El castillo de Tirieza (Murcia), en la frontera granadino-murciana

Por Jorge A. EIROA RODRÍGUEZ. Arqueólogo medievalista. Profesor de la Universidad de Murcia.
7/2/05

El estudio arqueológico del castillo de Tirieza nació con el objetivo de reconstruir los rasgos constructivos y estructurales esenciales y la funcionalidad de un enclave fortificado de pequeñas dimensiones en el corazón de la frontera murciano-granadina, así como de precisar las características del registro material de la Baja Edad Media en el sector geográfico analizado.

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El estudio arqueológico del castillo de Tirieza nació con el objetivo de reconstruir los rasgos constructivos y estructurales esenciales y la funcionalidad de un enclave fortificado de pequeñas dimensiones en el corazón de la frontera murciano-granadina, así como de precisar las características del registro material de la Baja Edad Media en el sector geográfico analizado (1).

En primer lugar era necesario determinar la cronología de la fortificación, teniendo en cuenta que se habían propuesto distintas dataciones aproximativas que abarcaban desde el siglo X al siglo XVI, y aclarar, en la medida de lo posible, los momentos de construcción y abandono del conjunto fortificado, constatando o descartando su uso o reforma por parte de los castellanos tras la conquista de 1433 reflejada en los documentos. En segundo lugar había que precisar la planta de la fortificación y sus características estructurales y constructivas.

Para todo ello se procedió, por una parte, a la catalogación de todas las estructuras conservadas (mediante su sistematización en Unidades Constructivas) y la elaboración de una planimetría precisa del conjunto, y, por otro lado, a la apertura de tres Unidades de Excavación en el interior y exterior del aljibe abovedado y en una de las torres rectangulares del sector NO.

Los restos de la fortificación apreciables a simple vista configuran un espacio poligonal de aspecto impreciso en el que es posible diferenciar dos recintos, uno situado en el área O del conjunto, más elevado y que puede ser denominado como “recinto interno”, y otro más bajo que ocupa la mayor parte de la fortaleza y que podría llamarse “recinto externo”, ya que es necesario atravesarlo para alcanzar el extremo más occidental del castillo.

Al espacio fortificado se accede actualmente por un vano situado en el extremo E de la muralla, que presenta tres torres en su zona más accesible: en primer lugar, dos torreones rectangulares de cierta simetría y un alzado considerable, levantados en tapias hormigonadas de cal y canto; en segundo lugar, en el extremo NE, una torre maciza de planta hexagonal, con cinco caras al exterior y una cara paralela a la muralla al interior, que presenta un primer cuerpo de mampostería trabada con cal que abarca dos tercios del total de la altura conservada y un segundo cuerpo de tapias hormigonadas simples, con una llamativa decoración exterior de diseños en relieve que imitan pétalos u hojas.

En el interior del recinto murado se conserva un aljibe de nave única ligeramente trapezoidal en planta y cubierta de bóveda de cañón de perfil semicircular, totalmente colmatado por los sedimentos, y se puede constatar a simple vista la presencia de distintas estructuras soterradas. El recinto interno, situado a mayor altura tras el franqueo de una estructura muraria mal conservada y poco precisa, parece estar recorrido por un muro longitudinal paralelo al cerro que define el espacio más estratégico del castillo, dominando desde el extremo Otodo el valle del río Vélez-Corneros.

En el exterior del recinto murado, al pie del tramo E de al muralla, se conservan restos de una alberca castral de planta rectangular y tapias hormigonadas simples embutidas en una fisura rocosa.

Los resultados del estudio arqueológico del castillo de Tirieza permiten establecer algunas conclusiones preliminares relativas a su cronología y su funcionalidad que, sin duda, deberán ser matizadas en las campañas sucesivas.

A pesar de que los restos conservados tradicionalmente habían sido interpretados como pertenecientes a un castillo de poblamiento de los siglos XII y XIII, el análisis sistemático de las distintas Unidades Constructivas y las excavaciones llevadas a cabo parecen evidenciar otra realidad. Si bien es lógico pensar que el conjunto fortificado de Tirieza surgiese en esos momentos para responder a las necesidades de las comunidades campesinas establecidas en sus alrededores, el castillo que actualmente se conserva y la mayor parte del registro arqueológico documentado corresponden con una fase posterior en la que las estructuras habían sido poderosamente reformadas y el castillo desempeñaba las funciones propias de una fortificación netamente fronteriza frente a Castilla. Su alejamiento formal de los castillos de poblamiento abandonados en el siglo XIII en su entorno es evidente, y la cerámica denota una evolución de las formas almohades que remite a contextos arqueológicos nazaríes.

Respecto al abandono del castillo, el registro arqueológico ha venido a confirmar los datos recogidos en distintas fuentes escritas del siglo XV que referían una destrucción violenta de la fortificación tras su conquista para Castilla en 1433. La constatación de un gran nivel de incendio sellado por un potente depósito de derrumbe en las dos Unidades de Excavación abiertas en el área habitable del castillo, que, por su materiales arqueológicos, es susceptible de ser fechado en esos años y que no es sucedido por ningún otro estrato que sea indicativo de una nueva fase de ocupación, nos lleva a poner en duda, a partir de los primeros análisis del material recuperado, la posibilidad de que la fortaleza fuese ocupada en la segunda mitad del siglo XV, más allá de la lógica presencia humana esporádica que puede constatarse en cualquier punto de referencia natural del territorio.

La función del castillo, por tanto, no puede desvincularse del contexto fronterizo. La constatación de dos fases constructivas en los sectores del castillo excavados, que evidencian un proceso de refortificación, así como la presencia de la torre poligonal, que por su sistema constructivo nos remite a algunos paralelos de mediados del siglo XIV, podrían permitir plantear que este proceso de fortificación de los castillos fronterizos y reforzamiento de la línea de defensa frente a Castilla afectó también a Tirieza.

Lo cierto es que conocemos bastante bien las transformaciones y modificaciones que tienen lugar en época nazarí en las grandes fortificaciones (desarrollo de las puertas en recodo, de las barbacanas y muros exteriores o de las torres albarranas, aparición de las grandes torres, formación de torres puerta, etc.) y prácticamente nada sabemos de los enclaves de menor entidad, especialmente en los sectores más periféricos del reino nazarí. Se han apuntado algunas características (menor superficie, empleo del ladrillo, existencia de aljibes a una cota de nivel muy inferior a la del edificio y próximos a la entrada) para los castillos de “menor importancia” que han sido enteramente confirmadas por los datos del estudio del castillo de Tirieza; pero las características distan mucho de estar precisadas y, en este sentido, la información obtenida puede resultar de gran interés.

Es cualquier caso, todos los indicios apuntan a que el castillo de Tirieza debe ser interpretado como un pequeño tagr de la frontera oriental nazarí, en el marco de la imprecisa y variada tipología de los edificios castrales nazaríes. A pesar de que, como se ha mostrado en el caso almeriense, la distribución de la mayoría de los castillos no está ligada en primer lugar a posibles consideraciones estratégicas, sino al poblamiento rural en sí mismo, la decisiva ubicación de Tirieza como primer enclave nazarí frente a Castilla determinó su posible transformación en castillo fronterizo y su probable vinculación al Estado.

El despoblamiento del entorno condicionaría el asiento de un pequeño grupo de población en el castillo,www.cmblogwatch.net con una economía basada en la ganadería y en pequeñas explotaciones agrícolas, que representaría, por sí mismo, la defensa de la frontera mediante el control del corredor del río Vélez-Corneros, camino natural hacia Granada.

Aunque en algunas ocasiones se ha intentado presentar a Tirieza como un gran punto fortificado, como consecuencia de una errónea lectura de una aislada referencia escrita, todos los indicios apuntan a que se trataría de una de las fortificaciones menores que constituirían el segundo nivel de defensa (el primero serían las torres atalayas) al amparo de las grandes fortalezas, en nuestro caso los Vélez y Xiquena. Se ha planteado para estas fortalezas secundarias fronterizas el papel de protectoras de los pueblos vecinos que pueden refugiarse detrás de sus murallas y sostener las presiones —al menos las primeras— del enemigo.

Entendiendo la frontera como un límite conocido y respetado, las fortificaciones como Tirieza desempeñarían un papel decisivo en la configuración del espacio nazarí hacia el exterior castellano durante la segunda mitad del siglo XIV y la primera mitad del siglo XV.

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(1) Este artículo es un resumen del trabajo del autor titulado «El castillo de Tirieza: un enclave nazarí en la frontera murciano-granadina», en V Estudios de frontera. Funciones de la red castral fronteriza. Jaén, 2004, pp. 169-180.

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