristo camino del Calvario, fechada en 1563 y realizada por el sevillano Luis de Vargas. Su importancia, al margen del valor artístico, radica en la aportación histórica a la pintura sevillana, pues supone la primera representación de Jesucristo con la cruz a cuestas.

El pintor Ricardo Suárez recuerda, en este sentido, que hasta bien entrado el siglo XVI predominan en el arte los crucificados. Es en dicha centuria cuando iconográficamente el Nazareno empieza a tomar auge. "Se trata de la primera representación sevillana de Jesús con la cruz a cuestas. Y además, el santo leño lo porta al revés, como era habitual en aquella época antes de que se extendiera en la posición a la que más estamos acostumbrados", explica Suárez, quien añade que esta pintura formaba parte del programa iconógrafico que revestía la Giralda y la fachada de la calle Alemanes con representaciones de santos patronos, apóstoles, evangelistas y doctores de la Iglesia, labor que también corrió a cargo de Luis Vargas, muy influenciado por la pintura italiana del momento. De hecho -como apunta Suárez- aparecen estas pinturas en las representaciones que realiza Domínguez Martínez en el XVIII de las fiestas que se celebraban en el entorno de la Catedral.

El experto en Historia del Arte, Benito Navarrete (actual asesor de la Delegación de Cultura del Ayuntamiento), gran estudioso de la obra de Luis de Vargas, añade que esta pintura mural sirvió de modelo para una obra de igual temática que realizó Francisco Pacheco en 1588.

El Nazareno de las gradas catedralicias -que tuvo gran devoción- recibió la advocación de Cristo de los Ajusticiados, debido a que los condenados paraban a rezar ante él antes de llegar a la Plaza de San Francisco.

La otra gran pintura de la fachada norte, que destaca ahora gracias al almagre que cubre el muro en el que se encuentra, es la Inmaculada que pintó Francisco Herrera El Viejo y cuyo retablo fue financiado por el gremio de gorreros en 1616.

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