La Alhambra y el Patrimonio Mundial

Mª del Mar VILLAFRANCA JIMÉNEZ. Directora del Patronato de la Alhambra y el Generalife.
10/11/09

La Convención del Patrimonio Mundial aprobada en París el 16 de noviembre de 1972 por la Organización de las Naciones Unidas venía a consagrar en el ordenamiento político internacional la obligación que adquirían los Estados Miembros de identificar, proteger, conservar, rehabilitar y transmitir a las generaciones futuras el patrimonio cultural y natural situado en su territorio y considerado especialmente valioso para la humanidad. Tal compromiso debía llevar asociado una política patrimonial específica y dotada de los recursos humanos y económicos necesarios para poder desarrollarla. España tardaría diez años en ratificar su adhesión a la Convención, lo hizo en 1982, y al analizar los resultados de este periodo podemos afirmar que la Administración cultural española no ha perdido el tiempo en estos años pues es, junto con Italia, el país que más bienes ha inscrito en la lista del Patrimonio Mundial contando con importantes asociaciones dentro del mismo como son el grupo de ciudades Patrimonio Mundial, donde por cierto no está incluida Granada a pesar de tener dos áreas homogéneas de su centro histórico declaradas, y recientemente, el grupo Alianza de Paisajes Culturales Patrimonio Mundial al que pertenece el Patronato de la Alhambra y el Generalife como organismo gestor del Monumento.

La inclusión de la Alhambra y el Generalife como Patrimonio Mundial tuvo lugar en la octava sesión del Comité celebrada en Buenos Aires entre el 29 de octubre y el 2 de noviembre de 1984, día este último donde se dieron a conocer los sitios declarados. Era la primera vez que se incluían bienes de nuestro país y junto al monumento nazarí también se incluyeron la Mezquita de Córdoba, la Catedral de Burgos, el Real Monasterio y sitio del Escorial y el conjunto formado por el Parque Güell, Palacio Güell y la Casa Milá de Barcelona. Para el caso de la Alhambra los criterios que le llevaron a ser inscrita fueron en primer lugar: "representar una obra de arte del genio creador humano", constituyendo un inestimable ejemplo de residencias palatinas medievales de la cultura islámica (siglos XIII-XV) conservada y no alterada radicalmente durante el proceso restaurador y las vicisitudes históricas. El segundo criterio fue el de ser el único ejemplo de su tipología arquitectónica y tiempo histórico conservado lo que le otorgaba el valor universal excepcional exigido y el tercer criterio fue el de representar un diseño artístico único, complejo y característico del arte nazarí que lo hace representativo del arte islámico occidental. La Alhambra y el Generalife, según reza en el expediente de la declaración, representan una categoría arquitectónica y urbana excepcional que suma funcionalidades defensivas, áulicas, residenciales y recreativas. El Comité, no obstante, quiso dejar constancia en el texto de la declaración de una advertencia respecto a la necesidad de preservar el entorno territorial del área declarada ante la presión que la actividad turística desordenada estaba produciendo en el sector del camino nuevo del cementerio y del aparcamiento del Generalife. De igual modo se expresaron en relación a los denominados usos contrastantes a la función cultural exclusiva del recinto monumental y el impacto que pudieran producir las construcciones contemporáneas.

En el tiempo transcurrido la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, a quien corresponde por el Decreto de transferencias, la gestión del Conjunto Monumental, ha ido dando pasos certeros que han consolidado un modelo de referencia tanto desde el punto de vista conceptual como metodológico: la creación del Patronato de la Alhambra y Generalife como organismo autónomo interinstitucional de gestión especializada en cuyo Pleno, Comisión Permanente y Comisión Técnica están representados todos los niveles de la administración; cuenta con una declaración de Bien de Interés Cultural renovada desde marzo de 2004; posee un instrumento de protección específico, el Plan General de Protección y reforma interior de la Alhambra y Alixares (desde 1989 y actualmente en revisión) y un Plan Director 2007-2015) cuyos principios rectores y medidas propuestas representan la mejor garantía para la preservación futura del Monumento. Debemos ser conscientes de la vulnerabilidad de sus estructuras, de la necesidad de mantener su entorno paisajístico, consolidado en la memoria de los numerosos viajeros que tempranamente ya apreciaron esta cualidad al representarla, y la obligación de transmitirla a las generaciones futuras fortaleciendo los valores de autenticidad e integridad como valores universales de la conservación patrimonial.

La Alhambra ha sido siempre el eje estético de la ciudad de Granada. Imbricada en su territorio constituye uno de los paisajes culturales de mayor belleza y significación cultural del mundo, con Sierra Nevada al fondo y la Vega como límite de perspectiva visual. Cuando se visita, la experiencia de disfrutar el patrimonio se enriquece con un componente sensorial y emocional que no atiende a fronteras ni convencionalismos históricos ni religiosos. Si el contexto de origen fue de conflicto, ahora se ofrece como espacio neutral de mediación donde la memoria es capaz de elevarse a categoría de convivencia entre los pueblos. Si una cultura refinada y exquisita, como la nazarí, la pudo concebir y desarrollar, otra muy distinta, la castellana, la supo mantener y conservar, posibilitando con ello que sea el único testimonio que permanece de palacios y almunias medievales de su época. Si sus fábricas y decoraciones han producido admiración e imitaciones en el tiempo, también han contribuido a crear otras realidades artísticas, desde la literatura a la música, desde la pintura y escultura al diseño y la artesanía, desde la arquitectura a la jardinería, desde la fotografía al audiovisual. A su realidad histórica se le ha sumado otra que la ha trascendido reencontrándose en un presente pleno de contenidos muy diversos que la proyecta y enriquece en su dimensión social y cultural.

Quizá sea la vertiente paisajística la que, por su carácter integrador, permite afianzar mejor la valoración de la Alhambra y su entorno como una construcción cultural intencionada. No cabe explicarse la existencia de esta ciudad palatina sin tener en cuenta el comienzo de una nueva dinastía en el último reducto de poder de Al Andalus, el Reino nazarí de Granada, que aspiraba a legitimar un nuevo linaje y un nuevo símbolo que la identificara, la ciudadela de la Alhambra. Tampoco puede comprenderse la vida de una ciudad-palacio en este lugar sin tener en cuenta un elemento esencial como es la provisión de agua. Sin su presencia nada de lo que fue y continúa siendo la Alhambra, habría sido posible. El agua llegó a la colina de la Sabika gracias a un sofisticado e inteligente sistema hidráulico que permitía su captación desde el río Darro (a más de seis kilómetros de distancia) y su distribución a través de la Acequia Real, como arteria principal, y una red secundaria de acequias menores que, ayudada por norias y depósitos hicieron posible la transformación de estas tierras en un rico y habitable vergel. El mismo sistema que le permitió concebir sus palacios y jardines con una presencia permanente de agua, tanto visual como sonora, con recursos formales de enorme belleza y simbolismo.

El equilibrio necesario entre el mantenimiento y conservación de este importante legado y su uso y disfrute por los ciudadanos son los objetivos que han inspirado y siguen inspirando la gestión del Conjunto Monumental en los últimos veinticinco años a los que se suman la innovación como estrategia de progreso, la incorporación plena de las nuevas tecnologías de la información y del conocimiento así como la consolidación de su papel de referente internacional en la tutela cultural desde criterios derivados de la teoría de la sostenibilidad, asumiendo plenamente las relaciones de dependencia urbana con la ciudad de Granada de la que es pieza indisoluble como área homogénea de su centro histórico y principal seña de identidad.

Todo ello hace del Conjunto Monumental de la Alhambra y el Generalife un patrimonio de todos y para todos. Desde esta premisa la temprana regulación del aforo y sistemas de acceso ha terminado produciendo beneficios incuestionables en el sector del turismo que ha prolongado a ocho meses la temporada alta rompiéndose la temida estacionalidad y está permitiendo diversificar la oferta del tipo de visitas con acuerdos que están en consonancia con la evolución del turismo que nos elige como destino. Está analizado y calculado el impacto económico directo, indirecto e inducido que la Alhambra genera a la ciudad y provincia y la escasa fiabilidad de los mensajes que interesadamente provienen desde ámbitos donde no terminan de creerse el binomio conservación-sostenibilidad . Pero conviene recordar que el Patronato de la Alhambra y Generalife viene desarrollando también una serie de actividades expresamente dirigidas para la población local y que han ido en aumento cada año. La información actualizada de este programa puede consultarse en nuestra página web o en la oficina instalada en el Corral del Carbón, en especial las exposiciones de acceso libre y gratuito que cada otoño dan la bienvenida a la programación cultural de la ciudad como la que actualmente rinde homenaje al que puede considerarse el primer turista moderno, Washington Irving.

Es innegable el compromiso de la Junta de Andalucía con los principios de la Convención del Patrimonio Mundial en estos 25 años que constituyen un estímulo y apoyo permanente para el Patronato de la Alhambra y el Generalife. Los próximos años serán fundamentales para la historia de la gestión cultural del Monumento. La aplicación de las medidas que se han propuesto en el Plan Director y su desarrollo irán marcando el futuro de este excepcional legado que, como todo proceso, exigirá y necesitará, como hasta ahora, muchos esfuerzos compartidos.

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