Córdoba, una arqueología en precario (II). La arqueología de mercado y la destrucción de los Arrabales Occidentales

AA.VV. Sección Sindical de Arqueología CNT-CÓRDOBA.
3/10/11

Este trabajo supone un esfuerzo colectivo, realizado desde la reflexión libre, por comprender y explicar la realidad actual de la arqueología cordobesa. Tomando como base el documento de solicitud para la declaración de Bien de Interés Cultural de los Arrabales Occidentales de Córdoba realizado por la Plataforma Ciudadana Contra la Destrucción del Patrimonio Cordobés, reflexionamos sobre la destrucción de este yacimiento arqueológico único, la mentalidad mercantilista que ha propiciado esta pérdida, las distintas responsabilidades públicas y privadas que existen, así como la nececidad de implicar a la ciudadanía para revertir esta situación calamitosa.

Córdoba, una arqueología en precario (II). La arqueología de mercado y la destrucción de los Arrabales Occidentales
AA.VV. Sección Sindical de Arqueología CNT-CÓRDOBA

RESUMEN: Este artículo es el complemento a otro anterior publicado en la misma publicación que este, la revista Antiqvitas, por la Sección Sindical de Arqueología de CNT-Córdoba (VV.AA., 2010a) (Versión digital del mismo en esta página web:
http://www.arqueologiamedieval.com/articulos/128/).
El artículo ha sido publicado en la revista Antiqvitas, nº 23 (2011), pp. 245-270
Este trabajo supone un esfuerzo colectivo, realizado desde la reflexión libre, por comprender y explicar la realidad actual de la arqueología cordobesa. Si en el primer artículo, tras una breve introducción a modelos y situaciones previas, analizamos las consecuencias del particular modelo de gestión del patrimonio que se aplica en esta ciudad, ahora, tomando como base el documento de solicitud para la declaración de Bien de Interés Cultural de los Arrabales Occidentales de Córdoba realizado por la Plataforma Ciudadana Contra la Destrucción del Patrimonio Cordobés, reflexionamos sobre la destrucción de este yacimiento arqueológico único, la mentalidad mercantilista que ha propiciado esta pérdida, las distin¬tas responsabilidades públicas y privadas que existen, así como la nececidad de implicar a la ciudadanía para revertir esta situación calamitosa.

PALABRAS CLAVE: Al-Andalus, Córdoba, Arrabales Occidentales, destrucción del patrimonio, Gerencia de Urbanismo, Con¬sejería de Cultura, capitalidad cultural, plataforma ciudadana, BIC.

SUMMARY: This paper is a complement to a previous one published in this same journal by the Sección Sindical de Arqueología de CNT-Córdoba (CNT-Cordova Trade Union Archaeological Section) (VV.AA., 2010a). It represents a collective effort, stemming from a free common reflexion to understand and explain the present-day reality of archaeology in Cordova. If, in the first paper, after a brief introduction to previous models and circumstances, the consequences of the specific heritage manage¬ment applied in this city were analyzed, now, using as a base a document demanding the declaration of Cultural Heritage for the Western Suburbs (of the Islamic Period) done by the Citizen’s Platform Against the Destruction of Cordovan Heritage, we ponder about the destruction of this unique site, the mercantile mentality which has promoted this loss, the different public and private responsibilities accountable, as well as the need to implicate the citizenship to reverse this calamitous situation.

KEY WORDS: Al-Andalous, Cordova, Western Suburbs, heritage destruction, Urban Management, Autonomous Regional Culture Ministry, cultural capital, citizen’s platform, National Monument.

1. INTRODUCCIÓN
El presente artículo tiene su parte central y fundamental en el documento de solicitud para la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC) realizado por la Plataforma Ciudada¬na Contra la Destrucción del Patrimonio Cordobés [http://defendamoslosarrabales.org/] que fue elaborado por los arqueólogos/as del sindicato CNT-Córdoba como miem¬bros de dicha Plataforma (en la que se insertó la Sección Sindical), y que fue entregado el 15 de abril de 2011 en el Ayuntamiento de Córdoba y en la Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía firmado por uno de los integrantes de la plataforma ciudadana, en representación de la misma, tal y como obliga la normativa vigente.
Sin embargo, tanto la Introducción como las Conclu¬siones del presente artículo (puntos 1 y 5) son reflexio¬nes y valoraciones exclusivamente la Sección Sindical de Arqueología de CNT-Córdoba (que no tienen porqué com¬partir el conjunto de los integrantes y firmantes de la Plata¬forma), de tal manera que el documento de solicitud en sí mismo (resto de apartados) podrá ser tenido en cuenta de modo independiente para referenciarlo bibliográficamente indicando la página web de la Plataforma Ciudadana y el nº de Registro de Entrada del documento en las dos insti¬tuciones públicas. El documento de solicitud de BIC de la Plataforma Ciudadana completo incluye muchas más foto¬grafías y planos que los seleccionados para este artículo, un dossier de prensa… y las 750 firmas recogidas para apoyar esta iniciativa (1).
La bibliografía utilizada en este artículo es prácticamen¬te la misma que utilizaron los arqueólogos/as de la Sección Sindical de CNT-Córdoba como miembros de la Plataforma Ciudadana para elaborar el documento de solicitud de BIC para los Arrabales Occidentales, con la aportación de algu¬na referencia más en las Conclusiones.
La Plataforma Ciudadana Contra la Destrucción del Patrimonio Cordobés fue una iniciativa ciudadana inde¬pendiente que partió en el año 2010 de individualidades concienciadas y preocupadas por la destrucción del patri¬monio arqueológico en esta ciudad, a lo que muy pronto se sumó en bloque la Sección Sindical de Arqueología de CNT-Córdoba y el Sindicato Andaluz de Trabajadores.
Para evitar instrumentalizaciones de cualquier tipo por parte de individuos o colectivos, desde el principio se dejó muy claro que, al margen de coincidencias ideológicas o no, la Plataforma se creaba con un objetivo muy concreto: solicitar (y exigir) como ciudadanos la incoación de expe¬diente BIC para los Arrabales Occidentales de Córdoba, llamando la atención sobre su importancia, destrucción y necesidad de conservar lo poco que aún queda para un uso y disfrute sociocultural.
Para ello se llevaron a cabo diferentes acciones, siendo la más significativa la creación de la referida Plataforma Ciudadana (http://defendamoslosarrabales.org/) abierta a colectivos e individualidades a través de la adhesión formal a la misma y las recogidas de firmas, fundamentalmente vía Internet. Desde el principio aparecieron en la pagina web:
– Las siglas de los colectivos que se unieron.
– El objetivo concreto que nos convocaba.
– La documentación (planos, datos, fotografías…) que reflejaban la importancia de los restos arqueológicos y su destrucción sistemática (gracias a arqueólogos/as que cedieron sus datos… ya que, aun siendo pública, fue imposible acceder a la documentación generada y registrada por la administraciones local y autonómica).
– El enlace al artículo publicado por la Sección Sindical de Arqueología de CNT-Córdoba (VVAA., 2010a) que analizaba el modelo de gestión del patrimonio aplica¬do en la ciudad, y que según nuestra Sección era una de las causas de la destrucción de los arrabales.
– El apoyo al colectivo ciudadano Salvemos el Parque Cruz Conde y Asociación de Amigos del Circuito Na¬tural del Parque Cruz Conde (también de Córdoba) que por aquel entonces realizaban sus acciones con¬tra las obras de “acondicionamiento” del parque y la falta de seguimiento arqueológico de las mismas.
Y todo ello porque, como reza el manifiesto de la Plata¬forma, después de diez años de gestión del patrimonio ar¬queológico en esta ciudad, con instituciones arqueológicas específicas de por medio, “los problemas no se han solu¬cionado, tristemente. Y tristemente, la Córdoba arqueoló¬gica ha vuelto a perder…Un caso especialmente triste es el del Plan Parcial 07, en Poniente. Se sabía, perfectamente, tras las excavaciones efectuadas para construir la Ronda de Poniente, que la riqueza arqueológica de aquel sector era de primera magnitud, de una magnitud universal, pues en ningún lugar de España o Europa se conservan barrios residenciales tan compactos, tan enormes, pertenecientes a época medieval (…). Las administraciones no hicieron nada en su momento, siquiera por reservar una mísera parcela arqueológica para disfrute de todos, dentro de casi un millón de metros cuadrados de terreno. Todo se par¬celó, todo se vendió, todo se iba a construir, y los restos, muy pocos, habrían quedado esparcidos en unos pocos garajes a los que el ciudadano corriente nunca hubiera tenido acceso. Hoy, tras las crisis, muchos solares siguen en espera de un ladrillo que ya no cuece al ritmo de an¬tes. Y maravillas de la ciudad de Córdoba, se han salvado, casualidades de la vida, gracias a la crisis económica…. Nuestra intención es iniciar un proceso legal de protección de esos restos arqueológicos, transfigurarlos de ruina en patrimonio, con el concurso de la mayoría de arqueólogos que allí excavaron, los cuales gentilmente han cedido la documentación necesaria para ello. Pretendemos que se protejan, que se dignifiquen, y que Córdoba pueda tener siquiera una mínima parte de sus arrabales califales como oferta a ella misma, a sus ciudadanos, y después, a todo beneficio turístico y crematístico que esto pueda conceder. Pretendemos que al menos, Córdoba, proteja parte de sus arrabales, algo hasta ahora inaudito... Pretendemos que la ciudad con más riqueza arqueológica de cuantas posibles, no se vea reducida a cuatro hitos aislados, cuatro postales sin alma en el centro, que no constituyen ninguna prueba de la representatividad histórica de esta ciudad”.
Con esta iniciativa nos sumábamos como Plataforma (por primera vez en Córdoba) a otras iniciativas ciudada¬nas que han surgido en otros lugares de manera combativa y poco condescendiente con las administraciones respon¬sables de la salvaguarda del Patrimonio Histórico común (2). Para impulsar la concienciación ciudadana y llamar la atención sobre la riqueza y destrucción de los restos de arrabales medievales cordobeses se participó en foros, se enviaron multitud de correos electrónicos, notas de prensa a los medios de comunicación (con un cierto impacto en Internet, prensa, radio y televisiones locales) y una sencilla exposición de cuatro paneles que estuvo expuesta en la Facultad de Filosofía y Letras de Córdoba y que continúa su itinerancia.
A partir de la presentación de la solicitud de BIC, la Plataforma seguirá activa (y su página web también) sólo para hacer el seguimiento de la susodicha solicitud, aña¬dir nuevas noticias relacionadas con la misma e informar de la itinerancia de la exposición. Sin embargo el objetivo marcado como Plataforma concluye aquí y, como aparece anunciado en la página web, de promoverse otras acciones distintas al primer objetivo marcado (por cualquiera de los firmantes de la Plataforma), se deberá proponer a todos los firmantes para abrir un nuevo espacio de firmas que apoyen o no las nuevas iniciativas planteadas.
Los firmantes de esta Plataforma ciudadana fueron fi¬nalmente 753, quizás un número no muy elevado, pero sí bastante significativo (3).
En cualquier caso, tenga el recorrido que tenga la ini¬ciativa de la Plataforma Ciudadana Contra la Destrucción del Patrimonio Cordobés y su resultado (se podrá decir que es poco lo hecho, que habría que encadenarse, cor¬tar carreteras… que se ha hecho a destiempo, etc., etc.), lo cierto es que valoramos muy positivamente iniciativas como éstas (más aún en el páramo crítico y participativo en el que vivimos). Se agradece un trabajo desinteresado, colectivo, que busca beneficiar a todos y no a unos cuan¬tos. Una iniciativa que se aleja de las estériles críticas pla¬nas e inconcretas de algunos voceros con cátedra y de las de “bar y mesa camilla” sin cátedra, alejada también de la parálisis, de las auto-justificaciones (que tapan en realidad malas conciencias), o de las peores aún autocomplacen¬cias y condescendencias tan frecuentes en una ciudad que hace de su historia y de su patrimonio un reclamo hueco (4).
Esta iniciativa quedará… como quedarán también los ecos de las voces de los firmantes de la Plataforma, que en sus comentarios vertidos en la página web han hablado alto y claro (5).



Fig. 1: Solares y parcelas intervenidos en los Arrabales Occidentales de Córdoba.

2. LOS ARRABALES OCCIDENTALES DE MADINAT AL-QURTUBA

Si el final del califato terminó con el “arrasamiento de todos los arrabales occidentales e, incluso, de la ciudad pa¬latina de Madinat al-Zahra; en estos últimos años venimos asistiendo a lo que podríamos considerar una nueva fitna, fruto de la ineficaz política de cautela y vigilancia llevada a cabo por la administración que está provocando sistemáti¬cos estragos en nuestro patrimonio arqueológico (Ruiz et alii, 2001)”. Esta comparación fue realizada a principios del presente siglo, y pretendía ser un toque de atención que propiciara la reflexión sobre la política patrimonial cordo¬besa. Preocupación que fue, hoy no lo es, una constante no superada en los ámbitos académicos y profesionales cordobeses ante 2000. La nueva fitna, el nuevo modelo de gestión, parece haberse institucionalizado en la idea de “Documentación” a cambio de “Destrucción”, donde la preocupación por la conservación se reserva únicamente para las declaraciones públicas.
Pero antes de analizar este nocivo fenómeno, es de ri¬gor ofrecer una revisión (aunque sea aligerada) del panora¬ma que ofrece actualmente la “ciencia arqueológica” (6) sobre los Arrabales Occidentales cordobeses. El objeto de ésta es mostrar algo evidente, que el conjunto de los Arrabales Occidentales es una realidad arqueológica unitaria, tan ex¬tensa como compleja. Es mostrar que no son estructuras aisladas y descontextualizadas, sino la ciudad islámica más importante de Occidente, con una extensión aproximada a la descrita en las fuentes árabes, y una complejidad a la que estamos lejos de aproximarnos. La redacción de esta revisión, a modo de mosaico enrevesado, muestra a las claras que estamos muy lejos de ofrecer una interpretación coherente del conjunto.

2.1 Periodo tardoantiguo

Los factores determinantes en el desarrollo urbano de este momento histórico serán dos fenómenos interre¬lacionados y con grandes repercusiones topográficas: la nuclearización, en torno a lugares de prestigio, y la cristia¬nización de los espacios urbanos. En el caso de espacios suburbanos, como en el que nos encontramos, este fenó¬meno se plasmará en la aparición de centros de atracción en torno a los cuales se produce un creciente fenómeno de nuclearización. En este sector las principales zonas don¬de parece concentrarse la actividad suburbana son dos ejes viarios: la vía Corduba-Emérita por Mellaria, de la vía Corduba-Hispalis (por la margen Derecha el Guadalquivir) y fundamentalmente en la zona inmediata al ángulo SW del recinto murado, en torno al yacimiento de Cercadilla.
El principal de estos núcleos, el yacimiento de Cercadi¬lla, va a articular la organización de toda esta área subur¬bana. Hidalgo argumenta que su fundación es de carácter áulico, y lo interpreta como el Palatium de Maximiano, pos¬teriormente sede del poder de la Diocesis Hispaniorum; no obstante considera que desde época muy temprana sufre una transformación parcial como centro de culto cristiano. Su construcción supondrá la aparición de un nuevo foco de atracción urbana, que puede explicar el abandono de los vici Occidentales constatado en el s. IV dC. (Carrillo et alii, 1995: 51). La cristianización de este espacio responde a un fenómeno de usurpación de espacios de prestigio, en este caso la sede del antiguo poder imperial, en torno a la cual se va a articular la vida urbana de este sector de la ciudad. Este fenómeno junto con la identificación de catolicismo con el antiguo poder imperial, será básico para explicar la historia urbana durante los siglos V y VII d.C.
En la IAU realizada en la Manzana 28 del MA-3 se docu¬mentaron inhumaciones tardoantiguas. Aproximadamente en esta zona podemos situar la extensión máxima del área de influencia de la necrópolis asociada al yacimiento de Cercadilla. Por lo tanto este lugar quedó fuera del ámbito de influencia del yacimiento. El siguiente punto donde po¬demos documentar restos materiales de este periodo se sitúa en la intervención realizada en el extremo norte de la avenida del Arroyo del Moro, donde se documentaron varias inhumaciones tardoantiguas.
Creemos que esta necrópolis es de carácter residual, y se ordena en torno a un posible camino secundario de enlace de la vía Corduba-Emerita por Mellaria con las villae situadas en la zona oriental. Camino que, si bien en época romana y tardoantigua no está documentado, sí pudo fosi¬lizarse en el ramal del camino califal denominado camino de los Nogales que en esta zona comunica directamente la almunia localizada en el cercano yacimiento de Turruñue¬los con el ángulo noroeste del recinto murado de Córdoba, donde enlaza con el camino Viejo de Almodóvar.
El otro fenómeno del que hablábamos, la cristianiza¬ción de los espacios urbanos, se plasma en el entorno pe¬riurbano en la construcción de basílicas. La principal esta¬ría situada en el yacimiento de Cercadilla. La cristianización de este espacio responde a un fenómeno de usurpación de espacios de prestigio, en este caso la sede del antiguo poder imperial, en torno a la cual se va a articular la vida urbana de este sector de la ciudad. Este fenómeno junto con la identificación de catolicismo con el antiguo poder imperial, será básico para explicar la historia de este sector urbano durante los siglos V y VI d.C.
Hidalgo interpreta el centro de culto cristiano de Cer¬cadilla como la basílica martirial de San Acisclo, enclave que jugaría un importante papel como baluarte extramuros durante la Antigüedad tardía. La basílica está asociada a una importante necrópolis y a vestigios de un poblamien¬to disperso con función agrícola o artesanal (Hidalgo et alii, 1995: 40-42; Fuertes-González, 1996: 165), datos que argumentan que en torno al nuevo “espacio cultual” se extiende el segundo fenómeno del que hablábamos: la “nuclearización”. En cuanto a la cronología y entidad de las distintas fases constructivas también existen algunas discrepancias. Como vimos, Hidalgo considera que se fun¬da en el 296-297 d.C., basándose en datos estratigráficos, epigráficos y constructivos, argumentando que su trans¬formación en espacio litúrgico se efectúa a partir del s. V. Por otra parte en el yacimiento no se han documentado remodelaciones importantes en el s. VII, aunque sí una ocupación continuada hasta época califal.
Otro punto donde existen restos arqueológicos es el Palacio de la Merced (actual sede de la Diputación Pro¬vincial), donde se conservan estructuras de carácter hi¬dráulico interpretadas como un posible baptisterio (Mar¬cos Pous, 1977). En realidad los únicos elementos con que contamos para realizar esta afirmación son su construcción con una técnica constructiva propia de obras hidráulicas, y la presencia de dos escaleras enfrentadas en el cuerpo principal (característica propia de este tipo de edificios). Pero la presencia de un espacio circular no responde a ningún modelo conocido de baptisterio (Hidalgo-Ventura, 2001: 250). En cualquier caso, cabe la posibilidad de que se trate de una obra romana adaptada al uso de baptisterio en el s. VI.
En el Seguimiento Arqueológico realizado en el Ta¬blero Bajo, Avda. Arruzafilla, se han localizado más de 30 fragmentos de material arquitectónico tardoantiguo. Estos materiales pertenecieron a una basílica situada en las in¬mediaciones. En el mismo solar aparecen acúmulos de materiales romanos, todos en mármol. Por ello, pensamos que puede tratarse de un núcleo de expolia.
Un punto de interés son las excavaciones realizadas por Samuel de los santos en el “Camino Viejo de Almodóvar” donde aparecieron numerosos fragmentos de decoración arquitectónica (Santos Gener, 1955). Aún más interesantes son las referencias al conocido como Cortijo de Chinales. En la actual calle Don Lope de Sosa con la calle Damasco, se constata la presencia de varios muros pertenecientes a un supuesto edificio de grandes dimensiones (unos 78 m de longitud y 56 m de anchura), dos sepulturas de in¬humación y numerosos elementos arquitectónicos. Pero ni la información de Santos Gener (1955) ni la reciente revisión de Sánchez Ramos (2002), permiten conjeturar la funcionalidad ni cronología de estas estructuras. A éstas hay que añadir las estructuras localizadas en el anfiteatro, recientemente publicadas (AA. VV., 2010b).
Otro punto de probable existencia de una basílica se si¬túa al norte de la zona del “Fontanar” (7), algo más al sur una necrópolis (en el PERI 9, Piscinas Municipales) (Aparicio, 2002). Por último, en las Laderas Bajas de San Jerónimo (cercano a un yacimiento romano, cuya cronología se es¬tablece entre los siglos I – IV d.C.) existe una construcción de forma rectangular (7 x 8 m con un alzado conserva¬do de 1,60 m y una anchura de muros de 1,50) con dos pequeños ábsides en sus lados mayores y construido en opus vittatum mixtum. La existencia de epígrafes en algu¬nos de los ladrillos con la inscripción Vivas in Deo parece indicar que nos encontramos ante un edificio religioso o funerario del s. VII. En definitiva, los focos nucleares más destacados serían las basílicas martiriales surgidas a partir de mediados del s. V d.C., a las que hay que suponer una perduración hasta época emiral.


2.2 Periodo emiral

Como hace tiempo se viene afirmando, con anteriori¬dad al gran desarrollo que experimenta el sector occidental de la ciudad en época califal, en época emiral había ya una ocupación organizada y planificada. Muestra de ello son los restos documentados en la manzana 25364, éstos co¬rrespondían a varios muros con similar orientación SE-NW o NE-SW y en bastante mal estado de conservación. Para los arqueólogos encargados de la intervención constituyen los muros maestros que determinan el trazado general del arrabal califal posterior (Ruiz, Murillo y Moreno, 1997: 157).
En este sentido es importante indicar el papel jugado por los emires y los miembros de sus familias que a través de obras pías, fundación de mezquitas, cementerios y en menor medida baños, sirvieron como motor para el futuro desarrollo de los Arrabales Occidentales (Acién y Vallejo, 1998: 121 y 122; Murillo, Fuertes-Luna, 1999: 137). Hasta no hace mucho la documentación arqueológica se reducía a la presencia de pozos negros y muladares, sin embar¬go, en excavaciones recientes se están documentando estructuras de mayor entidad posiblemente pertenecientes a algunas de las almunias que se fueron creando entorno a la medina durante este periodo. Alrededor de ellas, y en muchas ocasiones como principal referente, se crearon los Arrabales Occidentales que alcanzaran su máximo desarro¬llo en el periodo siguiente (Vallejo, 1996: 69).
Por lo que todo parece indicar que la zona contaba no sólo con infraestructuras urbanas y espacios suburbanos, sino que existían núcleos aislados pero completamente urbanizados. Hecho que gracias a la deficiente documen¬tación y registro de las Intervenciones arqueológicas ha pasado inadvertido en muchas de ellas (v. infra).

2.3 Periodo califal

Este sector de la ciudad aparece citado en las crónicas en numerosas ocasiones. Cuando se hace referencia a él se hace para aludir a los nueve arrabales que se extendieron a este lado de Qurtuba como consecuencia del aumento de la población y de la construcción de madinat al-Zahra (Vallejo, 1996: 69-81). Estos arrabales responden a los si¬guientes nombres: Haguanit-ar-raihan, al-Raqqaqin, Mas¬chid al-Shifa´, Maschid Masrur, Balat Mugith, Hammam al-Ilbiri, al-sichn al-qadim, Maschid al-Cahf y Maschid As¬sorur (Castejón, 1929: 296-299).
En cuanto a su identificación con los restos arqueológi¬cos documentados es difícil de establecer tanto en el caso de las estructuras pertenecientes a arrabales como en el de las correspondientes a cementerios.
Los datos arqueológicos acercan cada vez más a la rea¬lidad la imagen, hasta ahora considerada exagerada, apor¬tada por las fuentes. Los datos de autores tardíos como Ibn Bashkwal, y al-Jatib, estiman en unas 3.500 hectáreas la extensión de estos arrabales. Arrabales que durante la fitna fueron cercados por un foso de 7,5 por 4,8 kilómetros (Ca¬brera, 1988), extensiones consideradas exageradas, pero que tras los últimos años de excavación parecen ajustarse a la realidad arqueológica.
Los primeros hallazgos de los que tenemos noticias están recogidos por D. S. de los Santos Gener, que in¬forma en 1949 de un cementerio árabe, que quizá aclare su identificación al hacer un socavón en terreno arenosos para relleno del camino, donde se hallaron numerosos cementerios superpuestos, en fosas separadas, cada una de las cuales tenía varios cuerpos, separadas entre sí por capas de tejas árabes. A 60 metros del km 2 se halló un pavimento rojo, árabe, y a unos cien metros de todo esto, un grueso murallón de sillares árabes a soga y tizón, de longitud desconocida y dirección noroeste-sudeste; otros cien metros al sur de los restos de basílica cristiana halla¬dos en la batería antiaérea (Santos Gener,1995: 41).
Las excavaciones realizadas a partir de la década de los 90 han sacado a la luz numerosos restos pertenecientes a viviendas y una mezquita, infraestructuras hidráulicas y calles de los Arrabales Occidentales, así como un cemen¬terio. A partir de 1992 en el sector dispuesto al norte de la Avda. del Aeropuerto y al oeste de Avda. Gran vía Parque se inician una serie de intervenciones. La primera de ellas corresponde a la excavación parcial de la parcela 01 de la manzana 20383. Debido al avanzado nivel constructivo ex¬perimentado en el solar, aun así, pudieron documentarse restos de dos viviendas con unas características técnicas que serán homogéneas en intervenciones posteriores (Ruiz, 1994). En la parcela 01 de la manzana 19373 se documentaron varios espacios definidos por muros con cimentación de cantos rodados y zócalos de sillarejo que constituían una serie de viviendas con pavimentos de ladri¬llos y calcarenitas, pozos, además de un aljibe aparecido en la fachada noreste del solar (Ruiz, 1994).
Siguiendo con esta tónica se excavan otros tres sola¬res a ambos lados de la calle Guerrita (manzanas 22393, 20388 y 20407) que de nuevo sacan a la luz numerosos restos pertenecientes a la ocupación califal de este sector de la ciudad. Se documenta un entramado de calles y vías principales y secundarias con un trazado más o menos rectilíneo en torno a las que se distribuyen las distintas viviendas que conforman el arrabal. Presenta un sistema de saneamiento a base de pozos negros y pequeñas ca¬nalizaciones para evacuar el agua sucia de las casas que ocasionalmente vierten en otras conducciones que discu¬rren por las calles. La extracción de agua para el consumo humano se realizaba en gran medida con pozos dispuestos en los patios de un gran número de estas viviendas.
El modelo de casa con patio central entorno al que se distribuyen el resto de espacio, zaguán, letrina, salón y otras estancias responde al esquema habitual de la vi¬vienda islámica, que sólo varía en tamaño y calidad de los materiales empleados en su construcción (Ruiz, 1994).
En la manzana 19436, actualmente Centro Comercial Zoco, se realizó una excavación que sacó a la luz una calle de 12 metros de anchura y con el firme de gravas de dis¬tinto tamaño, la orientación era prácticamente norte-sur. Una cloaca pública discurría por debajo de la calle con si¬milar dirección. Al oeste de la calle se documentó un muro de fachada que delimitaba una serie de viviendas (Costa, 1992a).
La parcela 01 de la manzana 19373 corresponde al solar más cercano a la PP-07 y, como hemos visto en las manzanas anteriores, en esta ocasión de nuevo todo el terreno estaba plagado de estructuras pertenecientes a las viviendas de uno de los arrabales occidentales. En torno a dos calles se distribuían varias casas con diferentes dimensiones, una de las cuales contaba con una potente cimentación que podría estar indicando la presencia de una segunda planta en el inmueble, sin embargo, hasta ahora el nivel de arrasamiento que presentan las estructuras ha impedido la identificación de alguna (Costa, 1992b).
En las parcelas 01, 02 y 03 de la manzana 19409, a las que ya habíamos aludido por la presencia en ellas de necrópolis romana, hay que añadir la presencia de un ce¬menterio del que se documentaron cuatro tumbas con cubierta de tejas curvas sobre el que con posterioridad se construyó un arrabal. Los restos de viviendas y la infraes¬tructura que las complementan, así como una calle princi¬pal con dirección SW-NE a la que vierten los desagües de las viviendas que la rodean, se encontraban muy arrasados (Aparicio, 1993a y 1993b; Morena, 1993).
Tres intervenciones más en este sector (manzana 20438, 20426 y 22398) ponen de manifiesto la constante que hemos visto hasta ahora con la presencia de arrabal.
En la parcela 01 de la manzana 20438 se excavaron hasta cuatro calles paralelas que definían unas manzanas alar¬gadas perfectamente organizadas y planificadas (Costa, 1994; 1995; 1996). Al sur de la Avda. del Aeropuerto el panorama viene a ser similar al que hemos visto hasta ahora. La presencia de arrabal se extiende por todo este sector combinando algunas zonas carentes de estructuras y posiblemente dedicados al cultivo, con otras plagadas de ellas.
En las manzanas 22374 (Ruíz, 1996; Botella, 1996; Aparicio, 1996 y1997), 25364 (Ventura-Bermúdez, 1990), 25386, 22322 (Zamorano-Luna, 1992) y los solares defi¬nidos por las calles Manuel de la Haba “Zurito”, Naranjal de Almagro, Pepe Espaliu y Francisco Ortega (Córdoba-Pérez, 1995); la Avda. del Aeropuerto, Naranjal de Alma¬gro, Escritora Gloria Fuertes y Francisco Ortega donde se realizaron cinco intervenciones (Zamorano, 1996; Apari¬cio, 1996 y 1997; Montejo, 1996; López, 1997); las calles Gloria Fuertes, Historiador Manuel Salcines, Manuel de la Haba “Zurito” y Naranjal de Almagro (Costa, 1998); calles Manuel de la Haba “Zurito”, Historiador Manuel Salcines, Pintor Espinosa y Naranjal de Almagro (Montejo-León, 1996) y finalmente la intervención llevada a cabo en la confluencia de las calles Historiador Manuel Salcines y Manuel de la Haba “Zurito” (Ruíz, 1996), en todos ellos se han documentado varias viviendas, calles principales y secundarias, una de las cuales es interesante destacar por haber sustituido el habitual firme de grava por otro realizado con grandes lajas de cuarcita, cantos rodados, pizarra y gravilla, y sobre todo porque parece ser una vía importante de comunicación entre la ciudad y algún punto al oeste además del eje vertebrador de este arrabal (Ruiz, Murillo, Moreno, 1997: 152-153). También fueron exca¬vadas alguna plaza (Luna-Zamorano, 1999: 147; López, 1997: 213) y estructuras relacionadas con la extracción y la evacuación del agua.
Dentro de los solares citados cabe destacar la pre¬sencia de una posible almunia en uno de ellos, identi¬ficada por contar con varias estructuras hidráulicas como albercas (Ruíz, 1996). Por último citar la mezquita aparecida en la manzana 22322, único edificio público identificado hasta el momento. Se encontraba en bastan¬te mal estado de conservación y presentaba una planta rectangular. La realización de obras pías que los emires y sus familiares cercanos vinieron realizando durante el periodo emiral continuó durante el califato como mues¬tra el caso de la madre de al-Hakam II (Luna-Zamorano, 1999: 145-173).
Todas estas intervenciones muestran una trama urba¬na que se mantiene continúa, hasta los terrenos del PP-07. En esta parcela se observa una planificación que da como resultado un urbanismo ortogonal con un sistema viario que define en numerosas ocasiones manzana regulares con adarves que permiten el acceso a las viviendas dis¬puestas en el interior. En ocasiones estas calles presentan un cuidado sistema de saneamiento con la presencia en su eje de canalizaciones. Teniendo en cuenta el panorama po¬demos reconocer que la extensión del arrabal es continua desde el límite murado de la medina hasta más allá de la Ronda de Poniente.

2.4 Ocupación postcalifal

Se ha podido documentar en al menos dos de las I.A.U. realizadas en este sector, en concreto la llevada a cabo entre las calles Manuel de la Haba “Zurito”, Naranjal de Almagro, Pepe Espaliu y Francisco Ortega, donde se ex¬cavaron una serie de estructuras correspondientes a dos albercas, canalizaciones y espacios, fechadas en el s. XII (Córdoba-Pérez, 1995). En una de las parcelas excavadas en la manzana definida por la Avda. del Aeropuerto, Naran¬jal de Almagro, Escritora Gloria Fuertes y Francisco Ortega también se ha documentado una fase correspondiente a este periodo y que en esta ocasión está marcada por la re¬utilización de las estructuras califales (López, 1997b). Des¬de época bajomedieval estos terrenos han tenido un uso agrario que se ha extendido prácticamente hasta nuestros días.
A pesar de todas estas intervenciones, en lo referente a la conservación “el panorama resulta verdaderamente desolador si a esto le añadimos los intereses tanto de la administración pública como de la sociedad en general e incluso de determinados investigadores más preocupados por el atractivo y prestigio de templos o fastuosos mosai¬cos romanos, amén de multimillonarias exposiciones cuya calidad científica es cuando menos cuestionable, que por un mero barrio musulmán que ante la escasa atención que suscita es rápidamente desmontado” (Ruiz et alii, 2001). Siguiendo con el interesante y premonitorio texto de Ruiz: “Como consecuencia, estamos asistiendo no sólo a un duro revés para la investigación, al tiempo que observamos un completo desconocimiento por parte de la sociedad, igno¬rante de qué son y qué representan los arrabales musulma¬nes. Así lo refleja una encuesta realizada entre la población cordobesa, según la cual el 89% de los encuestados no sabe absolutamente nada de ellos y sólo un 11% posee una ligera idea al respecto que, curiosamente, siempre aparece vinculada a una de las escasas integraciones realizadas en la ciudad; la vivienda musulmana de la Estación de Autobu¬ses. Ante semejantes datos podemos deducir que una de las principales causas de este desconocimiento por parte de la población se debe a que escasamente se procede a la integración y revalorización del patrimonio…”. Pero recor¬demos, esta reflexión, que suscribimos completamente, fue realizada desde ámbitos académico-universitarios, en la fase inmediatamente anterior a que éstos irrumpieran en la gestión del Patrimonio Arqueológico. Denunciaba la situación anterior para establecer diferencias con la Nueva Política Patrimonial, en la que los ámbitos universitarios (a través del convenio GMU-UCO) mejorarían sustancial¬mente esta lamentable situación. Una esperanza, a todas luces frustrada, puesto que el panorama lejos de mejorar, no ha hecho más que empeorar, para desgracia de todos y provecho de unos pocos.

3. ANTECEDENTES Y SITUACIÓN ACTUAL

A continuación haremos un breve repaso a las actua¬ciones arqueológicas más significativas de la ampliación urbana del oeste de Córdoba en el presente siglo. Re¬cordemos que estas intervenciones se han realizado en un momento en el que estaban vigentes las normas de Protección del Patrimonio Arqueológico del Plan General de Ordenación Urbana del Ayuntamiento de Córdoba (en vigor desde marzo de 2002) (8). Además de la legislación y normativa reglamentaria de la Junta de Andalucía: Ley 14/2007, de 26 de noviembre, del Patrimonio Histórico de Andalucía, y decreto de 168/2003, de 17 de junio, de Reglamento de Actividades Arqueológicas (9). No obstante, lo escrito para el pasado siglo sigue siendo válido para el presente: “La destrucción sistemática del Patrimonio Ar¬queológico fue una constante, haciéndose en aras de un “desarrollismo” en el que primaban unos intereses urba¬nísticos y económicos no siempre reglados y escasamente transparentes…” (Murillo, 2008). Nosotros añadimos a esto que lo sigue siendo, pues la destrucción es algo más que evidente y la trasparencia aún no ha llegado. Lo que sí ha cambiado, y mucho, es la reglamentación municipal. Pero como se puede comprobar esto no ha supuesto una mejora sustancial en la conservación de este Bien Patri¬monial. No queremos pasar por alto el hecho de que una de las características principales en estas Intervenciones Arqueológicas fue la irrupción masiva de agentes de lo que se viene denominando “Arqueología Comercial”. La mayor parte de las Intervenciones las realizaron Empresas (algu¬nas subsidiarias de constructoras, y todas con intereses económicos directos en la gestión del Patrimonio, incluido el convenio GMU-UCO), y lógicamente fueron concebidas con criterios comerciales.
En la zona Oeste de Córdoba (Expansión hacia Ponien¬te del nuevo PGOU), se han intervenido aproximadamen¬te 137 parcelas y/o solares. La superficie afectada, con¬tabilizando únicamente las zonas donde se han realizado Intervenciones Arqueológicas, puede estimarse en unos 1.571.962 m2. La superficie total excavada en extensión sobre estas parcelas es difícil de estimar sin un estudio pormenorizado. Pero ésta puede comprender un mínimo del 25% del total intervenido (cautela mínima según la nor¬mativa municipal, unos 437.990 m2). Aunque suponemos que la superficie es mayor, y que ésta sobrepasa amplia¬mente el medio millón de metros cuadrados.
Desde comienzos del presente siglo en el límite oeste de la expansión urbana de Córdoba se han realizado nume¬rosas y amplias intervenciones arqueológicas. Estas inter¬venciones han sacado a la luz un extenso arrabal andalusí, cuyo conjunto supone un ejemplo único de urbanismo. Por el contrario, y como veremos en detalle, en este conjunto no se ha conservado “visible” prácticamente nada. En el breve repaso que haremos a continuación sorprende tanto este dato como la inexistencia de una intención clara de po¬ner en valor este conjunto patrimonial. Pensamos que en los criterios de conservación han primado los intereses de promotores privados o públicos (con intereses particulares directos, que en ocasiones han incitado fuertes presiones mediáticas). La realidad es que sobre un bien cultural de primer orden como éste, se ha practicado una política de destrucción y sepultamiento sistemático. Política justifica¬da mediante procesos que supeditan esta destrucción a la documentación previa mediante intervenciones arqueoló¬gicas en extensión. No queremos valorar ni el complejo entramado de intereses que subyace en esta política, ni las causas que han provocado esta lamentable situación. Pero sí una de sus más evidentes consecuencias, la pérdida irre¬versible de un Patrimonio histórico común.
Nos preocupa que en esta vasta extensión documen¬tada arqueológicamente no se haya conservado visible o registrable prácticamente nada. No podemos estimar la superficie efectivamente conservada, puesto que las ex¬tensiones no destruidas han sido sepultadas, en muchos casos, sin criterio alguno para una futura recuperación. O lo que es más grave, están bajo las cimentaciones de edifi¬cios construidos y por lo tanto igualmente irrecuperables. Suponemos que la superficie realmente “conservada” (y por conservada entendemos en una situación reversible para una futura puesta en valor) a todas luces debe de ser menor al 0,5%, y esto con un cálculo algo más que gene¬roso. Si a esto añadimos que en la práctica totalidad de las parcelas intervenidas se ha documentado arrabal andalusí sin solución de continuidad, surgen numerosas preguntas. En primer lugar por qué que no se ha tenido en cuenta que se trata de un conjunto único “los Arrabales Occidentales de la Córdoba califal”, hecho suficientemente contrastado por la realidad arqueológica. No nos explicamos por qué no se han tomado medidas eficaces de conservación o estu¬dio unitario, sobre todo a la hora de la valoración y conser¬vación. No nos explicamos por qué en las valoraciones de conservación no se ha tenido en cuenta esta realidad, dado que únicamente se toma en consideración el estado de los restos conservados en parcelas aisladas. No creemos que criterios como “la escasa potencia conservada” sean sufi¬cientes para permitir la destrucción de parcelas completas de arrabal conservado perfectamente en extensión y por encima del nivel de suelo. Aún menos creíbles son los ar¬gumentos de “arrabal monofásico” o “estructuras aisladas de difícil interpretación”, que tantas veces se han esgri¬mido y que son producto de una excavación apresurada (con empleo masivo e inadecuado de maquinaria), de un registro asistemático y de una interpretación superficial y deficiente. Por último consideramos rigurosamente falsas las dos explicaciones más difundidas: que la destrucción es producto de las decisiones de los arqueólogos directo¬res facultativos de las Intervenciones (puesto que éstos no tiene esta capacidad), o que lo es de la falta de una norma¬tiva clara sobre la protección Patrimonial.
En este último punto es notorio que la regulación legal y normativa, autonómica y municipal (que de por sí es su¬ficientemente restrictiva para garantizar inequívocamente la conservación y difusión del Bien) no haya sido efecti¬va a la hora de conservar y difundir este Bien Patrimonial. Aún más cuando desde 2001, las Normas Municipales de Protección del Patrimonio Arqueológico establecieron el “principio de protección preventiva”. A partir de esta fe¬cha las aprobaciones de los planeamientos urbanísticos han estado sujetos a “estudios histórico-arqueológicos” previos y a cautelas a las que se condiciona la concesión de licencias de obra. En teoría estas cautelas pretenden adaptar la ordenación urbanística y los usos del suelo a las previsiones de afección arqueológica y conservar “aquellos elementos arqueológicos de mayor interés”. A todas luces parece claro que a juicio de los gestores patrimoniales los Arrabales Occidentales no son de interés Patrimonial. A pe¬sar de estar ampliamente comprobado que no son restos arqueológicos aislados, sino un entramado urbano com¬pleto, único e irrepetible, circunstancia que no se tiene en cuenta a la hora de establecer cautelas o de resolver expe¬dientes. Consideramos que la causa de esta destrucción no ha sido el vacío legal, ni la ausencia de planificación previa, ni el desconocimiento sobre el potencial arqueoló¬gico de la zona.
Las Normas Urbanísticas son de obligado cumplimien¬to en el Plan General de Ordenación y en el Plan Especial de Protección del Conjunto Histórico, y deberían de bas¬tar junto con la normativa autonómica para la protección eficaz de este Bien Patrimonial. Sin embargo no es así, y creemos que la norma municipal no lo es porque está su¬jeta a una interpretación no colegiada (realizada individual y unilateralmente desde la Oficina de Arqueología de la Ge¬rencia Municipal de Urbanismo). Además, es una normati¬va municipal y por tanto de grado menor a la autonómica y supeditada a ésta. Pero al estar ligada a la concesión de las licencias de obras cobra una importancia capital. Lo que en la práctica significa una duplicidad de competencias y funciones.
De acuerdo con el artículo 8.2.6 de las Normas de Protección del Patrimonio Arqueológico, conforme al In¬forme Arqueológico Municipal puede establecer las con¬diciones de conservación de los vestigios arqueológicos: conservación in situ o in loco de elementos inmuebles, y conservación soterrada, recomendable por la necesaria protección del bien o por la imposibilidad de compatibilizar la conservación y puesta en valor con el proceso edificato¬rio. Pero en la práctica son muy pocas las cautelas que se han hecho efectivas. Lo que ha provocado destrucciones masivas. Por otra parte creemos que se ha abusado de la “conservación soterrada”, muchas veces como mero eu¬femismo puesto que el sellado irreversible bajo un edificio no es conservación. Y porque no existen garantías de su recuperación, o de que en el proceso constructivo no se destruyan o afecten los restos soterrados.
Además el PGOU establece medidas especiales de reserva de suelo entre las que se especifica “la Reserva Estratégica de yacimientos, especialmente referida a los arrabales de la Córdoba omeya”. Prevé la ejecución de Par¬ques Arqueológicos Urbanos situados en estas reservas. Pero después de 10 años aún no tenemos ningún Parque Arqueológico Urbano. El único Parque Arqueológico pre¬visto sigue “en ciernes” (10) después de ocho años de es¬pera. Se preveía que contuviera una extensión de 20.000 m2 de arrabal, en la parcela del PAU SC-1 SEGO-SUNP-1, un solar para infraestructuras municipales. El resto de los parques urbanos de la zona de arrabal sólo existen en las noticias de prensa.
En 2005 se preveía la construcción de un Parque Ur¬bano en la Almunia de Turruñuelos, en una zona protegida por la ampliación del Plan Especial de madinat al-Zahara. La zona prevista para Parque se ubica en el SGEL-SUNP-4b, y tiene una extensión de unos 390.000 m2. En su día se hablaba de la compra de 298.048 m2 por un montante estimado de 5,05 millones de euros. Pero la noticia de prensa deja claro que “aún está todo por hablar y acordar” (21/03/2005, Diario Córdoba). No tenemos otras referen¬cias sobre este proyecto. Existió otro espoleado por los resultados de la excavación de la Ronda de Poniente. Se contemplaba la posibilidad de crear un parque lineal pe¬riurbano concebido como un cinturón verde entre Córdoba y al-Zahra. Pero de la Ronda tan sólo se conserva en re¬serva unos 2.000 m2, una vez destruidos todos los restos del trazado (08/09/2008, Diario Córdoba; 16/11/2007 Eu¬ropa Press; 05/07/2008, El Día de Córdoba; 7/07/2008, El Economista). No sabemos, porque no hay información, si estos proyectos pasaron de la mera intención política, pero el hecho es que está muy lejos de materializarse. Existen otros proyectos que no han llegado a publicitarse como Parques Arqueológicos. Uno de ellos sobre la almunia de al-Rusafa, identificada mediante una prospección geofísi¬ca que delimitó un gran edificio cuadrangular de c. 50 por 48,50 m de lado. Por el momento, no se prevé excavarla, pero su protección ha quedado “garantizada” mediante su inclusión en una zona verde dentro del Plan Parcial (22)
Pero este último es un ejemplo aislado en lo que pode¬mos denominar una etapa de destrucciones masivas, que se abre con Cercadilla: “La destrucción, en 1991, del vasto complejo monumental interpretado como palacio imperial de Maximiano Hercúleo, en Cercadilla, constituye sólo la punta del iceberg de un proceso acelerado de afección so¬bre el yacimiento arqueológico que se venía produciendo desde los años sesenta. Una destrucción generalizada de los depósitos arqueológicos que, por si fuera poco, no se tradujo al menos en un mayor conocimiento del pasado de la ciudad de la mano de una correcta gestión de la in¬vestigación arqueológica (Murillo, 2008)”. Este proceso aún sigue abierto y lo que es más sangrante, a pesar de una normativa municipal y autonómica que puede ser su¬ficiente para cerrarlo. No obstante no lo hizo, ahora se ve frenado por otras causas, la crisis financiera. Para atajar futuras pérdidas, porque nada ha cambiado salvo la des¬aceleración de la destrucción, pensamos que debería ha¬ber una ampliación del grado de protección legal de este conjunto patrimonial. Una ampliación que propicie su efec¬tiva protección, conservación, puesta en valor y difusión. Pero sobre todo creemos que es necesario un cambio de mentalidad que (como analizaremos en las conclusiones a este trabajo) pasa irremediablemente por desvincular la arqueología del mercado del suelo.





Fig. 2

4. ANÁLISIS DE LAS PRINCIPALES INTERVENCIONES

4.1 Límite Oeste: Ronda de Poniente


El conjunto de excavaciones arqueológicas realizadas en la Ronda de Poniente (intervenciones del 2002 al 2005) afectaron a una superficie de 543.890 m2. De ésta se in¬tervino una extensión algo menor al 38%, unos 152.000 m2 (Camacho et alii, 2004). En este conjunto tan sólo se ha conservado in situ el 0,44%, unos 2.000 m2. Una zona interpretada como almunia (12) (Camacho, 2010) y un aljibe trasladado a la glorieta de la Vereda de Trassierra, inacce¬sible y descontextualizado. El resto ha sido completamente arrasado, tanto las zonas excavadas como las no excava¬das. No valoraremos aquí la imposibilidad de su conser¬vación integra, al tratarse de una infraestructura de primer orden y fundamental para el desarrollo urbano de Córdoba. Tampoco valoramos la documentación y registro arqueo¬lógico de estas intervenciones, algo más que superficial. Lo que sí ponemos de relieve es que estas intervenciones han supuesto un antes y un después en el conocimiento de la extensión e importancia de los arrabales. Conocimiento que no ha sido tenido en cuenta en la planificación urba¬na posterior, ni ha supuesto un cambio sustancial en las medidas de protección y conservación de este bien patri¬monial. Aún no se han establecido protocolos de actuación claros en el caso de las extensas necrópolis (sobre todo en lo referente a su conservación y estudio). Por el contrario se ha optado por la destrucción sistemática de las zonas funerarias. No existe, que sepamos, ni una sola fosa visible de las más de ¡6.305 documentadas!. Por no hablar de la, algo más que deficiente, excavación de las mismas, puesto que el número de fosas existentes es sustancialmente ma¬yor al documentado. Por lo que de los algo más de 16.000 m2 de necrópolis no conocemos prácticamente nada, salvo un plano de ubicación de las fosas y una sucinta y parcial descripción de su tipología.
§ E (Polígono industrial la Torrecilla, al sur del Guadal¬quivir): 424 sepulturas, 460 individuos (Camacho, 2004: 233).
§ D (Casas del Naranjal): 4.000 sepulturas, 587 indi¬viduos (Camacho et alii, 2009; Casal et alii, 2006: 263).
§ C (Avenida del Aeropuerto): 1.455 sepulturas (Ca¬macho, 2002: 122).
De los casi 29.000 m2 de arrabales excavados pode¬mos extraer la misma conclusión. Una precipitada exca¬vación y una documentación superficial, que impide una correcta interpretación. No se documentaron fases cons¬tructivas, no se ofrece una visión de conjunto en cuanto a su interpretación, ni se identifican correctamente espacios y funciones (13). De todos los casos registrados hasta el mo¬mento el más singular es el yacimiento D de la Ronda de Poniente, donde se documentó un complejo arquitectónico compuesto por una mezquita, unos baños y una almunia ubicada junto a un camino, al sur de los cuales se extendía un extenso cementerio (Camacho, 2007: 229). Pero la más que deficiente fase de excavación impide hoy incluso el definir claramente su planta, cronología y fases constructi¬vas. Sus excavadores le asignan una cronología califal (Ca¬macho, 2007: 229, nota 1), sin argumentos estratigráficos concluyentes, aunque posiblemente se trate de un barrio emiral con perduración en época califal (Murillo-Casal-Castro, 2004: 267). Imprecisiones que son prueba de la escasa utilidad del registro de esta excavación.
§ A (Albaida sup.): 13.498 m2 de arrabal en extensión.
§ B (Avd. General Perón A-431): 9.391 m2 de arrabal en extensión.
§ C (A-431 N-437): 2.122 m2 de arrabal en extensión.
§ D (N-437 accesos Naranjal): 3.870 m2 de arrabal en extensión.
A pesar de todo éste fue un caso excepcional, porque se trató de la primera gran intervención arqueológica en extensión, y no se preveían unos resultados tan extensos. Pero esta experiencia, sin duda negativa, no sirvió para replantear el modelo de gestión arqueológica en la zona. Las patentes deficiencias de estas intervenciones no se han corregido hasta el momento: un registro superficial, y en muchos casos deficiente, que dificultará, cuando no impedirá, la posterior interpretación. Y ello a pesar de la evidente mejora en lo concerniente a la documentación pe¬rimétrica y tendencia a ampliar las superficies excavadas. El resultado ha sido documentación a cambio de destruc¬ción. Un modelo que nos parece completamente inadecua¬do. Puesto que impide uno de los objetivos principales de la política patrimonial, su puesta en valor y difusión para el disfrute de los ciudadanos. Modelo que, además, con¬sideramos pernicioso puesto que ni siquiera garantiza un conocimiento científico del bien patrimonial. Dadas las cir¬cunstancias en las que se desenvuelven las intervenciones, la documentación es siempre apresurada y parcial por las limitaciones temporales. Por otra parte los criterios meto¬dológicos de excavación y registro no han sido unificados, por lo que el grado de conocimiento en las distintas inter¬venciones es muy variado. Esto unido a la inexistencia de un planteamiento teórico interpretativo, sin duda impedi¬rá una correcta interpretación del conjuntol. Y prueba de ello son las últimas publicaciones, donde después de once años de intervenciones con resultados espectaculares no se sobrepasa el estadio de la hipótesis especulativa sin po¬sibilidad de contrastación científica (14).



Fig. 3: Ronda de Poniente, zona conservada soterrada durante el proceso constructivo.

4.2 Zona Sur-Oeste: Fontanar-Reina Sofía

En la zona en el entorno de El Fontanar y el Centro Hos¬pitalario Reina Sofía se han realizado durante estos últi¬mos años seis excavaciones arqueológicas, con un total de aproximadamente 109.365 m2 afectados. En todas ellas se documentó arrabal andalusí en extensión y sin solución de continuidad. A estas intervenciones hay que sumar la rea¬lizada en las Pistas Polideportivas (Luna-Zamorano, 1999) donde se documentó la planta completa de una mezquita, que en la actualidad está enterrada y es irrecuperable.
. PAU SC-1 SEGO-SUNP-1 (Naves Municipales). Parce¬la destinada originalmente a infraestructuras municipales. Sobre una superficie aproximada de 38.890 m2 se excavó una extensión de aproximadamente un 30%, unos 11.866 m2 (datos aproximados obtenidos mediante mediciones sobre fotografía aérea). Actualmente es visible una superfi¬cie de 20.526 m2, que incluye la mayor parte de la excava¬ción arqueológica, el resto está bajo un parking superficial. Estos restos son actualmente visibles, no tienen ningún tipo de protección, sufren un evidente proceso de degrada¬ción y corren un grave peligro de destrucción. Sobre ellos parece que existe, o existió, la intención de conservarlos en un “parque arqueológico municipal” (15). Intención publicita¬da en el año 2003, que sólo conocemos a través de la presa local, cuya única actuación ha sido el vallado de la par¬cela y la cubrición de algunas estancias (Diario Córdoba: 03/08/2003 03/08/2003, 06/08/2003). En las Naves Muni¬cipales se excavó una almunia emiral y califal, arrabal califal (con baños y espacios representativos), y una necrópolis, de la que se excavó un pequeño porcentaje, 212 tumbas (Bermúdez et alii, 2004; VV.AA.,1010: 665-669). Esta ne¬crópolis es la misma que ha sido excavada en el PP O-7, aunque hoy por hoy no existe la posibilidad de relacionar ambas. Las particularidades de ubicación de esta parcela y su titularidad municipal, han permitido su conservación, o mejor dicho su no destrucción. Como dijimos teóricamente se prevé poner en valor unos 20.000 m2. Pero hoy por hoy no conocemos ningún proyecto real, ni creemos que exista (dado el coste económico) intención alguna de materializar el parque arqueológico. Puesto que los esfuerzos en este sentido se están desviando a los proyectos del Templo de la calle Claudio Marcelo (Diario Córdoba 03/02/2004), y al reciente proyecto del Anfiteatro en la antigua facultad de Veterinaria (Diario Córdoba 10/04/2006). Al menos eso pa¬rece deducirse de las noticias de prensa.
. PERI 9 (Piscinas Municipales). En la excavación rea¬lizada en las Piscinas Municipales durante el año 2006 (PERI 9) con una superficie de parcela de 34063 m2, se ha conservado aproximadamente un 1,7 %, unos 710 m2. En la parcela A, con una superficie aproximada de 9.230 m2, en el que se excavó el 30%, unos 2.800 m2, que se¬pamos tan solo se ha conservado la zona norte, unos 230 m2, un 2,50 % (de un baño), y un testigo en el perfil sur. En la parcela, con unos 24.833 m2, se ha excavado aproxi¬madamente el 2%, unos 480 m2, y conservado unos 380 m2. Cuando hablamos de conservación deberíamos decir no destrucción. Los restos estuvieron durante años en una fase de deterioro evidente hasta que se cubrieron durante el proceso constructivo. Desconocemos si esos restos son recuperables. En la actualidad no son visibles salvo el tes¬tigo del perfil sur, en grave peligro de derrumbe. En esta intervención se documentó una secuencia similar a la de la intervención anterior, almunia con baños y espacios repre¬sentativos (emiral y califal), deficientemente interpretados, y una necrópolis tardoantigua (Aparicio, 2002). Sorprende que, en este caso, no se conserve nada. Puesto que se do¬cumentaron estructuras con alzados de más de un metro y con una conservación espectacular, que contrasta con la del yacimiento vecino (el de las Naves Municipales, donde apenas se conservan alzados de 40 cm.).



Fig. 4: PAU SC-1 SEGO-SUNP-1 (Naves Municipales de El Fontanar). Estado actual.



Fig. 5: PERI 9 (Piscinas Municipales de El Fontanar). Estado actual.

. Complejo Hospitalario Reina Sofía. En este entorno se han excavado tres parcelas, de las que sólo disponemos de información de una, la realizada en el edificio del Centro Regional de Transfusiones Sanguíneas. En ésta se excavó en extensión una parcela de aproximadamente 1.290 m2. No tenemos conocimiento de que se conserve nada, en ella se documentó arrabal y parte de una mezquita (Sán¬chez, 2009). En las excavaciones realizadas recientemente en las inmediaciones del Hospital Reina Sofía, son visibles la totalidad de los restos arqueológicos excavados. En las del Centro de Investigación Bioquímica, unos 8.180 m2, y en la ampliación del edificio hospitalario, unos 11.024 m2, desconocemos tanto los resultados como el futuro de los restos actualmente visibles y sin protección alguna.



Fig. 6: Ampliación del Hospital Provincial Reina Sofía.



Fig. 7: Hospital Provincial Reina Sofía, Centro de Investigación Bioquímica.

4.3 Plan Parcial 0-7

Plan Parcial que se inserta en una enorme parcela de 357.997 m2, donde se han excavado doce de las veinte parcelaciones, con una superficie de aproximadamente 51.570 m2, excavada en extensión16. En este cómputo no incluimos ni las excavaciones previas de los viales, ni las parcelas sondeadas pero no excavadas en extensión. De las parcelas excavadas en extensión (16), siete han sido vacia¬das total o parcialmente, y cuatro están construidas o en proceso de construcción. Por los datos que conocemos, en ninguna de las parcelas excavadas hay previsión de conservar ningún resto visible. En este caso la presión mediática fue considerable (17), hecho que sin duda debió de influir en la política de destrucción a cambio de documen¬tación.

En la zona sur de este Plan Parcial se sitúa una exten¬sa necrópolis (parcelas: M 6, 7, 9, M-D, M-H, M 8, M 10, M 11). Necrópolis con una extensión mínima de 103.000 m2, en el interior del Plan Parcial. Esta misma necrópolis es la que se documentó en el PAU SC-1 SEGO-SUNP-1 (Excavación de Naves Municipales de El Fontanar) situado a unos 170 m al sur. Los límites de la necrópolis pueden estimarse: al Oeste se situarían en la c/ Alexandre, al Este en la Ronda de Poniente (donde ya se documentó extensas zonas de arrabal). Al Norte y Sur ha sido documentada en las excavaciones del PP 0-7 y de las Naves Municipales del Fontanar. Por lo que la necrópolis podría alcanzar una extensión de 275.451 m2. Esta necrópolis se ha documen¬tado en los Viales del Plan Parcial, donde se excavaron 313 tumbas (Molina et alii, 2006); en la Manzana 12b (10 tumbas, Cepillo, 2007); en la Manzana 8 (1.644 tumbas; Romero, 2008); en la Manzana 10 (1.513 tumbas, Osuna, 2008). Es por tanto la necrópolis más extensa jamás do¬cumentada en el Occidente, de la que se ha documentado una mínima parte, unas 5.147 tumbas (datos en AA.VV., vol. II, 2010b). En el resto de las parcelas documentadas (M 1, 2, 3, 4, 6, 12, 4 15, y 18) existe un arrabal intensa¬mente urbanizado con todo tipo de infraestructuras, casas y edificios singulares. Durante el proceso de ejecución de los viales y la urbanización de las manzanas se intuyó la presencia de dos mezquitas relacionadas con la necrópo¬lis. En algunas parcelas parecen intuirse edificios públicos pero por la apresurada y desigual documentación son hoy por hoy mera interpretación y su conocimiento no pasa de una referencia topográfica no concluyente.
Como conclusión de lo expuesto, tenemos:
§ Arrabal construido: una superficie de 34.419 m2 ex¬cavada en extensión.
§ Necrópolis: una superficie de 17.157 m2 excavada en extensión.
§ En total se han excavado 51.576 m2
Desconocemos el porcentaje previsto de conservación, aunque suponemos que las cautelas son mínimas, dadas las construcciones y destrucciones ya prac¬ticadas:
§ En la Parcela M 1 aún se conserva la zona excavada sin protección alguna.
§ En la Parcela M 2 está construida su zona Este (y en su superficie no son visibles restos).
§ En la Parcela M 3 aún se conserva la zona excavada sin protección alguna.
§ En la Parcela M 4 aún se conserva la zona excavada sin protección alguna.
§ La Parcela M 8 se encuentra en construcción y se ha destruido la totalidad de la superficie excavada.
§ En la Parcela M 18 se ha destruido la totalidad de la zona excavada.
§ En la Parcela M 11 se ha destruido la totalidad de la zona excavada.
§ En la Parcela M 12b se ha construido en su totalidad.
§ En la Parcela M 16 aún se conserva la zona excavada sin protección alguna.
§ En la Parcela M 15 se ha destruido la totalidad de la zona excavada, 4.502 m2
§ En la Parcela M 16 aún se conserva la zona excavada sin protección alguna.
§ La Parcela M 14 está en pleno proceso de construc¬ción con toda la zona Este destruida, y el resto sin protección.



Fig. 8: PP 0-7 (Parcela 14, estado actual).




Fig. 9: PP 0-7 (Parcela 4, estado actual).

En las parcelas excavadas, los restos conservados se deben no a cautelas administrativas sino a la crisis econó¬mica que ha paralizado la urbanización. En este Plan Parcial quedan unos 156.000 m2 en 9 parcelas sin afecciones de ningún tipo, y amplios espacios en viales y equipamientos que no han sido afectados por las obras de urbanización. A lo que hay que sumar la superficie excavada y aún con¬servada y las zonas no destruidas de las parcelas interve¬nidas. Aún conservamos más del doble de la superficie intervenida, esperamos que prospere la propuesta ciudadana para la incoación del expediente de BIC del conjunto y, en consecuencia, se actúe con mayor rigor en la protección de este Bien Patrimonial. Aún se conserva una razonable extensión para su musealización y puesta en valor. Ahora que la fiebre especulativa y la presión mediática no existen, y que la mayor parte de las promociones privadas están paralizadas por la crisis económica, es el momento para una apuesta clara sobre la conservación de nuestro Patri¬monio Arqueológico. Es por esta preocupación por la que propusimos presentar la solicitud de declaración de Bien de Interés Cultural, puesto que consideramos que la ac¬tuación en esta parcela ha sido nefasta, no tanto porque ésta fuera diferente a la aplicada en otros casos sino por la abrumadora extensión excavada y destruida.



Fig. 10: Lám. 8: PP 0-7: Parcela 15 (antes y después).

4.4 Zona Norte

En la zona situada al norte del PP 0-7 se han excavado cuatro grandes planes de urbanización (PERI MA-4, PP E-1 PA, PP MA3, PERI A-9 y PP 0-4), en todos ellos la tónica ha sido similar a la descrita anteriormente. Grandes zonas excavadas, una metodología de excavación y registro apre¬surada, y una clara tendencia a la destrucción completa de los bienes arqueológicos documentados. En esta zona se ha documentado un arrabal islámico a lo largo del eje marcado por la carretera de Trassierra, desde la Glorieta de Las Margaritas hasta la Glorieta de Amadora, así como una almunia, un cementerio y un área alfarera.
. PERI MA-4. Situado inmediatamente al norte del PP-07, e inmediatamente al norte del trazado del ferrocarril, se han excavado alrededor de 13.400 m2. En toda esta super¬ficie se documentó arrabal sin solución de continuidad. No tenemos información sobre esta zona, pero en la actuali¬dad no es visible ningún resto arqueológico.
. PP E-1. En esta zona se han intervenido seis parcelas, con una superficie total de unos 23.500 m2, y donde se los viales se han conservado bajo éstos, y parcialmente algunos restos de los excavados en las parcelas construi¬das18. No obstante no se conserva nada visible, y la mayor parte de las parcelaciones se encuentran hoy en día libres de construcción. ha excavado algo más del 25% de la superficie total (unos 5.900 m2). En toda esta superficie se documentó arrabal sin solución de continuidad (Aparicio, 2008: 238).
. PA PP MA-3. Se han excavado unas diez parcelas con unos 71.800 m2 documentados. Con las mismas caracte¬rísticas de arrabal en extensión, salvo un gran vacío en la zona norte.
. PP 0-4. En esta zona se han realizado numerosos son¬deos y algunas excavaciones en extensión sobre viales e infraestructuras. En la parcelación sur de este Plan Parcial se ha documentado arrabal en toda la extensión sondeada. Mientras que en la parcelación norte parece establecerse el límite de la extensión del arrabal (Parcela 70158). En este Plan Parcial de han excavado en extensión 4.373 m2 en dos de los viales, una extensa superficie al norte y al suroeste del mismo (manzana 18 del PP). La zona oes¬te está formada por un arrabal con trama viaria de primer orden (excavada muy parcialmente) y un camino interur¬bano, la zona oeste son espacios productivos dedicados a la alfarería (VVAA., 2010b). Los tramos excavados en los viales se han conservado bajo éstos, y parcialmente algunos restos de los excavados en las parcelas construi¬das (18) No obstante no se conserva nada visible, y la mayor parte de las parcelaciones se encuentran hoy en día libres de construcción.



Fig. 11: PP 0-4. P. Proceso de excavación.

. PERI A-9. Aquí se excavó un solar de unos 16.600 m2, en él se identificó un gran edificio interpretado como almunia, arrabal y espacios productivos (Rodero-Asensi, 2006a, 2006b). La mayor parte de los restos fueron des¬truidos durante el proceso de construcción y desconoce¬mos si queda algo conservado bajo la edificación. Lamen¬tablemente también se perdió parte de la rica decoración arquitectónica recuperada.

4.5 Zona central: Polígono de Poniente y Ampliación de Ciudad Jardín, PA PP-1

En lo que hoy es esta gran barriada situada al oes¬te de la Avda. Parque, hasta el límite este del PP 0-7, se han excavado unas 25 parcelas de unos 182.000 m2 de los que se han documentado no menos de 45.000 m2. Todas ellas con resultados positivos, y en la mayoría de los casos espectaculares (19) La mayor parte de estas intervenciones son anteriores a 2004 y en consecuencia anteriores a la excavación de la Ronda de Poniente, en un momento en el que la tendencia era hacer excavaciones en sondeos, más o menos amplios. Por lo que la documentación de la ma¬yor parte de estas parcelas no es extensa, lo que impide una adecuada interpretación de conjunto. Esto unido a una planimetría deficiente (sobre todo en las excavaciones más antiguas) y la destrucción sistemática de restos ha impedi¬do el estudio de los mismos. Después de casi diez años de intervenciones en la zona no existe un estudio urbanístico de conjunto de los arrabales, exceptuado el trabajo ya in¬dicado de Dortez (VV.AA., 2010b, vol. II), trabajo que por otra parte no aporta nada en este sentido. Como en los casos anteriores, las tramas urbanas, la identificación de edificios públicos, etc… son difíciles de establecer.
Aún nos movemos en el ámbito de hipótesis sobre ge¬neralidades, en la mayor parte de los casos sin posibilidad de contrastación. En la práctica totalidad de estas inter¬venciones los restos arqueológicos han sido destruidos o están bajo las cimentaciones de los edificios, sin ninguna posibilidad de recuperación (20). Práctica que sigue continua¬da y aplicada a las últimas excavaciones en la zona como la realizada en una parcela cercana al PP 0-7, en la cons¬trucción de unas piscinas municipales, donde los extensos restos de arrabal han sido destruidos bajo éstas (Cánovas-Moreno, 2009).

4.6 Zona Sur: Parque Cruz Conde

Este caso merece algo más de atención, dado que la mayor parte de la zona es de titularidad municipal y no urbanizable. En la zona se ha documentado la presencia de arrabal en el Parque Zoológico (Ruiz et alii, 2008; Sánchez, 2009; Ruiz-Murillo, 2001, Sánchez, 2009b) y en el Teatro de la Ajerquía (Murillo, 1995), y en la zona existen infraes¬tructuras de primer orden relacionadas con los aterramien¬tos del Guadalquivir.
En teoría los posibles restos arqueológicos deberían de gozar de una mejor protección. Pero la realidad es que esta zona corre el mismo riesgo que el conjunto descrito ya que en la práctica se aplica la misma política. Baste como ejem¬plo el hecho de que en las últimas tareas de adaptación y acondicionamiento del Parque Cruz Conde no ha habido ningún tipo de previsión ni cautela arqueológica. Las cau¬telas arqueológicas sólo se han aplicado a posteriori una vez destruidos parcialmente los restos, y fueron espolea¬ espolea¬das por la denuncia ciudadana (Diario Córdoba y El Día de Córdoba, 28/10/2010).

4.7 Plan parcial RENFE

La lamentable e intencionada destrucción del yacimien¬to de Cercadilla, generalizada tanto en la construcción de la estación del AVE como en la posterior destrucción de la zona de los viales, ha sido la tónica de la gestión arqueoló¬gica de esta ciudad. En la zona de los viales existieron va¬rios edificios monumentales, hoy por hoy irrecuperables. Uno de ellos se excavó parcialmente, un amplio complejo interpretado como almunia (Murillo et alii, 2003; Arnold, 2010). Además de extensas superficies de arrabal y necró¬polis (vid Márquez, 2004; Morena-Botella, 2003; Moreno et alii, 2003; Murillo et alii, 2006; Ortiz, 2009; Ruiz, 2003; Valera, 2004; Ventura et alii, 2003; Ventura et alii, 2006, ente otros). Arrabales sólo existen en los expedientes de la Delegación de Cultura.
Tanta destrucción y las protestas de gran parte de la profesión propiciaron que se generaran las inversiones que con el tiempo fructificaron en el Parque Arqueológico de Cercadilla (Gestionado por la RECA) donde, además de restos fragmentarios del palatium, se conserva una por¬ción de arrabal. Actualmente la zona es visitable y está musealizada, caso único en córdoba (Fuertes, 2010) (21). Por desgracia el coste de este parque ha sido demasiado alto: la destrucción del palatium y los arrabales afectados por las obras del Pan Parcial RENFE (22).
La expuesta es una realidad incompleta, pero bastan¬te clarificadora de nulos resultados de la política de pro¬tección patrimonial en materia de conservación-museali¬zación. Basten los datos expuestos como ejemplo de las consecuencias de la gestión arqueológica y la ineficacia de las medidas de protección. Tras este panorama los ar¬queólogos del futuro tendrán difícil explicar al ciudadano que Córdoba fue la ciudad más extensa de Occidente. Ten¬drán que recurrir a argucias imaginativas como “descubre con nosotros la ciudad que no ves” y que nunca verás, “cree lo que digamos” porque jamás recuperaremos el pa¬trimonio perdido. La arqueología debe ser un recurso de futuro, pero si la destruimos en el presente no será nada. Creemos que ha de superarse, de una vez por todas, la fase de “una arqueología articulada en las bondades de la teoría, la prensa, los planes futuros, y cómplice silenciosa de la destrucción del patrimonio arqueológico…” (VV.AA., 2010a). Creemos que es el momento de superar las con¬ tradicciones entre un discurso público vacío y una realidad en la que se constata día a día el menosprecio por nuestro Patrimonio. Creemos que los agentes del “mercado comer¬cial” del suelo deben quedar fuera de la toma de decisiones (algo bastante lógico), y queremos que la administración competente actúe en consecuencia.

5. CONCLUSIONES

Una de las noticias con las que se conformó la pági¬na web de la Plataforma Ciudadana Contra la Destrucción del Patrimonio Cordobés aludía a las responsabilidades en la destrucción de los Arrabales Occidentales: “¿Y quiénes son los responsables? Sin duda tod@s los cordobeses te¬nemos un grado de responsabilidad (por desconocimiento, desinterés, desidia…) pero qué duda cabe que a mayor poder mayor responsabilidad: ¿dónde está la Consejería de Cultura, dónde el Ayuntamiento y la Gerencia de Urba¬nismo, dónde el Convenio Gerencia-UCO? ¿Quién ha le¬vantado la voz?”.
Efectivamente, decir que todos/as somos responsables o que Estoloarreglamosentretodos.org es querer distraer y confundir. Porque si bien todo ciudadano tiene un gra¬do de responsabilidad, ¿cómo comparar éste con el de las administraciones, las instituciones, las constructoras, los medios de comunicación, mucho más poderosos?.
Es el momento de desmontar la versión simplista e intencionada que concentra la responsabilidad de la des¬trucción del patrimonio arqueológico en un indefinido “de todos los cordobeses”, o en un interesado “arqueólogos envilecidos por el beneficio económico” (aunque de hecho existan). Por ejemplo, a “todos los cordobeses” o “a todos los arqueólogos” se les viene señalado como responsa¬bles por diversos miembros de la Universidad de Córdoba y del convenio que ésta tiene concertado con la Gerencia Municipal de Urbanismo (GMU), destacando que los ar¬queólogos (que durante estos últimos años han dirigido las actividades arqueológicas de carácter preventivo de¬sarrolladas en la ciudad, contratados como autónomos o por empresas de arqueología) rubricaron con su firma la destrucción de los restos hallados.
Olvidan intencionadamente que las propuestas de con¬servación que, preceptivamente, se han de incluir en los informes-memorias de dichas intervenciones, nunca han sido vinculantes para la administración autonómica (última instancia decisoria en estas competencias) siendo siem¬pre una mera recomendación que no ha tenido, en ningún caso, el peso que debería en las deliberaciones de la Co¬misión Provincial de Patrimonio, por no citar los casos en los que esta comisión técnica ha sido desautorizada o, al menos, soslayada por el/la Delegado/a de turno.
Olvidan también que la precariedad imperante en el sector de la arqueología tiene su reflejo en las relaciones clientelares que estos trabajadores tienen con las empre¬sas que monopolizan el mercado, contratados como falsos autónomos, temporales precarios, con contratos fraudu¬lentos y, en fin, en una inestabilidad laboral e inseguridad vital por encima de la de cualquier otro sector del mundo del trabajo.
En el entramado de la arqueología cordobesa son las empresas de arqueología las que, generalmente, tienen en sus manos las relaciones mercantiles con los promotores y constructores y, por tanto, responden ante ellos de los resultados de los procesos liberalizadores de suelo que ofertan, colocando a los arqueólogos en el papel de herra¬mientas necesarias, dictándoles en la mayoría de los casos las recomendaciones de preservación de los hallazgos de acuerdo con los intereses del contratante (de facto, la eli¬minación de los restos). Estas empresas acabaron en gran medida con el ejercicio libre de la profesión que se venía ejerciendo en la ciudad hasta ese momento y, por ende, con la ya escasa independencia de la que gozaban los pro¬fesionales de este sector.
Porque las empresas de arqueología se crearon, en gran medida, al hilo del inusitado crecimiento urbanístico e inmobiliario que experimentó la ciudad con motivo de la entrada en vigor del actual Plan General de Ordenación Ur¬bana (PGOU). Estas estructuras empresariales nacían con la intención de ofrecer un servicio integral a los promotores inmobiliarios que construían en la ciudad y que necesita¬ban, por la normativa patrimonial vigente, realizar interven¬ciones arqueológicas en aquellos solares que iban a pro¬mover (el servicio consiste, generalmente, en gestionar la intervención desde la fase inicial de redacción del proyecto, tramitación administrativa, ejecución de la intervención y entrega de la memoria de resultados para la obtención de la correspondiente resolución administrativa que libera el solar y faculta la construcción de la edificación proyecta¬da). Los administradores y gerentes de estas empresas habían sido con anterioridad, en su mayoría, profesionales libres que ahora veían la posibilidad de incrementar sus beneficios ofreciendo al promotor inmobiliario, no sólo sus servicios como arqueólogos, sino todas las herramientas necesarias para la ejecución integral de la actividad: opera¬rios, maquinaria, topografía, dibujo, seguridad y salud, etc.
De esta forma se crearon muchas empresas en muy poco tiempo, lo que no repercutió en una mayor calidad del trabajo realizado, antes al contrario, se entró en un proceso competitivo galopante con el objetivo de ser más eficaces de cara a los promotores y constructores, y poder captar de esta forma una mayor carga de trabajo: más rapidez, menos conservación… y menos sueldos. Tanto los direc¬tores de las actividades arqueológicas como los operarios que son contratados por estas empresas han sufrido de esta guisa un claro retroceso en sus condiciones laborales, ya que la competitividad degenera necesariamente en un abaratamiento de los costes de producción y, por ende, desde la mentalidad estrictamente empresarial y capitalista que se aplica, en los sueldos de los trabajadores (nunca en los pingües beneficios finales que obtienen los empre¬sarios). Esta situación “se encuentra en las antípodas de toda regulación y dignificación profesional. La gravedad de la situación llega al punto de que las empresas, o cualquier otro tipo de figura bajo la que se halle una relación entre empleador y empleado, son las que en muchos casos ad¬quieren una posición victimista, como si las deficiencias en el trabajo no fueran su responsabilidad o como si no fueran ellas las que estipulan las condiciones de contra¬tos denigrantes y las que ejecutan despidos arbitrarios.” (MOYA, 2010: 11).
Igualmente, la independencia de los arqueólogos direc¬tores que trabajan para estas empresas se ve mermada tanto a la hora de ejecutar el proyecto autorizado como en las propuestas de conservación de los restos arqueológi¬cos excavados (que deben plasmar en la memoria de resul¬tados) cayendo necesariamente en la disyuntiva de seguir las directrices que marca la empresa para la que trabaja, siempre afín a los intereses del promotor inmobiliario que ha contratado la actividad, o contravenirla. De esta forma, sin tener el arqueólogo director las competencias sobre el destino final de los restos arqueológicos, se le hace partici¬par con su firma en el proceso de destrucción de los restos patrimoniales que había excavado.
Si el arqueólogo no actúa rubricando la destrucción de los restos arqueológicos se arriesga a salir necesariamen¬te del mercado laboral, algo que por dignidad profesional se le podría pedir… pero no, desde luego, por aquellos agentes más poderosos y por tanto más responsables, que tienen más posibilidades para poder cambiar una situación que no sólo no cambian (o intentan cambiar) sino que fo¬mentan.
Porque, como decimos, este tipo de comportamiento no es exclusivo de las empresas de arqueología, lo es de todas las administraciones que incluso cooperan “para ocultar la verdadera magnitud de algunas agresiones y/o silenciar errores, cuando se han cometido auténticos crí¬menes contra el Patrimonio” (ORIHUELA, 2000: 171). Lo tiene también la Universidad.
De hecho, en múltiples informes emitidos y rubricados nominalmente por los miembros del convenio de la Univer¬sidad de Córdoba y la Gerencia de Urbanismo (UCO-GMU) encontramos las mismas recomendaciones destructivas expresadas bajo una misma fórmula que se reproduce repetitiva y mecánicamente, informe tras informe: “consi¬deramos que, en este solar, no existen elementos arqueo¬lógicos que por sus características recomienden proceder a su conservación una vez documentados científicamente y agotada la secuencia estratigráfica, por lo que es proce¬dente autorizar su desmantelamiento y conceder la corres¬pondiente licencia de obras, condicionada a la realización de un seguimiento arqueológico.”
La standarización de esta fórmula muestra claramente que es la misma mano la que se antepone a la firma del director de la actividad. Al igual que ocurre en las medi¬das redactadas por las empresas de arqueología, para el convenio GMU-UCO la liberación del suelo de las trabas administrativas prima sobre la conservación. Sólo cuando el proyecto de construcción lo hace viable, los restos se condenan a soportar una losa de cimentación cuyo peso muele literalmente cualquier vestigio antrópico que allí se encuentre, privando a la sociedad de su contemplación y rentabilización social, cultural y económica.
La tentativa de responsabilizar de la destrucción del pa¬trimonio arqueológico al eslabón más débil de la cadena: el arqueólogo contratado y precario (sea directamente por la constructora-promotora o por empresas de arqueología intermediarias), aparte de ser una maniobra de distracción sobre el verdadero problema, es una falacia que, una vez más, pone de manifiesto la intención de mantener a la pro¬fesión dentro de unas redes clientelares, de relaciones que afianzan el control de la profesión en manos de unos pocos (como ocurría hasta los años 90 del pasado siglo, casi en exclusividad, por parte de la Universidad)… aunque esos pocos vayan cambiando o ampliando su lugar de poder: Universidad y/o administraciones y/o constructores y/o empresas de arqueología.
Por otro lado, dentro de las administraciones, culpar en exclusiva a la Consejería de Cultura como única responsa¬ble en la materia, como hace sistemáticamente algún que otro responsable en la gestión del patrimonio de la ciudad desde la Universidad (ver VAQUERIZO, 2011), es “tirar ba¬lones fuera”. Una operación maniquea y de distracción que expresa una falta de autocrítica sonrojante. Ello es, una vez más, reducir una realidad compleja a un análisis simplis¬ta y por tanto erróneo, ya que si bien la responsabilidad última sobre la tutela y protección patrimonial recae en la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía (administra¬ción que tiene competencias exclusivas fruto de una legis¬lación y normativas abundante y suficiente: no radica ahí el problema), son más los agentes que participan de este proceso, como estamos viendo: Ayuntamiento y Universi¬dad, aparte de las empresas de arqueología y los técnicos.
Esta situación no es más que la consecuencia de un cambio sustancial en la mentalidad colectiva de todos los agentes implicados en la gestión del Patrimonio. Cambio provocado por una mutación clave: la creación “artificial” de un nuevo Sector Productivo destinado a la gestión de un servicio comercial. Decimos “artificial” puesto que el servi¬cio surge únicamente por la existencia de trabas legales a la ocupación del suelo urbanizable. Es por tanto un servicio el arqueológico ligado directamente al mercado del suelo, en el que se han impuesto valores exclusivamente comer¬ciales y de mercadeo.
La “arqueología de gestión” se ha transformado en “ar¬queología comercial”, en la venta de un producto, en un servicio especializado que permite liberar suelo urbaniza¬ble. Es decir, “gestionar, ejecutar y tramitar eficientemente la liberación del suelo, siendo el tiempo y la eliminación de las trabas administrativas los parámetros para evaluar la calidad de su trabajo en el mercado” (DÍAZ, 2000: 13-14). Liberar el suelo de las cautelas legales significa que el co¬nocimiento científico, la conservación y la difusión de un Bien Patrimonial son meras trabas, un problema a superar, y no una riqueza sociocultural que genera problemas so¬lucionables.
Por tanto, si la destrucción del patrimonio reporta be¬neficios, es asumida por todos (y decimos TODOS) como un mal necesario para el mercado, y por tanto plenamente justificado.
Los responsables de la tutela patrimonial sólo añaden a este planteamiento que esta destrucción no sea trau¬mática y que se realice sin vulnerar la normativa legal: el ya célebre “que la destrucción de nuestro patrimonio sirva para su mejor conocimiento” lanzado por el arqueólogo responsable de la GMU.
Sin duda ésta es la consecuencia de un proceso per¬verso: la Administración autonómica establece cautelas legales (amplias y suficientes) para el estudio, protección y difusión del Patrimonio Arqueológico. Esto genera un mercado comercial que a su vez promueve un cambio de mentalidades. El cambio de mentalidad tiene graves con¬secuencias: la permisividad en lo referente a la destrucción de gran parte de ese Patrimonio que se pretende conservar y, de paso, la precarización laboral de los técnicos.
En el “mejor” de los casos este “nuevo modelo” se basa en “pedir la rentabilidad de un conjunto de bienes no para protegerlos, sino para que sean absorbidos por el capital privado. En la medida que el capital no va a aceptar gestio¬nar un Patrimonio que sea deficitario, se está ofertando al capital aquel patrimonio que ya genera o es susceptible de generar beneficios, con lo cual, lo único que se conseguirá es que aquellas parcelas del Patrimonio que ya son hoy medianamente atractivas en su consumo, pasarán a manos del capital privado, y todos sabemos cómo se maneja el capital con los recursos para ampliar sus márgenes de be¬neficios…” Recapitulando y llegando al final: la ampliación del mercado del suelo propició la aparición de empresas de arqueología que en poco tiempo acapararon el servicio. Y lo hicieron porque, según los parámetros de este mercado, ofrecían un producto de mayor calidad y más competitivo. Esto es, liberaban más suelo, lo hacían más rápidamente y ofrecían más garantías a las inversiones de los promoto¬res urbanísticos (23). Y esto fue posible porque la mentalidad comercial liberó a estas empresas de la traba que supo¬nían la aplicación de los estándares de calidad asumidos hasta este momento por la profesión, o bien porque esta traba fue desde el principio inexistente. De esta manera, la correspondencia entre arqueología y mercado inmobiliario es total, y es tan clara su finalidad (liberar suelo) que va¬rias empresas constructoras crearon filiales de arqueología para liberar el suelo de sus propias construcciones… y de paso ampliar su negocio (24).
Pero la irrupción de las empresas en el mercado no fue la causa del problema, sino la consecuencia. Esta tenden¬cia mercantilista ya existía desde mediados de los años 90 del siglo XX, tan solo se agudizó por la ampliación del sue¬lo urbanizable. No ha sido la lógica tendencia hacia el bene¬ficio de una mentalidad empresarial lo que ha provocado la destrucción de nuestro Patrimonio, porque esta tendencia se hubiera corregido fácilmente mediante una aplicación estricta de la normativa y la imposición de parámetros de calidad ajenos al mercado.
El problema PRINCIPAL que ha propiciado esta situa¬ción se halla en la pertenencia de lo público al sistema ge¬neral de producción capitalista, que provoca que la tutela ejercida por las administraciones sobre el Patrimonio sea contradictoria, hipócrita, errada.
Por un lado la Consejería es quien posee en exclusi¬vidad las condiciones de exigir legalmente que el trabajo arqueológico cumpla estándares de calidad ajenos al mer¬cado. Y por otro, tiene una clara función: la de favorecer la liberación de suelo de la forma menos traumática posible. Por lo tanto la Junta de Andalucía, a través de la Consejería, está tan comprometida con la liberación de suelo urbaniza¬ble como las empresas (DÍAZ, 2000), como lo están tam¬bién los ayuntamientos.
Es aquí donde el papel de la Universidad, como garan¬te de cultura, humanismo y calidad, debió de armonizar las necesidades del mercado con la función social de este bien Patrimonial. Es aquí donde un Ayuntamiento “de iz¬quierdas” (incluso anticapitalista) debía actuar para mitigar este “inevitable mal divino” del sistema en que vivimos. Pero, en el caso de Córdoba, la Universidad (25), al igual que el Ayuntamiento, no lo han hecho.
El Ayuntamiento de Córdoba es un agente directo en este proceso: el que genera la mayor demanda (más suelo a través de la regulación urbana) y a la vez el ma¬yor cliente de este mercado (al actuar como promotor urbanístico). Para asegurarse un “producto de calidad”, es decir una rápida y completa liberación del suelo de trabas legales, esta administración reguló la gestión ar¬queológica supeditándola a la concesión de las licencias de obra. Además se arrogó la tutela normativa del Patri¬monio Arqueológico y estableció estándares de calidad propios. Desde marzo de 2002 hasta hoy son vigentes, y de obligado cumplimiento, las Normas de Protección del Patrimonio Arqueológico del Plan General de Ordenación Urbana del Ayuntamiento de Córdoba. Unas normas que atribuyen capacidad inspectora y ejecutiva a la Oficina de Arqueología de la GMU. Por tanto, desde un criterio rigurosamente normativo, queda manifiestamente claro que las Administraciones autonómica y municipal son corresponsables en la tutela del Patrimonio Arqueoló¬gico en la ciudad de Córdoba (MURILLO, 2008, VV.AA, 2010: 255-256) y que no cabe “tirar balones fuera”.
La Administración municipal es la responsable princi¬pal de la ampliación del mercado y su mayor cliente, se arroga la tutela normativa y establece parámetros de ca¬lidad ajenos al mercado. Algo absolutamente contradicto¬rio, tanto con una economía de libre mercado, como con la tutela patrimonial efectiva (en la que además no tiene competencias legales). Estas contradicciones trataron de superarse mediante el respaldo de la Universidad al Mode¬lo de Gestión Municipal. Pero esta institución, al implicarse directamente en la economía de mercado, forzó y reforzó el cambio de mentalidad descrito. De ahí que el papel jugado por la Universidad cordobesa fuera clave en la exclusión de la conservación de los estándares de calidad, y de la imposición del criterio: “destrucción a cambio de docu¬mentación”.
Por mucha propaganda que se lleve a cabo vemos que la función de la Universidad no ha sido garantizar la cali¬dad científica en la “arqueología de gestión”, sino, una vez más, la eliminación de trabas legales en la liberación de suelo municipal. Así creó lo que de facto es el mayor “ente” de servicios de la arqueología cordobesa: el Convenio para la Investigación Arqueológica en el ámbito del PGOU de Córdoba, suscrito entre la Gerencia Municipal de Urbanis¬mo y la Universidad de Córdoba, y vigente desde 2001. Convenio materializado en la creación de una empresa de gestión: “Laboratorio de Arqueología”, vinculada y depen¬diente de la Oficina de Arqueología de la GMU, que ocupa dependencias municipales (MURILLO, 2008, 37), y es eco¬nómicamente dependiente del Ayuntamiento (dependencia que se amplía a su funcionamiento y organización interna). A través de este Laboratorio se ejecutan las Intervenciones Arqueológicas en suelo municipal, o de promoción pública, siendo una extensión de la Oficina de Arqueología de la GMU (aunque los contratos son firmados por la Univer¬sidad de Córdoba y el director científico es catedrático de la UCO y Jefe del Área de Arqueología), oficina que, por otra parte, presta un servicio municipal bastante efectivo en parámetros comerciales.
La fórmula es, a nuestro entender, la más pernicio¬sa entre las posibles: la tutela patrimonial gestionada con criterios comerciales por una Administración que es a la vez el mayor agente comercial del mercado: la GMU. El mercado libre copado por empresas completamente mer¬cantilizadas, sujetas a los parámetros de calidad impuestos por el mercado, y en competencia continua para ofrecer un mejor producto: liberar más suelo, más rápidamente y a menor precio. Y con una Universidad que ha sido a un tiempo el agente que ha inspirado este cambio de mentali¬dad y la mayor empresa de servicios del sector, financiada y dirigida por el mayor promotor urbanístico de Córdoba: el Ayuntamiento (en competencia desleal con las empresas privadas, que quedan completamente al margen del mer¬cado público). En este contexto la Administración autonó¬mica (única competente legalmente) ha sido incapaz de articular normativamente estándares de calidad eficaces en la protección del patrimonio.
Por todo ello, como refiere Francisco Godoy (anterior director del Museo Arqueológico de Córdoba) en los co¬mentarios de la página web de la Plataforma Ciudadana Contra la Destrucción del Patrimonio Cordobés, tras su adhesión a la misma: “En marzo de 2002 propuse, como vocal de arqueología en la Comisión Provincial de Patri¬monio, crear una reserva arqueológica en el Plan Parcial 07. Ninguna de las instituciones allí representadas (Ayun¬tamiento, Universidad, Colegios de Arquitectos y Apareja¬dores, etc) se tomó el más mínimo interés en apoyar mi propuesta. La asociación de promotores de la construcción casi me tachó de loco. La político de turno no quiso ni oir hablar del asunto. Ahora ya es tarde para salvar el PP-07, sus restos están ya muy destruidos. Sin embargo aún se está a tiempo de salvar arrabales en aceptable estado de conservación en otras zonas: Área entre la Ronda Oeste y la industria ABB; Área entre la Ronda Oeste y conjunto hos¬pitalario de Reina Sofía; Parque Cruz Conde; Gran franja de terreno al Oeste de la Ronda Oeste, entre la carretera del aeropuerto y la Granja”.
¿Hemos descubierto la “piedra filosofal” con eso de echar la culpa al sistema capitalista y al cambio de men¬talidades que provoca su interacción con las políticas públicas de las distintas administraciones e instituciones corresponsables en la salvaguarda de un patrimonio que es común?. ¡No!, pero lo obvio (al menos para muchos) hay que destaparlo constantemente porque, tapado y ta¬pado por multitud de velos, pasa a ser “lo inevitable”, “lo mejor de lo peor”, “lo menos malo”, un “hecho divino”, un “mal divino” que nos condiciona y determina (casi genéti¬camente) sin posibilidad de salida, de reacción, siendo la consecuencia y no la causa de los problemas, provocando la confusión, el desvío de atención hacia la parte más débil, provocando en definitiva las auto-justificaciones hipócritas y medias verdades de los que, por tener mayor poder, tie¬nen más responsabilidades.
Pero ahora es el momento de EXIGIR la conservación de un Patrimonio Común. De deslindar su tutela de la po¬lítica urbanística municipal, de desvincular su gestión del mercado del suelo. De exigir que la Universidad asuma su papel de garante de la calidad científica sin actitudes feuda¬les. Es la hora de un nuevo cambio de mentalidad que aleje la arqueología de los parámetros comerciales. Es la hora de transformarla en un bien social sostenible.
Y el primer paso de todo ello puede ser impedir la des¬trucción de lo queda de los ARRABALES OCCIDENTALES de Córdoba.
Es el momento también de reflexionar con más abun¬damiento (aunque será en un tercer artículo) de la segunda gran víctima de este “nuevo modelo” (que no tiene nada de nuevo): los profesionales de la arqueología. Profesionales que, además de mantener las tradicionales dependencias (casi feudales) con la Universidad y las Administraciones en sus distintos intereses (liberalizar suelo, controlar la profesión…) se expresan ahora en una creciente precarie¬dad laboral, bajos sueldos, temporalidades, fraudes en la contratación… y un sinfín de calamidades que está provo¬cando la “proletarización” de una bella profesión.
Una “proletarización” que conlleva una trágica pér¬dida del conjunto de relaciones (no sólo las laborales… también las emotivas, simbólicas y afectivas) que unen la profesión con un patrimonio histórico común. Una relación basada en esos sutiles instantes en donde, al contemplar las huellas del pasado, parece que salvamos nuestras vi¬das… esos momentos, como dice Isaac Rosa: “en que me salvé gracias a una pieza, un retrato, una colección o un tesoro que me acompañaron durante varias horas mientras afuera seguía la vida” (ROSA, 2009: 6).

Notas

(1) Este documento completo puede verse en la página web de la Plataforma Ciudadana y fue enviado a cada uno de los firmantes de la misma.

(2) Nos referimos, por ejemplo, a las iniciativas ciudadanas Plataforma Ciudadana en Defensa del Yacimiento Arqueológico de San Esteban (Murcia); Murcia No Se Vende; Plataforma para la Protección de Madinat Ilbira (Granada); Salvemos Málaga; Asociación para la Defensa y el Estudio del Patrimonio Histórico Natural Algecireño “La Trocha”; Plataforma A Desalambrar (Córdoba); Baetica Nostra (An¬dalucía), etc.

(3) Sobre todo, por las procedencias de las mismas: destacados medievalistas, catedráticos de universidades y profesionales de reco¬nocido prestigio en el mundo de la arqueología y de las instituciones, nacionales e internacionales, de protección del patrimonio histórico. Además del apoyo de la Sección de Arqueología de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT-Córdoba) y del Sindicato Andaluz de Trabajadores, se recibió apoyo de la asociación A Desalambrar, la Asociación Al Quibla, la Plataforma Salvemos el Parque Cruz-Conde, la Asociación de Amigos del Museo Arqueológico de Córdoba, la asociación Baetica Nostra, la Asociación Cultural para la Defensa del Patrimonio Histórico de Sanlúcar de Barrameda , la Asociación de Defensa y Promoción del Patrimonio “Málaga Monumental”, La Revista de Castilla y León, el Grupo Cigüeñas Negras de la UAR (Alcalá de Henares), La Factoria Histórica (Barcelona)… Incluso el apoyo de la cafetería del Jardín Botánico de Córdoba, EL SAMOHÚ, que apoyó a la Plataforma y cedió su espacio para posibles reuniones o eventos.
Firmaron directores de museos como el de Cieza y Sillaza (Murcia), Almedinilla, Santaella, Priego, Doña Mencía, Posadas, Baena… (todos ellos de Córdoba); el que fuera director del Museo Arqueológico de Córdoba, Francisco Godoy , o los directores de los conjuntos arqueológicos de Alarcos, Medina Azahara, o Cercadilla. Profesores de la Universidad de Córdoba como Ventura, Márquez (Área de Arqueología) y Pérez Lozano (Dpto de Arte y Arqueología). Otros muchos de otras universidades andaluzas y de otros territorios: Malpica (Universidad de Granada), Acién (Universidad de Málaga), Salvatierra (Universidad de Jaén), Vera (Universidad de Huelva), Hidalgo Prieto (Universidad Pablo de Olavide -UPO- de Sevilla), Pérez Tostado (UPO), Miura Andrades (UPO), Moreno Alonso (Oficina de Patrimonio UPO), Quintanilla Raso (Universidad Complutense de Madrid), Souto Lasala (Universidad Complutense Madrid), Barceló Torres (Uni¬versidad de Valencia), Labarta Gómez (Universidad de Valencia), Fernández Salinas (Universidad de Sevilla), Laguna Paúl (Universidad de Sevilla), Molinos (Universidad de Jaén), Izquierdo (Universidad de Toledo), Arce (Universidad Charles de Gaulle, Villeneuve-Francia), Franco Silva (Universidad de Cádiz), Adroher (Universidad de Granada), Kirchner (Universitat Autónoma de Barcelona), Asenjo Gonzá¬lez (Universidad Complutense de Madrid), Liverani (Universidad de Florencia, Italia), Navajas (Universidad Antonio de Nebrija), Zozaya Stabel-Hansen y Gutiérrez Lloret (Universidad de Alicante), Hernández Ríos (Coordinadora académica del Máster en Gestión Cultural de la Universidad de Granada)… o la Sección Departamental de Historia del Derecho de la Universidad de Granada.
Del Consejo Superior de Investigaciones Científicas: Sastre de Diego, Mañas Romero, Monterroso Checa, Armenteros Martínez y Manzano Moreno (director del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC en Madrid). Del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico: Castiñeira Sánchez, o la firma del jefe del Departamento de Formación y Difusión, Carlos Romero. También el Vicepresidente del Comité de Legislación del Consejo Internacional de Monumentos y Sitos (ICOMOS), o el que fuera director del C.I.L. Armin Stylow. De empresas de gestión y difusión del patrimonio: Jordi Padró (Stoa). Y artistas cordobeses como J. Alvarez, M. Garcés, J. Flores, o el poeta onubense A. Orihuela.
Además de todas las firmas de reconocidos profesionales en el mundo de la arqueología y el patrimonio histórico, se adhirieron como decimos vecinos y vecinas de Córdoba y de otras muchas localidades de la provincia, de Andalucía, del resto del Estado, e incluso de Francia, Italia, Portugal, Marruecos o Sudamérica. Por tanto, e indiscutiblemente, esta iniciativa ciudadana ha tenido un eco que debería considerarse por los poderes políticos y sobre todo por las administraciones implicadas directamente en la salvaguarda del patrimonio arqueológico cordobés: la Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Córdoba.

(4) Pero, eso sí, persiguiendo el autobombo y el espectáculo que culmine en un 2016 y en una Capitalidad Cultural europea con luces de neón.

(5) “Hay que parar la destrucción de la Córdoba histórica. Es un caso de barbarie incalificable” (Antonio Malpica Cuello-Granada).
“Soy binacional peruano-español, soy Vicepresidente del Comité de Legislación del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS) y los felicito y saludo calurosamente por su iniciativa” (Alberto Martorell -Perú).
“¿Nos merecemos la Capitalidad Cultural?” ( L.A. López Palomo - Córdoba).
“Me pregunto dónde están las firmas de los responsables de velar por el patrimonio arqueológico de la ciudad de Córdoba” ( Rafael Castillo Cabello - Córdoba).
“ Como presidenta de Amigos del Museo Arqueológico de Córdoba (AMAC) firmo este manifiesto para preservación del patrimonio” (Clementina Rojas Bernardo de Quirós – Córdoba).
“Mil gracias y enhorabuena por la iniciativa. Nuestra historia está repleta de desastres de estos tipos frente al Patrimonio. Pero son pocas desgraciadamente las respuestas y los frentes de lucha abiertos como éste que presentáis. Al que por tanto con emoción me ad¬hiero. Alivia un poco ver que hay esperanza. Leyéndoos, sin duda, se atisba. Desde mi profesión como arquitecto dedicado en exclusiva al cuidado del Patrimonio románico soriano, os aporto este pequeño grano de arena. Que tengamos tod@s suerte en ello” (José Ángel Esteras Martínez - Soria).
“Desde que hicieron lo de Cercadilla, lo de Córdoba no tiene perdón. Basta ya. Y la mezquita es la mezquita y no la catedral” (Javier Arce – Villeneuve, Francia).
“Ánimo amigos, lo que hacéis es muy importante para la ciudad, aunque no os lo agradezcan lo suficiente” (Carlos de Rueda Bocos – Torremolinos, Málaga).
“Ahora que ha sido seleccionada precisamente esta ciudad para optar a la capitalidad de la cultura, es cuando se debe preservar el patrimonio con más ahínco” (Juan Manuel Román – Ubrique, Cádiz).
“Enamorado de esta ciudad, desde que en el 2004 tuve el inmenso placer de visitarla, no puedo menos que escandalizarme de los destrozos que impunemente se han llevado a cabo durante estos años en los arrabales de Qúrtuba. Si mi humilde apoyo puede hacer que en un futuro todos podamos visitar y recorrer los escenarios bien conservados en los que nuestros antepasados vivieron, podré darme por satisfecho. Adelante con la iniciativa, y deseo que tenga el éxito que todos esperamos” (Enric Juhé Corbalán – Mataró, Barcelona).
“Soy Auxiliar en Restauración Aqueológica y como ex-trabajador de aquel plan parcial sé de la riqueza cultural que allí se alberga, tenéis todo mi apoyo. Si conseguimos salvaguardar los restos, nuestra generación y las futuras estaremos en deuda con vosotros” (Juan Ignacio Conde Dorado - Córdoba).
“La especulación inmobiliaria es el enemigo natural del Patrimonio Histórico, Artístico y Arqueológico de nuestro país. Ya va siendo hora de que los políticos se den cuenta de que nuestra principal riqueza económica está en el turismo cultural y que gran parte de las inversiones económicas que debemos acometer deben ir encaminadas a la excavación, conservación y restitución al público de nuestro Patrimonio Histórico y Arqueológico” (Javier Sánchez – Torredonjimeno, Jaén).

(6) Una visión actual que incorpora nuevos datos (inéditos) pero con una visión compilatoria y sesgada la encontramos en: “La islami¬zación de Qurtuba y la aparición de un nuevo concepto de área suburbana”, en VV.AA., (2010b): EI Anfiteatro Romano de Córdoba y su entorno urbano. Análisis Arqueológico (ss. I-XIII d.C.), Vol. II. Vaquerizo, D.; Murillo, J. F. (Eds.), Córdoba.

(7) La noticia es recogida por D. S. de los Santos Gener: “Otro camino sale de Córdoba hacia Poniente, el nuevo de Almodóvar por El Higuerón, que nos hace pasar por la Huerta del Fontanar, por el kilómetro 2, donde en 1937 se halló, al construir una batería antiaérea, una construcción subterránea con apariencias de iglesia, que bien pudiera ser San Ginés, de la cual conserva el Museo Arqueológico de Córdoba una columna visigoda completa [...]”.

(8) Además de suscritas las declaraciones de intención del ICOMOS: Carta Internacional para la Gestión del Patrimonio Arqueológico (1990), Carta Internacional sobre la Conservación y la Restauración de Monumentos y de Conjuntos Histórico-Artísticos (1964) y Carta Internacional para la Conservación de Poblaciones y Áreas Urbanas Históricas (1987), entre otras.

(9) A lo que hay que sumar el esfuerzo de la Delegación Provincial de la Consejería de Cultura al contratar tres nuevos inspectores como personal externo y dedicado exclusivamente al control de las actividades arqueológicas en la ciudad.

(10) Ninguno de estos parques está si quiera en proyecto: Parque Arqueológico del Anfiteatro Romano y áreas suburbanas occidenta¬les, en teoría gestionado por el Ayuntamiento, la Junta de Andalucía, la Universidad de Córdoba y una entidad privada (fundación PRASA). Parque Arqueológico del Complejo de Culto Imperial de la provincia Baetica (templo de la calle Claudio Marcelo) cuya apertura al público se preveía para finales de 2008 (y aún está lejos muy de abrirse). Parque Arqueológico de los Alcázares de Córdoba (sin materializar, y ahora restringido a espacio verde compartido con el Centro Internacional del Caballo, ABC, Córdoba, Día 15/03/2011).

(11) Murillo, 2010: “La almunia y el arrabal de al-Rusafa, en el yanib al-garbi de Madinat Qurtuba” en VV.AA. (2010b): EI Anfiteatro Ro¬mano de Córdoba y su entorno urbano. Análisis Arqueológico (ss. I-XIII d.C.), Vol. II. Vaquerizo, D.; Murillo, J. F. (Eds.), Córdoba.

(12) Que debe ser conservada, según resolución, de 20 de abril de 2004 (Ronda Oeste de Córdoba, tramo II, entre los pp.kk. 2+900 y 3+300, 3+400 y 3+500, expdt. nº 3262/1/04): “los restos identificados como almunia deben ser conservados in situ”.

(13) Camacho, 2002; Cristina-Haro, 2009a; 2009b; Cristina et alii, 2004; 2009a; 2009c; 2009d.

(14) Vid. EI Anfiteatro Romano de Córdoba. Vol.II. (AA.VV, 2010b), donde se ofrece una visión actualizada, en la que, a pesar del gran esfuerzo compilatorio, carece de conclusiones básicas, como la formación de los arrabales, sus límites y su articulación urbana, y otras cuestiones similares.

(15) Para este Parque Arqueológico se preveía la puesta en valor de 20.000 m2, en un sector de reserva que permitiría tanto la conti¬nuidad de la investigación como el crecimiento en la oferta del equipamiento (algo completamente contradictorio), con el también previsto Centro de Interpretación (Murillo, 2008). Han pasado más de ocho años, y nada indica que exista una voluntad real de poner en marcha este parque.

(16) Dado que no existen publicaciones sobre estas excavaciones, los datos sobre superficies han sido calculados en mediciones sobre fotografías de satélite georreferenciadas, que no son exactas, pero sí muy aproximadas.

(17) Vid. Diario Córdoba 23/11/2007, 13/12/2007, 14/12/2007; 03/08/2008, 06/08/2008 y 03/08/2008.

(18) Sic “Conservándose la mayor parte del arrabal bajo la zona libre de edificación así obtenida.” (VV.AA., 2010b, vol. II, nota 480).

(19) Vid la recopilación de Tersa Dortez “Urbanismo islámico en el sector central del yanib al-garbi” (VV.AA., 2010b, vol. II)

(20) En estos casos se ha aplicado el principio de: ”conservación soterrada, recomendable por la necesaria protección del bien o por la imposibilidad de compatibilizar la conservación y puesta en valor con el proceso edificatorio. Art. 8.2.6 Normas de Protección del P. A de Córdoba”. Eufemismo bajo el que se encierra lo siguiente: consérvese bajo el edificio lo que no es destruido por la cimentación de éste (en ocasiones se eleva el nivel de cimentación o se cambia el sistema de ésta) y soterrado lo que no se vea afectado por la construcción (destruirlo sería más caro).

(21) El sector actualmente conservado del yacimiento ha sido protegido por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía mediante su inscripción con carácter específico en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, con la categoría de Zona Arqueológica (BOJA de 13 de Noviembre de 1997), mientras que el Ayuntamiento de Córdoba ha previsto en el Plan Parcial RENFE la delimitación del sector del yacimiento que podrá visitarse. En una zona inmediata se ha reservado también espacio para la creación del Centro de Inter¬pretación de la Zona Arqueológica de Cercadilla.

(22) Caso único es la conservación e integración efectuada en la estación de autobuses, donde se han integrado parte de casas de época califal, la cabecera de una mezquita (mirhab y quibla) y tramos de acueductos de época romana (Carmona, 1997, Carmona-León, 1993).

(23) Hay diversas Sociedades Limitadas especializadas en este tipo de servicios arqueológicos: Arqueología XXI, Arqueología 2000, Arqueoqurtuba, Arqueoterra, Viatori, Caesar Arqueología, Pavimcosa…, lo que contrasta con no más de diez profesionales publicitados. De estas empresas, sólo tres acapararon más del 60% del mercado libre. Un número de empresas reducido en comparación con la tóni¬ca del sector en otras ciudades, hecho que hay que achacar a la existencia de una macro-empresa, el “Laboratorio de Arqueología” del convenio GMU-UCO, que acaparó todo el mercado de oferta pública, y parte de la privada.

(24) Como es el caso del de Pavincosa, S.L o Caesar Arqueología, filial del grupo Thor.

(25) Hablamos de Universidad como institución, y nos referimos en concreto al Área de Arqueología, pero no a las personas, puesto que existen mentalidades contrarias a los valores y actuaciones que aquí exponemos, tanto en la Universidad como en la propia Área. Pero por desgracia no son dominantes, no son las que salen a la luz pública y, sobre todo, no son las que tienen capacidad decisoria.

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