El paisaje como evidencia

Carmina VERDÚ CANO. Jefa de Sección del Archivo Municipal de Elche.
3/12/11

La fuerza del paisaje para transmitir algo más que una emoción, es decir, para informar, comunicar y relacionarse con otros elementos que lo conforman, es una idea que no se cuestiona, tampoco que esa misma fuerza sirva para el conocimiento de nuestro pasado. Es esta aceptación del paisaje como documento histórico la que evidencia –en el caso de Elche- la ocupación del territorio de una manera determinada que ha dejado huella y, lo que es más importante todavía, nos ha devuelto información sobre un momento histórico en el que no existen documentos escritos y los restos materiales nos ofrecen conocimiento fundamentalmente sobre la vida urbana mientras que el paisaje lo hace del mundo rural.

EL PAISAJE COMO EVIDENCIA

Carmina VERDÚ CANO

Jefa de Sección del Archivo Municipal de Elche

Trabajo publicado en: http://laculturadeloasis.blogspot.com




La fuerza del paisaje para transmitir algo más que una emoción, es decir, para informar, comunicar y relacionarse con otros elementos que lo conforman, es una idea que no se cuestiona, tampoco que esa misma fuerza sirva para el conocimiento de nuestro pasado. Es esta aceptación del paisaje como documento histórico la que evidencia –en el caso de Elche- la ocupación del territorio de una manera determinada que ha dejado huella y, lo que es más importante todavía, nos ha devuelto información sobre un momento histórico en el que no existen documentos escritos y los restos materiales nos ofrecen conocimiento fundamentalmente sobre la vida urbana mientras que el paisaje lo hace del mundo rural.





Analicemos las características de lo que queremos plantear. En la actualidad, hay un anillo de palmeras que rodea a la ciudad descrito con más o menos precisión por viajeros, botánicos o geógrafos a lo largo del tiempo. Si contemplamos de cerca este anillo observamos la convivencia con los cultivos de regadío mientras que si vamos poniendo distancia con él comprobamos cómo van aumentando los cultivos de secano. Y aún hay más. Si miramos alrededor con visión crítica, apreciamos que suelo y clima no ofrecen condiciones ventajosas para el cultivo, menos todavía si este es de huerta con el obligado aporte de agua que conlleva. Esta agrupación de palmeras se presta a un análisis mayor e incluso retrospectivo. Así, a primera vista podemos evidenciar varias cosas: que las palmeras tienen una disposición ortogonal y que dentro de ellas es donde se plantan y crecen los cultivos asociados formando pequeñas huertas. Otra apreciación es que estas retículas van dejando en los márgenes lugar para los caminales y para la red de riego que abastece los huertos de palmeras completando así una estructura de red.











¿Cuál es la red que ha servido para alimentar esta extensión tan grande de palmeras no habiendo agua procedente de lluvia ni fuentes conocidas donde tomarla y siendo tan escasa la del río Vinalopó? Si nos desplazamos unos cinco kilómetros al norte de la población de Elche, podemos comprobar que sí, que es una amplísima red de riego procedente del Vinalopó pero con el agravante de que el agua tiene un alto contenido salino y el suelo sobre el que se extiende esta masa de palmeras también. Pero hay una planta que resiste muy bien la sal y es la misma que ocupa el lugar principal de visión cuando contemplamos el paisaje de Elche: la palmera.







Muchas de las preguntas que nos hacemos referentes a los huertos de palmeras tienen respuesta siempre en la misma afirmación que no hay que perder de vista: el paisaje es una construcción humana y surge de la confrontación entre el medio físico y el hombre. ¿Cómo se mide esta red de riego? ¿Dónde comienza y dónde acaba? ¿Quién puede beneficiarse del agua y de cuánta? Hay tener en cuenta, además, de que la apropiación social del paisaje responde a las características que en ese momento tenga la comunidad que ocupa este espacio que a la vez marca sus transformaciones y diferencias con el mismo.







Buscando contestar a estas y otras cuestiones, hay que rodearse de otros elementos que nos ayuden a interpretar el paisaje como documento histórico y en este caso nos referimos a la rica documentación que desde la Edad Media se conserva en el Archivo Histórico Municipal de Elche a la que hay que sumar la procedente de la Comunidad de Propietarios de la Acequia Mayor del Pantano (depositada también en el Archivo Municipal) y que han custodiado con tanto celo.







El sistema de riego ya existía antes de conservarse las fuentes escritas y en ellas se hace referencia a la época árabe precedente. Si utilizamos los elementos que conforman el paisaje -agua, palmeras y suelo- y hacemos un análisis comparativo con la sociedad que lo gestiona, la andalusí, podemos decir que la técnica era bien conocida puesto que venía siendo utilizada desde hace miles de años en el desierto, siendo transmitida durante generaciones primero a través de la ruta de las caravanas y más tarde con la expansión política musulmana. El desarrollo del oasis puede dar lugar a ejemplos de explotación no tan extremos cuando las características del medio físico así lo requieran. Asimismo a la hora de diseñar un espacio irrigado hay que tener en cuenta cuánta agua riega qué superficie para poder repartirla a la población que ocupa ese territorio.







Es precisamente al hacer un análisis más profundo de la extensión de los huertos de palmeras de Elche y su relación con la red de riego de la Acequia Mayor cuando nos damos cuenta que la distribución del agua tiene dos estructuras diferenciadas que podemos encontrar semejantes en el oasis de Marrakech, además del tramo inicial que es únicamente de transporte hasta el punto de distribución. El desarrollo de esta estructura supone también un gran conocimiento de la orografía porque no hay que olvidar que el agua de la acequia se mueve por la fuerza de la gravedad y cada tipo de terreno necesita del desarrollo de una estructura determinada. Esta agua va unida a las palmeras porque –al igual que en los oasis- la forma ortogonal de disposición de las mismas impide que pase el viento en su interior, protege los cultivos asociados y genera un microclima con su sombra que minimiza el riesgo de la evapotranspiración.










odas estas técnicas eran bien conocidas por los árabes que las aplicaron en los territorios donde se expansionaron modelando el paisaje y adaptándolo a sus usos sociales. Por eso, por la transferencia cultural de un paisaje de una cultura a otra, es por lo que la UNESCO ha reconocido al palmeral de Elche como Patrimonio de la Humanidad.

Al poner en relación la información obtenida desde el paisaje con otros elementos y documentos adquieren más valor estas teorías. Así nos damos cuenta no sólo de cuál pudo ser su origen, sino también de la transformación que ha sufrido a lo largo del tiempo. Quizá esto sea complicado de comprender si sólo tenemos en cuenta al árbol, pero si lo estudiamos todo como un conjunto, como un agroecosistema, podremos explicarlo mejor ya que la ruptura de la red de riego en su forma original sí se puede constatar en los registros escritos.

La sociedad cristiana que sigue en la ocupación de este mismo territorio tiene una forma de explotar el medio, de «hacer» paisaje, distinta a la anterior sociedad que lo ocupa. Así, la forma de repartir el agua y la tierra es también distinta.



¿En qué medida todas estas transformaciones afectan a la mirada sobre el paisaje? Cuando un paisaje es tan contundente como el de Elche la impresión en la retina puede ser siempre igual: la de un bosque de palmeras. Esto no se puede negar pero insistimos en la observación del paisaje como documento apreciando que quizá el palmeral no siempre tuviera la misma percepción de anillo, sino de una red más abierta, más diseminada aunque el árbol fuera el elemento de visión dominante.




Tras la conquista cristiana apreciamos cambios en la estructura de la Acequia Mayor cuando, es muy probable, que algunos partidores principales pero alejados de la ciudad fueran perdiendo una posición estratégica, mientras que otras entradas secundarias de agua pasaron a ser principales al adquirir valor por estar más cercanas a la villa. Es así como las palmeras que acompañaban a la red de riego se van concentrando alrededor de la ciudad haciendo de esta manera que la perspectiva icónica del paisaje cambie, aunque no varíe la impresión fundamental sobre el mismo. Esa linealidad que a lo largo de la historia identifica Elche con las palmeras no es casual, ha ido evolucionando paralelamente a la sociedad y en ese sentido es un factor también de tiempo como lo pueda ser cualquier otro elemento de nuestro patrimonio.

Carmina Verdu Cano
Jefa de Sección del Archivo Municipal de Elche

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