La vieja Plaza de Toros

Juan CAÑAVATE TORIBIO. Arqueólogo.
6/9/05

La normativa del Ayuntamiento de Granada aplicable a la protección y conservación del patrimonio arqueológico

En el año 1999 y tras la aprobación del Plan Especial de Protección y Catálogo del Área Centro del Conjunto Histórico de Granada, la Consejería de Cultura y el Excmo. Ayuntamiento de Granada firmaron un Convenio de Colaboración en materia de Arqueología en el que se definieron objetivos precisos, así como mecanismos de financiación expresos para el desarrollo de la protección, investigación y difusión del patrimonio de carácter arqueológico.

Dicho convenio, firmado por el entonces Excmo. Sr. Alcalde presidente de la corporación municipal, D. José Moratalla Molina, fue incluso objeto de una pregunta escrita parlamentaria por el grupo Popular de Parlamento de Andalucía el día 13 de noviembre de 2002.

Uno de los aspectos más importantes que contemplaba el convenio, era la creación de una Oficina Técnica de Arqueología financiada, en su mayor parte, por la propia Administración Autonómica que funcionaría, fundamentalmente como un sistema eficaz y novedoso de gestión compartida que apoyaría el doble objetivo de proteger de forma efectiva el patrimonio arqueológico y su investigación y de facilitar a ciudadanos y/o promotores públicos y privados la gestión de aquellos requerimientos que tuvieran que ver con el patrimonio arqueológico.

Además, por tanto de la normativa general en materia de patrimonio y de las competencias que se derivan de dicha normativa, tres han sido y son los elementos específicos sobre los que se apoya la gestión en materia de arqueología en la ciudad de Granada:

El planeamiento de protección, en este caso en concreto el Plan Especial de Protección y Catálogo del Área Centro del Conjunto Histórico de Granada, el Convenio de Colaboración en Materia de Patrimonio Arqueológico y, la propia Oficina Técnica que se creo a partir del convenio en el que, en su preámbulo, se establece de forma explícita:

“…Estas normas (Ley 1/1991, de 3 de julio de, de Patrimonio Histórico de Andalucía y sus correspondientes decretos de desarrollo normativo) constituyen el marco normativo que afecta al presente convenio, cuyo objeto es la ejecución y seguimiento de las actividades arqueológicas de urgencia en aquellos supuestos de aparición de hallazgos casuales de restos arqueológicos…, a fin no sólo de garantizar su protección, conservación y enriquecimiento, sino también de promocionar su mejor conocimiento y amplia difusión, circunstancias éstas de relevancia para rentabilizar la actuación de la Administración sobre el patrimonio Arqueológico en aras del desarrollo científico y económico de la localidad.”

También en el preámbulo de dicho convenio, se establece:

“…no sólo se contemplen las actuaciones arqueológicas como una actuación únicamente de protección, conservación y difusión del Patrimonio Histórico, concretado ahora en el arqueológico, que ya de por sí sería suficiente, sino también desde el punto de vista científico, dándose así un paso más encaminado al conocimiento del Patrimonio Histórico Andaluz. Todo ello dentro de un entorno medioambiental y urbanístico coherente que no sólo no obstaculice el actual desarrollo urbanístico de la zona, sino que facilite e integre, y al mismo tiempo sirva para darlo a conocer al mundo científico y al público en general, que es la mejor forma de hacerlo responsable y protector de su propio Patrimonio Histórico.”

Con respecto al propio Plan Especial, normativa convalidada de Protección, se establece, también de forma explicita, en su Capítulo IV. Conservación del patrimonio arqueológico.

Artículo 3.4.1.
Punto 4.
“Los criterios generales de conservación de aquellos restos y estructuras que producto replique breitling de una intervención arqueológica merezcan ser preservados se establecerán por parte de la Administración competente en materia de protección del patrimonio arqueológico.”

Artículo 3.4.2.
Punto 4.
“…La decisión sobre los elementos a conservar recaerá sobre el organismo competente conforme a la legislación vigente, si bien deben considerarse como prioritarios aquellos que se consideren de especial relevancia histórico-artística (torres, murallas, baños, edificios de carácter religioso) y los que sean significativos para comprender la evolución urbana de la ciudad o muestren aspectos de gran interés sobre las formas de vida del pasado…”.

Punto 5.
“El hallazgo de restos de interés puede suponer la obligación no sólo de conservarlos por el procedimiento más adecuado sino también la puesta en valor y exposición al público. En estos casos, será necesario redactar un proyecto específico y la participación en el proceso de las administraciones públicas. “

Parece claro, por tanto, que desde el punto de vista de la normativa municipal, convalidada como normativa de protección, así como desde los objetivos definidos en el convenio de colaboración y desde la principal finalidad de la Oficina Técnica creada para tal fin, es absolutamente justificable la decisión tomada por la Administración Competente en materia de Patrimonio Arqueológico de establecer la conservación de los restos arqueológicos encontrados.


Algunas opiniones en contra de la conservación de los restos

Paradójicamente y en abierta contradicción con los objetivos planteados en el anteriormente citado Convenio y en el Plan Especial, la propia Oficina Técnica, ha dado, por decirlo de una forma amable, amparo administrativo a algunas opiniones, así mismo amparadas en cuestiones de tipo técnico que ponen en cuestión la decisión de preservar los restos arqueológicos encontrados.

Una situación de estas características, invita a una reflexión serena y crítica, no del modelo de gestión elegido y consensuado entre las distintas administraciones en materia de patrimonio arqueológico, pero sí de su ajuste a situaciones de cierta discrepancia que se puedan generar.

Respecto a las distintas opiniones explícitamente en contra de la conservación de los restos, conviene igualmente reflexionar de forma serena para, sobre todo, dilucidar si vienen motivadas por argumentos basados en el rigor metodológico y, sobre todo conceptual o, por el contrario, son fruto de otras circunstancias.

La primera opinión sobre la que merece la pena detenerse. Es la que aparece reflejada en el Informe preliminar de la Intervención Arqueológica realizada.

En síntesis, lo que se plantea es destruir los restos una vez excavados dada su irrelevancia, aunque eso sí, hacer un pequeño “recordatorio” con algunas de las piezas encontradas que podrían trasladarse a otro espacio de la ciudad. En concreto y según propuesta del Ayuntamiento, a la actual Plaza de Toros o, en su defecto, a la parte más cercana de la vía que discurriría sobre el aparcamiento a construir.

Sin embargo, sería conveniente para ayudar a entender una propuesta de estas características recordar algunos datos de especial relevancia.

El primero de ellos es que en el inicial proyecto de intervención y en referencia a la zona que hay que investigar no apareciera absolutamente ninguna referencia a la Plaza de Toros.

Ciertamente, la Oficina Técnica Municipal, entre cuyos objetivos se encuentra la “caracterización histórica de la ciudad” o la elaboración de la carta arqueológica de la misma, no estuvo muy despierta en este caso.

Abundando algo más en este tema, se desprende de los objetivos científicos definidos en el proyecto de actuación, un enorme interés por aspectos vinculados a la necrópolis y se llega a afirmar que la excavación puede proporcionar un “patrimonio arqueológico de incalculable valor en cuanto a la información que puede aportar sobre la composición de la población, sus condiciones de vida y sus costumbres funerarias”

Dado que la excavación se hace además a través de un convenio entre la empresa de arqueología y el departamento de antropología física, no es de extrañar que aparezcan explícitamente definidos los objetivos antropológicos.

Objetivos antropológicos entre los que, curiosamente, tampoco aparece ninguna referencia a la plaza de toros ni a la práctica tradicional en España y en Granada de la tauromaquia.

Ciertamente hay que considerar, a la vista de los objetivos planteados, que los resultados de la investigación no se alejarían demasiado de esos objetivos y la investigación en torno a la plaza no era, lógicamente, prioritaria en un equipo en el que en el currículum de la directora destaca su vinculación con el estudio de la antropología física.

Sin embargo, era más que previsible que los restos de la plaza se encontraran allí y no hubiese sido especialmente complicado incluir, entre los objetivos de la investigación, su estudio así como entre el material disponible la enorme cantidad de material gráfico que hay sobre la plaza.

El profesor de Historia de la Arquitectura de la Escuela Superior de Arquitectura de Granada y Director de la misma, Dr. Juan Calatrava ha publicado recientemente un detallado estudio sobre la planimetría histórica de la ciudad de Granada en el que ha recogido prácticamente todos los existentes y en una importante cantidad de ellos aparece reflejada la plaza.

Es posible, que haya sido ese inicial descuido al olvidar la presencia de la plaza en el inicio de la investigación, el que haya empujado a los responsables de la misma a minimizar su valor patrimonial arqueológico y plantear la posibilidad de su destrucción.

Es posible e incluso excusable

Por otro lado, es igualmente comprensible el difícil papel que han de jugar los arqueólogos contratados por la empresa constructora del aparcamiento, a su vez contratada por el Excmo. Ayuntamiento de Granada, a la hora de recomendar en su informe preliminar o final que se conserven los restos lo que conllevaría, como ha puesto de manifiesto el Excmo. Sr. Concejal de Urbanismo, un relativo coste económico para la empresa que les ha contratado y a la que deben cierta lealtad comercial.

La posición de los arqueólogos que han trabajado, en relación al destino final de los restos, es extraordinariamente delicada y complicada y debemos excusar esa ausencia de compromiso con la conservación de los restos y así, de alguna forma, lo entiende la normativa en materia de protección que deja la competencia y la responsabilidad en manos de la Administración que, desde el rigor que debe ordenar los actos en materia de protección del Patrimonio, no puede compartir esa opinión.

Desde otras instancias que es preferible no mencionar por no herir susceptibilidades, aunque conviene recordar que ocupan puestos de relevancia en Instituciones en las que el rigor debiera ser el único parámetro, se ha enunciado también, de forma más o menos extemporánea, el escaso valor patrimonial de los restos y lo desacertado de la decisión de mantenerlos in situ.

Las opiniones a las que no nos atrevemos a considerar propuestas, han hablado de mala calidad de los materiales, para justificar su destrucción, como si los tápiales de la Alhambra estuvieran construidos de preciados metales. Otros han dicho que no tenían valor porque no eran romanos ni nazaríes y hasta hemos oído, o mejor leído, que la idea de conservarlos formaba parte de una antología del disparate.

Opinión ésta última vertida por una persona que, por cierto, trabaja en una institución dedicada a la investigación científica.

Sin embargo, los restos son importantes, aunque puede que no desde la perspectiva que pudieran plantear estas instancias.

En efecto, es posible que los restos no sean enormemente bellos, ni tampoco romanos o que no sean objetos de radicales valores estéticos, pero es que el concepto del valor patrimonial histórico vinculado al fetiche, lo que se sobreentiende en esa idea de la arqueología del objeto antiguo, bello y “moro”, es algo ya, a estas alturas del debate científico en torno al patrimonio y su conservación, que está más vinculado al cine de acción que a un concepto riguroso del patrimonio.

En todo caso, esas posiciones pudieran pertenecer a conceptos muy cercanos al siglo XIX, con dignos representantes en Granada como Modesto Cendoya o incluso como Gómez Moreno, más interesados, el segundo en el objeto que en el contexto en que se encontraba ese objeto y el primero en crear una imagen “orientalista” de la Alhambra aunque no correspondiese a la realidad. Tendencias y conceptos entendibles en la época y que, al parecer, aun sigue en boga en alguna institución que pretende ser “científica” de Granada, pero que es absolutamente inadmisible cuando a la protección de un patrimonio público y ciudadano se refiere.

Algunos conceptos modernos en relación con la conservación de los restos: la normativa y los acuerdos internacionales

¿Qué es el patrimonio arqueológico?

El entendimiento presente de los bienes que se incluyen dentro del patrimonio arqueológico ha tenido un devenir a lo largo del siglo XX, al igual que el concepto del patrimonio cultural, presidido por un acrecentamiento tanto cualitativo como cuantitativo de los bienes a proteger, crecimiento que por otra parte ha corrido paralelo a la propia evolución de los métodos de estudio usados por la disciplina histórica.

Se ha pasado de proteger replique montre únicamente los bienes excepcionales por su monumentalidad, antigüedad y artisticidad, a proteger los bienes por su importancia cultural, por la información que aporta al conocimiento de las sociedades y de su pasado, entendiendo como tal no sólo las épocas más remotas y lejanas, sino todo el tiempo efectivamente transcurrido.

Las cartas y documentos internacionales promulgados por organizaciones internacionales gubernamentales y no gubernamentales han hecho suyos estos planteamientos y gran cantidad e países, entre ellos, España, se han comprometido a cumplirlos. (1)

La Recomendación 56 del Comité de Ministros a los Estados Miembros de la CEE que define los principios internacionales que deberá aplicarse en las excavaciones arqueológicas en el año 1956 en su Artículo I, párrafo 2 dice textualmente:

“Las disposiciones de la presente Recomendación se aplican a todo vestigio arqueológico cuya conservación entrañe un interés público desde el punto de vista histórico o artístico”

Más cercano en el tiempo, El Convenio Cultural Europeo para la Protección del Patrimonio Arqueológico, redactado en el año 1969 y al que se adhirió España el 28 de febrero de 1975, dice:

“A los efectos del presente Convenio, son considerados bienes arqueológicos todos los vestigios y objetos –o cualquier otra huella de manifestación humana- que establezcan un testimonio de épocas y civilizaciones en los que las excavaciones y descubrimientos constituyen la principal o una de las principales fuentes de información científica”

Ya en 1990, la Carta Internacional para la Gestión del Patrimonio Arqueológico, adoptada por ICOMOS –Internacional Council on Monuments and Sites, Consejo Internacional de Monumentos y Sitios-, dice en su introducción:

“El patrimonio arqueológico constituye el testimonio esencial de las actividades humanas del pasado”

Y más adelante en su Artículo I:

“El patrimonio arqueológico representa la parte de nuestro patrimonio material para la cual los métodos de la arqueología nos proporcionan la información básica. Engloba todas las huellas de la existencia del hombre y se refiere a los lugares donde se ha practicado cualquier tipo de actividad humana, a las estructuras y los vestigios abandonados de cualquier índole, tanto en la superficie como enterrados, 0 bajo las aguas, así como el material relacionado con los mismos".

En el año 1992 se revisó el Convenio Europeo para la Protección Arqueológica y en su
Artículo 1, párrafo 2 se estableció:

“A este efecto, son considerados como elementos del patrimonio arqueológico todos los vestigios, bienes y otras huellas de existencia de la humanidad en el pasado,
a) cuya salvaguarda y estudio permitan volver a trazar el desarrollo de la historia de la humanidad y su relación con el entorno natural;
b) cuyas principales fuentes de información sean las excavaciones y descubrimientos y otros medios de investigación relativos a la humanidad y su entorno.


Algo más avanzado el texto, en su Párrafo 3 se establece:

“Están incluidos dentro del patrimonio arqueológico las estructuras, construcciones, conjuntos arquitectónicos, sitios ya desarrollados, objetos muebles, monumentos con otro carácter así como su contexto…”

Como vemos, en la doctrina tutelar desarrollada por estos documentos internacionales, la consideración de patrimonio arqueológico sólo encuentra los límites a bienes o lugares que se estudien con metodología arqueológica y que pertenezcan al pasado, sin ningún tipo de límite cronológico, de excepcionalidad monumental o artística, etc.

¿Cómo y qué se debe conservar?

Sin embargo, no sólo los acuerdos internacionales se han preocupado de entrar de lleno en la consideración del patrimonio arqueológico, además han incidido en su forma de conservación y la ya citada carta internacional para la gestión del patrimonio arqueológico de 1990 dice en su artículo 3:

“La legislación debe garantizar la conservación del patrimonio arqueológico en función de las necesidades, la historia y las tradiciones de cada país y región y esmerarse para favorecer la conservación “in situ” y los imperativos de la investigación”

Esta idea de favorecer la conservación “in situ” se reafirma con mayor desarrollo en el artículo 6 del mencionado documento internacional del siguiente modo: “conservar “in situ” monumentos y conjuntos debe ser el objetivo fundamental de la conservación del patrimonio arqueológico. Cualquier traslado viola el principio según el cual el patrimonio debe conservarse en su contexto original.”

Los esfuerzos para la conservación in situ deberán aplicarse de una manera selectiva “sobre un muestrario indicativo de la diversidad de sitios y monumentos determinados por criterios científicos de calidad y representatividad y no solamente sobre los monumentos más prestigiosos o más atractivos a simple vista.” (Artículo 6 de la Carta Internacional para la Gestión del Patrimonio Arqueológico, 1990)

También en el sentido de la conservación aliada a la selección, se debe citar el artículo 9 de la Recomendación (56) del Comité de Ministros a los Estados Miembros de la CEE que define los principios internacionales que deberán aplicarse a las excavaciones arqueológicas, de 1956.

Estima que “cada Estado miembro debería considerar la conveniencia de conservar intactos, total o parcialmente, cierto número de lugares arqueológicos de diversas épocas a fin de que su exploración pueda beneficiarse de las ventajas del progreso técnico y de los adelantos de los conocimientos arqueológicos.”

Como se puede comprobar en este breve recorrido por el debate internacional y por acuerdos alcanzados entre los diversos Estados en materia de conservación del patrimonio, algo se ha avanzado en el siglo XX en cuanto a los conceptos que nos alejan de los principios compartidos por los estudiosos del siglo XIX y algunos ubicados en Granada.

Como puede verse, por tanto, la importancia de los restos arqueológicos aparecidos con motivo de la construcción de un aparcamiento en el centro de la ciudad no viene derivada de su antigüedad, ni de su artisticidad ni, tan siquiera de su monumentalidad y también respecto a esa relación entre arqueología y ciudad se han referido los organismos internacionales y así, la Conferencia Internacional sobre Conservación ”Cracovia 2000” dedicó su sesión plenaria al “Patrimonio Cultural como fundamento del Desarrollo de la Civilización” y declaró en la “CARTA DE CRACOVIA 2000” en el punto dedicado a planificación y gestión:

“La dirección de un cambio dinámico, transformación y desarrollo de las ciudades históricas y del patrimonio cultural en general, consisten en una regulación apropiada, eligiendo las opciones, y controlando los resultados. Como una parte esencial de este proceso, es necesario identificar los riesgos, anticipar los sistemas apropiados de prevención, y crear planes de actuación de emergencia…La conservación del patrimonio cultural debe ser una parte integral de los procesos de planificación y dirección de una comunidad.”

Los restos de la primera Plaza de Toros construida en la ciudad de Granada reúnen, por tanto y desde el punto de vista de las actuales tendencias sobre Patrimonio, legitimadas internacionalmente y trasladadas a nuestra legislación, todos los requisitos necesarios y exigibles para su conservación.

Importancia histórica de la Plaza de Toros: Patrimonio y testimonio

URBANISMO

Desde el punto de vista histórico su importancia no deja lugar a dudas.

Al margen de algunas publicaciones relacionadas en concreto con la fiesta de los toros y con las posibles modificaciones que van surgiendo en este período concreto y en las que no me detendré por respeto a los muchos especialistas que sobre este interesantísimo tema hay, quiero reseñar dos publicaciones de singular importancia:

Un libro editado por la Universidad de Granada y la Diputación Provincial de Granada, en el año 1988, de Inmaculada Arias de Saavedra, titulado “La Real Maestranza de Caballería de Granada en el siglo XVIII”

Y otro, aunque no dedicado especialmente a la Plaza de Toros, pero sí clave para el propósito de este documento, la publicación de Juan Manuel Barrios Rozúa, editada en el año 1998, por la Universidad de Granada y la Junta de Andalucía, “Reforma urbana y destrucción del patrimonio histórico en Granada” Este último texto, así como el libro de Inmaculada Arias son de especial relevancia a la hora de entender, por un lado, factores de carácter urbanístico y por otro la incidencia histórica del proceso que conllevó a la creación y construcción de la plaza.

Además de estos textos, le ha dedicado también un número especial, el 49 de julio de 2004, a las Plazas de Toros de Andalucía, la Revista de Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico.

Granada, en la época en la que se construye la plaza, era una pequeña ciudad de unos cincuenta mil habitantes que se caracterizaba, en lo urbano, por ser netamente heredera de la ciudad medieval. Las murallas seguían siendo un elemento clave en su organización y los barrios seguían siendo un compacto entramado laberíntico.

Hay que recordar que sólo la calle San Jerónimo se había abierto buscando potenciar la ritualización urbana del siglo XVII, a través de ejes de procesiones que destramaban la antigua ciudad islámica a partir de referencias religiosas cristianas. El eje en este caso venía definido por las torres y campanarios que jalonaban el paso de fieles por San Jerónimo, San Justo y Pastor y la Catedral. Autos de fe, procesiones, desagravios a la Virgen, hallazgos de falsas reliquias, como la de san Cecilio, etc.. formaban parte del ritual casi diario de una ciudad donde el peso de lo religioso era más que notable y era, además necesario traducir ese peso al dibujo de la ciudad.

Esa trama urbana heredera de la ciudad islámica, había sufrido importantes transformaciones también durante los períodos posteriores a la conquista castellana en un intento de ir racionalizando su trazado. Así habían ido naciendo algunos nuevos agregados urbanos que habían tendido hacia un diseño a cordel. Uno de esos nuevos barrios había sido el inicial asentamiento de las tropas castellanas en la entrada de la ciudad desde Medina Elvira; el que se conocería como barrio de San Lázaro.

Curiosamente, ese espacio recibiría una especial atención durante el siglo XVIII, el siglo de la Ilustración porque, entre otras cosas, adolecía de uno de los problemas que más preocupaban a los hombres ilustrados del siglo según recuerda el propio Barrios Rozúa, el de la existencia de cementerios sin las adecuadas condiciones de salubridad.

Además los gobernantes de la Ilustración se plantearon en general resolver el problema que suponía el carácter cerrado que a la ciudad proporcionaban sus murallas y, sin atreverse, en ningún caso, a tirarlas, dado que aún estaba prohibido y se consideraban como elementos defensivos, sí intentaron racionalizar los trazados de la ciudad extramuros y le dedicaron especial atención a sus puertas y a los espacios que en ella se abrían.

Hay que entender que “Los ayuntamientos del Antiguo Régimen eran instituciones de un profundo conservadurismo. En las ciudades populosas la gran mayoría de los cargos municipales habían sido vendidos por la Monarquía a particulares para recaudar fondos, por lo que estaban en manos de oligarquías muy cerradas que los utilizaban muchas veces para su lucro personal y de las que poca recepción a las ideas innovadoras podía esperarse” (2) y la Ilustración debió emplearse a fondo en la normativa municipal que se legisló desde el Estado y en las obras que se realizaban también a cargo de fondos no municipales. Así se embovedó parte del río Darro que permitió organizar lo que hoy conocemos como Puerta Real, se reordenó de igual manera el cauce del Genil, la carrera de las Angustias y la explanada del Campillo, construyéndose el castillo de Bibataubín en la puerta del mismo nombre de la cerca medieval y se diseña además la construcción de un nuevo teatro que se inicia en 1802.

“Mencionaremos además en el terreno de las transformaciones urbanas la construcción de la Real Maestranza (1768) en las proximidades del Triunfo, edificio con el que queda definitivamente cerrada esa gran explanada…La elegante plaza de toros y el cuartel de Bibataubín son las mejores muestras de la creciente importancia que va adquiriendo la arquitectura civil en detrimento de la religiosa.” (3)

Se constituye además en un espacio que genera un doble objetivo urbanístico, por un lado el ya mencionado de abrir y racionalizar la trama, por otro proporcionar salubridad a un agregado urbano que en la época adolecía de forma clara de esa insalubridad. “Arquitectos y médicos recomendarán que se abran plazas y tracen calles rectilíneas y espaciosas para la circulación del aire (la inmovilidad descompone) aconsejarán que se rodeen las ciudades de paseos arbolados…” (4)

En cuanto al dibujo, la planimetría histórica desde Dalmau en adelante, nos da información de un proyecto racionalista que dibuja un tridente que cierra en la Puerta de Elvira y que desde allí, se desplaza en tres ejes para buscar tres hitos monumentales; la propia plaza de toros, el Hospital Real y el convento de los Capuchinos. El grabado de Guesdon y muchos otros dan fe igualmente, de la elegante alameda que delimitaba el conjunto en su parte sur, hacia las huertas de San Jerónimo y Fuente Nueva.

El desacertado proyecto posterior del Triunfo, creando esa especie de altar de cruz de mayo que cierra la perspectiva del magnífico Hospital, acabaría por desordenar el inicial proyecto racionalista.

EL PROCESO POLÍTICO

Todo este debate se mantuvo siempre vivo en torno a la plaza, pero si el debate urbanístico era interesante, el político lo era aún más y en él ha incidido el libro de Inmaculada Arias situándonos en un período de la historia de Granada en el que, como siempre, un sector de Granada se enfrentaba a otro sector y aunque pueda sonar extraño ese enfrentamiento se trasladó a la construcción de la plaza de Toros en las afueras de la ciudad.

Lo primero que habría que plantear es que en Granada ya existía una plaza de toros anterior. De hecho, para la redacción de este informe se solicitó una copia de un plano de la plaza de toros al Archivo General de Simancas del año 1761 y la sorpresa fue que la plaza de toros que allí aparecía era rectangular.

La explicación era, lógicamente que se trataba de la anterior plaza que además era municipal y desmontable y se ubicaba en la zona lateral de la Basílica de la Virgen de las Angustias, donde aparece perfectamente localizada en un grabado del río Genil de 1751 dibujado por Thomas Ferrer y reeditado por el Excmo. Ayuntamiento de Granada en el año 2000 en el V Centenario de la Constitución del Ayuntamiento.

También se celebraron corridas en la plaza de Bibrrambla y parece que la tradición procedía desde períodos nazaríes y la costumbre de celebrar juegos de cañas que se realizaban en el Campo del Príncipe.

Lo cierto es que cuando se concede a la Real Maestranza el privilegio de los toros, “La celebración de corridas pronto se convirtió en un foco de tensiones con el Ayuntamiento” (5).

La clave del enfrentamiento era simple, el alcalde de la época había cerrado un acuerdo con el arzobispo para repartirse el beneficio de cuatro “regocijos” de toros anuales y entendían la plaza de la Maestranza como una clara competencia.

Los enfrentamientos se sucedieron adornados incluso con ese típico aire castizo granadino, que dio lugar a situaciones como cuando una Real Orden estableció en 1745 que los festejos debían ser presididos por el alcalde (en aquel momento corregidor) y la Maestranza redujo entonces el espacio del balcón de autoridades para que no pudiese éste invitar a nadie más. (6)

Lo cierto es que si las corridas creaban problemas, la construcción de una plaza permanente desató una encendida polémica en la que participó toda la ciudad, señalándose en esta batalla, el Cabildo, la Chancillería y la propia Maestranza.

Más o menos cerrado el debate y la polémica con sentencia incluida del Consejo de Castilla, los problemas se trasladaron a la contrata de la obra en construcción.

El contratista que había recibido el dinero para pagar a los proveedores, no lo había hecho y así comenzó una nueva batalla entre el contratista, la Maestranza, la Chancillería, los proveedores y los jornaleros que tampoco recibían su salario.

Así el contratista afirmaba que no pagaba las deudas porque los materiales que se le habían servido eran de mala calidad.

En el fondo, lo que había detrás de todo esto y, como muy bien ha apuntado Inmaculada Arias, lo que se planteaba era un conflicto de competencias en un período de la historia de España de especial significación en el intento de modernización del Reino.

“Todos los acontecimientos ocurridos en los primeros meses de existencia de la plaza ponen de manifiesto la oposición de la Chancillería a la Maestranza. Este tribunal, representante de los sectores más dinámicos de la sociedad setecentista española, se enfrentó sin paliativos a este cuerpo de privilegiados y muy a su pesar, aceptó el dictamen del Consejo de Guerra sobre la Construcción de la Plaza.” (7)

El triste final de la historia se conoce sobradamente gracias, sobre todo, a la fortuita aparición de los restos en las excavaciones causadas por la construcción del aparcamiento en esta zona tan importante de la ciudad, pero lo que es clara es la importancia histórica de esta plaza y un deber inexcusable conservar sus restos, entre otras cosas porque “El patrimonio arqueológico constituye el testimonio esencial de las actividades humanas del pasado. Su protección y adecuada gestión son imprescindibles para permitir a los arqueólogos y a otros científicos estudiarlo e interpretarlo en nombre de generaciones presentes y futuras, y para beneficio de las mismas.” (8)

La recomendación que se debe hacer, desde el rigor histórico y desde la normativa legal, es que los restos permanezcan in situ, en el espacio donde fueron encontrados. Si existe la posibilidad de su musealización in situ, se debe acometer, generando en su entorno espacios y discursos museográficos que permitan trasladar a la ciudadanía de forma clara y pedagógica el proceso histórico que encierran dichos restos que forman parte de su patrimonio. En caso de que no existiesen recursos para su musealización in situ, los restos deben respetarse y taparse con medidas protectoras necesarias para evitar su degradación en el futuro.

La recomendación que se hace igualmente, desde la ciudadanía, es la de compartir la alegría de vivir en una ciudad donde existe patrimonio histórico y restos arqueológicos que hablan de nuestro pasado. Un pasado que no es propiedad de nadie, ni de las Instituciones municipales, ni de la Administración Autonómica, ni siquiera de los ciudadanos de hoy, sino sólo y exclusivamente, del futuro.

Nuestra única obligación es que llegue a él sin ser dañado.

Juan Cañavate Toribio.
Doctor en Historia Medieval. Licenciado en Historia del Arte. Arqueólogo de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Miembro del Grupo de Investigación de la Universidad de Granada. “Toponimia, Historia y Arqueología del reino de Granada.


NOTAS

(1) La selección de las cartas que aparecen reseñadas en este documento ha sido realizada por D. Emilio Escoriza, Conservador del Patrimonio de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.

(2) Barrios Rozúa, Juan Manuel. Reforma urbana y destrucción del patrimonio histórico de Granada. Granada. 1998. Página 57

(3) Barrios Rozúa, Juan Manuel. Reforma urbana y destrucción del patrimonio histórico de Granada. Granada. 1998. Página 61.

(4) Barrios Rozúa, Juan M. Libro citado, página 56

(5) Arias de Saavedra, Inmaculada. La Real Maestranza de Caballería de Granada en el siglo XVIII,. Uni. de Granada y Diputación Provincial de Granada. Granada. 1988. Página 96.

(6) Arias de Saavedra, Inmaculada. Op. Cit. Página 98.

(7) Arias de Saavedra, Inmaculada. Op. Cit. Página 109

(8) Carta Internacional para la gestión del patrimonio arqueológico adoptada por ICOMOS en 1990. preámbulo

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Comentarios

1 Y usted, señor Cañavate, cómo ha obtenido los datos referentes a las personas encargadas en la excavación del Triunfo? Son datos alos cuales podemos tener acceso el resto de mortales o los ha obtenido aprovechando el cargo que ostenta en la administración? Eso se puede hacer?
Comentario realizado por Genaro. 8/10/05 13:47h
2
Hace algunos años, se planteó un asunto que tiene que ver con la pregunta que usted me hace.
Un arqueólogo de los que han trabajado en la excavación del aparcamiento y que habitualmente trabaja en la ciudad con seriedad contrastada, publicó un libro en el que manejó una gran cantidad de informes de otras excavaciones que él personalmente no había realizado. Para hacerlo pidió permiso en la delegación de Cultura.
Este asunto se analizó a la luz de la ley de procedimientos administrativos y se entendió que, siempre que se respetasen los derechos de propiedad intelectual y los derechos de los interesados, podría permitirse la consulta de estos informes. El resultado de aquellas consultas fue interesante y el libro editado también.
Más adelante en unas jornadas de arqueología se volvió a plantear el tema y yo defendí aquel libro y aquel procedimiento, siempre que lógicamente no fuera un privilegio de algunos sino un derecho de todos. (esas jornadas están publicadas por cierto)
Creo, (es posible que me equivoque) que no es que se pueda, sino que se debe consultar las intervenciones y no conozco caso de que algún profesional haya pedido consultar algo y se le haya negado.
Es posible que usted no sea arqueólogo y no sepa que es fundamental conocer los espacios del entorno en el que se trabaja y los trabajos anteriores que se hayan hecho.
Verá aquí de lo que se trata es intentar ser rigurosos con el patrimonio arqueológico y respetuoso con el trabajo de los investigadores, no entrar en batallas que sólo benefician a aquellos que tienen otros intereses.
Espero haberle respondido. Si no fuese así, estoy a su disposición para atenderle en cualquier momento.
Comentario realizado por juan cañavate. 26/11/05 10:51h
3 Creo que todos los datos deben de ser públicos y que no hay que tener miedo a la polémica. Bienvenida sea, siempre que haya un respeto. Creo que lo ha habido en el artículo de Juan Cañavate.
Comentario realizado por Sawwar. 29/11/05 13:49h

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