Actuación arqueologica en el Cuarto Real de Santo Domingo (Granada) (2000-2001)

Juan Antonio GARCÍA GRANADOS.
29/3/09

ACTUACIÓN ARQUEOLÓGICA EN EL CUARTO REAL DE SANTO DOMINGO (GRANADA) (2000-2001)*
Juan Antonio García Granados

1. INTRODUCCIÓN

El hoy llamado Cuarto Real de Santo Domingo es el único resto conservado de las construcciones medievales que ocuparon las huer-tas de la Almanjarra. Adscrito al Convento de Santa Cruz la Real de la Orden de Santo Domingo en 1493, llega al siglo XX incluido en una vivienda levantada tras la exclaustración del siglo XIX.
El Cuarto Real se ha entendido como una torre aislada enclavada en zona de huertas, por lo que se le ha dado categoría de almunia, y de la que sólo se habría perdido un pórtico. Para Seco de Lucena Escalante sería lugar de retiro de la familia real nazarí durante el tiempo del Ramadán.
El encargo a los arquitectos Antonio Almagro Gorbea y Antonio Orihuela Uzal, investigadores de la Escuela del Estudios Árabes del C.S.I.C. de un estudio previo a la redacción de un proyecto de rehabilitación del conjunto, dio lugar a una amplia serie de investigacio-nes pluridisciplinares, desarrollada a lo largo del año 1995. Dentro de ellas se efectuó una campaña de excavaciones, con tres meses de duración, enmarcada en el ámbito del proyecto de investigación arqueológica de Granada. Los resultados fueron más importantes de lo que cabría esperar. Quedó demostrado que la torre no se encontraba en un contexto espacial abierto, ruralizado, sino centrando un jardín cerrado por tapias. Este hecho, en apariencia tan simple, tiene importantes consecuencias a la hora de adscribir el conjunto a una determinada tipología arquitectónica entre las conocidas para el periodo cronológico-cultural correspondiente.
De la naturaleza de los restos arquitectónicos conservados y de su función, ya se trate de residencia permanente o temporal, es fácil deducir un programa de construcciones y ocupación espacial que desde unas exigencias mínimas, como la ubicación de establos y dependencias para la servidumbre, podría llegar a una complejidad donde cabría la posibilidad de un baño privado y de otros núcleos residenciales secundarios. A ello, habría que añadir las instalaciones y servicios propios de las huertas anejas y de los procesos de trabajo agrícola que se desarrollaban en ellas. Además no estamos ante una edificación nazarí de nueva planta que se conserva sin alteraciones substanciales hasta su incorporación al convento dominico; sino que el edificio medieval sufrió varias modificaciones hasta que se obtuvo el conjunto tal como llegó a 1492. Nada de ello ha sido descrito hasta la fecha. Nunca se han afrontado con la amplitud y el énfasis necesario los problemas que el Cuarto Real de Santo Domingo plantea en este sentido, suficientes para justificar un programa de investigación pormenorizado, pues supone un capítulo independiente en la evolución de la arquitectura hispanomu-sulmana, sin cuyo conocimiento no se puede entender correctamente el proceso arquitectónico que culminará en las posteriores construcciones alhambreñas.
Parecía claro que ante la relevancia de los hallazgos efectuados y el interés de la amplia problemática de diverso tipo que planteaban, el futuro de la investigación en lo que fue el complejo funcional de la huerta de la Almanjarra podía ser esperanzador y fructífero. Que-da clara ante esta situación la necesidad de un riguroso programa de investigación arqueológica que contemple el residuo del gran espacio que fue la huerta de Almanjarra en función de sus límites medievales, de las distintas necesidades funcionales desarrolladas en su interior y de toda la complejidad a distinta escala –residencial, agrícola, infraestructural, y procesos temporales- previsibles y probables. A falta de un programa de este tipo, no contemplado en los programas de rehabilitación del conjunto, y entendido el Cuarto Real como una serie de espacios desconectados sobre los que cabría plantear intervenciones independientes, la campaña aquí reco-gida se limita a incidir sobre algunos de los más importantes problemas detectados en la investigación de 1995, cuya solución es imprescindible para ofrecer una formalización histórica coherente en una propuesta de recuperación del conjunto medieval. Se refieren a problemas espaciales, los de mayor relevancia en esta fase de conocimiento, resolubles mediante la identificación de elementos arquitectónicos.
Cualquier intervención arqueológica debe tener como objetivo la obtención de conocimiento histórico. En arqueología urbana dicho conocimiento no viene limitado por ninguna cronología ni periodo histórico. El fin ultimo debe ser la reconstrucción del proceso históri-co de la ciudad en sus distintos aspectos, tanto urbanísticos y arquitectónicos como sociales, económicos y culturales en sentido amplio. En el contexto de la rehabilitación de un conjunto monumental como el Cuarto Real de Santo Domingo, se añade a lo anterior la necesidad de incidir en las distintas posibilidades de puesta en valor del bien cultural. La reconstrucción de la secuencia histórica -objetivo mayor- implica aportar los suficientes datos para valorar las distintas posibilidades de integración de los componentes de cada periodo histórico o momento cultural identificado en la imagen final del conjunto. Dicha valoración no forma parte del acto de la investi-gación arqueológica, sino que se produce en un momento posterior, en un proceso donde intervienen distintos agentes, culturales, políticos y sociales. Partimos de la idea de que el juicio de dichos agentes no debe basarse de manera exclusiva en el informe del arqueólogo, sino que la documentación original, los datos materiales, deben quedar a disposición de dichos agentes para que puedan extraer sus propias conclusiones, específicas de sus campos de actuación, complementarias, -o contradictorias, según el caso-, con las apreciaciones del informe arqueológico.
Todo ello incide en la definición del programa arqueológico y del modo de resolver los distintos problemas inherentes a una interven-ción de este tipo. La proyección sobre la metodología del trabajo de campo se centra en el hecho de la progresividad de la investiga-ción arqueológica y su correlativo aumento de “destrucción” del objeto investigado, debido a la separación de sus componentes mate-riales. Se trata de actuar de manera que se tenga presente la posible integración de los hallazgos en un contexto espacial comprensi-ble. Para ello se debe ocasionar destrucciones mínimas, indispensables, en las estructuras históricas, y condicionar el interés en reconocer el proceso histórico completo –que se identifica de manera mecánica con la excavación hasta el terreno natural-. Conside-ramos básico no levantar estructuras de las que no tengamos un conocimiento claro de los espacios que definen; porque documentar fragmentos de estructuras y ordenarlos cronológicamente tiene escasa relevancia a la hora de plantear formalmente la lectura histórica de un espacio. También consideramos imprescindible poner al descubierto la complejidad de las relaciones estructurales y espaciales entre los distintos componentes históricos documentados, al objeto de permitir la opción de privilegiar los aspectos que se consideren más relevantes del conjunto.
En el estudio de un conjunto señorial, como sin duda lo era el Cuarto Real de Santo Domingo, se debe tener en cuenta el factor de la escala de sus componentes. Dicho factor hace virtualmente irreconocibles complejos arquitectónicos de cierta amplitud cuando los sondeos practicados, tanto por número como por extensión, no están adecuados a la naturaleza del problema que se debe resolver. El problema es arquitectónico, y por ello, no se deduce de forma mecánica por la identificación de la secuencia cronológica de fragmen-tos de muros sino que es imprescindible integrarlos en un espacio común. Es por ello que en función del área donde se ubique el sondeo arqueológico y la forma de resolverlo aparecerán datos relevantes o, por el contrario, restos ilegibles, “sin importancia”.
La investigación arqueológica desarrollada hasta el momento en el Cuarto Real de Santo Domingo, consciente de este problema, ha buscado, ante todo, definir los grandes espacios estructuradores. Cuando parecía que el edificio no era más que una torre con un pórtico, la excavación mas allá del límite lateral de dicho pórtico constituía un argumento fundamental para verificar el hecho. Con la aparición del andén perimetral al jardín, el ámbito ya no correspondía al ancho de la torre, y se hacía necesario identificar los nuevos límites. Reconocidas las dimensiones del espacio libre interior como jardín cerrado, se requiere reconocer la naturaleza de los espa-cios perimetrales, identificar recorridos, accesos y otras construcciones accesorias indispensables para hacer habitable el lugar. Esta progresividad de la investigación puede plantearse de manera gradual, conforme avanza la excavación arqueológica, de manera que cada campaña se presenta como definitiva, sucesivamente ampliada en función de los resultados obtenidos. Pero también cabe pre-sentar un programa completo, en función de la totalidad de los hechos probables al objeto de confirmarlos o descartarlos. De manera que la campaña se presente como una fase de la investigación de la que de principio se sabe que no abarca la totalidad del programa de investigación necesario.
En el Cuarto Real de Santo Domingo los resultados de 1995 mostraban la existencia de un complejo arquitectónico muy distinto de lo que se suponía hasta entonces, con numerosísimos problemas –casi en todo-, y algunas -pocas- certidumbres. Lo primero, debido en gran parte a las novedades que presentaba en el conjunto de la arquitectura hispanomusulmana, que hacían difícil ubicar sus restos en las tipologías arquitectónicas conocidas. Dentro de las certezas, lo más relevante es que se trataba de un complejo arquitectónico de naturaleza palatina. La acepción de almunia aplicada al Cuarto Real puede conducirnos a error, pues se trata de una acepción de tipo espacio-funcional, no arquitectónico. Se refiere a una construcción en contexto no urbano que asume determinadas funciones de tipo rural, pero en absoluto explica su arquitectura. Tanto el Generalife como Alcázar Genil o como Darabenaz, las dos últimas en la Vega granadina, entrarían en esa categoría, pese a las enormes diferencias de tamaño y organización que hay entre ellos. Por el contrario, la idea de “palacio” como residencia sólo sería aplicable al Generalife. Supone de principio una complejidad arquitectónica, espacial y funcional muy superior. Es este un término que puede entenderse de muchas maneras. La gran qubba, con sus muchas singularidades y en algunos casos detalles de calidad que superan a la propia Alhambra, exige una serie de instalaciones anejas para que funcione como vivienda. La idea de que se trate de una residencia temporal carece de sentido argumentatorio. Todos los palacios en el entorno de la Alhambra eran residencias temporales, ya se trate de Dar al-Arusa, los Alijares o el mismo Generalife. Las condi-ciones de habitabilidad y la confortabilidad de una vivienda no están en función del tiempo que se resida en ella al cabo del año. Por el contrario, el número de instalaciones y dependencias de una vivienda sí está en función de la categoría social de su propietario. Así pues, la cuestión principal que la excavación de 1995 nos planteaba es ¿puede considerarse el Cuarto Real de Santo Domingo un conjunto palatino? la respuesta es que había indicios muy claros de esta posibilidad, pero la investigación no tuvo suficiente desarrollo para verificarla o rechazarla
Semejante concepción del trabajo arqueológico tiene también repercusiones en la articulación de los informes. La presentación de los datos de manera “técnica”, lo que algunos entienden como forma “científica”, da lugar a una serie de componentes autónomos autoex-plicativos, que en la mayoría de los casos sólo se limita a establecer un orden cronológico-secuencial. Pero a ello se debe añadir la correspondiente explicación en su dimensión espacial, arquitectónica, urbanística y funcional, entre otros motivos, porque en la mayo-ría de las excavaciones urbanas no son identificados. Un ejemplo muy simple: Se puede presentar un dato como “muro de mamposte-ría encintada de 75 cm. De ancho con ladrillos de 29,5 x 14 x 3,5 cm y altura de cajones de 40 cm.” y establecer de dichos datos que se trata de obra del siglo XVI. Los mismos datos, se pueden presentar como una “nave conventual construida en un costado del jardín islámico, el cual se configura como ámbito claustral, donde el gran salón del siglo XIII puede hacer funciones de capilla”. Lo primero resulta muy cómodo cuando se desconoce el significado espacial de la estructura descubierta; lo segundo no puede establecerse desde el fragmento de muro descubierto en un corte de cuatro metros de ancho. Dicho fragmento es sólo un indicio que requiere su adecuada contextualización en un proceso histórico y espacial, y por tanto una verificación posterior, mediante la investigación arqueo-lógica u otro tipo de documentos, no necesariamente arqueológicos. Con vista a la puesta en valor de los restos localizados, difícil-mente un informe técnico en el primero de los modos indicados podrá justificar un posterior desarrollo de la investigación y una valora-ción positiva con vistas a su integración en el conjunto monumental.
Ante este estado de las cosas, la amplia polémica desarrollada a lo largo del año 2000 sobre las opciones a tomar en la rehabilitación del conjunto monumental resulta paradójica. Cualquier decisión en uno u otro sentido, dado el estado de los conocimientos, era teme-raria. Pese a que el capítulo de la investigación arqueológica estaba lejos de haberse cerrado, ya se discutía el paso siguiente: el proyecto de intervención, donde las opciones eran mantener la imagen actual del conjunto, tanto en la vivienda como en el jardín, o privilegiar los espacios islámicos originales, reintegrando formas y espacios. Si esto último tenía como principal inconveniente que no podía ofrecer soluciones formales justificadas en función de los datos arqueológicos obtenidos, y que dadas las singularidades de su arquitectura no cabe recurrir a formulaciones tipológicas genéricas para resolver los vacíos informativos, lo primero tampoco planteaba con rigor la naturaleza de los espacios y elementos arquitectónicos existentes y la puesta en valor de su historicidad. No se pueden mantener ámbitos a los que se les da valor como formalizaciones propias de un determinado momento cultural o histórico cuando no son mas que acumulaciones de cascajo disimuladas con vegetación. Pero además, la opción de la conservación del actual edificio prescindía del amplísimo impacto que las obras necesarias para su rehabilitación tendrían sobre los restos arquitectónicos medievales existentes. En resumen, cualquier opción que se eligiese implicaba la finalización del estudio arqueológico en el interior de la vivienda, operación imposible en su estado actual.
Fuera de dicho ámbito, si las principales objeciones a una reintegración del espacio medieval se deben a las lagunas en el conoci-miento de los datos necesarios para una formalización arquitectónica, dichas lagunas no se deben a la ausencia de los mismos, sino a que el programa de investigación quedó paralizado y a que hay zonas de gran relevancia sin documentar que pudieran resolver al menos en parte las dudas existentes. Por otro lado, no creemos que la formalización del espacio medieval sea la única opción posible. Como sucede con cualquier monumento histórico, la realidad material, las construcciones recuperables, son el resultado de una com-pleja mezcla de añadidos y sustituciones donde ningún momento histórico mantiene su integridad.

2.- EL CONTEXTO URBANO DEL CUARTO REAL
2.1. El arrabal: ¿zona aristocrática o barrio de los alfareros?

El Cuarto Real de Santo Domingo se encuentra al exterior del recinto amurallado de la ciudad, en una zona de transición que no será urbanizada por completo hasta el siglo XX. Corresponde a un arrabal de la ciudad islámica cuya denominación y usos allí desarrolla-dos presentan algunos problemas. Los estudios publicados hablan indistintamente de arrabal de los alfareros y arrabal de la puerta de los alfareros sin que nunca se haya planteado la contradicción que implica. La diferencia es importante. Para la primera acepción Seco de Lucena sólo cita a Umari. La segunda está más consolidada; se encuentra en documentos nazaríes y pasa a la documentación cristiana. Un segundo aspecto es la caracterización espacio-funcional de dicho arrabal. Todas las afirmaciones publicadas al respecto derivan de los estudios de Seco de Lucena, que presentan importantes lagunas, pues sólo atiende a las huertas que ocupaban el extremo meridional del barrio.
Para comprender el problema vamos a describir los distintos espacios que configuran el arrabal:
A. La Antequeruela. Ocupa la ladera Sudoeste del Mauror, por fuera de la muralla urbana. El topónimo suele interpretarse como resultado del asentamiento de gente procedente de Antequera huidos ante el avance cristiano. La Antequeruela constituye una incógnita en el esquema de la estructura urbana granadina. Seco de Lucena no hace la menor alusión al barrio en sus estudios de la estructura urbana granadina y carecemos de referencias toponímica de sus posibles componentes espaciales y funcionales en época nazarí. Su límite Norte vendría dado por la muralla urbana y el Este por la divisoria de la colina del Mauror, dominada por Torres Ber-mejas. No conserva edificios de antigüedad, ni islámicos ni modernos, ni conocemos referencias acerca de los usos que se desarrolla-ron en ella.
B. Al Sur del anterior existe una necrópolis medieval de cierta extensión. Ha sido localizada en excavaciones junto a la iglesia de San Cecilio y en el interior del palacio de D. Francisco de Mendoza que en estos momentos acoge la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Granada. Sus límites no están fijados, pero no es la primera vez que se localizan sepulturas en la zona. Cuando se abrió el Camino Nuevo del Cementerio, junto a la tapia del Carmen de los Mártires, se atravesó un espacio de necrópolis (GÓMEZ MORENO, s.a.). Por la proximidad de los distintos hallazgos creemos que pueden ser considerados un único espacio, en cuyo caso el cementerio tendría una extensión notable. La presencia de este cementerio constituye un límite espacial bien definido.
C. La tercera zona forma una faja por debajo del referido cementerio que llega hasta las huertas aristocráticas del extremo Oeste, en torno a las calles Molinos y Santiago. Tiene como principal elemento de referencia la acequia que corre por la calle Santia-go. Es la zona con mayor potencial de asentamiento de población denso, apoyado por la existencia de mezquita (SECO DE LUCENA, 1975) y un baño (SECO DE LUCENA, 1944). Es extraña la falta de referencia a la asociación mezquita-baño. En cualquier caso, la existencia de éste es el testimonio más valioso de la naturaleza de la zona como núcleo de población. Tampoco ha sido caracterizada por Seco de Lucena.
El entorno de las calles Santiago y de los Molinos constituía a finales del siglo XV un núcleo habitado con cierta trama urbana. Pode-mos seguir el proceso a lo largo del siglo XV en algún aspecto mediante varios documentos; el más antiguo, de 1425, es el contrato de compraventa de la huerta de Bibalfajarin. A la cita de mezquita en el libro de habices de 1505 se une la existencia de baño y al menos catorce casas que se compraron para formar la vivienda del arzobispo Fernando de Talavera, cedidas en 1505 para Convento de Comendadoras de Santiago, medianero con el Cuarto Real de Santo Domingo (PEINADO, 1995). Comparada la carta de cesión de dichas casas con el documento de 1425 encontramos significativos cambios, pues la huerta citada en el texto más antiguo coincide con los límites del convento. Cabe establecer que a lo largo del siglo XV se produce una parcelación y venta. Seco de Lucena habla de dicho fenómeno a propósito de la huerta de Isam, propiedad del rey, también ubicada en la zona (SECO DE LUCENA). Peinado San-taella recoge dos huertas compradas por el corregidos Calderón inmediatas a la puerta de Alfajarin, que terminan por perfilar un con-texto. Todo ello supone una ocupación urbanística muy tardía, en la última fase del reino nazarí, y sin duda incompleta y no cambiará mucho la situación hasta el siglo XX.
D. La cuarta zona hacia el Oeste, o de arriba abajo, es la única tenida en cuenta por la historiografía a la hora de describir el arrabal. Corresponde a una serie de huertas señoriales, asentadas por debajo de la acequia principal, que define su borde superior, mientras que su límite Oeste lo constituye un gran corte del terreno sobre el cauce del río Genil, reforzado con una parata o muralla completa. Hacia el Norte llega hasta la muralla urbana. En ella se encontrarían las huertas de Almanjarra (Mayor y Menor) y la de Bibalfajarin.
E. La última zona se ubica al Sur de las anteriores. Es la que Seco de Lucena identifico como Nayd. Abarcaría de arriba abajo todas las zonas indicadas antes y llegaría hasta las fuertes pendientes del barranco del Abogado. Se caracteriza por la existencia de grandes huertas asociadas a residencias señoriales, alguna de ellas citadas en la poesía áulica (RUBIERA, 1982), localizadas tanto por encima como por debajo de la acequia principal.
La estructura descrita contradice la supuesta función dominante en el arrabal: la producción alfarera, que daría origen al topónimo del arrabal. ¿Dónde ubicar las alfarerías en el esquema espacial descrito?. Los estudios recientes (ÁLVAREZ, 2000; ÁLVAREZ, GARCÍA PORRAS. 2000) se atienen a los datos expuestos por Seco de Lucena, quien sólo describe los componentes en el extremo Este del arrabal, por ello dan una interpretación diacrónica, que entiende las alfarerías como fase funcional antigua. Desde una primera locali-zación interior a la muralla urbana, en la ladera del Mauror, tal como los hallazgos en la calle Monjas del Carmen y los hornos de la Casa de los Tiros probarían (RODRÍGUEZ AGUILERA 1999), se trasladan al arrabal. Incluso se piensa que el ramal de la acequia Gorda por la calle Santiago habría sido concebido con la doble finalidad de abastecer los alfares y las huertas señoriales. En un tercer momento, debido a la presión de las huertas señoriales, pasarían al extremo sur del arrabal, a caballo con el Nayd, en el entorno de la Puerta del Pescado.
Examinemos los distintos elementos que entran en juego.
a. Desconocemos la antigüedad de Bab al-Fajjarin, pero la muralla cabe atribuirla, como muy tarde, al siglo XI avanzado, y la puerta no creemos que cambiara de ubicación en un momento posterior. Por entonces, si nos atenemos al estudio de la cerámica de la Casa de los Tiros, aun funcionaban los alfares en el interior del recinto, por lo que la denominación de la puerta no tiene como referente nece-sario el arrabal. Si el desplazamiento de las alfarerías se produce en el siglo XII, la muralla y puerta -y por tanto su denominación- son anteriores. Por ello es posible que el arrabal reciba el nombre de la puerta y no al contrario como se viene manteniendo, y en cualquier caso, el número de documentos donde figura el topónimo arrabal de la puerta de los alfareros es superior y más sólido que los que hablan de arrabal de los alfareros.
b. La explicación diacrónica del cambio funcional contrasta con los documentos conocidos, donde la existencia de huertas señoriales se remonta al menos hasta el siglo XII. A la Daralbaida almohade, que Seco de Lucena localiza en la Huerta del Cordero (SECO DE LUCENA, 1951), se une el propio Cuarto Real de Santo Domingo, levantado en el siglo XIII, limítrofe con la anterior, lo que asegura la continuidad funcional como espacio aristocrático. El Cuarto Real de Santo Domingo no consta como propiedad de la familia real nazarí hasta el siglo XV, pero la presencia en la zona de la misma se remonta a Muhammad III de forma documentada, con el alcázar Nayd (RUBIERA, 1982), construcción de comienzos del siglo XIV (1301-1303) aunque no se haya localizado con seguridad.
2.2. El convento de Santo Domingo.
Los espacios medievales van a quedar articulados en un complejo espacial nuevo que perdura desde 1493 hasta el siglo XIX: el Con-vento de Santa Cruz la Real, de la Orden de Predicadores. Sus límites quedan bien definidos por una serie de hechos físicos. La muralla de la medina al Norte, y la del arrabal al Oeste, apoyada en un corte del terreno, son límites seguros. Al Este, conocemos la vecindad con el conjunto de propiedades que constituyó el Convento de la Madre de Dios, de las Comendadoras de Santiago; a todo ello se añaden dos huertas, una junto a Bab al-Fajjarin y otra lindando con Almanjarra compradas en 1493 por el alcaide Andrés Cal-derón (SECO DE LUCENA, 1961), (PEINADO, ). El límite más dudoso, al Sur, viene a coincidir con el acceso desde la Puerta del Pescado. Al Oeste, por debajo de la muralla del arrabal, se encontraba geninataubin, perteneciente también al Convento hasta su parcelación en el siglo XVII (JORQUERA). Se integran en él varias unidades espaciales completas: las dos huertas de la Almanjarra y la de Ataubin pero quizás también otras propiedades no especificadas en la carta fundacional ubicables al Este. De esto último es indicio que la iglesia ocupe una mezquita, que no parece probable que se encontrara en ninguna de las huertas mencionadas. Si la huerta de bibataubin permanece segregada del resto de la finca por los condicionantes topográficos, las dos almanjarras se unifican y sus límites acaban desfigurados por la nueva articulación espacio-funcional.
Un documento del Archivo Municipal de Granada (LOPEZ GUZMAN, 1993; ESPINAR MORENO) alude a las circunstancias del entor-no en 1512. Aún no había comenzado la edificación de la iglesia. Como paso previo para iniciar la obra era necesario cambiar la que ejercía provisionalmente sus funciones, quizá la antigua mezquita, a “una pieza principal qu’está fecha para servicio d’el dicho monas-terio, la cual podría servir de iglesia entretanto que se labra la dicha iglesia”. Ello requería abrir una puerta en la muralla. Estos suce-sos indican la existencia de una iglesia distinta a la actual durante al menos durante varias décadas del siglo XVI. Por otro lado, a falta del convento definitivo hasta el siglo XVII, queda por establecer la estructura y ubicación del anterior. En función de lo dicho, se deben establecer al menos dos fases funcionales del conjunto islámico, una nazarí y otra conventual cristiana, fases que en alto grado no implican sustitución sino reutilización de las estructuras, lo que en términos actuales denominaríamos “rehabilitación”.
Las edificaciones más antiguas del convento ocupaban una faja medianera con la muralla de la medina, al Norte del conjunto monacal. Fueron demolidas en el siglo XIX para abrir una calle. Cabe sospechar que vinieran a ocupar, en su conjunto, la huerta de Almanjarra Menor. Tampoco el espacio del convento nos ha llegado íntegro. Desde la desamortización del siglo XIX se ha ido produciendo frag-mentaciones en diversas propiedades, públicas y privadas. Los edificios conventuales más antiguos son demolidos para abrir nuevas calles. Se segrega la totalidad de la huerta, que en su mayor parte permanece unida en la nueva propiedad del Cuarto Real, aunque en el último siglo ha sufrido importantes segregaciones. La consecuencia más importante de este proceso para el caso que nos ocupa es que nos ha llegado disponible para la investigación sólo una pequeña parte de la primitiva propiedad islámica, ello quiere decir que sus distintos componentes estructurales y espaciales sobrepasan los límites de la parcela actual, por tanto los datos obtenibles serán necesariamente incompletos.
2.3. Las investigaciones arqueológicas en el entorno
El entorno más inmediato al Cuarto Real ha sido objeto de varias investigaciones arqueológicas, tres en la calle Solares, otra en el inicio de la calle Seco de Lucena, junto al convento de Santo Domingo, y dos en la zona mas al Sur de la huerta del Cuarto Real. De todas ellas éstas últimas son las que más nos interesan. Se identificó una vivienda importante hacia el extremo Oeste y lo que se ha interpretado como restos de un alfar hacia el borde Este de la huerta.
Ante el hallazgo de una vivienda con una disposición sobre el terreno similar a la del Cuarto Real de Santo Domingo, en el mismo ámbito de lo que se supone era la huerta de Almanjarra Mayor, y en una parcela medianera con los restos subsistentes de la huerta del Cuarto Real (ÁLVAREZ 2000) Establece su construcción “a fines del mundo almohade”. En época nazarí sufriría una transforma-ción funcional en una posible alfarería. Señala que “esta hipótesis se vio posteriormente confirmada en la intervención realizada en el solar contiguo de la calle Seco de Lucena...” es obligado plantear las relaciones entre dicha construcción y el conjunto palatino del Cuarto Real. Para la citada vivienda sus investigadores han establecido una cronología en función de los restos cerámicos. Es un criterio que nos parece el menos fiable, por las circunstancias del acarreo que acompaña la conversión de la zona en huerto. Por el contrario, la relación entre las distintas unidades funcionales en todo el ámbito de la primitiva huerta de Almanjarra sería más relevante para estudiar una situación de una complejidad como la existente aquí. Una vivienda de las características apuntadas no se entiende desde el ámbito de la concepción rural predominante en la bibliografía, según la cual se trataría de una almunia más que sumar a las ya conocidas. Con ello se da por hecho que cada una de las viviendas localizadas corresponde a parcelas independientes; pero cabe otra lectura dentro de la concepción de un complejo palatino que nosotros defendemos. El núcleo principal en torno a la gran qubba, exige otra serie de edificaciones anejas, tanto de servicios como viviendas. Hay, además, un dato que no debemos olvidar para la correcta valoración de nuestra hipótesis: la larga permanencia medieval del conjunto. La construcción de la torre se encuadra en el siglo XIII, y sin duda sustituye o modifica una edificación anterior; hasta el siglo XV no consta su adscripción a la familia real nazarí, en consecuencia, tenemos distintos momentos y distintos propietarios, que con toda probabilidad suponen modificaciones en la organiza-ción inicial del complejo, y tal vez en su extensión. Caben incluso segregaciones tardías.
En este contexto, insistimos en que resulta indispensable identificar la relación estratigráfica entre los distintos núcleos edificados y funcionales existentes en el entorno de las huertas del Convento de Santo Domingo y el momento en que las distintas construcciones son sustituidas -en totalidad o en parte-, bien por cambio funcional bien por simple demolición, como es el caso de la vivienda descu-bierta. En este caso dada la proximidad al límite con el resto del Cuarto Real y que no fue posible determinar la extensión de la parcela a que corresponde, es tema pendiente establecer la correspondencia estratigráfica y muy posiblemente estructural, con el núcleo central del Cuarto Real de Santo Domingo. Se trataría de reconocer la existencia de rupturas espaciales y estratigráficas que demos-traran la existencia de parcelas diferentes, o, por el contrario, de distintas construcciones de un único complejo espacio-funcional. Lo mismo cabe afirmar respecto al lado Este de la finca y su relación con un supuesto complejo alfarero. El resumen de la excavación deja bien claras las circunstancias de los rellenos: “la intervención se desarrolló en un espacio que había estado destinado a huerta hasta pocos años antes... Bajo una capa de tierra de labor se documentó la existencia de un potente nivel de relleno de una tierra rojiza, muy compacta, con la presencia de... abundante material cerámico, entre el que se constataba... complementos de alfar, piezas defectuosas, o bien inacabadas, con una cronología claramente nazarí. Formaban... estas estructuras parte de una construcción... cuyo uso evidentemente no era el de vivienda, sino que más bien estaría vinculado a alguna de las fases del proceso productivo de-ntro de un complejo alfarero...”. (ÁLVAREZ, 2000, pg.98-99)

LA ORGANIZACIÓN DEL CONJUNTO ACTUAL.
Hemos establecido una serie de subdivisiones espaciales para entender la complejidad de la zona abarcada. Se trata de espacios cuya homogeneidad viene dada por alguna característica formal, función o circunstancia singular, tanto en relación con la distribución actual como con la problemática arqueológica identificada hasta el momento.
Jardines
1.-
Paseo de entrada.
2.- Jardín exterior al núcleo palatino medieval. Zona ajardinada algo elevada sobre la anterior, que ocupa una zona arqueoló-gicamente diferenciada en el conjunto del jardín al Noroeste del paseo central de los laureles.
3.- Jardín sobrepuesto al antiguo patio medieval. Ambito correspondiente al espacio medieval islámico, posee distintas rasan-tes y una conexión entre las distintas zonas sin coherencia espacial ni estructural. En su estado final es producto de distintos rellenos, que en la zona al Sudeste del paseo central se trata más de una acumulación de tierra disimulada que un jardín.
4.- Paratas elevadas al Nordeste del jardín. Pueden corresponder en su totalidad o en parte al recinto islámico.
5.- Espacio vacío al Nordeste. Se trata de un espacio diferenciado espacialmente del resto de la huerta por quedar cerrado en la mayor parte del perímetro por edificaciones. Desde una perspectiva arqueológica tiene una complejidad equivalente a las paratas, pues desconocemos si el núcleo medieval edificado corresponde al límite de la tapia actual o penetraba en esta zona. Asimismo, por ser el espacio más próximo al viario público entre huertas, podría existir algún tipo de construcción accesoria del núcleo residencial islámico. No obstante, dado que corresponde a la cota mas elevada del conjunto, la misma que las zonas 4 y 6, las estructuras posi-bles se encontrarían a mayor profundidad y por tanto corren menos riesgo de ser afectadas, mientras que en la zona 3 se encuentran casi a ras del suelo en los paseos.
6.- Huerta elevada sobre el jardín principal. Es el resto de lo que fue la gran huerta, reducida a casi una tercera parte. El aspecto arqueológico de mayor interés es la identificación de los niveles medievales. Las cotas actuales son sin duda producto de distintos rellenos a lo largo de la Edad Moderna. Asimismo, es imprescindible el reconocimiento de las relaciones espaciales y funcio-nales con las parcelas investigadas al Sudeste, tanto hacia la calle superior –Seco de Lucena- como en el borde inferior. Por último, queda el reconocimiento de la muralla medieval.
Edificios
A. Edificaciones fuera del complejo islámico principal.
A1.- Parte del edificio principal externo al núcleo palatino islámico. Aunque estructuralmente constituye una misma edificación con la zona B, su distribución tiene cierta independencia del mismo, con acceso independiente y vestíbulo. Dicha separación se proyecta sobre los niveles enterrados. Corresponde a una zona fuera del patio principal de la residencia islámica. Aunque desconocemos la naturaleza de sus elementos y el tipo de relación con el mismo, cabe un tratamiento específico.
A2.- Cuerpo edificado al exterior de la parata-muralla. Se levanta desde la que fue huerta inferior del convento. Adosada a la muralla y a la torre medieval, no plantea problemas arqueológicos.
A3.- Cuerpo en la zona de huerta, al exterior del núcleo islámico. Estructuralmente incluso tiene cierta independencia del resto de la edificación actual. Es la única construcción que penetra en la zona de huerta. Cabe que se yuxtaponga a alguna edificación conven-tual. Arqueológicamente está independizado del resto de las construcciones existentes, aunque requiere verificación de sus relaciones estructurales y espaciales con ellas.
B.- Edificaciones yuxtapuestas a elementos islámicos.
Asientan sobre el edificio medieval y su posterior transformación como dependencia del convento de Santo Domingo. Arrasada en el siglo XIX, será ocupada por la vivienda actual. Es la zona más conflictiva desde la perspectiva arqueológica, tanto por lo que se refiere a la relación de las estructuras enterradas con dicha vivienda, como por la que hubiera con la torre conservada y por los distintos problemas que conlleva el reconocimiento de las construcciones medievales existentes. En cualquier caso, dicha problemática sólo afecta a la planta baja del edificio actual.
C. Edificios medievales conservados. Se limita a la gran torre que sobresale hacia el Sudoeste. Núcleo monumental del conjunto, ya ha sido objeto de análisis arqueológico.
Cada uno de los espacios indicados ha podido experimentar un desarrollo en el tiempo con cierto grado de autonomía respecto las demás. A efectos de investigación, implica que cada una de ellas debe ser objeto de análisis específico para resolver la problemática del conjunto; o, lo que es lo mismo, que las conclusiones derivadas de la investigación en uno de dichos espacios no puede ser pro-yectada sobre los demás, ni por supuesto sobre el conjunto.

2. PROGRAMA DE INVESTIGACIÓN
La presente campaña tiene por objetivo resolver una serie de problemas puntuales, aunque de gran relevancia para la correcta inter-pretación del conjunto monumental del Cuarto Real de Santo Domingo.
ZONA 1.
JUSTIFICACIÓN DE LA INTERVENCIÓN
Su finalidad es verificar la existencia de un cierre perimetral del patio-jardín por su costado Norte y la naturaleza de los espacios exis-tentes a uno y otro lado de dicho límite. Aunque los datos obtenidos en 1995 permitían su reconocimiento con bastante seguridad, se trataba de indicios indirectos. El limite Sur vendría establecido por la tapia actual, límite en uso desde los primeros niveles funcionales identificados en planta, pero como se ha producido la renovación y sustitución de la estructura original, puede ponerse en duda su reconocimiento como permanencia histórica. La identificación de un muro de cierre en la esquina Nordeste tropieza con el mismo inconveniente, además, su trazado en el ámbito de la parata quedó destruido por la construcción de la alberca mayor. Quedaba por reconocer la existencia de muro divisorio fuera de la parata, en la zona de jardín. Objetivo abarcado por esta intervención.
Unido a este problema está la posible existencia de naves con habitaciones en los lados mayores del patio. Para nosotros, la compro-bación de esta posibilidad es esencial para un correcto entendimiento de lo que fue el Cuarto Real de Santo Domingo, según un prin-cipio que ya aplicamos en la intervención de 1995: plantear la hipótesis de que se trata de un complejo arquitectónico palatino con todos sus elementos, y actuar en los puntos donde se deberían ubicar sus distintos componentes en función de las tipologías arquitec-tónicas existentes en el momento cronológico-cultural al que se adscriben los restos históricos conservados. Por ello, en el corte que nos ocupa tan importante era la delimitación del espacio correspondiente al núcleo central del conjunto palatino como la caracteriza-ción del espacio al exterior del mismo.
SONDEO
El corte, de 2 metros de ancho, se ha prolongado en los dos sentidos todo lo que permitía la vegetación del jardín.
MURO PERIMETRAL
Se ha localizado en la posición prevista, confirmando plenamente la naturaleza de espacio cerrado del núcleo principal del complejo islámico. Es obra de tapial con arena, cantos rodados y cal. No tiene parangón con las técnicas constructivas alhambreñas, entendidas como las características nazaríes, donde predomina el tapial de arcilla sobre zócalo de mampostería. Tampoco con las tapias de los otros lados, confirmando su reconstrucción. Constituye un referente valioso para reconocer las obras coetáneas en otros puntos del Cuarto Real. Conserva restos del acabado superficial en los niveles a ras del suelo.
EL ESPACIO INTERIOR DEL JARDÍN
El andén
Adosado a la tapia perimetral se ha localizado un anden. Tiene un ancho en torno a 1,40 m. Carece del menor vestigio de solería, mostrando una plataforma compacta, con abundante ladrillo machacado. Su borde hacia el jardín está formado por una hilada de ladrillos a sardinel con ligera pendiente en descenso hacia aquel. En su borde interior hacia el andén los ladrillo están cortados como si se hubiera hecho una zanja y luego rellenado con pedazos de ladrillo también a sardinel de manera irregular. Encima del sardinel hay dos grupos de ladrillos puestos de plano, cogidos con mortero y separados unos dos metros de ancho. No forman planta regular pero tienden al cuadrado. Cabe la posibilidad de que se trate de asientos de elementos verticales, no necesariamente de ladrillo. El borde de sardinel asienta sobre grandes ladrillos con restos de mortero adheridos, que sobresalen del plano vertical hacia el jardín; la tierra se mete por debajo de ellos, sin que pudiéramos localizar ningún elemento de sustentación de la plataforma del andén.
No hay duda de que estamos ante una reconstrucción de la estructura original, No obstante, hemos preferido no hacer ninguna sec-ción para estudiar los posibles elementos superpuestos pues cabe hacerlo examinando el frente hacia el jardín, por lo que hemos preferido no efectuar destrucciones innecesarias. No estamos en un espacio que se vaya a destruir, sino en un monumento que debe conservar los mejor posible su integridad, ya sea enterrado o en descubierto en superficie, y además el muro tiene la suficiente exten-sión como para que se pueda localizar alguna zona mas deteriorada donde se pueda aclarar este tema sin necesidad de provocar nuevas agresiones.
El jardín
Tanto el andén medieval como la zona de jardín se encontraban bajo una capa de cascajo. Prolongando la rasante de aquel, el jardín se encuentra empedrado con guijarros. Se procede a desmontarlos y rebajar la tierra. El relleno es tierra vegetal limpia.
La cota que define este pavimento de piedras corresponde con la existente en el paseo central de laureles, donde se documentaron dos empedrados superpuestos. Caben varias posibilidades. Una, que el empedrado formara una faja perimetral, a manera de ensan-che del andén; pero también es posible que ocupara todo el espacio, delimitando alcorques para alojar la vegetación, arboles, arbustos o cuadros de jardín.
A partir de la segunda mitad del siglo XIX, se produce una reconstrucción general de la vivienda y todo el cascajo producido se acumu-la en el jardín, con ello se eleva la rasante. La tapia perimetral se mantenía, por ello el cascajo adosó a su cara interior.
El principal problema que se plantea ante la identificación del proceso de configuración del jardín es la compatibilidad entre el empe-drado descubierto y los macizos de laureles que bordean el paseo central. Si tenemos en cuenta el referente de la litografía de Girault de Pranguey, en la primera mitad del siglo XIX ya existían paratas. Lo que no sabemos, es si el empedrado era anterior y se conser-vaba al otro lado de los laureles. Para evitar malentendidos conviene indicar que los actuales macizos de laureles y los muros que los contienen son obra muy reciente que nada tienen que ver con lo visible en el siglo XIX. No forman un recipiente cerrado sino que se limitan a contener los rellenos de ambos laterales, es decir, son posteriores a la fase mas reciente del jardín; en consecuencia, nada tienen que ver con el jardín romántico. Aunque la imagen actual intente reproducir lo que se veía hacia 1836 no es mas que una re-construcción historicista, con una proyección que casi se presenta como una falsificación histórica.
En resumen. El jardín, en lo identificado hasta el momento, pasó al menos por cinco fases:
1.- Jardín islámico
2.- Jardín conventual.
La principal transformación identificada se produce en el costado Oeste donde se ensancha el andén y se modifica la plataforma de la alberca. Las transformaciones en el cuerpo Este serán indicadas mas adelante.
3. Pavimentación del jardín islámico con guijarros. Implica un cambio en la distribución de la vegetación. Su relación con las fases anteriores es problemática, pues aunque cabe deducirla en el contexto de una serie de factores culturales y funcionales que se modifican. No sería incompatible con una cronología medieval. Yendo aún mas lejos, dadas las peculiaridades constructivas de un empedrado de este tipo. Una organización de paseos en crucero empedrados sería muy difícil de identificar si hubiera sido destruido en un momento posterior. Nos remitimos a los distintos pavimentos empedrados aún visibles en el Cuarto Real para verificar la escasa solidez estructural y el tipo de vestigio que sería observable tras arrancar los cantos rodados.
4. Construcción del paseo de los laureles. Se eliminan los restos del jardín islámico (Plataforma de la alberca Oeste y la propia alberca). El dato cronológico los establece el dibujo de Girault de Pranguey.
5. Rellenos laterales. Se sube la rasante y se reforma el paseo de los laureles. La asociación de los dos hechos nos parece bastante clara por la configuración que adquiere el jardín actual, en un contexto que implica la construcción de la vivienda al Sudoeste y un sistema de paseos y accesos a distintos puntos que coinciden con las reformas más tardías; en gran parte, si no en su totalidad, en el siglo XX.
ESPACIO EXTERIOR AL JARDÍN
Mientras que al Sur de la tapia perimetral del jardín islámico la sección estratigráfica se limita a mostrar los sucesivos cambios en el jardín que se mantiene desde época islámica hasta nuestros días, con sucesivos aportes de tierra y cascajo, en el lado Norte la situa-ción es más compleja. En la capa más superficial, a diez centímetros de la rasante actual, aparece una línea de atanores (lams. 24 y 27) en contexto de tierra vegetal. Exactamente debajo de ella, a 30 cm. de profundidad, pero sin ningún contacto entre sí, pasa una atarjea hecha con ladrillos, uno para el fondo entre dos adosados a los lados mayores, otros ladrillos de plano formaban el reborde superior. Una de las piezas laterales resultó ser un ladrillo vidriado en azul como los que se ven en las alhanias laterales del salón islámico. En la misma rasante pero cerca del perfil Norte hay otra conducción de hierro.
Debajo de las citadas canalizaciones se encuentra el nivel de arrasamiento de la tapia perimetral. El relleno cambia a tierra rojiza, arcillosa. A 80 cm. de profundidad, se localiza otra conducción de atanores embutidos en una gruesa capa de cal grasa rematada con ladrillos inclinados como cubierta. Asienta directamente, y corta algo, las estructuras inferiores.
Adosados al muro perimetral del patio encontramos tres elementos:
1.- Restos de un pavimento de guijarros. Se conserva en una estrecha faja de ancho máximo no superior a 50 cm.
2.- Ladrillos puestos planos en pendiente hacia el exterior. Suponen nueva organización sobre el pavimento de guijarros que lo anula. Puede tratarse de un reborde a lo largo de la tapia para facilitar la escorrentía del agua, en cuyo caso de trataría de un espacio descubierto. El hecho de que no se conserve en todo el tramo descubierto nos crea la duda de si lo hubo y fue levantado o corresponde a una función distinta de la indicada.
3.- Un muro perpendicular de ladrillo con mortero de barro. Su relación con el muro perimetral del patio es clara. Está encastrado mediante un rebaje en el tapial. El grosor total no ha podido ser identificado, aunque hay una superposición de al menos tres hiladas de ladrillo. Este muro monta sobre otra estructura, también de ladrillo, pero bien aparejada, que le sirve de substrato.
El muro y su prolongación dividen el espacio exterior al jardín en dos zonas. La Este, ocupada por la estructura de un horno, del que se ha descubierta la mitad; la zona Oeste muestra lo que parece un pavimento de ladrillo.
En alzado también es posible diferenciar zonas. Un pilar de ladrillo llega hasta el fondo del horno; a él adosa otro pilar ya en un esca-lón superior en la pared de la cámara, sobre el que monta el macizo de ladrillos que llega hasta la tapia medieval.
El dato más relevante que aportan las estructuras descubiertas, a los efectos de verificación de las hipótesis iniciales, es que las ra-santes de uso a uno y otro lado de la tapia perimetral, es decir, al interior y al exterior del jardín, son distintas. Fuera del jardín son mas bajas. En consecuencia, cabe descartar, al menos en el tramo estudiado, la existencia de habitaciones con acceso directo desde el patio-jardín islámico, ya que las mismas de existir, se encontrarían a un nivel ligeramente mas alto que el anden perimetral, y no hay ningún indicio para que podamos sospechar un rebaje general de la zona exterior. No puede descartarse que pudiera haber instalacio-nes adosadas a la tapia del jardín, aunque independientes del núcleo central, en torno a un patio secundario.
Para la explicación de la secuencia cronológica contamos con un fenómeno identificado en 1995 y que ha sido objeto de estudio por-menorizado: una acumulación extraordinaria de pedernal o silex en distintos espacios. Las circunstancias que justifican la presencia de este material en el Cuarto Real de Santo Domingo han sido adecuadamente aclaradas (RONCAL, MORGADO, MARTÍNEZ 1996; RONCAL, MORGADO 1995). En síntesis, nos encontramos ante los residuos de una producción de “piedras de chispa”, percutores de armas de fuego, en uso hasta el siglo XIX. Su carácter militar se explica en este lugar por el uso como cuartel durante la ocupación francesa, entre 1808-1812. Lo insólito de los residuos encontrados en el Cuarto Real es que, a diferencia de otros centros de produc-ción, aquí hay restos que corresponden a todas las fases de producción, desde la piedra en bruto hasta los retoques finales. El siste-ma de trabajo usual consistía en realizar los primeros desbastes en la cantera, al objeto de rentabilizar al máximo cada viaje. La carga de las piezas en bruto para realizar toda la labor en el interior del cuartel sólo se entiende por la necesidad de acortar en todo lo posi-ble el tiempo de estancia en la cantera, y por el interés en no dejar residuos aprovechables; ambas circunstancias encuentran su razón de ser en la presencia del ejercito francés en el convento de Santo Domingo. Hasta allí llegaron procedentes de Loja los cargamentos de pedernal, y es en el interior del cuartel francés donde se efectúan todas las operaciones para obtener la piedra de chispa. Acabada la presencia francesa, o durante la misma, se extendieron los depósitos de pedernal por una amplia superficie. En consecuencia, en el Cuarto Real de Santo Domingo el silex es fósil director valiosísimo, superior a cualquier resto cerámico, para establecer el estado del complejo arquitectónico a comienzos del siglo XIX y así reconocer las intervenciones posteriores.
Es el elemento que nos permite afirmar que el muro que separaba el patio-jardín se encontraba en pie cuando se procede a la disper-sión del pedernal. El “nivel francés” no penetra en el interior del jardín medieval. El estrato no sobrepasa el plano vertical del paramen-to exterior del muro perimetral. Además, queda por debajo de la acumulación de cascajo sobre el andén. La conclusión es evidente: hacia 1814 se conservaba el cierre del jardín, y los depósitos de pedernal sólo se producen en los espacios abiertos exteriores de la zona Norte. En ese momento del siglo XIX ya hacía tiempo que habían desaparecido el horno y las dependencias anejas. La ubicación de las tres canalizaciones documentadas nos habla de dos periodos separados por dicho estrato. En el inferior, la tubería que asienta directamente sobre la estructura del horno implica la existencia de un nivel funcional donde se han arrasado las estructuras al exterior de la tapia del patio medieval, fechable antes del siglo XIX. La zona pasa a ser huerto, jardín o espacio yermo, estado en el que se encontraba cuando se produce el estrato francés, es decir, llegaría hasta 1814. Así pues, podemos atribuir las estructuras encontra-das, como muy tarde, a las primeras fases funcionales del periodo conventual.
El arrasamiento de estructuras en la zona conlleva a su vez cambios funcionales en el extremo Oeste del Cuarto Real, pues el trazado de la tubería se debe a que aparecen nuevas necesidades, y probablemente nuevas construcciones, en dicho lado. En un momento posterior esa canalización se hace innecesaria porque todo el abastecimiento de la vivienda Oeste se localiza por el paseo de los laureles. Es probable por el cuidado que se puso es asegurar su aislamiento y ausencia de filtraciones, que llevara agua para consumo humano
En resumen, podemos establecer la siguiente secuencia:
Fase 1. Puede subdividirse en un número indeterminado de subfases, pues implica el primitivo palacio medieval y las sucesi-vas transformaciones a lo largo de la vida del Convento. Corresponde al momento de uso del horno.
Fase 2. Antes de 1814. La fecha viene establecida por quedar debajo del nivel francés. Se pierden los usos que dieron lugar a la construcción del horno.
Fase 3. Desde 1814. La dispersión del pedernal está acompañada de una capa superior que es la que forma la superficie funcional. Toda ella quedará cortada por la canalización inferior.
Fase 4. Nueva rasante interior del patio. Su correspondencia con el nivel de la rasante exterior está clara, la composición del relleno muestra lo reciente del mismo, a su vez que estaba adosado al muro de cierre del jardín.
Fase 5. La acequia se construye sobre el estrato francés y aprovecha piezas de acarreo procedentes del palacio medieval. El estrato donde se encuentra evidencia que se han unificado el espacio interior del palacio y el exterior (arrasado)
Fase 6. Nueva elevación del jardín unificado hasta su nivel actual. Se acompaña de un abandono de la atarjea y sustitución por una cañería de atanores.
ZONA 2. Paratas Este
JUSTIFICACIÓN DE LA INTERVENCIÓN
Su objetivo es resolver la configuración original del costado Este del jardín, tanto en lo que se refiere al límite del espacio como a su organización.
En las restituciones espaciales dibujadas por A. Almagro y A. Orihuela, en el frente Este no habría mas que un andén perimetral. Dentro de la tipología de los espacios islámicos contemporáneos, la organización resulta anómala para un espacio de estas caracterís-ticas. Una organización equivalente al cuerpo Oeste, aunque no tiene que ser idéntica, parece en principio más apropiada.
La intervención de 1995 partió del principio de que las paratas actuales debían quedar fuera del ámbito del jardín, pero las evidencias mostraban lo contrario, el andén central se prolongaba y el andén lateral Sur también. Por ello era necesario encontrar un límite mas retrasado, que en principio podía corresponder con la tapia actual, una construcción de pésima calidad, incapaz de resistir el paso del tiempo, por ello es necesario comprobar si se trata de la reconstrucción de una estructura mas antigua sobre la que apoya o el resulta-do de una división espacial moderna. Por otro lado, la composición arquitectónica del conjunto apunta hacia un espacio ajardinado de proporciones cuadradas, salvando los salientes de la plataforma. La posibilidad de otro cuerpo construido en el lado Este, tampoco es descartable. En resumen, las paratas al Este ocultan aspectos esenciales para el reconocimiento de las características del edificio islámico.
Estructura y organización de las paratas
Todo el frente Este está ocupado por una plataforma que se eleva sobre el resto del jardín. Podemos distinguir tres zonas. La esquina Noreste está más retrasada. Si observamos con atención el frente de la parata vemos que es la fachada de una vivienda demolida, con la puerta tapiada y su interior relleno de tierra. El resto está unificado por un muro en apariencia homogéneo. Tiene en su eje mayor una fuente ninfeo con rocalla formando semicírculo que penetra en la plataforma. Parece ser obra posterior a la creación de la parata y que se rompió el muro para construirla. Este hecho implica el vaciado correspondiente. Otro vaciado de tierra se produce al construir la alberquilla menor.
El hecho de que la cota de la terraza corresponda al nivel del resto de la parcela, tanto al Sur como la huerta al Este (zona 6), plantea el problema de las relaciones topográficas entre el núcleo residencial aristocrático y el resto de la propiedad. Dado que se trata de una zona en pendiente hacia el Oeste, nada de extraño tendría la disposición en terrazas; ahora bien, la huerta al Sur se encuentra en toda su anchura hasta el borde Oeste a una cota sensiblemente más alta, conlleva incógnitas de otra naturaleza.
En 1995 se vio que la tapia que separa por el Sur el jardín del huerto se había hundido por presión de la tierra exterior en un momento indeterminado. El hecho de que la inclinación comenzara desde su misma base indicaba un empuje homogéneo y prolongado en el tiempo, debido sin duda a sucesivos rellenos con tierra en la huerta. A su vez, nos pareció indicativo de que el aporte de tierra se había producido en un momento tardío, sin duda para mejorar las condiciones agrícolas del terreno, pues en el ámbito del jardín el espesor de la capa de tierra sobre la roca compacta era muy débil. La dependencia del abastecimiento hidráulico de la parata de los niveles de la huerta implicaba su renovación en época moderna, pero lo que no podíamos saber es si se trataba de una reconstrucción de la infraestructura ya existente o de obra nueva.
EL SONDEO
En síntesis, se trataba de proyectar la organización del cuerpo Oeste en el lado opuesto, con el referente de la tapia como limite espa-cial, y verificar la similitud o diferencia entre ambas zonas.
Un modo de reducir el tiempo de trabajo era distinguir dos cortes independientes y centrarlos sobre los puntos de mayor potencial informativo. Sin embargo, la posibilidad de que existiera un elemento central saliente del que a priori desconocíamos su anchura, era un claro argumento para evitar los testigos en lo posible y no distanciar las dos zonas a excavar hasta constituir dos cortes indepen-dientes
Por todo ello, en un principio optamos por no separar los cortes, aunque en el desarrollo del trabajo se distinguieran dos zonas de naturaleza propia. El corte transversal venía delimitado en sus extremos menores por la tapia perimetral y por los registros de la fuente ninfeo al final del paseo de los laureles. El hundimiento hace algunos años de una zona de la tapia perimetral nos permitía trabajar en su base sin peligro de hundimiento. Se limpiaron los escombros y se preparó la zona para depositar la tierra al otro lado del muro. Por el contrario, para el estudio de la zona lateral el corte se alejó de la tapia conservada, tanto por motivos de seguridad como por las necesidades de extracción de la tierra. En su frente hacia el jardín esta segunda zona venía delimitada por la alberca menor. El desa-rrollo hacia el Sur sólo vendría limitado por el tiempo disponible para la intervención. La separación final entre ambas zonas vino im-puesta por una tubería de hierro, en servicio, cuyo origen es distinto del sistema general de abastecimiento de agua a la finca.
La anchura de la parata pudo ser examinada en su mayor parte. A la longitud del corte en el eje longitudinal del patio se suma el en-trante entre las arquetas y la alberca menor. No se consideró oportuno seguir avanzando porque hubiera requerido destruir los laureles que bordean la parata.
RELLENOS
El conjunto de los rellenos que constituyen la estratigrafía de la parata aparece estructurado en tres grupos.
A. Niveles superiores. Con una potencia en torno a 75 cm. Son los más complejos, aunque la precisión de la observación vino facilitada por la gran absorción de humedad debido a la constante lluvia.
B. Niveles intermedios. Corresponden a una amplia serie de canalizaciones que se agrupan en dos planos distintos. Basta con ubicar tridimensionalmente las doce cañerías localizadas para darse cuenta del tipo de estratigrafía existente en esta zona, donde los niveles de rellenos de la parata se encuentran cortados longitudinalmente en varias direcciones por las sucesivas fosas. Aparte, se pueden reconocer dos grandes fosas, rellenas de cantos rodados, que llegan a atravesar toda la estratigrafia de la zona. Una corres-ponde al pavimento empedrado superior. Otra comienza ligeramente por encima de la rasante de la serie de canalizaciones inferior y llega hasta el fondo.
Como elemento singular tenemos la gran fosa que atraviesa en vertical todos los rellenos hasta encontrar las estructuras inferiores. Fue abierta en el siglo XX y se usó como basurero.
C. Niveles inferiores. Vienen delimitados en su plano superior por el nivel de arrasamiento de las construcciones levantadas en la zona. La matriz es arcillosa, lo que da una coloración rojiza. Se trata de la misma composición que el substrato natural. Por el contrario, los rellenos superiores son grises, limosos, propios de jardín. Se encuentran separados del anterior por un depósito de mampuestos y ladrillo, de unos 30 cm de ancho. Su presencia dispersa y homogénea en la parata marca un nivel de derribo y el cam-bio funcional de la zona desde una edificación a jardín.
LA RED HIDRÁULICA
Existen dos series de tuberías dispuestas en dos cotas distintas, en realidad son tres pero las dos superiores están muy interrelacio-nadas. De la comparación entre ellas podemos deducir que la renovación no obedece a cambios en la estructura de la distribución hidráulica. No se incorporan nuevos elementos que requieran cambios en el trazado o canalizaciones específicas, ni los existentes cambian de ubicación.
Como se vio en 1995, el abastecimiento de la casa tenía distintos orígenes. Toda la mitad Norte de la vivienda se abastecía de las canalizaciones que recorrían el lateral Norte del paseo de los laureles (el izquierdo mirando hacia la parata), con sucesivas renovacio-nes, siendo las últimas de hormigón. En su extremo más próximo a la parata estaban cortadas, como si la construcción de la fuente-ninfeo las hubiera anulado. En consecuencia, la serie inferior de la parata puede deberse a que se ha buscado el eje del paseo para llegar hasta la vivienda al otro lado del jardín y en un segundo momento se reducen a las necesidades de la fuente. En la serie supe-rior encontramos su simétrica pero al parecer rematan en las tuberías que se dirigen hacia el paseo de los laureles. Dentro del mismo grupo entraría la tubería de hierro que remata en la llave de paso del registro menor sobre la fuente, la única en servicio.
La estricta simetría entre las dos series, inferior y superior, muestra con claridad que se limitan a repetir en un plano mas elevado el sistema de abastecimiento previo. A nuestro parecer, esto sólo tiene dos causas posibles: la necesidad de reforma de las paratas o, lo que consideramos más probable, una significativa alteración de la huerta Este. La parata 3 se encuentra en la misma rasante que la huerta; se comunican entre ellas por una puerta. Próxima a ella, en la tapia Sur se ve la parte superior de un hueco cuyo dintel queda mas bajo, que podría tratarse de una puerta anterior correspondiente al nivel intermedio, y por tanto del momento cronológico de la serie inferior. Con independencia de este hecho, es evidente que la actual rasante de la huerta inutiliza de facto el acceso a la serie inferior. Así pues, existe una relación directa entre los rellenos en la huerta Este y las series de canalizaciones identificadas en la parata. De manera indirecta, este hecho viene a corroborar la cronología de los aportes de tierra en la huerta en época moderna, pudiendo precisar la existencia de dos fases, siendo la segunda bastante reciente, siglo XVII avanzado o ya el siglo XVIII.
LAS ESTRUCTURAS
Debajo de la serie de canalizaciones la tierra cambia de coloración, pasa a rojiza debido a su alto contenido en arcilla, con numerosos fragmentos de ladrillo. En ella aparecen varias estructuras de distinto tamaño y composición, que pasamos a describir.
E2.01. Muro escalonado. El mas exterior, con una anchura próxima a los 80 cm, es obra mixta de mampostería encintada que remata en ladrillo. Sobre el plano de remate sólo destaca un grupo de ladrillos que forman en planta un cuadrado de 45 cm. de lado. El ancho corresponde al último escalón. Aunque no se ha llegado hasta la base del muro, nos encontramos en una rasante por debajo del jardín medieval, por lo que se trata de cimentación. No hay indicios que nos permita afirmar que se encuentra desmochado. Pensamos que se conserva en toda su altura.
El escalonado interior y el grosor, funcionalmente deben corresponder a un muro de contención, por lo que su interior estaría relleno de tierra. A su vez, la sección cuadrada de 45 cm. es una medida canónica para un pilar de ladrillo. Cabe pues que estemos ante un pórtico sustentado en pilares de ladrillo.
E2.02. Muro en planta. Obra de ladrillo. Sólo se ha identificado la planta puesto que fue arrasado de antiguo, muy proba-blemente para aprovechar sus materiales. No obstante esta claro que se trata de un muro, de 45 cm. de ancho. Hay restos de mortero en la cara superior conservada, aunque el mismo podría corresponder a una solería, pero en el borde externo, hacia el jardín, se apreciaba la sección de un acabado superficial que no existe al otro lado. Al objeto de verificar su naturaleza se rebajó el relleno sin eliminar la tierra adosada al muro al objeto de proceder a una limpieza frontal posterior, lo que intentado en un punto no dio resultados convincentes, pero preferimos no seguir rebajando el terreno para no destruir la evidencia. El desmonte parcial del testigo entre los corte A y B nos permitió verificar que se trataba de un muro de ladrillo, e identificar su encuentro con otro muro transversal saliente hacia el jardín, de tapial terroso, donde se conservaban varias hiladas de ladrillo. Quedaba también verificado su desmonte para apro-vechar sus piezas. En el ángulo de encuentro ambos muros se conservan restos del revoco exterior, unificando ambas estructuras, lo que asegura su correspondencia cronológico-funcional y que se encontraban exentas. Por ello lo consideramos un primer límite hacia el jardín.
En estos niveles primitivos no cabe encontrar rellenos de tierra vegetal que identifiquen la zona de jardín. Como se pudo comprobar en 1995, la capa de tierra correspondiente al jardín nazarí tiene muy poca potencia, en torno a los cuarenta centímetros, de tierra arcillo-sa, que es el componente natural de la zona, por lo que dado que no iba a ser posible concluir en esta campaña toda la investigación de la zona, se consideró preferible no profundizar mas porque los estratos verticales había pocas posibilidades que fueran distintos a los que ya se habían investigado a pocos metros de este punto en la campaña anterior.
E2.03. Muro de mampostería encintada. Tiene un ancho de 75 cm. Corresponde a un gran cuerpo construido, tanto en altura como en ancho, pues no se ha localizado el muro paralelo correspondiente. Lo visible es el primer cajón de cimentación. Un sondeo transversal al muro lo puso en evidencia. Es el principal elemento de ruptura con la organización preexistente pues su orienta-ción rompe con todas las alineaciones anteriores.
E2.04. Estructura de ladrillo. No se ha reconocido todo su perímetro puesto que penetra en el perfil Este. No podemos afirmar si se trata de un pilar de 45 cm. de ancho o el extremo de un muro longitudinal. Lo conservado corresponde a la cimentación
E2.05. Nivel de pavimento asociado a la estructura anterior. Está formado por una capa muy compacta de arcilla muy depurada, de color cárdeno, y cal. Adosa al muro de ladrillo. Debajo, el terreno arcilloso, bastante limpio de cascajo, se interrumpe en la zona inmediata al muro, como si se tratara de la zanja para construirla, que luego se rellenó de piezas de ladrillo y algún fragmento de vasija. Sobre todo ello, sellándolo se construye la preparación de pavimento. Es un documento material que ratifica lo que nos indica el estrato de cascajo que lo entierra, el cual define una rasante muy generalizada en la parata.
E2.06. Muro de tapial adosado a la estructura 02 y al que adosa la 07. Descubierto en la última media hora de la campa-ña de excavación, debajo del testigo que separaba los cortes A y B. Es un tapial muy degradado, que se deshace con facilidad. Pudo reconocerse su grueso, similar a la estructura 07, aunque ambos tienen distinta composición. Localizar este muro era decisivo para aclarar la organización del elemento central en el cuerpo Este que ocupaba el eje del jardín. Todo parecía indicar que podía tratarse de una pequeña alberca, pero era necesario verificar que formaba un perímetro cerrado y reconocer su interior. De ser alberca no existiría adosamiento entre muros perpendiculares, sino que formarían un recipiente estanco de obra continua. Al no suceder esto se abre la incógnita de qué tipo de elemento formaba el extremo del paseo longitudinal del jardín islámico opuesto a la gran torre. Por encontrase debajo de los registros de la fuente ninfeo no fue posible seguir avanzando. La existencia de un gran árbol en el otro lado hace aún más improbable su investigación, para la que sería necesario destruir los elementos hidráulicos aún en funcionamiento.
E2.07. Muro de tapial muy compacto. Quedó parcialmente debajo del perfil Oeste del corte A. De arena y cal grasa, la superficie lisa superior parece indicar que se conserva su remate. Excavada la estrecha zanja que dejó el muro de mampostería encin-tada, todo parece indicar que se construyó sin encofrado por esta parte, adosado al terreno arcilloso, muy limpio de intrusiones. Es construcción muy propia de estructuras hidráulicas por lo que todo apuntaba a la plataforma propia de una alberca. La localización de la estructura adosada cerrando su lateral izquierdo no permite seguir manteniendo esta hipótesis, pero se mantiene la existencia de un elemento central diferenciado que articularía de forma simétrica la organización del cuerpo Este.
E2.08 Estructura de ladrillo correctamente aparejado. La fosa inmediata afectó su base y su estabilidad. El primer rasgo a destacar es la anchura del mismo: en torno a 65 cm., que supera a la estructura 02 (45 cm.) pero no llega a los 75 cm. del muro de mampostería encintada. A nuestro parecer se trata de un muro de carga; ahora bien, que sea obra de ladrillo en principio es una singu-laridad en el conjunto de los modos constructivos vigentes en la época y en el conjunto del mismo Cuarto Real. No creemos que el mismo esté cortado. La sección de la zona sin muro a Norte mostró una base de arcilla muy compacta sobre mampuestos de dimen-siones apreciables. Queda justificado así el uso de ladrillo, como remate para definir un hueco de acceso.
El hecho de que no aparezca en el corte B abre una incógnita. No creemos que el mismo fuera desmontado para construir el muro de mampostería encintada. De haber sucedido así para aprovechar sus piezas no tiene sentido que dejaran esta zona sin tocar. Pensa-mos que puede haber algún tipo de correspondencia espacial entre los muros de tapial avanzados y el ámbito definido por este muro, de manera que gire noventa grados en continuidad con la alineación de la estructura 06. Dicho giro queda debajo del testigo, en estric-ta correspondencia con la tubería que nos obligó a mantenerlo.
Vendría a ratificar la existencia en un segundo plano de un elemento construido en el eje del jardín. Para resolver la incógnita es nece-sario inutilizar la indicada tubería, cuya procedencia desconocemos.
NIVELES FUNCIONALES
Las distintas estructuras permiten avanzar una secuencia en la configuración de la parata
Los niveles funcionales identificables son los siguientes:
1.- Correspondiente al muro de ladrillo identificado en planta. Viene dada por la estructura 02 que marca un borde hacia el jardín. No es posible reconocer si define un espacio cerrado hacia el Este o sólo forma parte de un andén elevado. En principio nos inclinamos por esto último, quizá en relación con la estructura 04.
2.- Correspondiente al muro de ladrillo escalonado.
3.- Correspondiente al nivel de cal asociado al gran muro de mampostería. La construcción del grueso muro de mam-postería encintada supone un cambio radical en la organización del cuerpo Este. Se arrasa todo lo anterior y se establece nivel funcio-nal más elevado. El muro no respeta la alineación de las estructuras anteriores, lo que si bien no es incompatible con la conservación del andén hacia el jardín, seguramente debió ir acompañado de la correspondiente corrección. En todo caso, acaba siendo anulado por el nivel marcado por una capa de cal grasa. La estructura 01 queda enterrada y delante se maciza con tierra arcillosa, ladrillos y cantos rodados al que se añade cal grasa. Cabe sospechar que este macizo coincida con bastante aproximación con la parata actual.
Una posibilidad que no podemos descartar es que el espacio entre el muro de mampostería encintada y el jardín coincida con el inter-ior de la nave construida. Hacia el Este desconocemos cualquier nivel asociado a esta fase en el corte B. Cabe atribuirlo a la conduc-ción 13, pero la misma debió trazarse después del relleno de la zona, por lo que sería perceptible la zanja rompiendo la línea de pavi-mento. Por otro lado, el estrato de cascajo perceptible en todos los perfiles como remate de la capa de tierra arcillosa. Ocupa distinto lugar a uno y otro lado del muro. En el exterior, hacia el jardín, se encuentra por debajo de la línea blanca que delimita la rasante funcional asociada; en el lado Este, se encuentra el mismo estrato, pero sobrepuesto a la rasante funcional anterior y sin ninguna delimitación de plano funcional encima. Pudo ser una zona al aire libre aunque con un suelo preparado para evitar embarramiento, sin necesidad de solería. De esta manera la línea blanca podría marcar el inicio de la preparación para asentar la solería, que se situaría a un nivel mas elevado que el existente en la zona Este. Es también una manera de explicar la alineación de la parata 2, ocupada por la alberca grande, que podría venir dada por la nave del edificio conventual. Para investigar este problema es necesario eliminar parte de los laureles que bordean hoy la parata.
En función del proceso constructivo del convento de Santo Domingo, la nave pudo permanecer hasta el siglo XVII, cuando se termina el claustro principal. Supone más de un siglo de existencia.
4.- 1º nivel de jardín. Viene establecida por la serie inferior de canalizaciones. Se produciría el derribo de la nave hasta la rasante general existente en aquel momento, se construye la alberca mayor y se reorganizan las funciones de la zona. Todo ello re-quiere las nuevas canalizaciones. Aunque no existe ningún vestigio de pavimento, debió encontrarse en torno a no más de treinta centímetros por encima de las conducciones. En función de este nivel se producen las fosas con rellenos de cantos rodados y cenizas del corte B.
5.- 2º nivel de jardín. Corresponde al empedrado del que se han recuperado algunos restos. Está asociado a la serie supe-rior de canalizaciones. Ya hemos indicado que dicho pavimento no abarcaba todo el ancho de la parata hasta la tapia Este sino que dejaba una zona de jardín en todo el lateral, delimitado por losetas cuadradas de solería puestas de canto. La diferencia de tierra en ambos lados también evidenciaba la distinta funcionalidad de cada ámbito. Esta división no tiene que existir desde un principio. Se pudo producir en un momento avanzado de la fase mediante la eliminación del empedrado y el acondicionamiento de la zona con tierra vegetal más adecuada para la vegetación.
6.- 3º nivel de jardín (nivel actual). Una nueva elevación acabará por distinguir en altura las paratas 2 y 3. Quizás se deba a la reorganización final del jardín, con la construcción de la fuente-ninfeo. A esta fase corresponde la alberca menor. No existe pavi-mento.
ZONA 3. Paseo de los laureles.
JUSTIFICACIÓN DE LA INTERVENCIÓN
Se proyecta con la finalidad de verificar la existencia de crucero. El interés por resolver las dudas acerca de la disposición original del jardín se debe a que por su antigüedad y el indudable arcaísmo de ciertos elementos, el Cuarto Real de Santo Domingo es pieza fundamental en la transición de las tipologías almohades a las nazaríes. Junto con lo murciano, completa el panorama de la evolución desde el siglo XII en la arquitectura hispanomusulmana. Por otro lado, el patio de crucero tiene una presencia destacada en la arqui-tectura nazarí con la variante de la gran alberca longitudinal. Por todo ello, su ausencia en el Cuarto Real, viene a constituir anomalía de gran interés por lo que supone de novedad tipológica en el proceso de configuración de los nuevos modos arquitectónicos nazaríes.
El problema fue debidamente abordado en 1995, tanto en el paseo central como en el lateral Sur del jardín. El sondeo practicado en dicho lateral tenía la profundidad y extensión suficiente para comprobar la existencia de rellenos diferenciados debidos al desmonte de alguna estructura. Ahora bien, la ubicación del eje transversal se calculó de acuerdo con unos límites espaciales que se demostraron incorrectos, por lo que el eje se desplazaba más al Este, fuera de los sondeos realizados. Por ello se ha considerado necesario abar-car esa zona al objeto de descartar con seguridad su existencia.
Más que algún rasgo estructural significativo, en el andén central nos interesaba el análisis de las posibles diferencias en la tierra, que indicaran rellenos distintos. Según se vio entonces, el andén visible no puede considerarse obra islámica en su integridad. En el tramo más a Este, parte del mismo asentaba sobre un terreno que contenía un agrupamiento de piezas procedente de un alicatado de lace-ría, cintas blancas exclusivamente, de su examen no se dedujo que se tratara de piezas defectuosas no utilizadas en obra, aunque este hecho no pueda descartarse. Por otro lado, la estructura del andén se compone de una base de mampuestos grandes sobre los que asienta un muro bajo de ladrillo, tres o cuatro hiladas, que se cubriría con un pavimento de mayor calidad, piedra o cerámica. La debilidad de esta estructura, carente de zanjas de cimentación y de constituir una masa compacta unificada mediante un mortero, hace que si se levanta una parte de ella para introducir una modificación en el diseño del jardín no deje huella, salvo que el aporte de tierra nueva tenga características suficientemente diferenciadas.
SONDEO
La intervención ha comprendido la prolongación del corte central de 1995 hasta abarcar un tramo del paseo central. Solo se ha traba-jado en el lateral derecho del andén puesto que dado el objetivo previsto, no tenía sentido trabajar al otro lado, ocupado por varias canalizaciones que ya habían levantado la totalidad de la tierra.
En la zona investigada no existe ninguna diferencia con lo ya conocido, si bien se produce un ligero cambio en la organización de los ladrillos que delimitan el andén. Las diferencias entre los distintos tramos del andén debemos considerarlas reparaciones o interven-ciones efectuadas en varios momentos. Téngase en cuenta que se trata de la infraestructura que soportaba el pavimento final, del que no se ha conservado ningún resto.
En resumen, salvo en el caso de que se produjera un rediseño del jardín que suprimiera el crucero, debemos afirmar que no lo hubo en el Cuarto Real de Santo Domingo. Queda una última posibilidad de verificación que no se ha investigado: que las estructuras arqui-tectónicas perimetrales reflejaran en planta el supuesto crucero, por ejemplo, mediante alguna solución de encuentro del andén peri-metral con el hipotético eje transversal.
ZONA 4. Muralla Oeste
JUSTIFICACIÓN. PROBLEMÁTICA DE LA MURALLA.
Se efectúa para verificar el recorrido de la muralla identificada en la zona de contacto con la qubba., que no parece fuera la primera, ni única obra de contención realizada. Hubo otro muro anterior que será abandonado en la configuración final islámica. La presencia de esta estructura desechada nos alerta sobre la existencia de posibles usos y estructuras más antiguos que los medievales hoy visibles Al caso que nos ocupa, cabría la posibilidad de que el trazado general de la muralla-parata fuera obra anterior a la construcción del complejo arquitectónico del Cuarto Real y que la construcción del mismo ocasionara añadidos o modificaciones en un tramo mas o menos largo. De esta manera, lo que en el entorno inmediato de la Torre del Cuarto Real es un elemento perdido, a cierta distancia puede ser un elemento que funciona simultáneamente con el Cuarto Real. Así, el espacio a investigar busca establecer las relaciones entre los dos puntos distintos, sus semejanzas y diferencias y establecer conclusiones sobre la organización del espacio a escala amplia. En principio, cabe establecer dos ámbitos donde las diferencias de disposición de la muralla pueden estar justificada:
1ª. Ámbito principal del núcleo palatino, es decir el ancho correspondiente al jardín.
2ª. Zona exterior al espacio precedente.
SONDEO
El único espacio disponible que no quedará afectado por el arbolado ni por estructuras observable en superficie era el indicado en planta. Por desgracia, se trataba de la línea de desagüe, incluso en funcionamiento, aunque no pertenece a ninguna de las instalacio-nes de la actual propiedad del Cuarto real, en una serie de superposiciones que terminaron por hacer imposible el sondeo. No obstan-te, la profundidad de lo alcanzado y los elementos detectados nos permiten varias conclusiones:
1.- aparecen muros de ladrillo y basura correspondiente a una pequeña edificación que remataba la vivienda. Fue demolida y en su lugar se construyó la fuentecilla adosada y el pórtico con columnas de piedra de Sierra Elvira.
2.- Cortando los muros, una canalización de PVC.
3.- Debajo, una atarjea.
Los perfiles muestran el depósito de sílex correspondiente al nivel francés. Verifica el relleno generalizado de la zona en el siglo XIX y, en relación con las rasantes de la vivienda, que esta zona se encontraba algo mas baja, lo que viene a ratificar la diferencia de espa-cios. Por otro lado, el nivel alcanzado es suficiente para verificar la inexistencia de muralla, pues fue delimitada la zanja de las conduc-ciones y no aparece en los perfiles.
Este hecho nos indica la existencia de un quiebro en la línea de parata hacia el Oeste, que sólo cabe que coincide con la línea actual o esté mas adentro. En principio cabe pensar en la primera opción, por lo que el punto de interés se centra en la relación de dicho quie-bro con el núcleo central del palacio islámico y la existencia o no de escalón intermedio, por su relación con el núcleo doméstico inicial.

3. CONCLUSIONES Y DIAGNÓSTICO DEL CONJUNTO
En su conjunto, la nueva campaña profundiza en la línea que dejaba entrever la primera: la existencia de un complejo edilicio que permanece en el tiempo mediante la incorporación de las estructuras islámicas en el conjunto monacal.
Referidos a los problemas iniciales que justificaban la presente campaña las conclusiones son las siguientes:
1. Existe un espacio de jardín delimitado perimetralmente mediante andenes que se remonta a época medieval. Dicho jardín estaba encerrado entre muros.
2. Hubo construcciones en el frente Nordeste del jardín, el opuesto a la gran torre. Destacan un elemento central avanzado en el eje longitudinal y la posibilidad de ámbitos cerrados. El límite del espacio no coincide con el actual, sino que se prolonga hacia el Nordeste.
3. En relación con los niveles funcionales más antiguos existe un cambio en la organización del jardín, que cambia su períme-tro adelantando el andén. Puede corresponder a un momento medieval.
4. La organización anterior fue sustituida por una gran nave del convento. Dicha nave debe permanecer hasta el siglo XVII.
5. Las paratas actuales se forman en varias fases entre los siglos XVI y XIX. La primera elevación corresponde a la nave conventual del punto tres. Tras su demolición se producen tres rellenos en distintos momentos hasta alcanzar la cota actual de la mas elevada. La tapia actual se configura en el segundo relleno, aunque es rehecha, ya en correspondencia con el nivel actual.
6. Al exterior del muro de cierre Noroeste del jardín adosan instalaciones entre las que se ha localizado un horno. La corres-pondencia cronológica con las estructuras medievales no ha sido determinada. Al menos un muro es posterior y se alza encastrando mediante rebaje en el exterior de la tapia del jardín.
7. No ha aparecido ningún vestigio que indique la existencia de una organización en crucero. En principio puede considerarse que no lo hubo, pues no encontramos ningún motivo para que los frailes desmontaran por completa la organización medieval, incluso los mampuestos de asiento. No obstante, seguimos pensando que una organización espacial en torno a dos ejes transversales es lo adecuado para el momento cronológico a que corresponde el núcleo principal. Si nos atenemos a lo visible en la arquitectura nazarí inmediatamente posterior, cabe la posibilidad de que los andenes de los lados mayores tuvieran en sus centros una plataforma avan-zada, como se ve en el Palacio de los Abencerrajes y en el palacio de Yusuf III, ambos en el interior del recinto de la Alhambra.
8. No han aparecido restos de la muralla Suroeste. Podemos afirmar que esta zona de la entrada actual de la finca se encon-traba a un nivel mas bajo que el jardín principal, desde época islámica hasta el siglo XIX. Será en el siglo XIX cuando se proceda a igualar las rasantes con el resto de los paseos del jardín.
La cronología de los distintos elementos sólo ha podido ser fijada de forma relativa. En conjunto, los distintos niveles estratigráficos y estructuras se agrupan en tres grandes periodos.
1. Medieval islámico. Abarca desde el siglo XIII al XV. La primeras fecha viene dada por los elementos decorativos en el interior de la torre conservada. A lo largo de más de doscientos años es muy probable que se introdujeran modificaciones. Una serie de indicios hace pensar que la configuración de la terraza mediante la muralla-parata y la correspondiente nivelación del terreno es anterior a la construcción de la vivienda. Preocupó mucho durante la campaña de 1995 el tema de si los restos medievales conserva-dos ocultaban construcciones anteriores, entre otros motivos, porque la estructuración y ocupación señorial de la zona corresponde al siglo XII y sospechábamos que lo existente fuera una reestructuración nazarí de algo anterior. Existen restos de dos fases en la estruc-turación de los elementos constructivos de la gran torre y su entorno, aunque la segunda y definitiva, por la amplitud de las estructuras construidas, oculta en buena parte la primera.
2. Moderna conventual. Comprende desde 1493 hasta el siglo XIX. La permanencia de la propiedad y el hecho de estar incorporada al convento de dominicos facilita la comprensión del proceso pues los cambios visibles en el conjunto pueden ser puestos en relación con lo que sabemos sobre la evolución del complejo monacal. También aquí cabe distinguir varias fases. El conjunto arqui-tectónico islámico se mantiene y se adapta funcionalmente. El jardín va a sufrir varios cambios. Se ensanchará el andén perimetral, lo que en el lado Sudoeste supondrá anular la relación de la alberca octogonal de la plataforma avanzada ante el pórtico con el jardín. La misma plataforma se reorganiza y de rectangular abarcando todo el ancho de la torre pasará a cuadrada con poyetes perimetrales centrando la alberca.
La imagen de 1836 es una excelente referencia para comprobar que con el tiempo desaparece la organización medieval. El jardín es sustituido por un paseo central con bancos laterales y macizos de laureles. La alberca y la plataforma avanzada desaparecen. Pero el nivel del terreno varía muy poco. No se producen rellenos sino que el referente espacial del gran salón islámico hace que se manten-gan las rasantes del terreno aunque cambien los pavimentos.
El hecho de que se mantengan en uso las estructura y el espacio medievales implica un mantenimiento y, llegado el caso, la sustitu-ción de estructuras deterioradas por obra nueva, sin que de ello se deriven alteraciones en la distribución espacial. Por este motivo no es fácil separar las fases medieval y primera conventual, puesto que vienen a constituir el mismo hecho material. Al mismo tiempo, dificulta la distinción cronológica mediante la cerámica depositada. No hay depósitos propios de fases de abandono y vertedero; se trata, además, de una zona con escasa densidad de población que en el ámbito concreto del jardín del Cuarto Real se estructura funcionalmente desde comienzos del sultanato nazarí, por ello, la presencia de cerámica es escasa y muy poco significativa para establecer cronologías.
Se une a lo anterior que la investigación arqueológica llevada a cabo en el Cuarto real de Santo Domingo hasta la fecha ha evitado en lo posible los sondeos estratigráficos verticales. Consideramos que los practicados en 1995 eran suficientes para establecer un cono-cimiento del conjunto. Dos de ellos en el jardín buscaron establecer la secuencia estratigráfica completa y la configuración del terreno natural para identificar posibles fases de ocupación antiguas ocultas por posteriores nivelaciones. Otras dos estudiaron la muralla-parata y su relación con la torre conservada. Otro corte más estableció la sección interior desde la muralla hasta el ámbito del jardín.
Al otro lado del jardín, las paratas Nordeste muestran una secuencia similar a lo que ya habíamos observado. Se ratifica la permanen-cia del jardín en las fases más antiguas, con la novedad de la construcción de un gran cuerpo de edificio que rompe con los esquemas espaciales islámicos y por último la conversión en paratas subordinadas a un nuevo sistema de abastecimiento hidráulico a la zona.
La presencia de sendas monedas de Carlos III y Fernando VII son el referente cronológico más preciso identificado. En función de ellas, la construcción de la primera tapia sobre los rellenos se debe fechar en la segunda mitad del siglo XVIII, lo que delimita el arco cronológico para las estructuras inferiores arrasadas. Tanto por la técnica constructiva como por la ruptura con las alineaciones pre-existentes, el gran muro de mampostería encintada debe ubicarse en el momento conventual y supone la alteración más importante de la espacialidad medieval en el conjunto del jardín, sobre una serie de características importantes para establecer su naturaleza funcio-nal y sus relaciones con los laterales nada sabemos a falta de proseguir las excavaciones arqueológicas.
Por último, todos los elementos vistos hasta el momento corresponden al espacio interior del jardín. Salvo las construcciones anejas a la gran torre Sudoeste, nada se ha podido reconocer de los espacios perimetrales adyacentes excepto lo observado en esta campaña. La verificación de que el jardín nazarí no es un espacio cerrado entre espacios cultivados abiertos, sino que había construcciones perimetrales, lleva la problemática hacia el tema de la complejidad de las instalaciones originales y la configuración del entorno edifi-cado medieval como primer núcleo conventual. El arrasamiento de las distintas instalaciones, tanto la nave Nordeste como las cons-trucciones que articulan los espacios donde se ubica el horno en el lado Noroeste antes del siglo XIX viene a coincidir con la estructu-ración del siglo XVIII ya indicada. Si tenemos en cuenta que las obras del núcleo principal del convento concluyen en el siglo XVII, podemos establecer una relación cronológica y causal con las alteraciones identificadas en el entorno de las construcciones medieva-les y presentar la siguiente secuencia de acontecimientos:
A. Debió existir un primer asentamiento monacal en el que se aprovechan las edificaciones nazaríes. Abarca los últimos años del siglo XV.
B. Las construcciones conventuales de nueva planta se reducen a los dos claustros menores adosados a la muralla de la ciudad. Aparte, comienza la construcción de la iglesia. Caracterizan el siglo XVI. También en este momento cabe ubicar la construc-ción del cuerpo que cerrará el lado Nordeste del jardín medieval. Todo parece indicar que el palacio islámico se utilizó mediante las correspondientes adaptaciones como primer convento. Se mantiene el espacio principal y se le añaden algunas construcciones como la gran nave al Nordeste. También el lateral de la torre se construye. Es incluso posible que el patio jardín se transformara en claustro cubierto sobre pilares de ladrillo. Bastaba una sencilla estructura adintelada de madera para ello. En el costado Este se construye una poderosa crujía de dos plantas y los lados mayores se adaptan para distintos servicios. En este sentido, la imagen ofrecida en la plata-forma de Ambrosio de Vico correspondería a la actividad funcional desarrollada en torno al primitivo conjunto medieval.
C. Finalizadas las obras del monasterio se lleva a cabo una reorganización general, que termina con la destrucción de la mayor parte de las instalaciones monacales en el entorno del jardín medieval y una reorganización de las huertas (siglos XVII y XVIII). Las grandes innovaciones en el sistema de abastecimiento de agua a la zona permiten identificar los niveles de este momento.
3 Moderno residencial. Tras la exclaustración y fragmentación de la propiedad el conjunto del Cuarto Real pasa a manos privadas. Supone el final de las construcciones monacales que hubieran quedado, reorganización de los espacios libres y desaparición definitiva de los espacios medievales con el derribo de la tapia Noroeste. Corresponde al siglo XIX. Es posible identificar las activida-des de este momento por la presencia de los depósitos de silex o pedernal, material más abundante que la cerámica en el entorno y de cronología muy precisa. Este material separa los elementos propios de este momento de los similares correspondientes al momen-to anterior.
En consecuencia, la investigación histórica del complejo arquitectónico del Cuarto Real de Santo Domingo no se limita a la recupera-ción del edificio islámico. La investigación arqueológica ratifica la división espacial propuesta para el conjunto del Cuarto Real. Hemos visto cómo cada uno de los ámbitos indicados tiene su propia problemática, que se articula en dos grandes grupos: uno, la identifica-ción de los componentes estructurales y espaciales específicos, otro, las relaciones con las zonas adyacentes.
Como toda investigación arqueológica, al tiempo que se solucionan problemas de abren otros nuevos. Esto segunda rara vez se ve reflejado en las memorias arqueológicas que se publican, pero es esencial para prevenir riesgos en espacios cuya investigación no está finalizada. Las conclusiones de la presente campaña nos permiten distinguir una serie de zonas con un determinado riesgo ar-queológico en función de su potencial interés para la historia del conjunto monumental. Los elementos que permiten articular dicha zonificación son los siguientes:
1. Expansión de las edificaciones anejas al núcleo principal del Cuarto Real de Santo Domingo por su lado Noroeste. Su potencial interés se refiere a dos hechos.
A. Reconocer la configuración del núcleo islámico en sus distintas fases. Una vez reconocido el entorno principal del palacio, podemos afirmar con bastante seguridad que el complejo arquitectónico medieval no ha quedado fragmentado por las sucesivas divi-siones de la propiedad original. Recordemos que debió estar en uso al menos unos trescientos años, tiempo suficiente para que sufrie-ra varias modificaciones, algunas de las cuales son muy evidentes en el propio conjunto de la torre qubba y su entorno inmediato.
B. Identificar la organización del primer núcleo conventual. Probablemente abarca desde los últimos años del siglo XV hasta el siglo XVII. Puede suponer tanto obra nueva como adaptaciones funcionales de estructuras medievales.
2. Prolongación hacia el Nordeste del ámbito principal islámico.
El cuerpo frontero a la torre no corresponde con los límites del jardín actual, sino que se prolongan hacia el Nordeste. Este hecho nos permite una reflexión sobre cómo se accedía al núcleo residencial del Cuarto Real desde la calle. La serie de construcciones que configura el núcleo principal de la residencia islámica atraviesa casi todo el ancho de la parcela original. La calle Seco de Lucena muy probablemente es permanencia medieval, vereda límite entre propiedades. Las existentes al otro lado de la calle constan documenta-das por haber sido adquiridas por el arzobispo Talavera y luego donadas para fundación del convento de Comendadoras de Santiago. Cabría la posibilidad de que el acceso a la casa se hiciera desde dicha calle. El espacio vacío hasta el jardín islámico es muy adecua-do para ubicar un patio apeadero que evite un largo recorrido entre huertas. Es además una organización muy coherente con lo que conocemos de la arquitectura residencial nazarí.
3. Existencia de un complejo hidráulico que no coincide con el medieval.
Como se ha visto con toda amplitud, las canalizaciones identificadas hasta la fecha en las dos campañas de excavaciones realizadas son incompatibles con la organización de los espacios islámicos. No se ha podido identificar el sistema de abastecimiento original de la fuente y alberca en el pórtico ante la torre. Sólo cabe la posibilidad de que provengan de la zona Sur. Por el contrario, el sistema con-ventual, entendiendo por el mismo el que se construye tras el arrasamiento de las estructuras del cuerpo Nordeste, y luego la vivienda particular, se encauzan hacia las paratas y desde allí atraviesan longitudinalmente el jardín hasta llegar a las edificaciones sobre la muralla Oeste.
Las conclusiones de este hecho son:
A. Cambios de rasante en la huerta Sur. El trazado de las tuberías procede de la calle y su línea de pendiente se va adap-tando a los sucesivos rellenos, de manera que la secuencia estratigráfica de las paratas en principio es aplicable a la huerta Sur. Significa también que en dicha zona las posibles estructuras existentes
B. Sustitución del sistema medieval por otro nuevo durante la segunda fase de funcionamiento del convento. La primera fase vendría dada por la construcción de la gran nave en el cuerpo Nordeste y el reaprovechamiento general de las estructu-ras medievales. Durante el mismo no hay ninguna modificación visible del sistema hidráulico medieval. En el cuerpo Suroeste, la reforma del andén lateral del pórtico anula el sistema de regadío del jardín islámico pero no se introduce ningún sistema de abasteci-miento nuevo. En consecuencia, el sistema medieval pudo mantenerse en funcionamiento hasta el siglo XVII, cuando una vez termi-nadas las obras del convento se efectúa una reorganización amplia de las funciones de los distintos espacios.
El estudio de la huerta Sur es decisivo para entender el funcionamiento hidráulico del complejo islámico.
3. Posibilidad de existencia de un cuerpo construido adosado a la tapia Sureste. Del mismo modo que se ha comproba-do que en el lado contrario hubo edificaciones, aunque queda por saber la amplitud de las mismas y su complejidad funcional, hay motivos para sospechar que existieron en el borde Sur. El plano de Ambrosio de Vico es suficientemente claro en este punto y comple-ta una imagen de recinto conventual muy evidente. Si dicha obra era de nueva planta levantada en la fase del convento o sustituía construcciones medievales es algo que, como en el lado opuesto, queda por investigar
4. Recuperación de las rasantes originales en la muralla-parata en la zona de la huerta Sur.
5. Conexiones espacio-funcionales con las parcelas ahora segregadas al Sur, tanto hacia el Este, en la zona limítrofe con la calle Seco de Lucena, como al Oeste junto a la muralla.
Se trata de poner en relación el ámbito de la huerta actual con las parcelas medianeras, donde se ha querido identificar un alfar de cerámica y una almunia. Se trataría de ver la compatibilidad de dichas funciones con el ámbito unificado de la huerta de la Almanjarra a la que pertenecieron; de verificar la existencia de límites entre parcelas, la correspondencia entre los respectivos niveles funcionales y la compatibilidad cronológica de funciones tan heterogéneas. Sin olvidar lo que nos parece más importante, documentar el momento en que se arrasan dichas estructuras y quedan enterradas. Según nuestras conclusiones, los niveles nazaríes van a permanecer en uso durante todo el siglo XVI, por lo que cabe incluso que las estructuras descubiertas en sendas excavaciones fueran aprovechadas por los frailes.
Parece normal que ante la necesidad de proceder a una formalización de un conjunto histórico tan rico como el Cuarto Real de Santo Domingo, los esfuerzos por incorporar sus distintos contenidos históricos en la imagen final resultante fueran prioritarios. En el caso del jardín las modificaciones que se requieren son mínimas para recuperar en un importante grado su historicidad perdida. En el Cuar-to Real de Santo Domingo las estructuras medievales se encuentran a medio metro de la superficie actual, o incluso a escasos centí-metros en el entorno de la torre medieval. El reconocimiento del conjunto arquitectónico enterrado no presenta pues grandes movi-mientos de tierra ni alteraciones substanciales que sean incompatibles con un programa de conservación como el que se pretende desarrollar. Es más, cualquier obra que se emprenda: trazado de tuberías, reforzamientos de cimentación, levantamientos de solerías, etc., afectaría y dañaría dichos restos.
Un estudio que contemple la totalidad de los componentes de todo tipo del Cuarto Real, tanto estructuras visibles como enterradas, elementos arquitectónicos, distintos tipos de vegetación, distintas rasantes de suelo y relaciones de comunicación entre ellas, etc., permitiría valorar qué cambios en la imagen actual es posible introducir, qué elementos incorporar al conjunto y qué estructura espacial es más conveniente.
*El presente texto corresponde al informe emitido al finalizar la campaña de excavaciones 2000-2001. Nos hemos limitado a suprimir una serie de frases, párrafos y algún apartado, así como las notas a pie de página, todas las referencias a ilustraciones y la bibliografía correspondiente a las partes suprimi-das para facilitar su inclusión en esta web Asimismo, las ilustraciones forman parte de las 69 láminas que acompañaban el informe, donde se hace una lectura gráfica comentada de los problemas abordados y datos obtenidos.
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Comentarios

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Contundente


Entiendo que habría que ordenar las distinats intervenciones que se han realizado y comenzar a poner en orden este inmenso lío.
Quizás se podría intentar publicar en un único volumen los resultados de todas las intervenciones.
Ya hemos hablado sobre ellas en la presentación que se hizo de los resultados de la intervención de Alberto en la casa de los Tiros. Ahora se podría pensar en publicar.
Un saludo a todos y a todas.

Comentario realizado por Juan Cañavate. 1/4/09 8:16h
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Datos para aclarar un poco el lio (en lo posible)1


Para entender el proceso del Cuarto Real de Santo Domingo es fundamental el Informe del Instituto de Patrimonio Histórico Andaluz de julio de 2000 del que extraemos los datos siguientes.
En 1990 el Cuarto Real de Santo Domingo pasa a propiedad del Ayuntamiento de Granada. En 1991 se encarga un plan especial a la Escuela de Estudios árabes, que establece una zonificación del conjunto que mediatizará las actuaciones posteriores: huerta, jardín y edificio señorial con las estructuras medievales y zona de acceso.
En 1992 el Ayuntamiento vende parte de la huerta a particulares para levantar una urbanización.
En 1995 se redacta un convenio con el CSIC para la redacción de un proyecto de restauración y puesta en valor del Cuarto Real. Lo primero que se hace es desarrollar una amplia campaña de investigación.
Tras dicha investigación se encargan tres proyectos simultáneos:
1. A la Escuela de Estudios Árabes para intervenir en el área de qubba y jardín delantero. El Proyecto Básico de Restauración del Cuarto Real (julio de 2000) plantea la reconstrucción del conjunto medieval patio-jardín y qubba y propone mantener el resto del espacio como huerta recuperando los sistemas tradicionales de cultivo y regadío.
2. Al servicio de Arquitectura del Área de Obras municipales el proyecto de la zona de acceso y edificios anexos a la qubba. Como resultado, el “Proyecto de demolición de edificios anejos al Cuarto Real de Santo Domingo (junio 2000) y Proyecto de reparación de portería y jardín de acceso (julio 2000). Ambos “fruto de la valoración y conclusiones a que los autores del “Proyecto Básico de restauración” llegan tras la fase de estudios previos.
3. Al equipo ganador de un concurso restringido para la realización de un equipamiento en la zona de la huerta.
Comentario realizado por Juan A. Garcia Granados. 7/4/09 23:59h
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Datos para aclarar un poco el lio (en lo posible)2


La valoración que el Instituto Andaluz de Patrimonio de estos proyectos es que “El proyecto de demolición de todas las edificaciones anejas al Cuarto Real no solo conllevan la eliminación de fases significativas del complejo monumental, sino que también supone la aceptación de la propuesta contenida en el Proyecto Básico (recreación del jardín islámico y reconstrucción de un pórtico en lugar de los edificios demolidos). La falta de datos resolutorios para esa “reconstrucción”... hace muy arriesgada cualquier propuesta....”
“Tal como se recoge en el informe preliminar de la intervención arqueológica de 1995, creemos que es importantísimo no dar por cerrada una solución arquitectónica que no se haya podido documentar convenientemente, sobre todo “... por tratarse de un monumento clave para entender el proceso de transición de la arquitectura almohade a la nazarí y cualquier interpretación errónea tendría graves consecuencias” [cita literal del informe arqueológico] y, añadimos, mucho más su formalización.”
“Las intervenciones y los proyectos abordados hasta ahora se han desarrollado sectorizados y autónomos entre sí... En el Avance de este informe ya adelantábamos la necesidad de abordar una reflexión y una estrategia de intervención que surja de una concepción global de todos los elementos que integran el lugar y, por ello desde una perspectiva de conjunto y no sectorial”.
Se propone una ordenación integradora de monumento huertas y jardines, que abarque también una lectura diacrónica “En este sentido entendemos que la fase cognoscitiva y de valoración histórica no está cerrada con la investigación y estudios hasta ahora realizados ya que, tras la rigurosa intervención para conocer las fases islámicas del edificio y su jardín, persiste la necesidad de resolver en el sector objeto del Proyecto Básico algunos puntos bastante oscuros y de vital importancia... y de documentar el resto de las fases de ocupación del lugar”.
Comentario realizado por Juan A. García Granados. 8/4/09 0:01h
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Datos para aclarar un poco el lío (en lo posible)2


Se propone la elaboración de un plan de intervención integral “al objeto de sistematizar los trabajos y disciplinas involucradas con el objetivo de consensuar las directrices generales que son necesarias para la intervención y la gestión futura del Cuarto Real de Santo Domingo en un proceso concertado entre la propiedad municipal y otras administraciones públicas responsables... sin sorpresas y con estudios bien fundamentados y ampliamente difundidos.”
“El plan se apoyaría en las primera conclusiones que aporten los estudios previos ya iniciados que, como se ha dicho más arriba, deben potenciarse y completarse con nuevos estudios y análisis...”
Ni que decir tiene que dicho plan nunca se redactó.
En estas circunstancias, la segunda intervención arqueológica, efectuada a finales del año 2000, adquiría una importancia extraordinaria, de ahí el tono de mi informe. Para nada sirvieron mis conclusiones, bien explicitas como se puede ver aquí. La fragmentación del conjunto se mantuvo y aunque se eliminaron las edificaciones de la zona de huerta, se desarrolló un proyecto de jardín que segregaba irremediablemente el área del patio-jardín central del resto del conjunto, con las consecuencias vistas ahora.
¿Dónde está el lío?. No conocemos las conclusiones de las intervenciones arqueológicas posteriores, en el contexto de la reforma de la huerta, y que posiblemente de haberse planteado en línea con las propuestas de investigación que planteábamos hubieran permitido abordar la recuperación del Cuarto Real de Santo Domingo de forma más adecuada. ¿No sería porque, de hecho, se pensaba también que el edificio medieval se reducía a poco más que la qubba y que todo el contexto era una zona de huertas?. La “sorpresa” de que se habla por el hecho de que en la última campaña, presentada aquí por Alberto García Porras, se hallan localizado restos que ponen fin a la discusión de manera fehaciente ¿no está en la misma línea?.
Comentario realizado por Juan A. García Granados. 8/4/09 0:04h

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