Castell de Ferro: evolución de la fortificación bajomedieval y su territorio

Por Teresa KOFFLER URBANO. Arqueóloga. Colaboradora del grupo de invesitgación "Toponimia, Historia y Arqueología del Reino de Granada"
31/12/10

El castillo de Castell de Ferro está situado en una franja costera que separa el mar de Sierra Lújar, al sur de Granada. A partir de la prospección arqueológica superficial realizada en el año 2008, se presentan las fases de evolución detectadas en la fortificación bajomedieval y se ponen en relación con la evolución del poblamiento en el sector oriental de la costa de Granada.

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CASTELL DE FERRO (GRANADA): EVOLUCIÓN DE LA FORTIFICACIÓN BAJOMEDIEVAL Y SU TERRITORIO

El castillo de Castell de Ferro se localiza en la costa oriental de Granada, en la cima de un cerro homónimo, a una altura de 90 m sobre el nivel del mar, a escasos metros del municipio actual. Desde el año 1985 es considerado BIC (1) , y en la actualidad es de propiedad municipal.

Castell de Ferro está situado en la estrecha franja costera que separa el mar de Sierra Lújar, que pertenece al sistema Penibético. Geológicamente, todo el entorno pertenece al complejo alpujárride. En concreto, Sierra Lújar está formada por materiales calcáreos y afloramientos de esquistos cristalinos y filitas, con calizas y dolomías superpuestas. La estrecha relación entre la montaña y el mar ha creado una serie de ensenadas y puertos naturales óptimos para la navegación y el atraque de las embarcaciones, lo que ha marcado en gran medida la evolución del entorno y especialmente el caso de Castell de Ferro (2) .

Este trabajo es fruto, fundamentalmente, del trabajo de prospección realizado durante el año 2008 (3) y del conjunto de estudios y reflexiones que ha suscitado posteriormente el trabajo de campo, que se han visto plasmados en la realización de un trabajo de investigación para la obtención del DEA de la autora de este trabajo.


Contexto histórico

La información documental sobre el entorno de Castell de Ferro y su castillo en la Edad Media son prácticamente inexistentes. No se puede afirmar por tanto, a priori, que la fortaleza tenga raíces romanas, comomuchos autores han propuesto a partir de reflexiones sobre la toponimia del entorno (4). Lo que si está atestiguado, tanto por información textual como por documentación arqueológica, es la existencia de poblamiento desde antiguo, y a lo largo de la Edad Media, en las inmediaciones, como son los yacimientos tardoantiguos y altomedievales de Pico Águila, Los Pastores, Los Chortales y Los Pelaíllos, y, especialmente, el de La Rijana (5) .

Idrisi (6), en el siglo XII, muestra en su obra una organización territorial que aparece jalonada por alquerías, pequeños fondeaderos y una ciudad:

«De Adra a la alquería de Balisana, 20 millas, y es una alquería poblada sobre la orilla del mar. De aquí a marsà-l-Firruh, 12 millas, y es un puerto como un pequeño estanque. De aquí a la alquería de Batarna, 6 millas, y en ella hay una mina de atutía que es superior a las mejores minas de atutía. De aquí a la alquería de Salawbiniya, 12 millas. De Salawbiniya a madina al-Munakkab en el mar, 8 millas. De al-Munakkab a
Sat, 18 millas»


Resulta revelador que en la zona de nuestro estudio no mencione la existencia de ninguna fortificación o núcleo de población. La única referencia es el topónimo marsà-l-Firruh, traducible como puerto seguro e identificable con el actual Castell de Ferro, mencionando sólo la existencia de un puerto. En todo caso su origen del castillo se situaría con seguridad en el siglo XIII, tal vez con precedentes en el siglo XII, tal y como parece desprenderse de la información aportada tanto por la cerámica como de la lectura de paramentos de la fortaleza (7). Para su mantenimiento contaba con bienes habices en el Valle de Lecrín (8). Por tanto su función era eminentemente defensiva y de vigilancia costera, sin articular ningún territorio cercano, ni interferir en la vida de las alquerías. En época nazarí las Alpujarras, y por ende, nuestra zona de estudio, se dividirán en distritos, conocidos como tahas. Nuestra zona de estudio se integrará dentro de la taha de Suhayl, «Costa Pequeña», quedando la de mayor tamaño, blancpain replica Sahil, «La costa», al este (9).

Para el momento final del Reino nazarí y su conquista por los castellanos, la documentación es algo más abundante. Castell de Ferro se entrega en 1489, pasando en 1491 a depender del Gran Capitán. Será a partir de 1492 cuando se comenzará a reconocer a la zona con el topónimo «Castil de Ferro» utilizado hasta el siglo XVIII, evidenciando la relación con el topónimo árabe qastil/qastal que, con origen en el castellum latino, hace referencia a la fortificación.

A diferencia de otras zonas del interior del Reino de Granada, que se fueron desmilitarizando, el litoral vivió distintas etapas de reforzamiento y reorganización del sistema defensivo, para hacer frente a los continuos ataques de los piratas y corsarios y para controlar a la población del interior(10). Desde el s. XVI hay un acusado carácter militar en el poblamiento, que se concentra en los núcleos urbanos y fortificaciones, desde donde se intentó el control y penetración en los campos circundantes (11). El castillo de Castell pasará a depender directamente de la Capitanía General de Granada, conservándose gran cantidad de documentos que hacen mención a Castell, por lo general refiriéndose al estado de conservación de la fortaleza, la guarnición, el coste del mantenimiento y el armamento, así como referencias a pleitos, siendo muy destacados los testimonios de los visitadores, que funcionaban como inspectores reales. Castell vuelve a aparecer en la documentación en relación a la sublevación de los moriscos entre 1568 y 1570. Existen pruebas de que los sublevados tomaron la fortaleza de Castell. Fue un período brevísimo, pues para el 1570 el castillo estaba nuevamente en manos de los cristianos, conquistado definitivamente por el Duque de Sesa, hecho recogido en numerosas crónicas, como las de Perez de Hita o Hurtado de Mendoza. Para la segunda mitad del siglo XVIII existen datos de gran interés gracias a un documento de suma importancia: el Censo de Única Contribución de Gualchos, que forma parte del conocido Catastro de Ensenada.

El fin de la vida activa del Castillo de Castell de Ferro se producirá la noche del 26 al 27 de abril de 1836, cuando un rayo alcanzó el polvorín. (12) Es a raíz de este incidente cuando el castillo se abandonará, lo que, sumado a los agentes erosivos y a las acciones vandálicas, hará que se deteriore progresivamente hasta el actual estado de conservación. En cuanto al pueblo de Castell, el siglo XIX significará la pérdida de importancia de sus puertos naturales motivada por el proceso industrializador de finales de la centuria hasta su total abandono por la centralización del tráfico marítimo y exportaciones a través del puerto de Motril.

La prospección del año 2008

El Cerro del Castillo es una pequeña elevación formada por materiales dolomíticos y calizos, fragmentados en muchas ocasiones, entre los que crece abundante vegetación. Queda rodeado por diferentes ramblas a ambos lados, que en su momento han ido creando un espacio de cultivo, hoy prácticamente cubierto por invernaderos, aunque en tiempos anteriores eran tierras regadas por medio de pozos y, además, no tenían la extensión que en cien años después han tenido.



Fundamental es el gráfico dibujado por del ingeniero militar Francisco Coello de Portugal y Quesada (13), donde se observa la evolución de la línea de costa y la existencia de tres espacios diferenciado. Al este la playa de Cambriles, hoy conocida con ese mismo nombre, que está definida también por la llamada «Loma del Espinardo». Esta área era controlada, no por el castillo, desde el que no es visible, sino por la torre atalaya de Cambriles, en clara referencia al uso que se hacía de la misma. Esta torre atalaya debía de servir para la vigilancia de la cala de Cambriles, aunque estaría en comunicación visual con el mismo castillo. Más al oeste de ella, hallamos la denominada cala de Lance. Luego, está la rada de Castell de Ferro, en donde se asienta el núcleo habitado. Más allá se encuentra la playa de la Rambla, hoy de El Sotillo. En ella se pueden ver varias cosas de interés. Ante todo, la existencia de cultivos, que llegan más cerca del mar que en la vecina Cambriles, pero también la posibilidad de usar agua dulce, como se aprecia en la existencia de un pozo y hasta hace algunos años en la presencia de norias. Es más que probable que esta área irrigada lo fuese gracias al acuífero subterráneo existente. Hoy en día ha desaparecido debido a la sobreexplotación que ha sufrido desde la generalización de los cultivos enarenados y, posteriormente, por los invernaderos, porque el riego se ha hecho por inundación. El conjunto prospectado contiene, pues, elementos de muy diferente contenido. Así, estructuras claramente defensivas (castillo y baluarte, y torre atalaya), pero también una amplia extensión que nos advierte de la necesidad de examinar con todo detalle el espacio.

Por lo que se refiere al «cerro», pese a alteraciones humanas de tipo arquitectónico y de creación de una vegetación plantada por mano de hombre, mucho más abundante antaño que en la actualidad, cabe pensar que fuese en fechas muy anteriores a la Edad Media, un islote en medio del mar, punto de referencia obligado para la navegación que se practicaba en esta parte del Mediterráneo. La colmatación de sus alrededores ha debido de hacerse paulatinamente, aunque a veces de forma espasmódica, pues apenas hace 50 años Cambriles y Castell de Ferro estaban sin comunicación por la playa. El aumento de la sedimentación se ha debido a los aportes de las ramblas y a las corrientes marinas, con fluctuaciones importantes, que han llevado en ocasiones a la pérdida de materiales de depósito hasta que se regeneró la playa.

En todo caso, se percibe una diferencia clara en clara en la época medieval que hay que anotar. La mención que hace Idrisi al lugar nos habla de un puerto, no de una fortificación. Todo parece indicar que es posterior al siglo XII. Quizás en el momento en que se desarrolla un programa constructivo en todo el reino, singularmente en la frontera, y la marítima lo es, en el siglo XIV, que se puede cifrar en la erección de Gibralfaro en Málaga y la reedificación de las alcazabas de Almuñécar y Salobreña. Incluso hay una torre al este de Almuñécar, la del Tesorillo, que guarda la misma factura que la fortaleza urbana sexitana. No se puede hablar, por tanto, de una obra reducida a los núcleos principales, sino seguramente a toda la línea costera, como se pudo comprobar en la excavación de la cala de La Rijana. Por todo ello, es de un extraordinario interés examinar este espacio tan significativo en una costa abrupta en la que hay pocos puntos de atraque y con agua dulce cerca del mar.

Esta intervención arqueológica superficial tuvo lugar, como ya se ha indicado, en el año 2008 (14) . Fue de carácter intensivo y abarcó la totalidad del pequeño Cerro del Castillo, siendo la superficie total del mismo de unos 121.000 m2. Para esta intervención se dividió el conjunto en dos grandes áreas, separadas por una vaguada, siendo sus características bien diferenciadas. Se trata del propio Cerro del Castillo, donde se levanta la fortaleza, con ocupación segura desde el siglo XII-XIII y El Cerrillo, cuya ocupación, en base a nuestros datos, fue esporádica, centrándose exclusivamente en el siglo XVI. A su vez estas grandes áreas se subdividieron en cinco grandes zonas, atendiendo a criterios tanto naturales como antrópicos. Dentro de estas zonas, se establecieron subdivisiones, áreas que respondían a características internas de la propia zona.

Zona A

Correspondiente a la elevación conocida como el Cerrillo, el promontorio más elevado de todo el conjunto, situado al este y con una cota máxima de 106 m. s. n. m. Se caracteriza por su fuerte pendiente, apareciendo afloramientos y bloques de roca caliza de considerable tamaño y bolsadas de arcilla. El material hallado es muy abundante. La mayor parte de los restos cerámicos se pueden fechar en época moderna, concretamente en el siglo XVI, además de algunos restos constructivos, como ladrillos y morteros encontrándose numerosa cerámica y material de construcción como tejas, ladrillos y morteros. No se ha encontrado ninguna evidencia de estructuras.

En conjunto, el Cerrillo o zona A es de gran interés histórico. La presencia de restos cerámicos y constructivos parece encontrar explicación en las fuentes escritas. Mármol Carvajal narra en su obra Historia de la rebelión y castigo cómo durante la sublevación de los moriscos acaecida entre los años 1568-1570 esta zona fue objeto de interés por parte de los contendientes (15) .

Zona B

Corresponde a la vaguada existente entre El Cerrillo y el propio Cerro del Castillo, teniendo la cota de altura máxima más baja de todas las áreas prospectadas (73 m. s. n.
m.). La pendiente es suave, la roca caliza menos abundante, encontrándose también conglomerados. La vegetación es más escasa que en otras áreas. En ella se ha producido una importante acción antrópica, debido a la existencia de un depósito de agua y una tubería. Además la zona se encuentra muy degradada, lo que condicionó en gran medida la recogida de material.

Zona C

Elevación comprendida entre la vaguada y el Cerro del Castillo, geográficamente diferente a las áreas que le rodean, siendo su cota de altura máxima 88,5 m. s. n. m. Está formado por grandes rocas de piedra caliza y algunos conglomerados, con escalones donde se depositan materiales finos. Aparece una gran concentración de material, haciéndose este más abundante de este a oeste, es decir, hacia el castillo, con el que seguramente tenga que ver. No se ha constatado la presencia de estructuras, más allá de una parata.

Zona D

Es el propio Cerro del Castillo, donde se asienta la fortificación. Tiene una altura máxima de unos 90 m. s. n. m. La pendiente sureste de esta zona es significativa, pero sin accidentes, lo contrario que la pendiente oeste, muy accidentada y de difícil acceso. Este cerro es el más antropizado, puesto que, aparte del propio castillo y las obras que ha generado, cuenta con numerosas paratas que han tenido una doble función: primero han servido para cultivar; luego, han protegido al núcleo habitado que se encuentra debajo de los desprendimientos. En el transcurso del reconocimiento se encontró una parata con restos de mortero, tal vez de fechas antiguas y que formase parte de alguna construcción mayor. Parece recordar a la mampostería encintada, irregular, con restos de mortero, a diferencia de las otras. Este extremo sólo podrá ser corroborado con una excavación arqueológica en los alrededores del castillo.

Ha sido posible recuperar material que va desde la Prehistoria y la Antigüedad a finales de la Edad Moderna(16) , siendo el más significativo el bajomedieval y el de los dos primeros siglos modernos. Podemos asegurar que este provine del propio castillo, no sólo a raíz de la reciente intervención arqueológica, también de la destrucción de la fortaleza y su paulatina degradación desde el siglo XIX a nuestros días.

El material cerámico recuperado puede ponerse en relación con la fortificación y ambos arrojan cronologías que se complementan, afirmando así los orígenes del castillo en el siglo XIII, tal vez con precedentes en el XII. Esta cerámica abarca toda la tipología conocida para el período que va desde finales de la época almohade a los tiempos posteriores a la conquista castellana, guardando grandes similitudes con la cerámica hallada en contextos similares en otros yacimientos granadinos(17) , como son La Rijana(18) , el Castillejo de los Guájares(21) o Salobreña(20) .

Las piezas más abundantes se corresponden con las series de cerámica de cocina, predominando las cazuelas sobre las marmitas, las de mesa, con una amplia representación de ataifores/jofainas y de jarritas/jarritos, así como los lebrillos. Menos abundantes, pero también representadas, son las series de contenedores de fuego, apareciendo algunos fragmentos de candiles, y, lo que resulta muy llamativo, de cerámica de almacenaje, como jarras o tinajas. Se trata fundamentalmente de un ajuar cerámico de carácter utilitario y doméstico, sencillo y funcional, que evidencia una ocupación estable de la fortaleza.

El otro conjunto, de no menos importancia, lo fechamos en época moderna y contemporánea, desde el siglo XVI hasta la actualidad. La funcionalidad de la cerámica de este período es muy similar a la del anterior, pero son significativos los fragmentos de cerámica italiana de importación que se sitúan en los siglos XVI y XVII (21) .

Zona E

Espolón situado al noreste de El Cerrillo y que forma una zona. Está compuesto por rocas calizas muy fragmentadas y tierra, observándose además remociones de esta última. La vegetación es más escasa que en otras áreas, lo que le confiere un aspecto desértico. Se halló algún material cerámico moderno y de construcción, especialmente en la ladera noroeste, no encontrándose restos de ninguna estructura, si se exceptúa una construcción contemporánea abandonada que está prácticamente en ruinas.

Las técnicas constructivas

Además de la prospección superficial, durante esta intervención se efectuó un somero análisis de los paramentos del castillo. Se han reconocido al menos 5 fases:

La primera fase abarca el muro de tapial calicastrado que sólo es observable en el engarce entre la torre y el muro oeste del patio de armas. Tal vez está relacionado con la obra de tapial visible en la habitación occidental de la torre. Probablemente, esta fase se adscribe al primer periodo nazarí en torno al siglo XIII, o quizás incluso algo más temprano, en torno al s. XII. Esta fase tendría vigencia como tal durante la primera mitad del siglo XIV.

La segunda fase corresponde al momento en el que se edificaría la torre con mampostería enripiada, momento en el que posiblemente se construye también el aljibe situado en su base, suponiendo que no sea anterior. La técnica constructiva sitúa esta fortificación a mediados del siglo XIV, coincidiendo con otras obras de la dinastía nazarí. En esta misma fase se encontrarían las divisiones internas de la torre aunque evidentemente éstas han debido ser modificadas y renovadas con posterioridad.

Aunque con dudas, se puede identificar una tercera fase en la que se incluyen los muros exteriores del patio de armas y las torres situadas junto a la batería. Sin excavar los niveles de cimentación no se le puede dar una cronología fiable, la técnica si bien más irregular es similar a la de la torre. Sin embargo, se parece también a la empleada en la construcción de la torre de La Rijana, datada en época moderna.

La cuarta fase se sitúa ya en época cristiana. Su reforma más evidente es la construcción de la batería. Es posible que haya que incluir en la misma algunos elementos como parte de las divisiones internas de la torre y las escaleras de acceso a la primera planta de la misma, caracterizada por el empleo de una mampostería irregular con abundante uso de ladrillo.

Finalmente la quinta fase englobaría todas las obras y modificaciones realizadas en época contemporánea, cuando el castillo ya había perdido toda función defensiva.

No obstante, como se ha advertido estas hipótesis deben ser comprobadas por una posible intervención posterior. Sería necesario desescombrar el castillo, concluir la excavación de 2006 llegando a los niveles de cimentación de las distintas estructuras, si es necesario rompiendo los pavimentos, y llevar a cabo una estratigrafía muraria de todo el recinto fortificado.

Conclusiones

La prospección arqueológica realizada en el Cerro del Castillo de Castell de Ferro y el estudio de las estructuras emergentes y del material cerámico recuperado nos ha permitido obtener una imagen general de la evolución del poblamiento en la zona objeto de estudio durante un largo período. La estructura más importante que se identifica es, obviamente, el castillo, que debe de comenzar como estructura fortificada en los siglos XII-XIII. Más allá de esta estructura no hay restos visibles, a excepción de una parata con restos de mortero en su zona inferior, que tal vez pudiese corresponder a una construcción antigua, quizás recrecida en tiempos actuales. La existencia de unas paratas que indican una zona de cultivo de secano debe interpretarse de fecha relativamente reciente, pero es probable que antes ya hubiese alguna obra precedente como lo demuestra el trozo de muro de mampostería. Debería de sanearse y conservarse, sobre todo por su valor paisajístico y etnográfico, si bien el muro en cuestión tendría que ser evidenciado con una intervención arqueológica de pequeña envergadura.

A pesar de haber hallado material prehistórico y especialmente, de finales del mundo romano, como algún fragmento de terra sigillata africana, junto a algunas piezas de uso común destinadas al almacenaje, no se puede decir que el Cerro del Castillo estuviese ocupado en esta etapa. Es más que posible que procediesen de yacimientos situados algo más al interior. Los períodos documentados son el medieval y el moderno. No podemos saber con seguridad cómo era el poblamiento medieval del Cerro del Castillo, aunque en base a los materiales recuperados podemos situar el inicio de su ocupación en los siglos XII y XIII, en ningún caso con anterioridad. Así lo muestra tanto el análisis de paramentos como el hallazgo de cerámicas de uso cotidiano, como cazuelas, ataifores, jarritas y alcadafes. La siguiente centuria significará el impulso definitivo de la parte oriental de la costa granadina, pues los gobernantes nazaríes, frente al peligro exterior, reforzarán las fronteras, como la marítima. Se pondrá en marcha todo un proceso constructivo y de reparación de fortalezas y torres atalayas, que para Castell de Ferro supondrá el reforzamiento del Castillo y de la cercana Rijana.

En el siglo XIV, cuando el reino nazarí deba proteger su frágil frontera frente al exterior, el castillo de Castell de Ferro vigilará y protegerá de este punto costero, sin guardar relación de dominio con el territorio próximo. Este aislamiento así como el propio tamaño de la fortaleza, con un torreón de buena factura, tres plantas y un aljibe de considerables dimensiones señalan la existencia de una ocupación de relativa entidad y de carácter permanente, El material cerámico hallado coincide en este punto: materiales de cocina, como las cazuelas de borde en ala, de mesa, como ataifores de perfil quebrado y jarritas vidriadas en verde, así como jarritas con trazos de pintura de manganeso, podrían incluirse dentro de este período. Lo mismo podría decirse de ciertos lebrillos de borde engrosado al exterior. Así pues, el período bajomedieval, y en concreto los correspondientes a la etapa almohade y nazarí, aparecen ampliamente documentados, lo que indica un asentamiento estable y permanente en los siglos medievales, así como en el siglo XVI y tal vez en el XVII, corroborado por la presencia de cerámica italiana de importación. Este tipo de vajilla de calidad media-alta parece sugerir que tal vez la zona entró dentro, si quiera de una manera marginal e indirecta, en los circuitos comerciales de finales de la Edad Media y de la Moderna, al menos en el siglo XVI. Así pues, es entre los siglo XIII al XVI, cuando el castillo de Castell de Ferro, y el espacio que lo rodea aparece ocupado de manera permanente. Con posterioridad al XVI este espacio parece desocuparse, aunque ello no implica que las actividades humanas dejaran de transformar este entorno. El aterrazamiento de las colinas, dedicadas a un aprovechamiento agrícola modesto, parece tener su origen en este período. A partir finales del siglo XV y principios del XVI el territorio recién conquistado se verá integrado paulatinamente en otro modelo organizativo impuesto por los nuevos dueños (22) . El castillo seguirá ocupado, reforzándose y ampliándose con la construcción de una batería en los primeros tiempos castellanos, como corroboran los la documentación. El material de superficie así lo demuestra, conservando la ocupación todavía un carácter estable, con piezas de uso cotidiano como ollas, cazuelas, platos, lebrillos etc. Se conservan gran cantidad de documentos que hacen mención a Castell, ocupada por oficiales y profesionales destinados fundamentalmente a la defensa de la costa, tal y como indican las fuentes escritas, como el Catastro de Ensenada. Estas por lo general refieren al estado de conservación de la fortaleza, guarnición e intendencia. Se mantendrá así hasta la destrucción del castillo a raíz de la explosión del polvorín, cuando se abandone definitivamente.

NOTAS

1.- Ley 16/1985 de 25 de junio.
2.- GÓMEZ BECERRA, Antonio y FÁBREGAS GARCÍA, Adela: «La costa de Granada. El territorio y la vida marítima. De la Prehistoria al Siglo de las Luces» en GONZÁLEZ RUIZ, Jesús (ed): El puerto de Motril, Motril, 1996, pp. 31-108; MALPICA CUELLO, Antonio y FÁBREGAS GARCÍA, Adela: «Embarcaderos y puertos en la Costa del Reino de Granada» en FÁBREGAS GARCÍA, Adela (ed): IV Seminario Internacional sobre Historia de la Navegación «Navegación y puertos en época medieval», Granada, 2009 (en prensa).
3.- MALPICA CUELLO, Antonio, KOFFLER URBANO, Teresa, et alii, Informe de la actividad arqueológica puntual mediante prospección del cerro del castillo de Castell de Ferro (Gualchos, Granada), Informe depósitado en la Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía de Granada en noviembre de 2008.
4.- MARTÍN GARCÍA, Mariano: Castell de Ferro, su castillo y torres almenaras. Datos para su historia. Granada, 1984.
5.- GÓMEZ BECERRA, Antonio: El poblamiento altomedieval en la costa de Granada, Granada, 1998.
6.- AL-IDRISI: Nuzhat al-Mustaq fi-ijiraq al-afaq, en DOZY, Reinhart y GOEJE, Michael: Edresi. Descripciòn de l’Afrique et de l’Espagne, Leyde, 1866 (reimpresión 1969), pp. 198-199 del texto árabe.
7.- KOFFLER URBANO, Teresa: El castillo de Castell de Ferro y su entorno en época andalusí, Universidad de Granada, 2010. Trabajo de investigación para la obtención del DEA (Inédito).
8.- PÉREZ GARCÍA, José: «El poblamiento de la taha de Suhayl a fines de la Edad Media: el castillo de Castell de Ferro», Cuadernos de Estudios Medievales, XII-XIII (1984-1985), pp. 139-153.
9.- CRESSIER, Patrice: «El castillo y la división territorial en la Alpujarra medieval: del hisn a la taha» en CRESSIER, Patrice (coord.): Estudios de arqueología medieval en Almería, Almería, 1992, pp. 7-48.
10.- LÓPEZ DE COCA CASTAÑER, José Enrique: «Consideraciones sobre la frontera marítima» en P. SEGURA ARTERO (Coord): La Frontera Oriental Nazarí como Sujeto Histórico (S.XIII-XVI), Almería, 1997, pp. 391-408.
11.- MALPICA CUELLO, Antonio: «Repoblación y nueva organización del espacio en zonas costeras granadinas», Actas del Symposium conmemorativo del V Centenario. La incorporación de Granada a la Corona de Castilla, Granada, 1993, pp. 513-558.
12.- MADOZ, Pascual: Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar, Tomo VI, pp. 88-90.
13.- COELLO DE PORTUGAL Y QUESADA, Francisco: Atlas de España y sus Posesiones de Ultramar, Madrid, 1848-1880.
14.- MALPICA CUELLO, Antonio, KOFFLER URBANO, Teresa y GARCÍA-CONTRERAS RUIZ, Guillermo: «Prospección arqueológica del cerro del castillo de Castell de Ferro (Gualchos, Granada)», Anuario Arqueológico de Andalucía/2009, (en prensa).
15.- MÁRMOL CARVAJAL, Luis del: Historia de la rebelión y castigo de los Moriscos del Reino de Granada, Granada, 1600; Capítulo XXIX «Cómo el duque de Sesa ocupó a Castil de Ferro».
16.- KOFFLER URBANO, Teresa: «La cerámica de Castell de Ferro (Granada)», Jornada Internacional Metodología de análisis aplicada a los estudios de cerámica tardoantigua y medieval de la Península Ibérica, León, 2010, (en prensa).
17.- MALPICA CUELLO, Antonio, GARCÍA PORRAS, Alberto, ÁLVAREZ GARCÍA, José Javier, CARTA, Raffaella, CARVAJAL LÓPEZ, José Cristóbal, BONET GARCÍA, Teresa y REYES MARTÍNEZ, Encarnación: «Planteamientos sobre las cerámicas urbanas y rurales del territorio granadino», en GARCÍA PORRAS, Alberto y VILLADA PAREDES, Fernando (eds): La cerámica en entornos urbanos y rurales en el Mediterráneo Medieval, Ceuta, 2007, pp. 160-290.
18.- MALPICA CUELLO, Antonio y GÓMEZ BECERRA, Antonio: Una cala que llaman la Rijana. Arqueología y Paisaje, Granada, 1991.
19.- GARCÍA PORRAS, Alberto: La cerámica del poblado fortificado medieval de «El Castillejo» (Los Guájares, Granada), Granada, 2001.
20.- GÓMEZ BECERRA, Antonio: Cerámica islámica de Salobreña, Granada, 1997.
21.- CARTA, Raffaella: Cerámica italiana en la Alhambra, Granada, 2003.
22.- MALPICA CUELLO, Antonio: «Modificaciones en la estructura de poblamiento de la costa granadina a raíz de la conquista castellana», en Coloquio sobre distribución y relaciones entre los asentamientos. Arqueología espacial, 5, Teruel, 1984, pp. 201-224.

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