La cerámica nazarí. Estado de la cuestión (*).

Alberto GARCÍA PORRAS. Profesor -Investigador Departamento Historia Medieval y CC. y TT.HH de la Universidad de Granada.
19/5/05

Introducción

La alfarería es una de las actividades surgida de la denominada "revolución neolítica". La creación de ollas y vasijas de barro, “modelar una pieza de arcilla en cualquier forma deseada y que esta forma adquiera permanencia "cociéndola" (1), significó un avance para estas comunidades: solucionó abundantes problemas de almacenamiento y transformación de alimentos, activó el pensamiento humano que debía controlar el complicado proceso químico que supone realizar una vasija y motivó el espíritu creativo (2). Desde este momento, la cerámica ha acompañado al hombre en su devenir. Los cambios históricos y sociales que han tenido lugar desde entonces se han visto necesariamente plasmados en producciones artesanales como la cerámica.

En cualquier caso, se ha de tener siempre presente que la elaboración de vasijas cerámicas, con distintos fines y aplicando diferentes técnicas, no representa más que un espacio moderado dentro del amplio conjunto productivo de cualquiera de las sociedades del pasado. Por lo tanto, a pesar de desempeñar funciones fundamentales en determinados ámbitos, especialmente el doméstico, sólo supone parte de su realidad material.

La importancia de su estudio radica en que nos aportan informaciones, de gran valor sin duda, sobre las sociedades donde fueron elaboradas y consumidas. Informaciones valiosas que otro tipo de documentación, en muchas ocasiones, silencian o sencillamente no reflejan, por considerarlas de escaso relieve. Sin embargo, su conocimiento es de gran trascendencia para conocer las estructuras económicas pasadas.

Durante mucho tiempo se le otorgó a la cerámica un papel meramente documental (3). Desde una perspectiva propia del anticuariado, muy vinculada con las disciplinas próximas a la Historia del Arte. La cerámica era considerada objeto de estudio siempre que mostrara técnicas y motivos ornamentales destacados. El interés se centraba, por tanto, casi de manera exclusiva, en la cerámica denominada “fina” o de “lujo”, despreciando el resto de los materiales donde cabría incluir piezas de función esencialmente doméstico, o con otros destinos, tales como comerciales, industriales, etc. Fueron, además, cerámicas clásicas, griegas y romanas, las que centraron la atención de los estudiosos, aunque no tardaron mucho algunas producciones medievales europeas y orientales en incluirse dentro de estos grupos, fue el caso de las piezas bajomedievales y renacentistas italianas, las conocidas como mayólicas, o las doradas egipcias y orientales. Las piezas estudiadas procedían generalmente del mercado de antigüedades o bien habían sido extraídas en algunas intervenciones arqueológicas renombradas (Pompeya, Troya, Micenas, etc.).

En un segundo período los estudios cambiaron de dirección. Esta reorientación vino determinada por la ingente cantidad de material acumulado merced a las cada vez más numerosas excavaciones arqueológicas de yacimientos cuyos nombres eran, en muchos casos, completamente desconocidos. Estos materiales demandaban una tarea seria de clasificación y registro, lo que condujo a los que se introdujeron en el análisis de estos yacimientos a iniciar nuevas líneas de investigación que implicaran la agrupación de los materiales en diferentes conjuntos productivos y en distintas tipologías con el fin de definir áreas culturales y secuencias locales. Las cerámicas estudiadas ya no eran exclusivamente las piezas altamente decoradas, sino que comenzaban a incluirse materiales con una función doméstica. El objetivo que se pretendía alcanzar era crear seriaciones cerámicas en las que primara la ordenación de tipo cronológico. Se buscaba trazar secuencias crono-tipológicas de carácter local. Secuencias que presentarán líneas tendenciales o de desarrollo a las que se les otorgaba un significado de carácter cronológico basados en supuestas “mejoras” o “aumentos de la complejidad” tipológica o técnica (4). Se buscaba, para anclar en el tiempo estas secuencias, datar algunos elementos de la misma mediante elementos externos o aplicando metodologías científicas complejas, con las que conseguir secuencias cronológicas de referencia locales que permitieran trazar una crono-tipología lo más aproximada posible a la realidad. A pesar de las dificultades que suponía llevar a la práctica esta formulación teórica (presencia de desigualdades tipológicas regionales, imposibilidad de reconocer el tiempo de uso y reciclaje de los materiales, etc.), esta fase denominada “tipologista” supuso un gran avance en los estudios de la cerámica en general y en concreto en la medieval. El gran peligro que amenazaba y amenaza a estos trabajos es que se convirtieran en una mera labor de carácter taxonómico, cuya única novedad recayera en el reconocimiento de nuevos tipos o variantes morfológicas a las secuencias ya trazadas, sin profundizar demasiado en las razones que podían encontrarse bajo estas modificaciones tipológicas (razones poblacionales, económicas, etc.), y sin aportar nada al discurso histórico-arqueológico (5).

En las últimas décadas, sin embargo, se han intentado abordar por parte de los arqueólogos todos estos problemas, y hemos de reconocer que en muchos casos los resultados han sido positivos. Se trataba de romper la barrera que de manera inevitable quedaba construida alrededor del concepto tipo y del de secuencia. Se consideraba que de los materiales cerámicos podían extraerse datos que les eran inherentes, pero era complicado, y en ocasiones imposible, observarlos a partir de un análisis directo, o bien podían deducirse de informaciones extra-cerámicas, como es el contexto donde han sido hallados. De ahí que esta corriente interpretativa haya sido definida como “contextual”. Por un lado, los arqueólogos buscaban resolver con el estudio de la cerámica problemas que no le concernían de manera exclusiva. Evidentemente buscaban aclarar la secuencia tipológica y la cadencia cronológica de la misma; pero ahora sus intereses se dirigían hacia otros aspectos:

- Aplicando análisis científicos complejos sobre el soporte cerámico, buscaban identificar los lugares donde las piezas habían sido producidas. Una vez localizada la procedencia de estos materiales y su proporción en un determinado yacimiento, intentaban aclarar las vías comerciales, o de intercambio, a través de las cuales los materiales habían alcanzado ese lugar, así como la densidad del flujo comercial que los había hecho llegar hasta el yacimiento.

- Analizando la pasta de la cerámica, sus componentes, e incluso, observando directamente o con microscopio las trazas y huellas dejadas en la superficie de la pieza, se intentaban reconstruir las técnicas que el alfarero aplicó para la elaboración de la vasija. Con ello se aspiraba a reconocer el nivel de conocimiento técnico del mismo y el contexto productivo de una determinada sociedad, lo que puesto en comparación con otros ámbitos productivos, próximos o lejanos, podía describir los caminos que habían recorrido estos conocimientos tecnológicos y las razones que podían haber motivado su tránsito de un área a otra.

A estas nuevas interpretaciones, han de sumarse las que se refieren a la corriente más puramente contextual; la que extrae datos del contexto de donde procede el hallazgo. En efecto, en estos nuevos trabajos se tenía muy presente el lugar preciso donde fue encontrado, en especial su posición topográfica y estratigráfica en el interior de un yacimiento. De ahí que, a diferencia de otras fases interpretativas, uno de los factores que más influían en el arqueólogo en el momento de desechar conjuntos de estudios, fuese su procedencia de un yacimiento estratigráfico, o si no había sido excavado bajo las premisas de la arqueología estratigráfica. El contexto en el que aparece la cerámica nos ofrece informaciones, en el sentido de que puede indicarnos cierta intencionalidad: el objeto en cuestión fue dejado allí por unas razones determinadas o porque desempeñaba una función precisa en ese ámbito. En el primer caso, si la vasija era abandonada porque había acabado su período de uso, nos puede documentar los lugares periféricos del yacimiento que fueron utilizados de escombrera. En el segundo caso, si el espacio donde ha sido hallado conserva algún elemento que nos aporte información acerca de su función (hogar, construcciones de almacenaje, etc.), podemos trasladar ésta a las vasijas allí encontradas (las formas halladas en este lugar debían cumplir funciones similares o complementarias a la función general del ámbito), o en el razonamiento inverso, la presencia de un grupo elevado de piezas de función reconocida nos puede indicar a qué estaba destinado el espacio donde fueron encontradas.

De este modo, un análisis completo y exhaustivo de este tipo en un yacimiento nos puede aportar una especie de “foto fija” del mismo, puede observarse cómo transcurría la vida en el mismo y en cierto modo apuntar ciertas hipótesis acerca de cómo era el perfil general de los habitantes del yacimiento y los lazos que los unían.

Con esta última fase interpretativa ha sido posible integrar el estudio de objetos del pasado, como la cerámica, en el análisis histórico general. Se ha conseguido convertir un resto material en un documento que precisa estudio, al que es necesario formularle preguntas y que está en condiciones de aportarnos informaciones precisas de carácter histórico.


La evolución de los estudios sobre cerámica andalusí

La cerámica medieval islámica no fue una excepción respecto a las corrientes interpretativas anteriormente expuestas.

Los estudios iniciales sobre las cerámicas islámicas tomaban como base de su trabajo los objetos custodiados en los diferentes museos de arte islámico procedentes de excavaciones antiguas, colecciones particulares o hallazgos casuales. Estos estudios en ocasiones significaban un laborioso trabajo de búsqueda, identificación y descripción de los materiales. Las características y calidades propias del registro con el que se trabajaba, generalmente conjuntos fuera de una estratigrafía arqueológica, de procedencia en ocasiones obscura, y la formación e intereses de los investigadores, muchos de ellos coleccionistas y eruditos, dieron como resultado una serie de estudios que, aunque de gran importancia para la investigación futura por su carácter de pioneros, tenían grandes limitaciones. Desechaban, como ya hemos señalado, las cerámicas "comunes” (6) en favor de las de "lujo" que presentaban grandes superficies decoradas. De la decoración, que desempeñaba entonces un papel central en sus trabajos, les importaba esencialmente llegar a fijar su cronología tanto relativa, en referencia a otros conjuntos decorativos, como absoluta, si esto era posible. Para ello, en ocasiones recurrían a informaciones externas a la cerámica y de las que estos investigadores eran grandes conocedores, como acontecimientos político-aristocráticos (7), documentación escrita custodiada en archivos (8), etc.

En otras ocasiones se veían interesados en el origen de estos sistemas ornamentales. En el caso concreto de la cerámica valenciana el discurso se centró en saber de donde procedían las piezas decoradas en verde y morado, si del área turolense o de la cerámica bajomedieval decorada del mismo modo, ya que por lo que se refiere a las piezas en azul y dorado sí existía cierto acuerdo en considerar que procedían del S. de Murcia o Granada (9). Por lo que se refiere a la cerámica andalusí, los investigadores intentaban precisar si era posible hablar de la originalidad española de estas decoraciones (el denominado "naturalismo occidentalista" propio de las cerámicas verde-manganeso o la posibilidad de que la loza dorada pueda considerarse de origen español)(10). En este enfoque, más propio de la Historia del Arte que de la Arqueología, primaban los análisis de los grandes ciclos decorativos andalusíes, como las cerámicas "verde y manganeso" de Madinat al-Zahra’, de Madinat Ilbira, la loza dorada o los grandes vasos o jarrones de la Alhambra decorados con azul y reflejos metálicos, es decir, la denominada cerámica de "Málaga” (11), de la que nos ocuparemos más adelante.

Este panorama cambió de forma radical a finales de la década de los 70. Algunos estudios iban a modificar de forma irreversible las investigaciones sobre cerámica medieval. La causa de este cambio posiblemente deba buscarse en la naturaleza de las producciones cerámicas estudiadas. Los materiales procedían de excavaciones arqueológicas, pertenecientes, por lo tanto, a un contexto estratigráfico que les proporcionaba multitud de datos, tanto cronológicos como funcionales. Comenzó a surgir, además, el interés por parte de los investigadores no sólo por los grandes ciclos decorativos, sino también por la cerámica "común". En 1978 aparece publicado el libro de G. Rosselló Bordoy Ensayo de sistematización de la cerámica árabe de Mallorca (12). El estudio es resultado de una investigación dilatada que el propio autor venía adelantando (13). En este trabajo, imprescindible para todo aquel que desee introducirse en la investigación de la cerámica andalusí, se aborda de forma sistemática y global la cuestión de las cerámicas medievales islámicas desde una triple perspectiva: se propone una terminología de las piezas cerámicas acorde con el contexto social y cultural árabe en el que fueron producidas (por lo tanto, rechaza una terminología alfanumérica, en especial cuando la lengua castellana y catalana, ámbito geográfico del que surge el estudio, son particularmente ricas en términos cerámicos procedentes del árabe). Desarrolla una tipología de la cerámica medieval islámica, abordada desde una perspectiva morfológica aunque también introduce interesantísimos matices funcionales, y finalmente realiza un encuadre cronológico de este tipo de producciones, desarrollado a lo largo de la dilatada horquilla temporal que le proporciona la cerámica mallorquina dentro del mundo andalusí (desde el califato hasta época almohade, tramo central de la historia de al-Andalus), y que le posibilita establecer fechas ante y post-quem válidas para enfocar correctamente la secuencia cronológica.

A pesar de que continuamente su autor ha considerado la obra limitada tanto cronológica como geográficamente, afirmando que sus conclusiones se restringen al ámbito mallorquín, los diferentes trabajos que desde entonces se han realizado sobre la cerámica andalusí han demostrado que su “sistematización” sigue vigente en diferentes áreas de al-Andalus, aunque, eso sí, con ciertas matizaciones. En cualquier caso, como han confesado diversos investigadores, con anterioridad al libro de G. Rosselló cuando se estudiaban las producciones cerámicas medievales nadie sabía exactamente de qué se estaba hablando (14). Se trata, por tanto, de una obra fundamental en la arqueología de al-Andalus, un libro de obligada consulta, perfectamente asumido por la comunidad científica que ha ido aportando las pertinentes matizaciones, mayoritariamente de carácter local.

El importante esfuerzo realizado por G. Rosselló vino acompañado con la publicación de otros trabajos que tenían también por objeto la cerámica andalusí. Nos referimos en concreto a los realizados por A. Bazzana (15) sobre la cerámica del área valenciana y el más genérico efectuado por J. Zozaya (16). El primero estudia un conjunto cerámico amplio en el que se incluyen cerámicas medievales islámicas y cristianas procedentes tanto de colecciones y fondos de museos, carentes de información estratigráfica, como exhumadas en excavaciones realizadas en la zona levantina. Sus objetivos son bien claros:

“Estas constataciones muestran la necesidad de una clasificación de las cerámicas medievales que pueda, por el juego dialéctico de los datos tipológicos y las informaciones estratigráficas, distribuir las cerámicas en un marco cronológico en principio dividido en extensos períodos, después afinados y precisos” (17).

Para alcanzar este objetivo se propone abordar varios apartados, el primero de ellos establecer “el vocabulario y la gramática de la descripción analítica” (18), uno de los puntos en los que el estudio de A. Bazzana consigue una mayor relevancia. La clasificación a la que se refiere A. Bazzana ha de abordarse desde una triple perspectiva. La observación de los trazos de fabricación, que comprende los distintos pasos para la realización de una vasija cerámica (extracción de materia prima, modelado, torneado, el acabado y la cocción)(19); el examen de las formas y la clasificación tipológica (20). Pretende establecer una tipología, basada en criterios estrictamente morfológicos, pero también funcionales. Por ello, tras una clasificación genérica entre formas cerradas y abiertas, distingue tres categorías en la cerámica medieval: la cerámica doméstica de uso corriente; la cerámica doméstica con valor decorativo y las piezas cerámicas de uso particular. En cada uno de estos grupos incluye distintos tipos en relación a su forma, atribuyéndole a cada uno un término castellano o catalán, o en ocasiones sacado de la denominación que recibe actualmente, tal y como recogen los estudios de etnoarqueología en el norte de África. Finalmente, dedica el último de sus artículos al estudio de las técnicas (incisa, esgrafiado, relieve, vidriado, etc...) y motivos decorativos (figurativos, zoomórficos, geométrico, vegetal y epigráfico) presentes en las cerámicas medievales levantinas para proponer una cronología a estas producciones cerámicas durante el Medievo.

Al marco cronológico se dedica el segundo estudio al que hemos hecho referencia más arriba. J. Zozaya (21) publica en 1978 un trabajo con el que pretende trazar un esquema evolutivo de la cerámica andalusí desde el emirato hasta el período nazarí, incluyendo la producción cristiana de la Baja Edad Media levantina (Valencia, Teruel y Cataluña), y aportando una cronología muy definida. La información con la que trabaja J. Zozaya procede básicamente de los fondos existentes en museos arqueológicos, así como algunas cerámicas publicadas procedentes de excavaciones.

Los tres trabajos que hemos destacado, aunque han sido puestos en ocasiones en tela de juicio (22), supusieron un gran impulso para el desarrollo de las investigaciones sobre cerámica andalusí. La importancia de estos estudios queda probada con la multitud de trabajos que espontáneamente surgieron en diferentes congresos, reuniones y revistas científicas (23). En la mayor parte de los casos se aplicaba el sistema propuesto en estos estudios a diferentes materiales cerámicos procedentes tanto de museos como a las cada vez más frecuentes excavaciones arqueológicas. Además, con estos trabajos se satisfacía la necesidad de solucionar nuevos problemas surgidos de la aplicación de una nueva corriente de investigación arqueológica. El objeto cerámico perdió su importancia como tal para asumir nuevas funciones de carácter interpretativo, esencialmente cronológico. La cerámica se convertiría en “fósil director”, susceptible de aportar informaciones de carácter temporal, ocupando de este modo un papel central dentro de las nuevas intervenciones arqueológicas, ya fueran de carácter territorial más amplio (prospecciones), como en excavaciones. Se trataba, sin duda, de un gran avance. Se buscaba, con la yuxtaposición y adición de estudios de diferentes zonas geográficas y variadas cronologías, establecer un esquema tipo-cronológico que recogiera las variantes locales y regionales de la producción medieval, cada vez más ajustado gracias a la incorporación de nuevos conjuntos procedentes de excavaciones estratigráficas.

A partir de esta nueva corriente se comenzaron a plantear otras cuestiones sobre la funcionalidad de las cerámicas; la posible existencia de localismos ligados con el ámbito cultural en el que fueron producidas; la relación entre diferentes yacimientos (préstamo de la arqueología espacial) y la posibilidad de que formen parte de una misma red de distribución cerámica; o la vinculación de determinadas características formales del lote estudiado a las poblaciones que lo generaron y al tipo de poblamiento que adoptaron. Desde esta perspectiva merecen la pena destacarse los trabajos de A. Bazzana y P. Guichard sobre las producciones emirales en la región valenciana (24); el de M. Retuerce y J. Zozaya para la Marca Media (25); el establecimiento de una seriación funcional en la cerámica andalusí por parte de J. Navarro Palazón al presentar la producción cerámica medieval murciana (26), tema aún no cerrado y de difícil resolución; y el estudio de R. Azuar Ruiz, dentro de un trabajo más amplio dedicado al poblamiento de la zona S de Alicante, donde, partiendo de un exhaustivo estudio tipológico y decorativo, quiere poner en contacto las cerámicas detectadas en Denia con otros yacimientos de la región levantina, y poder así observar las áreas de distribución de los diferentes tipos cerámicos (27).

Sin embargo, este esquema interpretativo pronto mostró sus limitaciones. Cada vez con más frecuencia los estudios cerámicos de un determinado yacimiento se limitaban a presentar estas producciones aplicando el esquema desarrollado por G. Rosselló o A. Bazzana, sin una reflexión previa sobre las cuestiones de carácter histórico que el material podía resolvernos y sin plantear nuevos interrogantes fuera del ámbito estrictamente ceramológico. Las investigaciones así planteadas se reducían a un mero análisis taxonómico de las cerámicas sin proponer nuevas cuestiones (28), lo que ponía en duda la utilidad de este tipo de estudios. Estas dificultades se han puesto de manifiesto en el “parón” que han registrado los estudios sobre cerámica andalusí en los últimos años (29). Estos problemas ya se pusieron de manifiesto en algunos estudios donde se proponía que las cerámicas medievalesdebían substraerse del ámbito puramente taxonómico para pasar a otro más histórico, donde se observaran con mayor claridad “la organización y formas de producción; las formas de distribución y las formas de difusión de técnicas y las formas de consumo” (30), intentando aclarar la existencia de áreas de producción, como se ha iniciado en la zona Levantina (31).


La cerámica nazarí

Si dirigimos nuestra mirada hacia los estudios que hacen referencia a la producción cerámica nazarí, la situación nos parece incluso más sangrante. No hace mucho tiempo, el propio G. Rosselló, al realizar un recorrido por la producción cerámica andalusí, afirmaba que “los dos siglos y medio de actividad cerámica en el reino granadino carecen de una investigación sistemática”. Y no le faltaba razón (32). Los estudios que se han dedicado a esta cerámica han sido pocos en número y han dejado muchos aspectos de esta producción sin tratar.

Sin entrar en el debate terminológico sobre qué consideramos cerámica nazarí o, mejor dicho, qué incluimos bajo el concepto de “cerámica nazarí”, que queda fuera del objeto del presente trabajo, aunque no es desde luego baladí, lo que sí puede afirmarse es que la producción cerámica andalusí de los siglos XIII al XV no ha sido tratada con la suficiente profundidad.

Los primeros estudios que se ocuparon de estas cerámicas lo hicieron también para este caso desde una perspectiva esencialmente artística. No en vano los primeros materiales de esta época que fueron estudiados correspondían a tipos decorados con azul y dorado. La técnica del dorado llamó la atención a los estudiosos del arte desde antiguo. Se trataba de una técnica compleja y los resultados eran muy llamativos. La cerámica nazarí que usaba el dorado junto a la utilización del azul llamó la atención de artistas y estudiosos. De hecho, uno de los primeros que se vio atraído por la cerámica nazarí fue el propio Mariano Fortuny, en el siglo pasado. Imbuido por la corriente orientalista, consiguió atesorar una considerable colección de objetos granadinos del pasado nazarí, entre los que han destacado los elaborados en cerámica. Algunas de las piezas más famosas del arte cerámico nazarí han llevado su nombre. Uno de ellos es el denominado azulejo Fortuny, actualmente en el Instituto Valencia de Don Juan, en dorado, y otro es un jarrón de considerables proporciones. Algunas piezas de la colección las rescató M. Fortuny del abandono y probablemente gracias a él podamos contemplarlas (33). Y es que fueron estos amantes del arte los primeros que llamaron la atención acerca de estas piezas cerámicas. Las palabras del viajero Teófilo Gautier, transmitidas por Davillier, en el que denuncia el estado de abandono de estas piezas, lo ponen claramente de manifiesto:

“el lugar donde está abandonado en medio de restos de toda clase, es preciso decirlo para vergüenza de los granadinos, el magnífico vaso de la Alhambra, de casi cuatro pies de alto, todo cubierto de adornos e inscripciones, que sólo él sería la gloria de un museo, y que la incuria española deja degradarse en un rincón innoble” (34)

Los primeros estudios, a los que hemos hecho referencia sobre la cerámica nazarí surgieron, pues, de esta corriente artística. Los autores estaban interesados esencialmente en determinados productos, como los azulejos (35), o, sobre todo, en esos grandes “vasos de la Alhambra” (36) que llegaron a ser famosos en el extranjero, en Italia (37) o Inglaterra (38) y algunos de ellos reconocidos en excavaciones fuera de España (39).

Junto a éstos primeros trabajos, a principios del siglo XX aparecieron algunos otros que dejaban de ser tan descriptivos, ensalzando las virtudes artísticas nazaríes, para realizar un estudio más completo de las piezas. Podemos destacar algunas líneas dedicadas a piezas y azulejos nazaríes por M. Gómez Moreno en su ciclo de conferencias impartidas en la Universidad de Barcelona y que fueron recogidas bajo el título de “Cerámica Medieval española” (40). Aunque debe mucho a la corriente artística precedente, la maestría de Manuel Gómez Moreno es indudable, subrayando aspectos que hasta el momento habían pasado desapercibidos, como es el caso de la técnica alfarera o señalando las irradiaciones de este material, aportando datos de carácter histórico. Las cerámicas de Granada aparecían ya claramente asociadas a sus contemporáneas valencianas, y de hecho fueron algunos autores radicados en este último territorio los que hicieron referencia a materiales granadinos para poder entender los orígenes de la producción valenciana bajomedieval (41). De esta época caben destacarse algunos artículos que vieron la luz en la revista “Al-Andalus” (42), en donde se aprecia en ocasiones la confusión entre los materiales granadinos y los valencianos.

Los estudios sobre cerámica nazarí recibieron un impulso especial de manos las escasas, pero muy atinadas, líneas de L. Torres Balbás. Aunque el insigne arquitecto nunca se concentró en el estudio de este tipo de materiales, el contacto directo con ellos durante los años dedicados a la conservación del monumento alhambreño le llevó a reflexionar sobre los mismos. Creo que a Torres Balbás le debemos el honor de haber dirigido por primera vez la atención a otros materiales diferentes de los típicamente reconocidos como nazaríes, es decir, a los decorados con azul y dorado (43). En su artículo “Cerámica doméstica de la Alhambra” de 1934, inicia el estudio denunciando el descuido del que viene siendo objeto la producción cerámica nazarí. Señala que “la cerámica doméstica de los nazaríes, a pesar del interés despertado en los últimos años por la musulmana de Oriente y de las numerosas publicaciones consagradas a su estudio, permanece inédita”, para posteriormente pasar revista a los grupos, “aparte la cerámica ordinaria de barro”, que detecta en las excavaciones en la Alhambra, especialmente en el secano, a saber: cuerda seca, esgrafiado, vidriado verde con líneas de manganeso y azul y reflejos dorados.

Tanto el trabajo de M. Gómez Moreno, como el de L. Torres Balbás, se verían completados en sus aportaciones respectivas a la colección Ars Hispaniae, con la que contribuyeron ambos (44).

Esta atención prestada por Torres Balbás a los materiales más comunes, sin embargo, no tuvo la continuidad deseada, aunque los estudios sobre la cerámica nazarí con el transcurso del tiempo van haciéndose más completos. Uno que merece una mención especial es el capítulo que A. W. Frothingham dedicó a los materiales granadinos (45). En estas páginas hacía referencia a varios aspectos hasta el momento no tratados: las referencias documentales sobre cerámica nazarí, las técnicas de elaboración y sus defectos, el posible origen oriental del azul y dorado, los letreros, etc. Se trata por tanto de un trabajo bastante completo y de referencia para introducirse en la producción cerámica nazarí, que por fortuna tuvo su continuidad en tierras españolas en la década siguiente. El trabajo de L. M. Llubiá (46) ha sido destacado por muchos investigadores. Se ocupa de toda la producción cerámica del medievo español, ya sea islámica como cristiana, e incluso es ésta última la que ocupa mayor espacio en la obra, ya que por un lado era el ámbito de estudio propio del autor y, por otra parte, el nivel de los estudios relativos a ésta era claramente más alto que el de aquéllas. Sin embargo, es, quizás, el apartado dedicado a la producción cerámica nazarí el que merrezca ser destacado, precisamente por el desconocimiento que se cernía sobre ella. A pesar de las ambigüedades, que en ocasiones condujeron a confusiones, como la existente entre nazarí y malagueño, o las atribuciones poco claras, en especial al grupo de materiales hallados en Cerdeña, denominado tipo Pula, sus páginas fueron esenciales y permitieron y favorecieron el avance en el estudio de los materiales nazaríes. Como señalan justamente algunos autores, “el trabajo de Llubiá es el primero que nos da a conocer la existencia de una producción cerámica propia de los nasrí” (47).

A principio de los años setenta tuvieron lugar una serie de iniciativas de estudio que incluían cerámicas nazaríes y que auguraban un panorama esperanzador para los estudios ceramológicos del período. Éstas partieron curiosamente de investigadores extranjeros. Una de ellas es el trabajo de D. Duda sobre los materiales de la Alcazaba almeriense (48). Evidentemente no se trata de un estudio monográfico sobre cerámicas nazaríes; pero éstas ocupan un lugar importante y fueron estudiadas de manera sistemática sin descuidar los materiales “comunes”. En este trabajo se le presta atención a las formas que presentan las piezas (49), aportando un primer esquema cronológico que hasta el momento, aunque debe profundizarse en él y en algunos aspectos podría discutirse, puede considerarse en gran medida válido. Dividió la producción cerámica nazarí en tres grandes bloques: desde inicios a mediados del s. XIV; segunda mitad del siglo y primera mitad del siglo XV y segunda mitad del siglo XV.

Dentro de este movimiento debemos incluir los estudios de H. Blake sobre el material de procedencia ibérica hallado en Italia, en especial en el área septentrional de la Península (50), siguiendo, en gran medida, las indicaciones de J. Hurst sobre los mismos materiales hallados en las Islas Británicas (51). Al trabajo de H. Blake convendría añadir las líneas dedicadas a estos productos por T. Mannoni referidos a la misma área de estudio (52). Estos tres trabajos presentan unos rasgos comunes: la sistematización de los datos y la conjunción de las aproximaciones tipológica y decorativa, lo que les permitió aportar savia nueva a los estudios sobre los materiales nazaríes.

Estos recursos aportados por los estudios de estos investigadores extranjeros no se vieron, por desgracia, continuados en España. En efecto, la segunda mitad de la década de los setenta, en la que tuvo lugar la transformación de los estudios ceramológicos referidos a los materiales andalusíes, no tuvo su paralelo en los estudios sobre cerámica nazarí. Sería conveniente estudiar con detenimiento las causas que motivaron el retraimiento de los estudios sobre cerámica nazarí en relación a los andalusíes precedentes. Lo cierto es que una vez que quedo frenado el impulso de los estudiosos procedentes de la Historia del Arte, para dar el relevo a otros originarios de otras disciplinas, como por ejemplo la Prehistoria, en los estudios andalusíes, fue la etapa nazarí, al menos en lo que a cerámica se refiere, la que se vio más mermada. Sólo caben destacar algunas, honrosas sin duda, excepciones. A una de ellas ya hemos hecho referencia. Se trata de la aportación de J. Zozaya al Congreso sobre la cerámica Medieval del Mediterráneo Occidental celebrado en Valbonne. Ya señalaba el autor las dificultades que entrañaba emprender un análisis de estos materiales, por ser la bibliografía al respecto “insuffisante et incomplète” (53). En cualquier caso se trata de un estudio de conjunto, recogiendo algunos datos publicados con anterioridad. Al éste podemos añadir la aportación, desde una perspectiva, y probablemente con unos objetivos diferentes, de M. Acién (54). El resultado de este trabajo, sin embargo, resulta útil para encuadrar cronológicamente parte de la producción nazarí.

Algunos de los mayores impulsos en estos momentos procedieron de otros ámbitos geográficos. En el mismo congreso de Valbonne, y relativo a un contexto cultural “hermano” al nazarí, se realizarían aportaciones que vendrían a enriquecer sobremanera el panorama sobre nuestra cerámica. Se trata de los análisis de las piezas halladas en Belyunech y Qsar-el Seguir, en el norte de África (55). No son materiales nazaríes, en rigor, sino mariníes, pero las similitudes tecnológicas, tipológicas y decorativas, aunque existen ciertas salvedades que convendría subrayar, permitieron ampliar el horizonte de los estudios sobre cerámica nazarí realizados hasta el momento; pero por desgracia tampoco se vieron continuados (56).

A pesar de todo, los estudios sobre materiales decorados continuaron por estas fechas dando resultados de gran riqueza, sin duda. Entre ellos hemos de destacar los trabajos de B. Martínez Caviró. Esta investigadora centro sus trabajos en un argumento concreto: la loza dorada, y no exclusivamente ibérica, sirviéndole como pretexto la excelente colección del Instituto Valencia de Don Juan (57). Las líneas del estudio de B. Martínez sobre la cerámica nazarí prestaban una gran atención a los distintos motivos decorativos desplegados por el arte nazarí, aportando un primer esquema cronológico de los mismos, basándose en los materiales conocidos procedentes de colecciones y museos, nacionales y extranjeros. Para ello fijó su atención no sólo en piezas de vajilla sino también en alicatados y azulejos (58). Por otro lado, al tratarse de un análisis general de la “loza dorada”, le permitió enmarcar la producción nazarí dentro de ésta y otras complejas técnicas que desde el siglo IX hasta finales de la Edad Media se venían desarrollando en los países islámicos, y posteriormente en los cristianos peninsulares. En este sentido el estudio de B. Martínez era deudor de sus precedentes. Los trabajos de esta investigadora se han visto, por fortuna, desarrollados y ampliados con el transcurso del tiempo. En efecto, desde entonces, han sido varios los trabajos de esta autora, bien dirigidos exclusivamente a materiales nazaríes, profundizando en algunos aspectos concretos de los mismos: los orígenes de la técnica, su relación con lo gótico (59), la “obra de maliqa”, las irradiaciones de la loza malagueña (60), etc, o bien como parte de estudio más amplios (61). La obra de B. Martínez, es continuadora de la línea de investigación centrada en la ornamentación de la piezas cerámicas, llevando este tipo de análisis a un alto grado de desarrollo. Quedan, sin embargo, fuera de su interés las formas y tipos que presentaban estas piezas.

Paralelamente al desarrollo de esta línea de investigación, fue iniciada a mediados de los años ochenta otra interesada por materiales de origen semejante: cerámicas procedentes de Museos, en concreto piezas atesoradas en el antiguo Museo Nacional de Arte Hispanomusulmán de la Alhambra (62). Por fortuna, estos trabajos pronto se extendieron más allá del museo alhambreño, alcanzando otras áreas del antiguo reino nazarí, en particular en dirección a oriente, hacia la provincia de Almería, implicando para ello a un número mayor de investigadores (63), algunos de los cuales se habían visto vinculados de manera más directa a intervenciones arqueológicas, por lo que habían tenido un contacto más directo con los materiales de uso cotidiano (64). La conjunción de ambos grupos, generalmente encabezados por I. Flores, una de las iniciadoras de esta línea de investigación ceramológica, han aportado estudios en los últimos años de gran valía (65). Hemos de añadir a estos estudios algunos realizados sobre materiales procedentes del área malagueña, en concreto procedentes de su Alcazaba (66).

A diferencia de otros estudios, en estos se le otorga una gran importancia a las formas cerámicas, incluso se consigue realizar una seriación tipológica bastante completa de la cerámica estudiada; pero siempre le queda al lector la duda de si los materiales expuestos en estos trabajos fueron los que realmente se producían y circulaban cotidianamente por el territorio del reino nazarí, o por el contrario eran los habituales en contextos privilegiados como los estudiados. De hecho, las disimilitudes entre los materiales procedentes de estas colecciones museísticas y aquellos otros, por desgracia muy escasos, procedentes de excavaciones arqueológicas en distintas ciudades del reino, parecen confirman la sensación de que la seriación tipológica que estos trabajos nos presentan, si bien es un gran avance, no representa la totalidad de la realidad material nazarí, al menos en lo que a cerámica se refiere.

Estudios de cerámica nazarí con materiales procedentes de investigaciones arqueológicas son, en efecto, muy escasos. Ya lo denunciaban los autores de una de las pocas monografías dedicadas al asunto: “La producción cerámica nasrí presenta en el momento actual una serie de problemas que afectan a su evolución tipológica y a su desarrollo cronológico. Estos problemas vienen impuestos por las escasas monografías publicadas sobre el tema, a la falta de catálogos razonados de los fondos museológicos y en especial al limitado número de excavaciones sistemáticas dedicadas a estudiar este período” (67). Esfuerzos en este sentido han existido, cómo no. De hecho, uno de los autores de este trabajo inició algunos años más tarde un estudio sobre estos materiales y su función, deteniéndose en los hallados en el poblado fortificado de “El Castillejo” (68). En el mismo sentido hemos de incluir algunos estudios sobre yacimientos granadinos (69). Pero, por desgracia, la gran extensión excavada a partir de que se desarrolló la Arqueología de Urgencia en áreas urbanas, no ha venido acompañada con un caudal razonablemente compensado de estudios sobre materiales nazaríes. Estos aparecen, cuando hay más suerte, en publicaciones muy dispersas como apoyo gráfico de lo excavado, sin un estudio completo y exhaustivo de los materiales aparecidos en los diferentes niveles excavados (70).

Desde este punto de vista, una de las obras que últimamente ofrecen una imagen más exacta de la cerámica nazarí son las actas del Congreso “Cerámica Nazarí y Mariní”, celebrado en Ceuta en 1999, en donde se incluyen publicaciones de diversas áreas del reino nazarí, Granada, Almería, Málaga, y del meriní, Algeciras y Ceuta, y desde distintas perspectivas, ya sean meramente tipológicas como tecnológicas. Los materiales, por otro lado, proceden en su mayor parte de excavaciones arqueológicas (71).


Consideraciones finales

Con el presente trabajo hemos pretendido describir el panorama general en el que se encuentra la cerámica nazarí actualmente, intentando rastrear las causas que la han hecho alcanzar la situación presente al analizar el tratamiento que ha recibido a lo largo del tiempo. No hemos querido para ello desalojar a esta cerámica concreta de la evolución general que experimenta esta producción artesanal. Desde este punto de vista hemos considerado adecuado realizar un análisis que desde el ámbito general alcanzara el particular: la cerámica nazarí. Tal y como han puesto de manifiesto otros autores, los estudios sobre cerámica han atravesado, de manera muy esquemática, tres fases: la artística, tipologista y contextual (72). Estas fases se constatan igualmente en los estudios que se han ocupado de las cerámicas elaboradas en al-Andalus, aunque quizá cabría señalarse en relación a éstos el retraso en su desarrollo frente al nivel alcanzado por este tipo de estudios en otros ámbitos europeos y norteamericanos. Los análisis tipológicos se iniciaron con posterioridad a aquéllos e incluso el nivel alcanzado por la “arqueología contextual” en otras zonas no puede compararse con el que presenta la arqueología en nuestro país.

La situación de los estudios sobre cerámica nazarí es todavía más dramática. Los trabajos han prestado mayor atención a las producciones altamente decoradas, halladas en contextos áulicos y atesoradas en museos y colecciones. Éstos han alcanzado sin duda un alto nivel, y han despertado un interés incuestionable; pero muestran la producción cerámica nazarí de modo parcial. Tan sólo algunos trabajos, iniciados en la década de los años 80, han comenzado a interesarse por las formas que presentaban esta cerámicas ricamente decoradas, aunque seguían siendo objeto de estudio sólo los materiales procedentes de colecciones museísticas. El análisis tipológico aplicado a la cerámica nazarí aún puede considerarse incompleto y desde luego faltan los estudios que tengan en cuentan el contexto del que han sido extraídos los materiales. Las cuestiones sin resolver que plantea esta producción cerámica son muchas. Debería explicarse la disimilitud existente entre los ajuares hallados en contextos áulicos y los encontrados en el resto del territorio nazarí. Sería necesario conocer el origen de las innovaciones introducidas durante esta época, ya sea desde el punto de vista decorativo como tipológico, así como rastrear las causas que motivaron su introducción. Convendría localizar los centros productivos en el territorio nazarí y como los mecanismos de distribución dentro y fuera del mismo. Éstas pueden ser algunas de las muchas cuestiones que necesitan aclararse acerca de esta producción. Así pues, son varias las líneas que una vez trazado el tratamiento bibliográfico que ha ido recibiendo convendría desarrollar. Éstas podrían resumirse en que consideramos imprescindible profundizar en el análisis tipológico, con el objetivo de conocer la evolución formal de las piezas nazaríes, sea cual sea su acabado superficial, y como fase previa a un análisis de carácter espacial que contemple el comportamiento de la producción cerámica en todo el territorio del reino nazarí, y en los territorios lejanos donde fue exportada.


NOTAS

(*) Estudio realizado en el marco del Proyecto de Investigación I+D del MEC titulado "La ciudad y su territorio en época nazarí" (BHA2003-00743)
(1) V. Gordon Childe: Los orígenes de la civilización. Madrid, 1979, pág. 114.
(2) V. Gordon Childe.: Los orígenes..., págs. 113-118.
(3) Sobre estos problemas puede consultarse el trabajo C. Orton, P. Tyers, A. Vince: La cerámica en Arqueología. Barcelona, 1997, págs. 15-50.
(4) C. Orton, P. Tyers, A. Vince: La cerámica…, pág. 39.
(5) H. Kirchner: “Las técnicas y los conjuntos documentales. I. La cerámica”, en M. Barceló et alii: Arqueología medieval en las afuera del “Medievalismo”. Barcelona, 1988, págs. 88- 133.
(6) Salvo la honrosa excepción de L. Torres Balbás: "Cerámica doméstica de la Alhambra", Al–Andalus, II (1934), págs. 387–388.
(7) Puede traerse a colación algunos trabajos de G. de Osma y A. Van de Put para la cerámica valenciana. Podemos destacar entre otros G. de Osma: Apuntes sobre cerámica morisca. Textos y documentos. Los maestros alfareros de Manises, Paterna y Valencia. Contratos y ordenanzas de los siglos XIV, XV y XVI. Madrid, 1923 y A. Van de Put: Hispano-moresque ware of the XV century. Londres, 1904.
(8) El caso más destacado es el de G. de Osma: Apuntes sobre cerámica morisca…
(9)P. López Elum: Los orígenes de la cerámica de Manises y de Paterna (1285-1335). Valencia, 1984, págs. 65-66.
(10) P. M. de Artiñano y Galdacano: Cerámica hispano-morisca. Madrid, 1917.
(11) Entre estos estudios cabe destacarse M. Gómez Moreno: "El arte español hasta los almohades". Ars Hispaniae, vol. III, Madrid, 1951, págs. 310-323; L. Torres Balbás: "Arte almohade, arte nazarí, arte mudéjar". Ars Hispaniae, vol. IV, Madrid, 1949, págs. 62-64 y 210-219.; M. Gonzalez Martí: Cerámica del Levante español. Siglos medievales. Barcelona, 1944; M. Gonzalez Martí: Cerámica española. Madrid, 1933; Ll. M. Llubiá Munné: Cerámica medieval española. Barcelona, 1967 y B. Pavón Maldonado: "Notas sobre cerámica hispanomusulmana", Al–Andalus, XXXII (1969), págs. 415–437.
(12) G. Rosselló Bordoy: Ensayo de sistematización de la cerámica árabe en Mallorca. Palma de Mallorca, 1978.
(13) No podemos olvidar los avances recogidos en varias publicaciones años antes de su Ensayo de sistematización... (G. Rosselló–Bordoy: "La cerámica árabe en Mallorca. Avances sobre su tipología y cronología". Mayurqa, XIV (1975), págs. 214–230 y G. Rosselló–Bordoy: "Problemas cronológicos de la cerámica", Les Cahiers de la Tunisie, XXVI (1978), págs. 155–164).
(14) R. Azuar Ruiz: Denia islámica. Arqueología y poblamiento. Alicante, 1989, pág. 235: “Afrontar un capítulo sobre tipología cerámica andalusí hace apenas sólo diez años era una tarea casi imposible y escasamente permitía desarrollar unas contadas y exiguas páginas..., por suerte, este panorama ha cambiado sustancialmente a raíz de la aparición de la obra de G. Rosselló Bordoy (1978)”. M. Acién Almansa: "Terminología y cerámica andalusí". Anaquel de estudios árabes, V (1994), págs. 105-118, espec. pág. 117: “con anterioridad a la difusión de la tipología de Rosselló de 1978, nadie sabía a ciencia cierta de lo que estaba hablando otro colega en el campo de la cerámica”.
(15) A. Bazzana: "Ceramiques médiévales: les methodes de la descripcion analytique apliquées aux production de l'Espagne orientale". Mélanges de la Casa Velazquez, XV (1979), págs. 135-185 y "Ceramiques médiévales: les methodes de la descripcion analytique apliquées aux production de l'Espagne orientale. II. Les poteries decorees. Chronologie des productions medievales". Mélanges de la Casa Velazquez, XVI (1980), págs. 57-95.
(16) J. Zozaya: "Aperçu géneral sur la céramique espagñole", en La céramique médiévale en Mediterranée Occidentale. París, 1980, págs. 265-296.
(17) A. Bazzana: Ceramiques médiévales..., pág. 143.
(18) A. Bazzana: Ceramiques médiévales..., págs. 163-176.
(19) A. Bazzana: Ceramiques médiévales..., págs. 145-163.
(20) A. Bazzana: Ceramiques médiévales: les methodes de la descripcion analytique apliquées aux production de l'Espagne orientale. II. Les poteries decorees...
(21) J. Zozaya: Aperçu géneral..., págs. 267-296.
(22) Algunos investigadores no han admitido las conclusiones propuestas por G. Rosselló. F. Valdés Fernández, J. Aguadé: "De lo romántico en arqueología". Arcrítica, 2 (1991), págs. 21-22.
(23) Entre ellos debemos destacar las actas de los Congresos de Arqueología Medieval Española así como los Coloquios Internacionales sobre la cerámica medieval en el Mediterráneo Occidental.
(24) A. Bazzana, P. Guichard: "Céramiques communes médiévales de la région valencienne", en La céramique médiévale en Méditerranée Occidental. París, 1980, págs. 321-334.
(25) M. Retuerce, J. Zozaya: "Variantes geográficas de la cerámica omeya andalusí: los temas decorativos", en La ceramica medievale nel Mediterraneo Occidentale. Florencia, 1986, págs. 69-128.
(26) J. Navarro Palazón: La cerámica islámica en Murcia. Murcia, 1986, vol. I (catálogo), págs. XV-XVII.
(27) R. Azuar Ruiz: Denia islámica..., págs. 233-334.
(28) Estas cuestiones fueron ya planteadas oportuna y excelentemente por H. Kirchner: Las técnicas y los conjuntos…, págs. 88-164.
(29) M. Acién: Terminología y cerámica..., págs. 107-118.
(30) H. Kirchner: Las técnicas y los conjuntos..., pág. 101.
(31) R. Azuar, M. Borrego, J. Martí, C. Navarro, J. Pascual, R. Saranova, V. Burguera, J. Gisbert: "Cerámica tardo-andalusí del país Valenciano (primera mitad del siglo XIII)", en Actes du 5ème Colloque sur la cèramique médiévale. Rabat, 1995, págs. 140-161 y R. Azuar: “Alfares y testares de Sharq al-Andalus (siglos XII-XIII). Producción, tipología y distribución”, en J. I. Padilla Lapuente, J. M. Vila Carabasa (eds.): Ceràmica medieval i postmedieval. Circuits productius i seqúències culturals. Barcelona, 1988, págs. 57-71.
(32) G. Rosselló Bordoy: “La cerámica en al-Andalus”, en J. D. Dodds: Al-Andalus. Las artes islamicas en España. Granada, pág. 101.
(33) Barón de Davillier: Atelier de Fortuny. París, 1875 y Barón de Davillier: Fortuny, sa vie, son ouvre, sa correspondance. París, 1875.
(34) M. J-C. Davillier: Histoire des faiances hispano-moresques à reflets metalliques. París, 1861, pág. 18.
(35) R. Amador de los Ríos y Villalta: “Mosaicos, aliceres y azulejos árabes y mudéjares”. Museo español de antigüedades, 1875.
(36) J. de D. Rada y Delgado: “Jarrón árabe que se conserva en la Alhambra de Granada”. Museo Español de Antigüedades, IV (1875), pág. 79 o R. Revilla Vielva: Vaso árabe encontrado en Jerez de la Frontera. Madrid, 1931.
(37) G. Ballardini: “Di un vaso arabo-iberico del tipo dell’Alhambra”. Faenza, XI (1923), págs. 3-8 y G. Ballardini: “Obra de malica e ceramiche de Granada (a propósito dei “vasi dell’Alhambra)” Faenza, X (1922), págs. 57-75
(38) A. Van De Put: “On a missing Alhambra vase and the ornament of the vase series”. Archaeologia, 92 (1947), págs. 43-77.
(39) E. Khunel: “Loza hispanoárabe excavada en Oriente”. Al-Andalus, VII (1942), págs. 253-268.
(40) M. Gómez-Moreno Martínez: Cerámica medieval española. Cursillo de ocho conferencias. Barcelona, 1924.
(41) Entre otros trabajos podemos destacar el de M. González Martí: Cerámica española….
(42)E. Khunel: Loza hispanoárabe…; J. Temboury: “La cerámica vidriada de Málaga después de la Reconquista de la ciudad”. Al-Andalus, IV (1934), págs. 432-433, M. Casamar: “Notas sobre cerámica del ajuar nazarí”. Al-Andalus, XXIV (1959), págs. 189-199. A estos podríamos añadir el trabajo de J. Bermúdez Pareja: “Nuevos ejemplares del ajuar doméstico nazarí”. Miscelánea de estudios árabes y hebraicos, III (1954), págs. 71-77.
(43) L. Torres Balbás: “Cerámica doméstica de la Alhambra”. Al-Andalus, II (1934), págs. 387-388.
(44) M. Gómez Moreno: El Arte español…. L. Torres Balbás: Arte Almohade….Curiosamente, en el volumen de la colección Ars Hispanmiae, escrito por J. Ainaud de Lasarte bajo el título de “Cerámica y vidrio”, a pesar de ser de gran valía sus estudio de otras producciones peninsulares, no presta atención a las cerámicas producidas en el área andalusí, incluidas, claro está, las granadinas. J. Ainaud de Lasarte: “Cerámica y vidrio”. Ars Hispaniae, vol. X, Madrid, 1952.
(45) A. W. Frothingham: Lustreware of Spain. Nueva York, 1951, págs.15-78
(46) L. M. Llubiá: Cerámica medieval…, págs. 82-110.
(47) P. Cressier, Mª M. Riera Frau, G. Rosselló Bordoy,: “La cerámica tardo-almohade y los orígenes de la cerámica nasri”, en A cerâmica medieval no mediterrâneo occidental. Mértola, 1991, págs. 215-246, espec. pág. 215.
(48) D. Duda: Spanische Islamische Keramik aus Almería. Heidelberg, 1970.
(49) Algo que en justicia ya se había iniciado antes, véase los trabajos de M. Casamar (M. Casamar: Notas sobre cerámica…) o J. Bermúdez Pareja (J. Bermúdez Pareja: Nuevos ejemplares del ajuar…).
(50) H. Blake: “La ceramica medievale spagnola e la Liguria”. Atti V Convegno Internazionale della Ceramica. Albisola, 1972, págs. 55-106.
(51) J. G. Hurst: “Spanish Pottery Imported into Medieval Britain”. Medieval Archaeology, 21 (1977), págs. 68-105. Aunque este trabajo vió la luz en 1977, el estudio de estas cerámicas por parte de J. Hurst se inición a principio de los años setenta.
(52) T. Mannoni: “La ceramica medievale a Genova e nella Liguria”. Studi Genuensi, VII (1968/9), espec. págs. 117-121.
(53) J. Zozaya: Aperçu général…, págs. 288-291.
(54) M. Acién Almansa: “Los epígrafes en la cerámica dorada: ensayo de cronología”. Mainake, 1 (1979), págs. 223-234.
(55) Ch. L Redman: “Late medieval ceramics from Qsar es-Seghir”, en La céramique médiévale en Mediterranée Occidentale. París, 1980, págs. 251-263 y M. Grenier de Cardenal: “Recherches sur la céramique médiévale marocaine”, en La céramique médiévale en Mediterranée Occidentale. París, 1980, págs. 227-249.
(56) Las escasas líneas dedicadas a la cerámica nazarí desde una pérspectiva tipológica se debieron, como parece lógico, a G. Rosselló en su trabajo G. Rosselló Bordoy: “El ataifor tipo III y sus problemas cronológicos”. Homenaje al Profesor Martín Almagro Basch, vol. IV, Madrid, 1983, págs. 117-122. Además de algunas referencias a materiales granadinos importados hallados en determinados contextos mallorquines.G. Rosselló Bordoy: “Mallorca: comercio y cerámica a lo largo de los siglos X al XIV”, en Segundo Coloquio Internacional de Cerámica Medieval en el Mediterráneo Occidental. Madrid, 1986, págs. 193-204, espec. pág. 199.
(57) B. Martínez Caviró: La loza dorada. Madrid, 1983.
(58) El tema de los azulejos y alicatados nazaríes, sigue un proceso análogo respecto a la denominada cerámica de vajilla, en la que nos hemos centrado en estas líneas. Un estudio general sobre este tema puede consultarse en J. Zozaya: “Alicatados y azulejos hispano-musulmanes: los orígenes”, en La céramique médiévale en Méditerranée. Actes du VIe Congrès de l’AIECM2. Aix-en-Provence, 1997, págs. 601-613,
(59) B. Martínez Caviró: “El arte nazarí y el problema de la loza dorada”, en J. Bermúdez López (coord): Arte islámico en Granada. Propuesta para un Museo de la Alhambra. Granada, 1995, págs. 145-163.
(60) B. Martínez Caviró: “La cerámica nazarí y su influencia en las cerámicas cristianas”, en AA.VV.: Cerámica granadina. Siglos XVI-XX. Granada, 2001, págs. 15-50
(61) Su obra de referencia sigue siendo B. Martínez Caviró: Cerámica hispanomusulmana. Andalusí y mudéjar. Madrid, 1991. En la que dedica a la cerámica nazarí las páginas que van de la 74 a la 123. Una síntesis puede encontrarse en B. Martínez Caviró: “La cerámica hispanomusulmana”, en T. Sánchez-Pacheco (coord.): “Cerámica española”. Summa Artis. Historia General del Arte. Vol. XLII, Madrid, 1999, págs. 91-134, espec. págs.113 ss.
(62) Estos trabajos fueron iniciados por I. Flores y A. Ruiz (I. Flores Escobosa: “Estudio Preliminar sobre Loza Azul y Dorada Nazarí de la Alhambra”. Cuadernos de Arte y Arqueología. Madrid, 1988 y A. Ruiz García: La cerámica doméstica nazarí en vidriado verde del Museo Nacional de Arte Hispanomusulmán. Tesina inédita. Universidad de Granada, 1980).
(63) I. Flores Escobosa, Mª del M. Muñoz Martín, M. Domínguez Bedmar: Cerámica hispanomusulmana en Almería: loza dorada y azul. Almería, 1989, Mª del M. Muñoz Martín, I. Flores Escobosa: “Cerámica esmaltada dorada, azul y dorada y decorada en azul cobalto nazaríes; la loza dorada procedente de los alfares cristianos Manises-Paterna. La cerámica importada y de cuerda seca depositada en el Museo de Almería”. Anuario Arqueológico de Andalucía/86. Vol. II. Sevilla, 1987, págs. 544-553. Mª Del M. Muñoz Martín, I. Flores Escobosa: “Estudio de la cerámica hispanomusulmana de uso doméstico común y vasijas de almacenamiento”. Anuario Arqueológico de Andalucía/87. Vol. II. Sevilla, 1988, págs. 404-410.
(64) M. Domínguez Bedmar, Mª del M. Muñoz Martín, J. R. Ramos Díaz: “Tipos cerámicos hispanomusulmanes en Níjar (Almería)”. Actas del I Congreso de Arqueología Medieval Española. Zaragoza, 1986, vol. IV, págs. 363-381.
(65) I. Flores Escobosa, Mª del M. Muñoz Martín (eds.): Vivir en al-Andalus. Exposición de cerámica (ss. IX-XV). Almería, 1993. I. Flores Escobosa, Mª del M. Muñoz Martín: “Cerámica nazarí (Almería, Granada y Málaga). Siglos XIII-XV”, en Ch. M. Gerrad, A. Gutiérrez, A. G. Vince (eds.): Spanish medieval cermaics in Spain and the British Isles. “BAR International Seires, 610 Oxford, 1995, págs. 245-277. Uniéndose para ello las aportaciones de P. Marinetto: P. Marinetto Sánchez, I. Flores Escobosa: “Estudio tipo-cronológico de la cerámica nazarí. Elementos de agua y fuego”. Actes du 5ème Colloque sur la Céramique Médiévale. Rabat, 1995, págs. 178-191. I. Flores Escobosa, Mª del M. Muñoz Martín, P. Marinetto Sánchez: “Aproximación al estudio de la cerámica tardo-nazarí (Almería y Granada): pervivencia y cambio”, en G. Rosselló Bordoy (ed.): Transferències i comerç de ceràmica a l’Europa mediterrània (segles XIV-XVII). Palma de Mallorca, 1997, págs. 15-51.
(66) R. Puertas Tricas: La cerámica islámica de cuerda seca en la Alcazaba de Málaga. Málaga, 1989 y R. Puertas Tricas: “Málaga”, en AA.VV.: Mediterraneum. Ceramica Medieval en España e Italia. Viterbo, 1992, págs. 121-151.
(67) P. Cressier, Mª M. Riera Frau, G. Rosselló Bordoy: La cerámica tardo almohade…., pág. 215
(68) G. Rosselló Bordoy: “Observaciones sobre la cerámica común nazarí: continente y contenido”, en J. Bermúdez López (coord): Arte islámico en Granada. Propuesta para un Museo de la Alhambra. Granada, 1995, págs. 133-143.
(69) AA.VV.: De Paterna a Mutrãyil. Historia, Arqueología y paisaje. Granada, 1990, A. Malpica Cuello, A. Gómez Becerra: Una cala que llaman La Rijana. Arqueología y paisaje. Granada, 1991; A. Gómez Becerra: Cerámica islámica de Salobreña. Granada, 1997.
(70) Quizá una excepción la encontremos, sin entrar a valorar el sistema de excavación y por tanto la extrema parcialidad del registro arqueológico, en M. López López: Excavaciones arqueológicas en el Albaicín (Granada). II. Plaza de Santa Isabel la Real (Aportaciones al conocimiento de la ciudad medieval de Garnata). Granada, 2001, pág. 148.
(71) AA.VV.: “Cerámica Nazarí y Mariní”. Transfretana. Revista del Instituto de Estudios Ceutíes. 4 (2000).
(72) C. Orton, P. Tyers, A. Vince: La cerámica…, pp. 15-50.

Comenta la noticia desde Facebook

Comentarios

1

que bien


me gusto mucho espero que saquen mas cosas ok
Comentario realizado por rjas gomez. 15/11/05 18:19h
2

muy interesante


Me ha parecido muy bien, pero he hechado de menos algunas fotografías. Gracias
Comentario realizado por JUAN. 10/11/06 10:08h
3

muy interesante


Me ha parecido muy bien, pero he hechado de menos algunas fotografías. Gracias
Comentario realizado por JUAN. 10/11/06 10:08h
4

ceramica


soy bachiller en arqueologia estoy realizando desde hace muy poco un trabajo sobre ceramica, el titulo es las huellas de uso de la ceramica inka , su degaste , ollin, raspado, desportillado, determinar no solo su funcion sino el significado del objeto aplicando el estrucrturalismo.
el trabajo leido lineas arriba me parece muy bueno cuan importante es entender el significado del objeto que esta detras de el la sociedad que la elaboro.
Comentario realizado por ana isabel blanco. 18/12/06 14:55h
5

hes vacan aprender mas de el planeta


es bueno q los cihcos aprendan mas cosas buenas y no malo x supuesto buen oesto me parecio a m,i chevere xq aprendi de este trabajo mas
Comentario realizado por judith paola montes garboza. 18/3/08 12:34h
6

muy objetivo


es un buen articulo para mi persepcion como antropologa, veo a prufundidad caracteristicas bien marcadas y necesarias en el campo de la investigacion y la historia que son desconocidas por otros investigadores
Comentario realizado por jennifer. 19/5/08 16:59h
7

Bueno


Bueno el artículo, pero sabe a poco. ¿Alguién sabe de algún manual o monografía sobre cerámica nazarí?
Comentario realizado por Arqueo. 20/5/08 21:41h
8

ceramica nazari


soy licenciada en arte y diplomada en ceramica, estoy haciendo un trabajo sobre ceramica nazari, en especial sobre el botamen farmaceutico, y me gustaria encontrar mas informacion sobre el tema incluido imagenes de tipos, formas y decoracion,
muchas gracias por adelantado
Comentario realizado por isabel ramos. 23/3/09 2:18h
9

que lindo !!!!!


me parece lo maximo todo encuentro eh
Comentario realizado por erica. 15/4/09 10:42h

Para escribir un comentario es necesario entrar (si ya es usuario registrado) o registrarse